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Asunto:[LEA-Venezuela] LA DEUDA CLIMATICA
Fecha:Viernes, 7 de Septiembre, 2012  16:07:55 (+0000)
Autor:Julio Centeno <jcenteno @............ve>


LA DEUDA CLIMATICA

Los pa√≠ses en desarrollo, con la mayor√≠a de la poblaci√≥n mundial, deben exigir el pago de la deuda clim√¡tica para poder contribuir a evitar un desequilibrio planetario catastr√≥fico.

Julio César Centeno

Septiembre 2012

El cambio clim√¡tico se encuentra entre las principales prioridades pol√≠ticas, cient√≠ficas, econ√≥micas y morales del siglo 21. La estabilidad planetaria, y por ende la seguridad de la humanidad, depende de las medidas que se tomen ahora para mitigar el impacto de la actividad humana sobre el clima. 

Todav√≠a es posible evitar cambios clim√¡ticos catastr√≥ficos. Pero para lograrlo se necesita una movilizaci√≥n coordinada a escala planetaria similar a la de la Segunda Guerra Mundial. No hay excusa para el retraso, pues cuando nuestros hijos se enfrenten a olas extremas de calor, sequ√≠as, tormentas, inundaciones, epidemias y hambrunas, ya ser√≠a demasiado tarde.

Una de las caracter√≠sticas mas ins√≥litas de las negociaciones internacionales sobre cambios clim√¡ticos es la vergonzosa relaci√≥n entre los bur√≥cratas de los pa√≠ses en desarrollo, donde se encuentra el 83% de la humanidad, y los bur√≥cratas de una √©lite minoritaria pero privilegiada y prepotente: los representantes de los pa√≠ses industrializados. 
Durante a√Īos los pa√≠ses en desarrollo han venido solicitando, sin √©xito, que las naciones industrializadas cumplan con obligaciones expl√≠citas del Acuerdo Marco sobre Cambios Clim√¡ticos de 1992, como las relacionadas con sus desproporcionadas emisiones de gases del efecto invernadero. O las vinculadas a su mayor capacidad, tanto tecnol√≥gica como econ√≥mica, para reducir emisiones. Solicitan tambi√©n, sin √©xito, que se cumplan los compromisos sobre la transferencia de tecnolog√≠as menos contaminantes, en t√©rminos preferenciales, para evitar incrementos innecesarios en las emisiones de pa√≠ses en desarrollo por su dependencia de tecnolog√≠as obsoletas.
 

Tampoco se ha cumplido el compromiso de los pa√≠ses industrializados de facilitarle recursos financieros a los pa√≠ses mas pobres, tanto para asegurar que su desarrollo se fundamente en procesos energ√©ticos mas eficientes y menos contaminantes, como para asistir en su adaptaci√≥n a los inevitable impactos clim√¡ticos que se avecinan.

El √ļnico acuerdo concreto de la cumbre de Copenhagen en Diciembre 2009 fue el de evitar que la temperatura promedio del planeta aumente mas de 2¬ļC sobre el promedio de la √©poca preindustrial.  El fracaso de Copenhagen no se limita a la ausencia de un acuerdo legalmente vinculante. El verdadero fracaso es la ausencia de una estrategia para alcanzar el objetivo de los 2¬ļC, la ausencia de compromisos efectivos para la reducci√≥n de emisiones, la ausencia de un mecanismo para distribuir las responsabilidades y la ausencia de recursos financieros para asistir a los pa√≠ses mas pobres en su adaptaci√≥n a cambios clim√¡ticos generados principalmente por pa√≠ses industrializados.
Las negociaciones sobre cambios clim√¡ticos en Durban, Sur √Āfrica, en Diciembre 2011, s√≥lo sirvi√≥ para ratificar el compromiso de los 2¬ļC. Cada pa√≠s deber√¡ presentar sus contribuciones voluntarias con dicha meta para el 2015, a ser implementadas s√≥lo a partir del 2020. En tales condiciones, sin objetivos vinculantes, coordinados y compatibles con la meta de los 2¬ļC, para el 2020 el planeta estar√≠a rumbo hacia un aumento promedio de temperatura de 4¬ļC, con calamitosas implicaciones para toda la humanidad.
 

