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Asunto:[LEA-Venezuela] Fw: Silviano asegura que la agresion es orden del presidente Chavez
Fecha:Martes, 27 de Marzo, 2001  09:53:22 (-0400)
Autor:INTERFAZ AMAZONICA <interfaz @.....net>

Envie esto anoche, y luego vi el error y envie la fe de erratas, pero como
que  solo llego esta ultima a LEA?...

Jose Rafael Leal

----- Original Message -----
From: "INTERFAZ AMAZONICA" <interfaz@...>
To: <lea@...>
Sent: Monday, March 26, 2001 5:46 PM
Subject: Silviano asegura que la agresion es orden del presidente Chavez


>
>
>
> CORREO DEL CARONI, Lunes 26 de Marzo de 2001
>
>
> Silviano castro asegura que el Ejercito los agrede por ordenes del
> presidente Chavez.
>
> JAMAS HUBO ENFRENTAMIENTO ENTRE INDIGENAS Y MILITARES.
>
> ---------------------------------------------------------------
> Definitivamente el asunto de los indígenas y el tendido eléctrico
> va de mal en peor, pues una grave denuncia pesa ahora sobre
> los efectivos militares asentados en la zona, quienes según
> nuestro entrevistado, han colocado minas al pie de los postes
> y torres, cuya explosión espontánea provocó hace días un
> voraz incendio en la zona de kamoirán.
> --------------------------------------------------------------
>
> POR: Adriana Boccalo
> adrianab@...
>
> El pleito entre militares y comunidades indígenas continúa en la Gran
> Sabana. El origen es bien conocido. Se trata del re­chazo que mantienen
los
> pobladores de San Rafael de Kamoirán. en especial, con­tra el tendido
> eléctrico que llevará luz a las comunidades del sur de Brasil.
>
> Esa es historia conocida. Lo novedoso es que a finales de la semana pasada
> cir­cularon versiones de un enfrentamiento a punta de piedras y palos,
entre
> indígenas y militares apostados en la zona, del cual resultaron detenidas
8
> personas. entre ellas Silviano Castro. Capitán de San Rafael de Kamoirán.
>
> Hasta ahora, las versiones publicadas en la prensa regional fueron las
> oficiales. Por esta razón, pensamos que como lo que es igual no es trampa,
> también los indí­genas deben tener la oportunidad de emi­tir su versión de
> los hechos. En este sen­tido, veamos qué nos comenta Silviano Castro,
quien
> de entrada afirma que jamás hubo enfrentamiento alguno y que todo el
asunto
> comenzó cuando ellos fueron ata­cados por los efectivos del Ejército con
> bombas lacrimógenas y tiros de perdigo­nes, lo que de paso dejó algunos
> heridos.
>
> -Silviano, ¿nos haces un breve resu­men del origen de los hechos?
>
> Todo comenzó en Anaway, a 10 kiló­metros de San Rafael de Kamoirán, adonde
> un grupo de indígenas de varias
> comunidades está haciendo el estudio et-. nosocial. Hacecomo semana y
média
> se instah3 a~1i un puesto mYfitar.Tu sabes que eso ha acabado con la paz
de
> las comu­nidades, que por_supuesto sienten temor ante la presencia del
> Ejército. Nosotros no estamos acostíftnbrados a'efo:Yae~tába­mos bien
> preocupados con la militariza­ción de San Juan, pues a veces impiden el
paso
> alegando que es zona militar.
>
> -Ante la instalacibn de un nuevo pues­to militar, ¿qué hicieron los
> indígenas?
>
> Bueno, entonces lo que hicimos fue blo­quear la vía mientras decidíamos
con
> quién hablar al respecto, pues yo mismo ya le había dicho a la Ministra
del
> Am­biente que nosotros no queremos más pro­blemas. Lo cierto es que
> decidimos en­tonces hablar con la gente de la Disip que siempre nos está
> dando la vuelta. Ellos nos preguntaron si podíamos grabar un video
> exponiendo nuestras quejas para hacérselo llegar al Presidente Chávez. Lo
> grabamos el miércoles de la semana pasada. Dos dí­as después me encuentro
> con la Disip en Santa Elena de Uiarén, y me dicen que ya enviaron el
x'ideo
> y que los militares ya tienen orden de salida para el domineo. El lunes me
> dicen que necesitan un día más. Llega el martes y todavía están allí.
