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Asunto:[LEA-Venezuela] EL ENEMIGO DE LA NATURALEZA
Fecha: 14 de Diciembre, 2006  13:58:13 (+0100)
Autor:interfazamazonica <interfazamazonica @.....net>

EL CAPITALISMO ES EL ENEMIGO DE LA NATURALEZA
Escrito por Joel Kovel

El capitalismo es expansionista
y ecologicamente destructivo.
 
Algo sin precedentes está sucediendo: es una ruptura global de los ecosistemas
que afecta a cada criatura de este planeta, incluyéndonos a nosotros mismos. Esta
transformación masiva se llama "crisis ecológica". Debido a la complejidad
intrínsica de estos sistemas y la indeterminación de sus variadas interacciones
-lo cual incluye lo que vayamos a hacer al respecto-, sólo un tonto podría decir
que es capaz de predecir con precisión el producto final de la crisis ecológica.
Pero se necesitaría un tonto más grande todavía para negar que el llegar a
entender la crisis ecológica es el reto más grande de nuestra época.

Para el individuo, tal crisis parece imperceptible: el sol todavía sale por la
mañana y se pone por la noche; después de una gran tormenta, brilla el sol y los
pajaritos cantan; las estaciones todavía se suceden unas tras otras; para la
mayoría de nosotros, los alimentos nos son traídos todavía a la mesa y los niños
saludables todavía son traídos al mundo. Desde el punto de vista de la historia,
los cambios que llevan a la crisis ecológica son muy rápidos: por ejemplo, muchas
de las sustancias tóxicas que se percolan através de la naturaleza nisiquiera
existían hace sesenta años. Pero desde el punto de vista de las eras geológicas,
los cambios son enfermantemente rápidos, como una vela apagándose con un soplido.

Cualquier explicación coherente de lo que impulsa la crisis debe incluir la
producción de bienes y el papel del Estado en regular esto. Para ponerlo más
directamente, la crisis ecológica de hoy es una función de lo que hace que la
producción de bienes sea dañina a los ecosistemas, lo que lleva a la producción
de bienes a ser incontrolable, y lo que rinde a los cuerpos políticos como el
Estado capitalista incapaces para regularla efectivamente, e incapaces por esto
de proteger o arreglar los ecosistemas.
La única entidad que manda es el sistema capitalista. Surgiendo del mundo
medieval hace 500 años, el capitalismo cuajó después de la conquista europea del
hemisferio occidental y llegó a dominar con la revolución industrial. Ahora rige
el mundo como nunca antes.

La característica que define el capitalismo es someter todas las otras
consideraciones a la producción de capital. El capital mismo no es nada, sino una
relación en la cual las cosas son cuantificadas y traducidas en términos de
valores como el dinero, lo cual está puesto en el camino de la expansión. En el
curso de los eventos, esto significa que hacer ganancias es el desideratum de
cada transacción capitalista, mientras que el santo grial de la sociedad
capitalista es la acumulación de capital. Y como el dinero puede existir
solamente si está incrustado en algo material que pueda ser vendido en el mercado
-esto es, los artículos de consumo- entonces el capitalismo se convierte en la
producción generalizada de artículos de consumo, lo cual será confirmado por
cualquier mirada a la televisión comercial o a los centros comerciales.

Si uno debe hacer la mayor ganancia, uno debe vender más artículos. Esto crea
una presión sin fin para rebajar los costos, lo que significa devaluar aquellas
cosas que tienen los artículos pero que no generan ganancias ellas mismas. Y esto
lleva a una presión constante para devaluar la naturaleza y tratarla como un mero
recurso y un botadero de basura. cada artículo de consumo, entonces, lleva sumado
un costo sobre los ecosistemas, y una sociedad organizada para producir artículos
sin final queda atrapada en el consumismo, con su culto a lo nuevo y a la
producción de desechos y basura. El artículo más importante en este respecto es
la labor de los trabajadores, la materia prima humana que hace andar el mundo.
Ésta es explotada sin compasión, mientras los cuerpos y, de hecho, las mentes de
los trabajadores son ecologicamente degradados.