Un estudio reciente del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA y el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, concluye:

 ‚ÄúEn el Plioceno temprano, cuando el nivel del mar era 25 metros superior al actual, la temperatura superaba por apenas 1¬ļC la del Holoceno, no mas de 2¬ļC superior a la temperatura promedio de la era preindustrial. El objetivo actual de limitar el calentamiento global a 2¬ļC y la concentraci√≥n de CO2 a 450 partes por mill√≥n es una prescripci√≥n para el desastre‚ÄĚ (Paleoclimate Implications for Human-Made Climate Change, NASA 2011)

 

Los gobiernos de los pa√≠ses industrializados se resisten a facilitar recursos para evitar cambios clim√¡ticos catastr√≥ficos, pero no han dudado en canalizar mas de 2 millones de millones de d√≥lares (2 billones) para proteger el comportamiento criminal de sus propias instituciones financieras. Tampoco han vacilado para disponer de otros 3 billones en los √ļltimos 10 a√Īos para desatar guerras de agresi√≥n y ocupaci√≥n contra pa√≠ses en desarrollo, seleccionados por sus particulares riquezas naturales o posiciones geopol√≠ticas estrat√©gicas. Cada a√Īo se gastan US$ 1.7 billones en armas, mas de la mitad por parte de Estados Unidos.

En la cumbre de Durban, en Diciembre 2011, se evidenci√≥ un claro enfrentamiento entre pa√≠ses industrializados y pa√≠ses en desarrollo, debido fundamentalmente a la pretensi√≥n de los bur√≥cratas del norte industrializado de imponer sus posiciones y  desconocer acuerdos previos sobre responsabilidad com√ļn pero diferenciada, la reducci√≥n de emisiones, la transferencia de tecnolog√≠as y el aporte de recursos financieros. Pretenden ahora rechazar los limitados avances en las negociaciones de los √ļltimos 20 a√Īos, imponer un nuevo acuerdo en el que se desconozcan las responsabilidades acumuladas hasta la fecha, y convertir en negocio privado la transferencia de tecnolog√≠as, la asistencia internacional y los servicios ambientales.

Curiosamente, mientras los pa√≠ses en desarrollo contin√ļan solicitando, sin √©xito, que se concrete la cooperaci√≥n internacional previamente acordada en el Acuerdo sobre Cambios Clim√¡ticos de 1992, mantienen un gigantesco flujo neto de recursos financieros hacia los pa√≠ses industrializados.
Seg√ļn el Fondo Monetario Internacional, entre el 2000 y el 2010 los pa√≠ses en desarrollo transfirieron mas de 6 millones de millones de d√≥lares (6 billones) netos a los pa√≠ses industrializados, 660 mil millones s√≥lo en el 2010 (IMF Balance of Payment Statistics). Seg√ļn el FMI, estas transferencias netas de recursos del Sur hacia el Norte industrializado ‚Äútienden a aumentar en proporci√≥n con la ampliaci√≥n de los desbalances financieros‚ÄĚ. Las transferencias netas se refieren a los flujos financieros del Sur hacia el Norte menos los del Norte hacia en Sur.
El retraso en la concreci√≥n de un acuerdo internacional para limitar las emisiones de CO2 y otros gases a la atm√≥sfera favorece de manera perversa a quienes acumulan las mayores emisiones, principalmente a la √©lite opulenta del norte industrializado. Contin√ļa emitiendo cantidades desproporcionadas de gases y apoder√¡ndose as√≠, con absoluta impunidad, de la mayor parte de un limitado bien com√ļn de toda la humanidad: la capacidad de la atm√≥sfera para absorber emisiones.
A medida que se agota con celeridad el cupo disponible de emisiones, se reducen las opciones de los países mas pobres para impulsar su desarrollo sin caer en peligrosas relaciones de dependencia, adicionales a las ya existentes, por tecnologías, recursos financieros y acceso a los mercados.

La contradicci√≥n es obvia: quienes contaminan no est√¡n pagando por el da√Īo que causan. Los costos ambientales que evitan con impunidad se convierten en p√©rdidas para todos. Las emisiones de gases del efecto invernadero son externalidades de proporciones tan gigantescas que amenazan la seguridad de toda la humanidad. De similar magnitud deben ser las iniciativas para superar tales amenazas.