> inclusive cortando más árboles para aco­modar su campamento. El miércoles
le
> pregunto a la Disip si es que nos están en­gañando, pues los militares
> sieuen en el lugar como si nada. El jueves se nombra una comisión para que
> vaya a dialogar con ellos.
>
> - ¿Qué resultó de ese diálogo?
>
> El problema fue que al parecer la gen­te de la Disip se adelantó y puso a
> los mi­litares sobreaviso. Cuando la comisión in­dígena llegó, los
efectivos
> del ejército la recibió con bombas lacrimógenas.
>
> - ¿Tú eras miembro de esa comisión?
>
> No, pero fui porque quería saber cómo se desenvolvería el diálogo. Cuando
> lle­gué, ya mi gente estaba siendo dispersa­da por los gases lacrimógenos
y
> como yo saqué enseguida mi cámara filmadora, se armó el alboroto. Todos
> corrían. Enton­ces los del Ejército comenzaron a dispa­rar los perdigones
e
> inclusive hirieron a uno de sus efectivos.
>
> - Lograste buenas imágenes?
>
> No he podido revisar la filmación, pe­ro la cámara está bien resguardada,
no
> me la pudieron quitar, a pesar de que me per­siguieron y me golpearon por
> todas partes para que la soltara, pero no lo logra­ron porque la cuido más
> que a mi vida. Lo que allí está grabado son los docu­mentos que poseo.
>
> - Y adónde estaba la gente de la Disip?
>
> Estaban allí y les eché la culpa del ata­que, pues fueron ellos quienes
> alertaron al Ejército. Fue todo tan violento, que has­ta hubo un herido
> grave con una cortada en la cara. Lo picaron de un golpe con un FAL. Creo
> que lo querían matar. Los militares estaban muy bravos porque yo estaba
> filmando. Entonces monté al herido en mi carro para llevármelo hasta San
> Ra­fael, hacerle la cura sencilla y después trasladarlo a Santa Elena de
> Uairén.
>
> - ¿Lograste salir?
>
> Bueno, entonces cuando estaba en el carro se me acercaron los militares y
me
> pi­dieron que dialogáramos. Les dije que eso era justamente lo que
habíamos
> venido a hacer, que para eso habíamos nombrado la comisión, pero que
ahora,
> después que hay hasta un herido grave, no había manera. Por eso es que
ellos
> dicen en la pren­sa que yo no quería dialogar. Lo que sí le pregunté al
> Teniente a cargo era que si ellos no tenían órdenes de desalojar, y me
dijo
> que no. Entonces, la conclusión es que la gente de la Disip nos engañó.
> ¿Sa­bes lo peor del caso?, fue que la misma gente del Ejército me dijo que
> nosotros te­níamos que entender que ellos hacen to­do eso por órdenes
> directas del Presiden­te Chávez.
>
> - Silviano, ¿a qué órdenes de Chávez se refieren?
>
> A la represión contra los indígenas. Él (el efectivo militar) me dijo que
> ellos sa­ben que nosotros somos padres de fami­lia, pero que no pueden
hacer
> nada por­que están acatando las órdenes del presi­dente Chávez. Entonces
yo
> me pregunto, y adónde queda todo lo que decía Chávez de maldito el soldado
> que levantara el ar­ma contra su pueblo... ¿adónde queda eso?
>
> - Eso es muy grave, pero sigue contando para saber cómo llegaste a la
> Guarnición.
>
> Bueno, con ese alboroto arrnado, la gen­te salió a la carretera y trancó
la
> vía, pero no eran sólo indígenas. Nosotros si aca­so eramos 25. En cambio
> habían como 80 militares.  Nos pidieron que desalojaramos el lugar. Ya
> estaban llegando los autobu­ses comerciales y no podían pasar. Ha­blamos
con
> ellos, y los pasajeros estu­vieron dispuestos a esperar a que
resol­viéramos
> el problema. Entonces solicita­mos la presencia del Inspector de la Disip,
> para que nos sirviera de testigo en el diálogo que finalmente se acordó.
