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Asunto:[LEA-Venezuela] Revolucion Ecologica (2) - VISIONES CONTENDIENTES DE LA REALIDAD
Fecha: 12 de Marzo, 2007  13:41:38 (+0200)
Autor:interfazamazonica <interfazamazonica @.....net>

VISIONES CONTENDIENTES DE LA REALIDAD
 
La Revolución de Copérnico se centró alrededor de un cambio básico en la
percepción prevaleciente de la naturaleza de la realidad. Las cuestiones
involucradas merecen examen, porque éstas van hasta las raíces de nuestra
presente crisis y ayudan a definir los retos de la Revolución Ecológica.

El monismo trascendental (la visión de que la conciencia o espíritu hace surgir
la materia) ha formado los fundamentos filosóficos de muchas culturas orientales
-al menos hasta la reciente embestida de la ciencia, de la industrialización, la
competición global y el consumismo occidentales. Los seguidores de esta tradición
creen que la conciencia es la realidad primaria y que la materia es una creación
de la conciencia o energía espiritual. Basado en la creencia de que todas las
conciencias, así como las manifestaciones materiales de las conciencias, se
originan de la misma unidad subyacente, el monismo trascendental considera que la
sabiduría interna, accesada através de nuestra conexión espiritual con el
infinito, es la fuente primaria del conocimiento válido. Esta tradición ha sido
asociada comunmente con una negación de las cosas materiales, una aceptación
fatalística de la condición material de uno, un fuerte sentido de comunidad, y
una profunda reverencia por la naturaleza.

En occidente, la tradición Judeo-Crisitana tomó un rumbo bastante diferente,
personificando a Dios como un ser que vive en un reino distante y separado y cuya
atención se centra en la Tierra y sus habitantes humanos. En esta tradición, la
voluntad de Dios y su sabiduría fue revelada através de los profetas, tales como
Moisés, o através de su encarnación en Jesús. Se creyó que la Tierra era el
centro del universo, con el sol, las estrellas y los planetas girando alrededor
de ésta. Estas creencias permanecieron como las bases del pensamiento científico
y la moral y la autoridad política en Europa hasta hace apenas 500 años.

Entonces, en 1543, Nicolás Copérnico publicó "La Revolución de las Esferas
Celestiales", poniendo la tésis de que la Tierra es sólo uno entre los demás
planetas que giran alrededor del Sol -siendo éste una de las incontables
estrellas del cosmos. Estó llevó a una confrontación histórica entre la ciencia y
la iglesia si la observación científica o la revelación divina es la fuente más
valida del conocimiento humano. El monismo material (la visión de que la materia
es la que hace surgir la conciencia o espíritu) se convirtió en la imagen de la
realidad abrazada por la ciencia y desencadenó a lo que los historiadores se han
referido como la Revolución de Copérnico. Los que se adhieren a esta tradición
creen que la materia es la realidad primaria, siendo la medida física la única
fuente válida de conocimiento, y la experiencia de la conciencia es sólo una
manifestación de la complejidad material del cerebro físico. Esto hace
inconcebible que ninguna forma de conciencia exista independientemente de una
presencia física. El monismo materialístico ha sido la base del entrenamiento y
la cultura científica occidental através de la mayor parte de la era
científica-industrial. Ha estado comunmente asociado con una negación de lo
espiritual y un énfasis en lo materialista, lo individualista, y la explotación
de la naturaleza.

De acuerdo al historiador Edward McNall Burns, el significado de la Revolución
de Copérnico se encuentra en el hecho que "El filósofo más nunca tuvo que rendir
tributo a la revelación como fuente de verdad; ahora se mantenía a la razón como
fuente solitaria de conocimiento, mientras la idea completa de significado
espiritual en el universo fue dejada de lado como un traje usado". La autoridad
intelectual y moral de la iglesia fue muy debilitada.