El consumo de energ√≠a se encuentra directamente vinculado al desarrollo econ√≥mico y  social, al mejoramiento de la calidad de vida. Es poco razonable exigir que la mayor√≠a de la poblaci√≥n mundial, sumergida en la pobreza, consuma menos energ√≠a. Implicar√≠a condenarla a un estado permanente de pobreza y dependencia. En la actualidad, 1.400 millones de personas en el mundo en desarrollo carecen de electricidad en sus hogares. Mas de 1.700 millones utilizan le√Īa como fuente de energ√≠a para cocinar y para la calefacci√≥n. Seg√ļn la Organizaci√≥n Mundial de la Salud, cerca de 1,3 millones de personas, principalmente mujeres y ni√Īos, mueren cada a√Īo como consecuencia de la contaminaci√≥n causada por cocinas a le√Īa. Cada a√Īo mueren 9 millones de ni√Īos menores de 5 a√Īos en el mundo en desarrollo v√≠ctimas de la pobreza, 25.000 cada d√≠a (UNICEF 2010).

Seg√ļn la Agencia Internacional de Energ√≠a: ‚ÄúUrgen acciones decisivas para acelerar el desarrollo energ√©tico de los pa√≠ses mas pobres‚Ķ El acceso a la energ√≠a es un pre-requisito para el desarrollo humano‚ÄĚ

Los combustibles fósiles suministran el 83% de la energía que se consume en el mundo. Generan a su vez la mayor cantidad de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Rescatar a cientos de millones de personas de la pobreza implica facilitar el acceso masivo a energía económica y abundante. En las condiciones actuales, esto implica un mayor consumo de energía fósil y mayores emisiones de CO2.

Las emisiones de CO2 de los países industrializados se encuentran relativamente estabilizadas desde 1980, mientras que las emisiones de los países en desarrollo se han cuadruplicado en el mismo período.


De acuerdo con las recomendaciones del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Clim√¡ticos, para alcanzar el objetivo de los 2¬ļC los pa√≠ses industrializados deber√≠an reducir sus emisiones en un 80% para el a√Īo 2050, mientras que los pa√≠ses en desarrollo deber√≠an reducirlas en un 50% para la misma fecha, con un pico m√¡ximo en emisiones antes del 2020. Gigantescos retos pol√≠ticos, econ√≥micos, tecnol√≥gicos e industriales para ambos grupos de pa√≠ses.

De la misma manera en que es injusto exigir que los países en desarrollo reduzcan el consumo de energía, es poco realista esperar que desarrollen, por sus propios medios y a corto plazo, capacidad para el aprovechamiento masivo de energías alternativas, como nuclear, solar o eólica, entre otras.

Mejorar la eficiencia de las matrices energéticas nacionales es sólo parte de la solución. Urge facilitar el uso masivo de energías alternativas, en términos competitivos, para todos y a corto plazo. Ambos objetivos dependen de la transferencia de tecnologías en términos preferenciales de países industrializados a países en desarrollo, como parte de un esfuerzo conjunto para reducir las emisiones de gases del efecto invernadero. También se requieren recursos financieros tanto para mejorar la eficiencia energética como para desarrollar la infraestructura necesaria que permita efectivamente aprovechar fuentes alternas de energía.

Exceptuando la energ√≠a nuclear(3%) y la hidroel√©ctrica (4%), las energ√≠as limpias alternativas, como la solar, la geot√©rmica y la e√≥lica, representan en la actualidad menos del 5% del consumo global de energ√≠a. A√ļn en los pa√≠ses industrializados s√≥lo alcanzan proporciones moderadas del consumo total de energ√≠a. Se encuentran limitadas no s√≥lo por sus costos, sino tambi√©n por limitaciones tecnol√≥gicas, como la falta de sistemas efectivos para el almacenamiento masivo de la energ√≠a que producen.

El potencial de los biocombustibles es tambi√©n limitado, independientemente del conflicto con la producci√≥n de alimentos. Estados Unidos es el principal productor de ma√≠z, con el 42% de la producci√≥n mundial. Si destinara todo el ma√≠z (350 millones de toneladas m√©tricas, 2010)  a la producci√≥n de etanol, s√≥lo aportar√≠a un 6% de su consumo de petr√≥leo. Mientras que el etanol celul√≥sico posiblemente tomar√¡ d√©cadas para alcanzar niveles similares del consumo de energ√≠a. En el 2011, el etan√≥l y el biodiesel juntos representaron s√≥lo el 3% del consumo mundial de combustible para autom√≥viles. 