> Mien­tras esperábamos, no me quedó otra solución que mandar al herido
hacia
> Santa Elena de Uairén. Esperamos mucho y el Inspector de la Disip nunca
> llegó. Los mi­litares trataron entonces de presionarme para que ordenara a
> los indígenas a des­pejar la vía, pero les dije que yo sólo soy un
portavoz
> en mi pueblo, que nosotros no funcionamos como ustedes, donde uno da la
> orden y el resto obedece. Entonces, dispararon de nuevo...
>
> -Se está complicando el asunto, ¿qué ocurrió después?
>
> Saqué de nuevo la filmadora y grabé el ataque. Te repito que no hubo
> enfrenta­miento, sólo el ataque militar contra los indígenas. Como vi que
el
> asunto se com­plicaba, me monté en el carro para ir cer­ca del Salto Kamá,
> adonde hay cobertu­ra para el celular. Lo que no me imaginé es que me
fueran
> a perseguir. Eso fue el jueves, y eran como las 6 de la tarde. Lo cierto
es
> que llegaron dos vehículos del Ejército y dos camionetas de ABB, que es
una
> empresa privada, pero todas llenas con efectivos militares. Me apuntaron y
> me pidieron que me bajara del carro porque si no me iban a matar.
>
>  - ¿Te amenazaron de muerte?
>
> Efectivamente lo hicieron. Les pedí la orden de detención, pero por
supuesto
> no la tenían pues no había ninguna razón para detenerme. No me bajé del
> carro, golpearon los vidrios, me amenazaron de nuevo. Al rato llegó otra
> comisión. Tam­poco lograron bajarme. Se fueron y regresaron media hora más
> tarde diciendo
> que el General López Hidalgo quería dia­logar conmigo.
>
> - ¿Qué hiciste entonces?
>
> Les dije que me parecía muy buena idea,  pero que yo me iba a Luepa en mi
> carro. Eso sí. les advertí que antes me pararía en los Rápidos de Kamoirán
a
> llamar por te­léfono. La Guardia Nacional se fue ade­lante, yo iba en el
> medio y atrás el resto de los militares. Llegamos a los Rápidos de
Kamoirán
> y cuando entré a la oficina a llamar por teléfono, me lo arrancaron y me
> dijeron que no me permitirían comu­nicarme con nadie. Yo les dije que no
> es­taba detenido y que ni siquiera tenían or­den de detención en mi
contra,
> y que si estaba con ellos era porque había acepta­do dialogar con el
General
> López Hidal­go. Inclusive, cuando me estaban quitan­do el teléfono me
> volvieron a amenazar, diciéndome que había un soldado herido, por ellos
> mismos en la confusión. por cier­to, y que si le pasabá algo malo yo lo
> pagaría muy caro.
>
>  - ¿Hubo escándalo en Kamoirán?
>
> Claro, porque entonces cuando se armó el pleito en la oficina, los dos
> muchachos que atienden el kiosko de empanadas se acercaron a ver qué
pasaba.
> Pues los aga­rraron y los montaron en la patrulla. Lo mismo hicieron con
el
> señor y la señora que trabajan en la bomba de gasolina. Los únicos qué se
> salvaron fueron los turistas que estaban allí presenciando todo. Lo cierto
> es que finalmente me montaron en la patrulla y me llevaron a Luepa,
adon­de
> ya tenían una orden de detención.
>
> - ¿De Luepa los llevaron a Ciudad Bo­livar?
>
> A todas estas ya era medianoche cuan­do nos montaron en una patrulla de la
> Guardia Nacional y en una incómoda ca­mioneta de la compañía ABB, para
> trasladarnos golpeados hasta la Guarnición en Ciudad Bolívar. Al final
> éramos 8 los de­tenidos, de los cuales sólo este muchacho (el que aparece
en
> la fotografía principal) y yo teníamos algo que ver con el asun­to. Las
> otras seis personas eran totalmente ajenas a lo que ocurrió, pero se las
> traje­ron desde Kamoirán como si tuvieran algo que ver. Llegamos a las 6
de
> la maña­na del viernes. A las 10 de la mañana lle­gó un Juez Militar a
quien
> debíamos ren­dir declaraciones.
