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Asunto:[LEA-Venezuela] Canje de la Deuda externa por Naturaleza
Fecha:Miercoles, 3 de Enero, 2007  17:37:40 (-0400)
Autor:pefaur <pefaur @...ve>

Canjes de deuda por naturaleza. De la deuda ilegítima al “canje” perverso.

Por José Elosegui *


A la deuda deshonrosa generada en América Latina por los gobiernos
ilegítimos desde la creación de los organismos financieros internacionales
-en la década de los sesenta- se agrega ahora un nuevo mecanismo perverso:
el canje de deuda externa por naturaleza. Un nuevo recurso del capital
transnacional para aumentar su control sobre los países pobres. Si bien
este mecanismo ha sido puesto en marcha por Estados Unidos en una decena
de países, los casos de Paraguay y Colombia son bien ilustrativos del
papel que juegan en estos procesos las grandes “transnacionales” de la
conservación.

 Los programas de “canje de deuda por naturaleza” se tratan, a simple
vista, de un acuerdo entre el gobierno estadounidense y un gobierno de un
país pobre deudor, mediante el cual Estados Unidos exonera del pago de
una parte de la deuda externa a ese estado.

En contrapartida, el país deudor debe invertir determinada cantidad de
dinero que Estados Unidos le otorga para implementar proyectos de
conservación de su medio ambiente.

Parece un cuento de hadas: Estados Unidos se transforma en un estado
protector y salvador de la Madre Naturaleza a nivel mundial, que al mismo
tiempo libra a los países más pobres de tener que pagar su deuda externa.

Con una mirada un poco más profunda se descubre un complejo entramado de
relaciones que echa por la borda la historia del “Hermano Mayor”.

Bajo la excusa del cuidado del medio ambiente, el gobierno estadounidense,
la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y
grandes organizaciones no gubernamentales (ONG) de ese país, entre otros
actores, despliegan una brutal estrategia de apoderamiento de los recursos
naturales de los países no desarrollados.

Así, los canjes de deuda por naturaleza se transforman en una herramienta
más al servicio de Estados Unidos y del capital transnacional para
extender su poderío a escala planetaria.

El mecanismo

Los “canjes de deuda por naturaleza” fueron creados a mediados de la
década de los ochenta y en los últimos años aumentaron los acuerdos de
este tipo alcanzados por Estados Unidos.

Este país ya firmó este tipo de convenios con naciones como Bangladesh,
Bélice, El Salvador, Filipinas, Panamá, Perú, Colombia y Paraguay.

La estructura general de estos acuerdos sigue, a grandes rasgos, la lógica
siguiente. A modo de ejemplo: el gobierno de Estados Unidos otorga a un
país deudor nueve millones de dólares, monto que le descontará además de
su deuda de externa.

Grandes ONG conservacionistas también otorgan fondos al estado deudor. Las
estadounidenses Nature Conservancy, Conservation International y World
Wildlife Fund, consideradas como grandes transnacionales de la
conservación, figuran en varios de estos acuerdos.

El país “beneficiario” se compromete a utilizar durante determinado tiempo
el dinero que recibe en la implementación de proyectos de conservación de
sus bosques tropicales, dirigidos por ONG locales que deben ser
reconocidas por Estados Unidos.

Este tipo de acuerdos son posibles bajo las disposiciones de la Ley de
Conservación de Bosques Tropicales (TFCA, por su sigla en inglés),
promulgada en Estados Unidos en 1998. Esa norma regula la utilización por
parte del gobierno estadounidense de fondos presupuestales para financiar
proyectos de conservación en diversas partes del mundo.

Según la Embajada estadounidense en Colombia, la TFCA fue creada para
“proporcionar una oportunidad, a los países en vías de desarrollo que
califiquen, de reducir su deuda con Estados Unidos, al tiempo que generan
financiación para actividades que ayuden a conservar sus importantes áreas
de bosques tropicales” (1).

Por otra parte, la USAID también está involucrada en la firma de estos
acuerdos.