La producción capitalista es ecologicamente destructiva porque está fundamentada
en la propiedad privada de la Tierra y de todos los medios de producción; porque
está impulsada por la competición en vez de la cooperación y por esto selecciona
individuos despiadados, ecologicamente ciegos, para ser los líderes; porque
depende de las crisis y no puede alcanzar el equilibrio; porque la persecución
del dinero es profundamente desestabilizante para ese ecosistema humano que
llamamos "psique"; y porque, intrinsicamente, el dinero, siendo un número, no
tiene límite, mientras que la ecósfera es un sistema de exquisitos límites. El
mantra del capital es "crece o muere" -en otras palabras, acumula a todo costo- y
mientras se haga más grande, más destructivo es para las ecologías, como lo que
cuenta es la proporción de las ganancias, la cual actúa basada en la expansión
constante. Entonces el capital no es sólo ecologicamente destructivo sino que
tiene una presión para serlo exponencialmente. Más aún, éste trata cualquier
límite a su expansión como una amenaza mortal. Es esta expansión lo que destruye
la integridad de nuestras ecologías planetarias. Entonces no sólo es justo sino
necesario decir que el capitalismo es un cáncer sobre la tierra.

El capitalismo es un sistema de clases, y su clase dominante controlará el
Estado capitalista, como lo confirma una mirada alrededor del mundo.
Consecuentemente el principal trabajo del Estado capitalista es servir a la meta
de la acumulación, lo cual significa que es incapaz de cuidar adecuadamente la
naturaleza. Más aún, el capitalismo produce la pobreza tanto como la riqueza,
amplía la distancia entre ricos y pobres, trae en su despertar represión y
dislocación profunda, y hace que la cooperación necesaria para vencer la crisis
ecológica sea altamente imposible.  Bajo estas circunstancias, a pesar de que en
los países capitalistas pueda ocurrir una victoria política aquí o allá, la
disposición racional de la crisis como un todo es profundamente problemática.

Estas tendencias generales se han agravado grandemente por una crisis global en
acumulación la cual ha hecho tenaz el sistema capitalista de una manera u otra
desde mediados de los años 1970s y estas tendencias llevan a un marcado
incremento en la agresividad del capital. La "globalización" resultante y el
"neoliberalismo" son nombres dados a la explotación reforzada de la
naturaleza y de la mano de obra en años recientes. Esto ha desatado la crisis
ecológica misma. Entre los resultados está el agotamiento de los recursos,
especialmente el petróleo y el agua; esto a su vez retroalimenta la crisis y
refuerza sus tendencias caóticas, las cuales ahora incluyen el maligno
fundamentalismo religioso, un aumento constante en el terror, y la amenaza de
guerra por el gobierno desesperado de los Estados Unidos. Estas son las
tendencias que liderizan la crisis ecológica como se ven desde el punto de vista
aventajado del capitalismo.

El lector puede no estar de acuerdo con alguno o muchos de estos puntos. Pero
así sea equivocado o no el acercamiento tomado aquí, ciertamente levanta un tema
que merece el más amplio y serio debate. Porque si es el caso que el sistema
global dominante de producción social, con su inmenso poder, es de hecho
ecologicamente destructivo en una escala en expansión, e igualmente incorregible,
entonces es mejor que nos empecemos a mover y no nos detengamos ante nada para
ver si hay alguna manera de forjar un futuro que valga la pena.