La idea de que sólo las cosas que pueden ser medidas son objetos apropiados para
el estudio científico y aceptables como explicaciones causales a ayudado a la
ciencia a distinguir "explicaciones científicas de tales interpretaciones
precientíficas como el capricho de los dioses o la intervención de la gracia
divina". Sin embargo, también significó que la conciencia, los valores, la
estética y otros aspectos de la experiencia humana fueron excluídos de tomarse en
consideración para la investigación científica. Al rechazar el libre albedrío y
la elección moral como explicaciones aceptables del comportamiento, la ciencia
efectivamente se eximió a sí misma de la responsabilidad moral en la aplicación
del conocimiento científico.

El filósofo del siglo diecisiete Thomas Hobbes llevó el monismo materialista a
su más alejado extremo. Él mantenía que absolutamente nada existe sino la
materia. Si hay un Dios, debe tener un cuerpo físico. En esta visión, el bien es
meramente lo que nos da placer, la maldad lo que nos causa dolor, el único
propósito significativo en la vida es perseguir el placer -un sistema de valores
que se convirtió en la premisa moral implícita en el racionalismo económico.

Las instituciones de religiones y ciencias -cada una con su propia visión de la
realidad- en lo sucesivo compitieron por el alma de las sociedades occidentales.
El dualismo (la visión que la materia y el espíritu son dos aspectos distintos e
independientes de la realidad) preveyó una validación filosófica de esta
división. Mientras la iglesia ordenaba una vida espiritual constricta, la
sociedad secular llegó a abrazar el mundo material como la realidad primaria, el
materialismo como el valor dominante, y el crecimiento económico extremo como el
principal propósito humano.

Como una filosofía de la ciencia, el monismo materialístico hizo posible los
logros científicos y tecnológicos de la era científico-industrial. Como una
filosofía de vida profundamente incrustada en la cultura moderna, nos ha llevado
al borde de la auto-destrucción, porque lleva naturalmente a abrazar los valores
Hobbesianos. Esto hace difícil identificarse con ningún significado o propósito
más elevado que la indulgencia de nuestros apetitos físicos. Habiendo abrazado la
indulgencia como nuestro propósito, una apelación para limitar la indulgencia en
el interés de la justicia económica o la preocupación por las generaciones
futuras se convierte en un llamado a sacrificar la única cosa que le da
significado a la vida. Esto sigue, como los libertarios corporativos algunas
veces mantienen, que es más racional para aquellos quienes tienen los medios
financieros continuar disfrutando la fiesta hasta que se acabe. Si sacrificamos
estos placeres y los ambientalistas terminan estando equivocados, habremos
sacrificado nuestra razón de vida para ningún fin. Si los ambientalistas tienen
razón y la fiesta termina en nuestra auto-destrucción, entonces por lo menos lo
disfrutamos mientras pudimos.

El monismo materialista también preparó el camino para una economía que, en el
intento de alcanzar el status de ciencia verdadera, abrazó los precios del
mercado, los cuales pueden ser observados y medidos, como el único árbitro de los
valores humanos. Es virtualmente imposible entender o explicar el comportamiento
humano habitual sin tomar en cuenta los valores, lealtades, aspiraciones, el
amor, los conflictos psicológicos, el altruismo, la espiritualidad, la conciencia
y hasta las creencias metafísicas que le informan -las cuales son muy difíciles
de observar y medir. Entonces, como la ciencia se define a sí misma, el término
"ciencia social" es una contradicción.
El científico social debe o redefinir las suposiciones de la ciencia o redefinir
al ser humano de acuerdo con estas suposiciones. Los economistas eligen lo
último, postulando un hombre hipotético mecanístico y económico quien busca sólo
su propio placer -el cual es subsecuentemente definido en términos puramente
financieros. Cuando un modelo necesita de un humano que tome decisiones -sin
importar el género- el economista lo substituye por el hombre económico
imaginario decididamente no humano, quien evalúa cada elección sobre la base de
su ganancia económica.

Habiendo eliminado al humano, los economistas entonces eliminan el
comportamiento. Encontrando sin esperanzas las interacciones entre la gente
demasiado complejas y difíciles de medir, los economistas prefieren observar el
comportamiento de los mercados en vez del comportamiento de la gente. El
comportamiento del mercado involucra precios y flujos de dinero, los cuales son
facilmente observados y medidos.

