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Asunto:[LEA-Venezuela] Silviano asegura que la agresion es orden del presidente Chavez
Fecha:Lunes, 26 de Marzo, 2001  17:46:18 (-0400)
Autor:INTERFAZ AMAZONICA <interfaz @.....net>




CORREO DEL CARONI, Lunes 26 de Marzo de 2001


Silviano castro asegura que el Ejercito los agrede por ordenes del
presidente Chavez.

JAMAS HUBO ENFRENTAMIENTO ENTRE INDIGENAS Y MILITARES.

---------------------------------------------------------------
Definitivamente el asunto de los indígenas y el tendido eléctrico
va de mal en peor, pues una grave denuncia pesa ahora sobre
los efectivos militares asentados en la zona, quienes según
nuestro entrevistado, han colocado minas al pie de los postes
y torres, cuya explosión espontánea provocó hace días un
voraz incendio en la zona de kamoirán.
--------------------------------------------------------------

POR: Adriana Boccalo
adrianab@...

El pleito entre militares y comunidades indígenas continúa en la Gran
Sabana. El origen es bien conocido. Se trata del re­chazo que mantienen los
pobladores de San Rafael de Kamoirán. en especial, con­tra el tendido
eléctrico que llevará luz a las comunidades del sur de Brasil.

Esa es historia conocida. Lo novedoso es que a finales de la semana pasada
cir­cularon versiones de un enfrentamiento a punta de piedras y palos, entre
indígenas y militares apostados en la zona, del cual resultaron detenidas 8
personas. entre ellas Silviano Castro. Capitán de San Rafael de Kamoirán.

Hasta ahora, las versiones publicadas en la prensa regional fueron las
oficiales. Por esta razón, pensamos que como lo que es igual no es trampa,
también los indí­genas deben tener la oportunidad de emi­tir su versión de
los hechos. En este sen­tido, veamos qué nos comenta Silviano Castro, quien
de entrada afirma que jamás hubo enfrentamiento alguno y que todo el asunto
comenzó cuando ellos fueron ata­cados por los efectivos del Ejército con
bombas lacrimógenas y tiros de perdigo­nes, lo que de paso dejó algunos
heridos.

-Silviano, ¿nos haces un breve resu­men del origen de los hechos?

Todo comenzó en Anaway, a 10 kiló­metros de San Rafael de Kamoirán, adonde
un grupo de indígenas de varias
comunidades está haciendo el estudio et-. nosocial. Hacecomo semana y média
se instah3 a~1i un puesto mYfitar.Tu sabes que eso ha acabado con la paz de
las comu­nidades, que por_supuesto sienten temor ante la presencia del
Ejército. Nosotros no estamos acostíftnbrados a'efo:Yae~tába­mos bien
preocupados con la militariza­ción de San Juan, pues a veces impiden el paso
alegando que es zona militar.

-Ante la instalacibn de un nuevo pues­to militar, ¿qué hicieron los
indígenas?

Bueno, entonces lo que hicimos fue blo­quear la vía mientras decidíamos con
quién hablar al respecto, pues yo mismo ya le había dicho a la Ministra del
Am­biente que nosotros no queremos más pro­blemas. Lo cierto es que
decidimos en­tonces hablar con la gente de la Disip que siempre nos está
dando la vuelta. Ellos nos preguntaron si podíamos grabar un video
exponiendo nuestras quejas para hacérselo llegar al Presidente Chávez. Lo
grabamos el miércoles de la semana pasada. Dos dí­as después me encuentro
con la Disip en Santa Elena de Uiarén, y me dicen que ya enviaron el x'ideo
y que los militares ya tienen orden de salida para el domineo. El lunes me
dicen que necesitan un día más. Llega el martes y todavía están allí.
inclusive cortando más árboles para aco­modar su campamento. El miércoles le
pregunto a la Disip si es que nos están en­gañando, pues los militares
sieuen en el lugar como si nada. El jueves se nombra una comisión para que
vaya a dialogar con ellos.

- ¿Qué resultó de ese diálogo?

El problema fue que al parecer la gen­te de la Disip se adelantó y puso a
los mi­litares sobreaviso. Cuando la comisión in­dígena llegó, los efectivos
del ejército la recibió con bombas lacrimógenas.

- ¿Tú eras miembro de esa comisión?

No, pero fui porque quería saber cómo se desenvolvería el diálogo. Cuando
lle­gué, ya mi gente estaba siendo dispersa­da por los gases lacrimógenos y
como yo saqué enseguida mi cámara filmadora, se armó el alboroto. Todos
corrían. Enton­ces los del Ejército comenzaron a dispa­rar los perdigones e
inclusive hirieron a uno de sus efectivos.