>
> -¿Lo hicieron?
>
> Por supuesto que no, pues nosotros no somos militares. Dijimos que no
> tendría­mos problemas en declarar, pero a un Juez Civil. Entonces llamaron
a
> Caracas y la Fiscalía ordenó que nos dejaran en liber­tad. Nos llevaron a
un
> médico forense y luego apareció un Juez del Ministerio Pu­blico, quien nos
> dice que nos remitirá a un Juez de Control. Eso no tenía sentido, pues ya
la
> Fiscalía había ordenado nuestra libertad. Así nos tuvieron todo el día. El
> sábado fue lo mismo. No nos dejaban ir hasta que no declaramos, pero el
Juez
> Civil no llegó sino hasta las 5 de la tarde del sábado.
>
> - ¿En qué quedaron con el Juez?
>
> Mira. Creo que ahí nadie sabía lo que estaba pasando realmente, pues el
Juez
> nos pidió que nos comprometiéramos a no seguir tumbando torres, como si el
> traslado a la Guarnicion hubiera tenido algo que ver con eso.
>
> -Y hablando de las torres ¿Quién las tumba?
>
> La gente de las comunidades.
>
> -Entonces son ustedes, pues tengo en­tendido que son los únicos que se
> man­tienen en pie de lucha contra el tendido eléctrico.
> ­
> Claro, así es.
>
> - ¿Cuando tumbaron la última?
>
> La última vez que la Ministra del Am­biente nos visitó. Yo mismo traté de
> evi­tarlo, pero ella nos ofreció la visita un  lunes, esperamos hasta el
> viernes y nada. Entonces el lunes siguiente la mandamos a llamar y nos
dejó
> dicho que vendría pronto. Le mandé a decir que yo no po­día manejar a las
> comunidades con algo tan vago como un pronto, que necesitaba una fecha
> concreta. Finalmente el miér­coles se fue la gente de la comunidad pa­ra
> allá (adonde tumbaron la torre). Luego  llegó la Ministro. Traté de
> detenerlos, pero ya estaban un poco lejos. Más tarde llegamos al sitio
> adonde había quedado otro grupo que tumbó una torre en todo el frente y la
> Ministro ni cuenta se dio. En­seguida llegó un helicóptero militar, se
> ba­jaron los efectivos y hasta le pidieron los documentos a la doctora Ana
> Elisa Oso­rio. Ella tuvo que decirles que era la Mi­nistra del Ambiente.
> Entonces el efectivo militar le dijo que los indígenas acababan de tumbar
> una torre, que si no la había vis­to caer. ¿Y sabes lo que ella hizo?, se
> puso a reir...
>
> -Silviano, me cuesta creerlo, tal vez ella pensó que era una broma.
>
> A mí me dio mucha pena, pues pensé que a ella no le interesaba ese asunto.
> Eso me hace sentir muy mal. Yo estaba preocupado y ella como si nada...
> Entonces ella se paró y preguntó adónde había sido el asunto. El
Comandante
> señaló el lugar y le preguntó si quería ir hasta allá. Ella le respondió
que
> no, porque ella no es empleada de Edelca.
>
> -Supongo que la militarización se de­be a la necesidad de resguardar las
> to­rres y los postes.
>
> Claro, ellos creen que la militarización es la solución al problema, pero
> todo es­to es peor porque bajo cada poste y cada torre hay minas. Eso es
un
> peligro terri­ble, pues tenemos niños que van a pescar, que son curiosos y
> que no son los res­ponsables de todo esto, pero sus vidas co­rren peligro.
>
> - ¿Cómo supieron que hay minas bajo las torres y los postes?
>
> Porque un día un grupo de gente cami­naba por allí y vieron un cordel de
> nylon. Se acer­caron, lo tocaron y como sonó raro, sa­lieron corriendo.
> Menos mal, pues al me­nos no murieron cuando aquello explotó. Hay como 3 ó
4
> minas bajo cada torre. A veces explotan solas con el calor.