Como una ciencia debe ser objetiva y sin valores, la economía elige reducir
todos los valores a los valores del mercado como son revelados en los precios del
mercado. Entonces, el aire, el agua y otras cosas esenciales para la vida que la
naturaleza provee gratuitamente son tratados como si no tuvieran valor -hasta que
la escasez y la privatización los hacen mercadeables. En contraste, el oro y los
diamantes, los cuales casi no tienen utilidad para sostener la vida, son
altamente valorados. Se llega al valor de una vida humana calculando el potencial
del sueldo en la vida de una persona, o "contribución económica". Como un cínico
una vez notó con precisión, "Los economistas saben el precio de todo y el valor
de nada".

La visión parcial y materialística de nuestra naturaleza que está incorporada en
el monismo materialístico ayuda a explicar la paradoja básica de que las
sociedades modernas han llegado a definir el éxito en términos de hacer dinero
-un simple número en un pedazo de papel, en una moneda, o en una computadora.
¿Por qué? Este es uno de los rompecabezas más frustrantes de la sociedad moderna.
El filósofo contemporáneo Jacob Needleman lo dice muy bien en "El Dinero y el
Significado de la Vida":

"En otros tiempos y lugares, nadie ha buscado el dinero por encima de todo lo
demás; la gente ha deseado la salvación, la belleza, el poder, la fuerza, el
placer, la propiedad, las explicaciones, los alimentos, la aventura, la
conquista, la comodidad. Pero aquí y ahora, el dinero -no necesariamente
nisiquiera las cosas que el dinero puede comprar, sino el dinero mismo- es lo que
todos desean. La salida de energía de la humanidad ahora toma lugar en y através
del dinero ... Por esto, si uno desea entender la vida, uno debe entender el
dinero en esta fase presente de la historia y la civilización".

¿De qué fuente el dinero -un simple número- deriva su energía? La clave es la
declaración de Needleman, "La salida de energía de la humanidad ahora toma lugar
en y através del dinero". El dinero deriva su energía de nosotros, Su energía es
nuestra energía.

En su best-seller del New York Times "Tu Dinero o Tu Vida", Joe Dominguez y
Vicki Robin nos dicen que "el dinero ... es algo que muy a menudo no tenemos, que
luchamos para obtener, y en el cual ponemos nuestras esperanzas de poder,
felicidad, seguridad, aceptación, éxito, realización, logros, y valor personal.
Más allá de satisfacer nuestras necesidades de supervivencia, hemos llegado a
buscar el dinero para proveer las cosas intangibles de una vida buena -olvidando
la simple realidad que sólo están a la venta las fabricaciones de la cosa real.
La cosa real hay que ganársela al invertir en nosostros mismos las relaciones
amorosas, siendo buenos amigos y vecinos, viviendo con principios éticos, y
desarrollando y conectando nuestras habilidades de maneras que contribuyan a la
vida de la comunidad.

Pero los expertos del marketing nos rodean con mansajes culturales diferentes.
Ellos no venden jabón para lavar ropa, ellos venden aceptación, logro y valor
personal. Ellos no venden automóviles, ellos venden poder, libertad, y éxito -la
oportunidad de sentirte vivo, conectado y libre- que es lo que en realidad
queremos. Para comprar lo que ofrece la gente de marketing, necesitamos dinero.
Como Dominguez y Robin explican:

"El dinero es algo por lo que elegimos intercambiar nuestra energía vital ...
Nuestra asignación de tiempo aquí en la Tierra, las horas de preciosa vida
disponible para nosotros. Cuando vamos a nuestros trabajos, estamos trocando
nuestra energía vital por dinero. Esta verdad, aunque simple, es profunda".

El dinero no es un número ordinario después de todo. Es nuestra entrada a las
mismas cosas que la gente ha deseado en otras épocas y lugares. Es una medida de
las energías vitales gastadas en su adquisición. Se ha convertido en nuestra
respuesta a la pregunta ¿Cuánto valgo yo? y la medida de nuestro valor colectivo
y logro como nación. Las caridades profesionales hasta han hecho que el dinero
sea la medida de nuestra compasión: "Haga la diferencia, envíenos su cheque hoy".
Definiéndonos a nosotros mismos en términos de dinero, quedamos atrapados en una
caída en espiral de alienación de la vida, de nuestra naturaleza espiritual.