Paraguay: el caso más reciente

El gobierno paraguayo, presidido por Nicanor Duarte, firmó en junio un
acuerdo de canje de deuda por naturaleza con el de Estados Unidos, que
encabeza George Bush, por una suma que supera los siete millones de
dólares. El acuerdo todavía debe ser aprobado por el Congreso paraguayo.

 Según información brindada por el Ministerio de Hacienda de Paraguay, el
acuerdo, en el que participa la USAID y siempre en el marco de la TFCA,
es el primer canje de deuda que firma ese país (2).

Paraguay se comprometió, prosigue el Ministerio de Hacienda, a “generar
fondos en moneda local para utilizar en la conservación de bosques
tropicales en Paraguay” (3), tarea que llevarán adelante ONG locales.

El ministro de Ambiente paraguayo, Alfredo Molinas, fue más enfático
todavía. Según el diario paraguayo ABC Color, el jerarca dijo que el
dinero que su país reciba de Estados Unidos “está atado” a proyectos del
bosque tropical del Alto Paraná. Molinas subrayó que el acuerdo con
Estados Unidos constituye un “hito histórico” en el proceso de reducción
de la deuda externa de Paraguay.

Varias organizaciones y congresistas opositores al gobierno de Duarte
manifestaron su disconformidad por la poca información y la ausencia de
discusión pública sobre el canje que se firmó con Estados Unidos.

Organizaciones no gubernamentales pidieron incluso aplazar la firma del
convenio, para impulsar antes una discusión nacional sobre sus riesgos y
beneficios en seminarios, debates y foros.

Una mirada un poco más profunda: Colombia

Según información brindada por la Embajada de Estados Unidos en Colombia,
esos dos países acordaron en abril de 2004 un canje de deuda por
naturaleza por unos diez millones de dólares (4).

Por su parte, el gobierno colombiano, que preside Álvaro Uribe, se
comprometió a utilizar los fondos en la implementación de proyectos
locales de conservación, con el objetivo de proteger importantes áreas de
bosques tropicales.

Para llevar a cabo este canje de deuda por naturaleza, el gobierno de
Estados Unidos cedió a Colombia 7 millones de dólares de asignaciones bajo
la TFCA.

Las ONG Nature Conservancy, Conservation International y World Wildlife
Fund contribuyeron con 1,4 millones de dólares.

Las áreas de Colombia que se beneficiarían por la firma de este acuerdo
son los bosques del noreste de los Andes tropicales, la región del río
Orinoco en los Llanos Orientales y el Caribe. Estas zonas son inmensamente
ricas en fauna y flora.

Según Hildebrando Vélez, integrante de la organización ambientalista
Censat Agua Viva - Amigos de la Tierra Colombia, la TFCA exige que en el
país que recibe los fondos se establezca un administrador que los maneje,
que tenga la confianza de Estados Unidos (5). Vélez explica que en el caso
colombiano el administrador es el Fondo para la Acción Ambiental,
fundación sin fines de lucro constituida en el año 2000.

Esa institución es la encargada de ceder los fondos para financiar
proyectos de ONG colombianas, dispuestas a trabajar en la conservación de
los bosques tropicales en las áreas seleccionadas.

Las consecuencias

En realidad lo que se logra con los programas de canje de deuda por
naturaleza es entregar a Estados Unidos y a Nature Conservancy,
Conservation International y World Wildlife Fund, el poder de decisión
sobre los recursos naturales de un país.

El país deudor, que supuestamente es el “beneficiario” del canje, en
realidad pierde posibilidades de decidir sobre el manejo de sus propios
recursos, facultad que cede al gobierno estadounidense, a las empresas
privadas asociadas a él y a las grandes transnacionales de la
conservación.

Por lo general, están de por medio las regiones más ricas y abundantes en
recursos de la nación deudora. Ese país no solo depende, con estos canjes,
de decisiones foráneas para manejar sus recursos, sino que además queda
expuesto al ingreso a su territorio de grandes empresas privadas que se
dediquen a brindar servicios ambientales, entre otros.