Lo que me impresiona es que tal debate no tenga lugar, excepto en los márgenes
de la sociedad. Este es el mayor caso de negación masiva en la historia de la
humanidad. Hay razones, por supuesto. El capital viene equipado con un sistema de
propaganda que pone a todas las religiones del mundo en la oscuridad de las
sombras, que lava la imagen (greenwashing) de sus infracciones y vende la
sustentabilidad como vende la pasta de dientes. La democracia capitalista,
mientras tanto, separa la vida pública de la privada y condiciona a los
individuos a someterse pasivamente a la experiencia, rindiendo a la gente
suceptible a tal propaganda. Más aún, la desintegración de los retos socialistas
al capital durante el siglo veinte ha reforzado la desilusión de las masas de
que, en las palabras de Margaret Tatcher, "no hay alternativa" al capitalismo
como modo de producción social. Finalmente, a pesar de las maldades del
capitalismo nadie puede negar su capacidad de seducir, mayormente por el hecho de
que sus industrias producen un grado de riqueza y una gran cantidad de aparatos
domésticos sin precendente en la historia de la humanidad. Todo lo cual es parte
del problema, el cual puede ser planteado de nuevo desde una perspectiva doble:

El capitalismo es mucho más que una economía. Es un modo de ser completo que
invade y coloniza la psique tanto como lo hace la sociedad pre-capitalista. Este
pone las relaciones económicas como la forma más elevada de la existencia humana
y calla la perspectiva que podría ver más allá de esto. Entonces, para la gran
masa de la humanidad, de hecho no hay alternativa al capital porque ninguna puede
ser pensada. Una predilección por el capitalismo no es un don de la naturaleza
humana, pero el capital elige entre las posibilidades de la naturaleza humana las
que sean coherentes y auto-reforzantes del capitalismo. Estas incluyen la
perspectiva machista de priorizar viendo en la distancia, la abstracción, la
división y la aislación.   El capital reduce el mundo a objetos
compartimentalizados presididos por un ego amurallado;  por esto en su mero
centro, el capitalismo es contrario a las maneras ecológicas de ser, y aquellos
que viven dentro de sus términos son incapaces de ver más allá de ellos mismos.
El ego alienado idolatra a la máquina, se llena a sí mismo de aparatos y
cachivaches, y es "consumido" por una incesante hambre de posesión.

Para resolver la crisis necesitamos vencer al capital através de medidas que
sean negaciones de esas tendencias. La tarea va mucho más allá de cualquier
re-arreglo económico -el camino debe ser creado con atención a los específicos
concretos de la crisis ecológica. Pero deben ser vistos prefigura-tivamente, como
momentos en un proceso de transformación en vez de reformas graduales, una
transformación que empotre la economía en la humanidad y en la naturaleza, en vez
de elevar la economía como un Dios sobre la humanidad y la naturaleza.

Tres condiciones interconectadas podrían guiar esta práctica: primero, una
pasión por la justicia que se extienda desde la humanidad hasta todas las
criaturas y la naturaleza misma; segundo, la liberación de los humanos y de todas
las criaturas -esto require, para los humanos, el viejo ideal de reunir a los
productores con los medios de producción; y tercero, una apertura al terreno
universal del ser. En resumen, un pasaje espiritual-visionario más allá del
capital, suficiente para derrocar sus zalamerías. Olvidamos con facilidad, siendo
derrotados por el sistema capitalista, que estas condiciones también están dadas
en la naturaleza humana. Éstas nacen con cada persona que viene al mundo y no
pueden ser completamente conquistadas en tanto permanezca la vida. Entonces, no
solamente está a plena vista la causa de la crisis ecológica, sino también los
medios para derrotarla. El producto final, sobre el cual descansa el mundo, es
una función de la imaginación y la voluntad.

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Joel Kovel es autor del libro: "EL ENEMIGO DE LA NATURALEZA" (Zed, UK, 2002).
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Traducido por Trástor en La Gran Sabana.
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"Es raro encontrar un caso en el cual la destrucción ambiental no vaya tomada de
la mano con la injusticia social, casi como dos caras de la misma moneda".
Anil Agarwal, Director del Centro para la Ciencia y el Ambiente, India


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