En vez de enseñarnos que el camino a la realización es experimentar la vida al
máximo através de nuestras relaciones con la familia, la comunidad, la
naturaleza, y el cosmos viviente, los medios de comunicación dominados por las
corporaciones continuamente repiten una falsa promesa -cualesquiera sean nuestros
anhelos, el mercado es el camino para su gratificación instantánea. Nuestro
propósito es consumir -hemos nacido para ir de compras. En trance por la canción
de sirenas del mercado, consistentemente devaluamos la energía vital que ponemos
en obtener el dinero y sobrevaloramos las ganancias de energía vital esperadas al
gastarlo. Mientras más entregamos nuestras energías vitales al dinero, más poder
le damos a las instituciones que controlan tanto nuestro acceso al dinero como a
las cosas que se compran con éste. Entregar tal poder sirve bien al interés
corporativo, porque las corporaciones son criaturas de dinero. Sirven pobremente
a nuestros intereses humanos porque somos criaturas de la naturaleza y el
espíritu.

Forzados a reexaminar quienes somos por los límites de la habilidad del planeta
para acomodar nuestra avaricia, nos encontramos nosotros mismos confrontados con
una verdad hermosa. Dondequiera que nuestra persecución de la abundancia material
ha creado escasez material, nuestra persecución de la vida puede traer un nuevo
sentido de abundancia social, espiritual y hasta material.

La gente quien experimenta una abundancia de amor en sus vidas raramente buscan
consuelo compulsivamente en adquisiciones personales exclusivas. Para el
emocionalmente deprivado, ningún extremo en la indulgencia materialística puede
ser suficiente, y nuestro mundo material se hace insuficiente. Un mundo
hambriento de amor se hace uno de carestía material. En contraste, un mundo de
amor es también uno de abundancia material. Cuando estamos espiritualmente
satisfechos y experimentamos el cuidado y apoyo de la comunidad, el ahorro es una
parte natural de una vida completa y disciplinada. Lo que es suficiente para las
necesidades de uno trae un sentimiento de plenitud de la abundancia de la
naturaleza.

Las implicaciones son profundas. Nuestra aparentemente insaciable búsqueda de
dinero y consumo material es de hecho una búsqueda para llenar un vacío en
nuestras vidas creado por una falta de amor. Es una consecuencia del
malfuncionamiento de las sociedades en las cuales  el dinero ha desplazado
nuestro sentido de conexión espiritual como la base de nuestros valores
culturales y de nuestras relaciones. El resultado es un mundo de escasez
material, desigualdad masiva, sistemas ambientales sobre-explotados y la
desintegración social. Mientras abrazemos el hacer dinero como nuestro propósito
colectivo y estructuremos nuestras instituciones para darle precedencia a esta
meta sobre las otras, el vacío en nuestras vidas crecerá y la crisis humana se
profundizará. Hay una solución obvia: crear sociedades que le den un alto valor a
fomentar el amor más que a hacer dinero.

Tan idealístico como esto pueda sonar, está totalmente a nuestro alcance. La
clave es un cambio de conciencia que ya se está creado através de una síntesis
emergente de conocimiento científico y religioso que abarca la conexión integral
entre las dimensiones materiales y espirituales. Así como la Revolución de
Copérnico introdujo la era científica-industrial al liberarnos de falsas
percepciones acerca de nosotros mismos y de la naturaleza de nuestra realidad,
una Revolución Ecológica, basada en una integración más holística de lo
espiritual y lo material, puede introducirnos en una era ecológica que abrirá
oportunidades como no han sido imaginadas aún para nuestro desarrollo social y
espiritual. Sin embargo, para realizar esta meta, debemos reclamar nuestro poder
que hemos entregado al dinero y a una economía global dominada por las
corporaciones.

Traducción del libro: CUANDO LAS CORPORACIONES GOBIERNAN EL MUNDO
Escrito por: DAVID C. CORTEN
Parte VI  -  RECLAMANDO NUESTRO PODER
Capítulo 21 - LA REVOLUCIÓN ECOLÓGICA


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