En El Salvador quedó bajo “protección” un bosque nublado único en ese
país, donde proliferan orquídeas y raros ejemplares de monos araña, pumas
y búhos rayados.

En Belice, el canje le costó al estado la entrega de un segmento del
Corredor Montañoso Marino Maya, que abarca un pedazo de costas en el
Caribe.

En el caso de Perú, el acuerdo con Estados Unidos incluyó el Santuario
Histórico de Machu Picchu y la denominada Reserva Natural de
Pacaya-Samiria, así como bosques tropicales de la selva amazónica.

El ambientalista Hildebrando Vélez realiza una crítica de los proyectos de
conservación locales que se implementan en el marco del cumplimiento de
estos programas de canjes de deuda por naturaleza.

Explica que esos proyectos “estarían orientados a que actores particulares
realicen tareas que son responsabilidad del Estado, debilitando al mismo y
transfiriendo sus funciones a actores privados” (6).

Esos emprendimientos también buscarían “asegurar la conservación biológica
con el propósito de tener una disponibilidad futura de recursos para
proveer servicios ambientales privatizados” (7), agrega Vélez.

Los servicios ambientales (como el ecoturismo) responden a una lógica de
mercantilización de la naturaleza, según la cual los recursos naturales
tienen un valor económico y por tanto pueden ser vendidos.

Vélez explica además que esos servicios son prestados por grandes
corporaciones transnacionales o sus subsidiarias nacionales.

Es dable esperar que esas empresas no respeten los derechos de las
comunidades locales que habitan las zonas donde ellas operan. Esas
comunidades corren el riesgo de perder sus territorios y sus recursos
naturales por la firma de acuerdos en los que participó el propio gobierno
de su país.

Vélez va más allá en su crítica de los proyectos de conservación pactados
en el marco de los canjes de deuda por naturaleza. Considera que servirían
también para mitigar los impactos medioambientales de los megaproyectos
que se realicen en el marco de la iniciativa para la Integración de la
Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA).

Lo que parece preocupar al ambientalista colombiano es que mediante esas
acciones de mitigación de impactos ambientales, que en principio siempre
son bienvenidas, se puedan encubrir los graves efectos del IIRSA en la
región.

De esta forma, los canjes de deuda por naturaleza son un complejo
mecanismo político y financiero destinado a asegurar al gobierno de
Estados Unidos y a las grandes “transnacionales de la conservación” el
derecho de apoderarse de los recursos naturales de los países más pobres y
dependientes.

El manejo de esos recursos permite además a Estados Unidos satisfacer una
de las demandas más importantes del sistema capitalista y neoliberal que
promueve, que es la promoción de la participación de empresas
transnacionales que se dediquen, entre otros rubros, a la gestión de los
recursos y a la venta de servicios ambientales.

En este sentido, resultan bastante claros los procesos de apropiación y
privatización del agua en países ricos en ese recurso, principalmente en
América Latina.

www.ecoportal.net

Notas

(1) “Acuerdo de canje de deuda por naturaleza para Colombia”. Embajada de
los Estados Unidos de América. Bogotá, Colombia. 23 de abril de 2004. Ver
en: http://bogota.usembassy.gov
(2) “El Gobierno firmó convenio para canjear deuda por naturaleza con
Estados Unidos”. Ministerio de Hacienda, República del Paraguay. 7 de
junio de 2006. Ver en: http://www.hacienda.gov.py
(3) Ídem.
(4) “Acuerdo de canje de deuda por naturaleza para Colombia”. Embajada de
los Estados Unidos de América. Bogotá, Colombia. 23 de abril de 2004. Ver
en: http://bogota.usembassy.gov.
(5) “Canjes de deuda por naturaleza”. Hildebrando Vélez. Revista
Biodiversidad, número 42. Octubre de 2004.
(6) Ídem.
(7) Ídem.

Revista Biodiversidad de octubre de 2006,proyecto conjunto de REDES-AT
(Uruguay) y GRAIN (España)




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