En estas condiciones, el retraso en la concreci√≥n de un acuerdo internacional acelera la gravedad de la amenaza clim√¡tica. Corresponde a los pa√≠ses en desarrollo, con la mayor√≠a de la poblaci√≥n mundial, la obligaci√≥n de impulsar medidas de emergencia para impedir que el calentamiento global se acelere fuera de control. Evadir esta responsabilidad implica obligar a nuestros descendientes inmediatos a enfrentarse a un escenario considerable-mente mas inestable y peligroso que el actual.

 

Es inconcebible que los pa√≠ses en desarrollo contin√ļen someti√©ndose como rehenes a las peligrosas t√¡cticas dilatorias de una reducida minor√≠a, entre cuyos intereses se encuentra continuar acaparando con impunidad el limitado cupo atmosf√©rico disponible, despojarnos de nuestra condici√≥n de ciudadanos para convertirnos en consumidores, y monetizar todos los recursos y servicios de la naturaleza en las condiciones que ellos impongan.

El proceso actual de negociaciones sobre cambios clim√¡ticos es improductivo e inconsistente tanto con la gravedad de la amenaza como con la responsabilidad inter-generacional con nuestros descendientes. En lugar de comportarse como mendigos, los pa√≠ses en desarrollo deben coordinar posiciones para impulsar medidas de emergencia en concordancia con la gravedad y la urgencia de la amenaza clim√¡tica. Entre estas medidas se encuentra el reclamo de la deuda clim√¡tica. 

La necesidad de recursos financieros para afrontar el reto del cambio clim√¡tico fue reconocida en Durban. Para tal fin se acord√≥ la creaci√≥n de un Fondo Verde. Los pa√≠ses industrializados se comprometieron a aportar 100.000 millones de d√≥lares. Pero hasta la fecha ning√ļn aporte se ha concretado; dicho fondo carece de recurso financiero alguno.

La Agencia Internacional de Energ√≠a estima las necesidades financieras para alcanzar el objetivo de los 2¬ļC en 24 billones de d√≥lares (millones de millones) s√≥lo durante los pr√≥ximos 10 a√Īos (IEA: Tracking Clean Energy Progress, 2012). Aproximadamente la mitad de tales inversiones se necesita en pa√≠ses en desarrollo. En este contexto, los aportes ofrecidos hasta la fecha por los pa√≠ses industrializados al Fondo Verde son insignificantes. S√≥lo las necesidades financieras de Am√©rica Latina se estiman en 110.000 millones de d√≥lares anuales durante los primeros 10 a√Īos (IEA 2012).

Ir√≥nicamente, mientras crecen las estimaciones de los recursos necesarios para evitar un aumento de temperatura superior a los 2¬ļC y mientras los pa√≠ses industrializados se niegan a asistir a los pa√≠ses mas pobres con transferencias de tecnolog√≠as y recursos econ√≥micos, los pa√≠ses en desarrollo mantienen un flujo neto hacia los pa√≠ses industrializados por el orden de los 700.000 millones de d√≥lares anuales.

 

Deuda por deuda

La principal contribuci√≥n de cada pa√≠s al cambio clim√¡tico es proporcional a sus correspondientes emisiones de CO2 acumuladas en la atm√≥sfera al menos desde el a√Īo 1900. Entre 1900 y el a√Īo 2010 se emitieron 1.300 Giga-toneladas m√©tricas de CO2 a la atm√≥sfera provenientes del consumo de combustibles f√≥siles, mas del 60% por pa√≠ses industrializados.
La contribuci√≥n al aumento de temperatura en un momento determinado depende de las emisiones efectivas acumuladas hasta entonces, tomando en consideraci√≥n la disipaci√≥n producida principalmente por la absorci√≥n de CO2 con el tiempo por parte de oc√©anos y bosques.
Para el a√Īo 2010, la contribuci√≥n de los pa√≠ses industrializados al aumento de temperatura era del 60%, aun incluyendo las emisiones efectivas provenientes de la  deforestaci√≥n durante el per√≠odo 1900-2010.