>
> - ¿Eso ha pasado ya?
>
> Claro, hace varios días tuvimos serios problemas con un incendio en la
> sabana cerca de Kamoirán. Hubo que pelear con el fuego durante al menos 3
> días, y todo fue ocasionado por la explosión de las mi­nas que el Ejército
> coloca bajo las torres y los postes.
>
> - ¿Edelca sabrá eso?
>
> Debe saberlo
>
> - Silviano, ¿No crees que es hora de negociar y resolver este problema
para
> evitar males mayores?
>
> Mira, para que haya una buena negociación es necesario que ambas partes
> tengamos muy claras las cosas. Tal vez el gobierno sepa qué es lo que va a
> hacer con el
> tendido eléctrico, pero nosotros no sabem­os qué es lo que vamos a pedir,
> pues desconocemos las necesidades reales que se generarán en las
comunidades
> a partir del impacto que sobre estas ejerza esta obra.  No es cuestión de
> pedir una escuela o un hospital, sino de proteger nuestra autoestima como
> venezolanos que somos. Si en otros lugares se ha perdido, no lo sé,  pero
en
> lo que a nosotros respecta, la defenderemos. Esta es nuestra lucha.
>
> - Silviano, esto debe resolverse, ¿qué plantean ustedes en concreto?
>
> Es necesario que se haga el estudio socioc­ultural para determinar cuál es
> el impac­to real que la construcción del tendi­do ejercerá sobre las
> comunidades. Sólo así  podremos saber qué es lo que nec­esitamos o vamos a
> necesitar.
>
> - Ese estudio de etnociencia que están adelantando, ¿servirá para despejar
> esas dudas?
>
> Claro que sí. Ese forma parte del estu­dio sociocultural que nos servirá
> para sab­er más sobre nuestra cultura, sociedad, uso y costumbres,
política,
> religión y de­más  conocimientos que deben rescatarse. Te doy un ejemplo,
si
> a mí me preguntan cómo se dice avaricia en lengua Areku­na, que es una de
> las familias Pemon, no sabría qué decir porque para nosotros jamás ha
> existido la avaricia. Ahora, creo quee tendremos que encontrar una palabra
> para definir avaricia en nuestra lengua.  Eso es parte del impacto.
>
> - Pero eso es parte de otro proceso y nada tiene que ver con el tendido
> eléctrico. ­Creo que deberían más bien trabaja­r conjuntamente con un
grupo
> de investigación que desarrolla la Propuesta Mayu, que sí tiene que ver
con
> lo que ustedes buscan.
>
> Yo no sé quiénes están trabajando en eso, porque a las comunidades
> indígenas, que son las principales interesadas, no las toman en
> consideración.
>
> - Silviano, San Rafael de Kamoirán es la comunidad que se mantiene contra
el
> tendido eléctrico. ¿No se supone que dentro de la filosofia indígena lo
que
> la mayoría decida debe ser aceptado por el resto.
>
> No, nuestra política no es que la mayo­ría acepte. El indígena discute
todo
> una y otra vez hasta lograr un consenso, sólo entonces podemos decir que
> estamos de acuerdo. Eso es consenso y eso sólo ocu­rre cuando no hay ni
una
> sola comunidad en contra.
>
> -Al no haber un consenso en las co­munidades indígenas, ¿eres entonces un
> opositor?
>
> Ni siquiera puedo permitir que me llamen opositor, pues no lo soy. Sería
un
> opositor si realmente conociera los proyectos que vienen y me opusiera a
> ellos. Pero ni sé cuáles son esos proyectos, ni cuáles son las necesidades
> de mi comunidad que obviamente estará afectada por el tendido eléctrico.
Por
> eso insisto en el estudio sociocultural, antes no cambiará la situación.
>
> -Silviano, esta historia como que comenzó mal y de alguna manera se
> man­tiene así
>
> Claro que comenzó muy mal;  porque jamás se tomó en consideración que se
> trata de territorios poblados desde epocas ancestrales por comunidades
> indígenas cuyos habitantes merecen un poco de respeto.
>
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