Si las emisiones acumuladas en la atm√≥sfera se hubiesen distribuido en proporci√≥n con la poblaci√≥n en 1990, a los pa√≠ses industrializados les habr√≠a correspondido 286 Gt durante el per√≠odo 1900-2010.  Las emisiones en exceso (656 Gt) deber√≠an contabilizarse como una deuda a favor de pa√≠ses en desarrollo, cuyas posibilidades de emisiones se encuentran ahora coartadas. Si partimos de un precio base de US$ 20/ton CO2, esta deuda superar√≠a los 13 billones de d√≥lares. 

 

El precio promedio de los derechos de emisiones en el mercado de carbono de la Uni√≥n Europea se encuentra alrededor de los US$ 20/ton CO2, aunque recientemente se hayan desplomado debido en parte a la crisis financiera y a la falta de un acuerdo internacional sobre cambios clim√¡ticos.  Al caer el valor de los derechos de emisiones se debilitan tanto los incentivos para reducir emisiones en la actualidad como los incentivos para invertir en innovaciones tecnol√≥gicas que reduzcan emisiones futuras.

En Columbia Brit√¡nica, Canad√¡, el impuesto a las emisiones pas√≥ de US$ 25 a 30/ton CO2 en Julio 2012, mientras que en Australia es de US$ 24/ton CO2, con un aumento anual del 2,5%.

Joseph Stiglitz, premio Nobel en Econom√≠a y quien sirviera como economista principal del Banco Mundial, ha sugerido un impuesto a las emisiones de carbono de US$ 80/ton CO2, nivel al que tienden a estabilizarse tanto los cr√©ditos de carbono, como los permisos de emisiones o los impuestos correspondientes, una vez que se implemente un acuerdo internacional para estabilizar la concentraci√≥n de CO2 en la atm√≥sfera en 450 partes por mill√≥n.

Para asegurar que el aumento de la temperatura promedio se mantenga por debajo de los 2¬ļC y que la concentraci√≥n de CO2 no supere las 450 ppm, es necesario que las emisiones acumuladas entre el 2011 y el 2050 no superen las 850 Gt. Aunque los pa√≠ses industrializados reduzcan sus emisiones en un 80% para el 2050, algo poco probable, sus emisiones en el per√≠odo 2011-2050 ascender√≠an a 345 Gt, el 41% del cupo de emisiones disponible. Lo que les corresponder√≠a en proporci√≥n con su poblaci√≥n actual ser√≠an 145 Gt. El exceso (200 Gt) sumar√≠a US$ 4 billones adicionales a la deuda clim√¡tica, aun manteniendo el precio base de US$ 20/ton CO2.


A√ļn si los pa√≠ses industrializados redujeran sus emisiones en un 80% para el 2050, terminar√≠an acumulando el 60% del cupo atmosf√©rico disponible para evitar un aumento en la concentraci√≥n de CO2 en la atm√≥sfera superior a 450 ppm. Cada ciudadano de pa√≠ses industrializados habr√≠a acumulado nueve (9) veces el cupo de cada ciudadano de pa√≠ses en desarrollo.

Si se distribuye la deuda clim√¡tica total (US$ 17 billones) en partes iguales durante el per√≠odo 2011-2050, corresponder√≠a a una cuota promedio de 425.000 millones de d√≥lares anuales durante 40 a√Īos consecutivos.  Esta deuda es de un orden de magnitud similar al de las crecientes transferencias netas de recursos financieros del Sur hacia el Norte: 660.000 millones en el 2010, en buena parte por el pago de la deuda externa.

El compromiso asumido por pa√≠ses industrializados en Copenhagen en el 2009 para facilitar 10.000 millones anuales durante el trienio 2010-2012 corresponde a s√≥lo un 2% de la cuota anual de su deuda clim√¡tica. Sin embargo, se convirti√≥ en un compromiso burlado, como tantos otros asumidos en el pasado, a pesar de que buena parte de su opulencia se debe a la explotaci√≥n de recursos naturales y humanos de pa√≠ses en desarrollo.

No deben ser s√≥lo los pa√≠ses en desarrollo los que cumplan con el pago de deudas y otras obligaciones internacionales. La deuda clim√¡tica es tan enorme como la crisis clim√¡tica que se ha generado. De similar magnitud deben ser las medidas que se tomen para superar este reto planetario e intergeneracional.

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Julio César Centeno

jcenteno@movistar.net.ve