- Lograste buenas imágenes?

No he podido revisar la filmación, pe­ro la cámara está bien resguardada, no
me la pudieron quitar, a pesar de que me per­siguieron y me golpearon por
todas partes para que la soltara, pero no lo logra­ron porque la cuido más
que a mi vida. Lo que allí está grabado son los docu­mentos que poseo.

- Y adónde estaba la gente de la Disip?

Estaban allí y les eché la culpa del ata­que, pues fueron ellos quienes
alertaron al Ejército. Fue todo tan violento, que has­ta hubo un herido
grave con una cortada en la cara. Lo picaron de un golpe con un FAL. Creo
que lo querían matar. Los militares estaban muy bravos porque yo estaba
filmando. Entonces monté al herido en mi carro para llevármelo hasta San
Ra­fael, hacerle la cura sencilla y después trasladarlo a Santa Elena de
Uairén.

- ¿Lograste salir?

Bueno, entonces cuando estaba en el carro se me acercaron los militares y me
pi­dieron que dialogáramos. Les dije que eso era justamente lo que habíamos
venido a hacer, que para eso habíamos nombrado la comisión, pero que ahora,
después que hay hasta un herido grave, no había manera. Por eso es que ellos
dicen en la pren­sa que yo no quería dialogar. Lo que sí le pregunté al
Teniente a cargo era que si ellos no tenían órdenes de desalojar, y me dijo
que no. Entonces, la conclusión es que la gente de la Disip nos engañó.
¿Sa­bes lo peor del caso?, fue que la misma gente del Ejército me dijo que
nosotros te­níamos que entender que ellos hacen to­do eso por órdenes
directas del Presiden­te Chávez.

- Silviano, ¿a qué órdenes de Chávez se refieren?

A la represión contra los indígenas. Él (el efectivo militar) me dijo que
ellos sa­ben que nosotros somos padres de fami­lia, pero que no pueden hacer
nada por­que están acatando las órdenes del presi­dente Chávez. Entonces yo
me pregunto, y adónde queda todo lo que decía Chávez de maldito el soldado
que levantara el ar­ma contra su pueblo... ¿adónde queda eso?

- Eso es muy grave, pero sigue contando para saber cómo llegaste a la
Guarnición.

Bueno, con ese alboroto arrnado, la gen­te salió a la carretera y trancó la
vía, pero no eran sólo indígenas. Nosotros si aca­so eramos 25. En cambio
habían como 80 militares.  Nos pidieron que desalojaramos el lugar. Ya
estaban llegando los autobu­ses comerciales y no podían pasar. Ha­blamos con
ellos, y los pasajeros estu­vieron dispuestos a esperar a que resol­viéramos
el problema. Entonces solicita­mos la presencia del Inspector de la Disip,
para que nos sirviera de testigo en el diálogo que finalmente se acordó.
Mien­tras esperábamos, no me quedó otra solución que mandar al herido hacia
Santa Elena de Uairén. Esperamos mucho y el Inspector de la Disip nunca
llegó. Los mi­litares trataron entonces de presionarme para que ordenara a
los indígenas a des­pejar la vía, pero les dije que yo sólo soy un portavoz
en mi pueblo, que nosotros no funcionamos como ustedes, donde uno da la
orden y el resto obedece. Entonces, dispararon de nuevo...

-Se está complicando el asunto, ¿qué ocurrió después?

Saqué de nuevo la filmadora y grabé el ataque. Te repito que no hubo
enfrenta­miento, sólo el ataque militar contra los indígenas. Como vi que el
asunto se com­plicaba, me monté en el carro para ir cer­ca del Salto Kamá,
adonde hay cobertu­ra para el celular. Lo que no me imaginé es que me fueran
a perseguir. Eso fue el jueves, y eran como las 6 de la tarde. Lo cierto es
que llegaron dos vehículos del Ejército y dos camionetas de ABB, que es una
empresa privada, pero todas llenas con efectivos militares. Me apuntaron y
me pidieron que me bajara del carro porque si no me iban a matar.

 - ¿Te amenazaron de muerte?

Efectivamente lo hicieron. Les pedí la orden de detención, pero por supuesto
no la tenían pues no había ninguna razón para detenerme. No me bajé del
carro, golpearon los vidrios, me amenazaron de nuevo. Al rato llegó otra
comisión. Tam­poco lograron bajarme. Se fueron y regresaron media hora más
tarde diciendo
que el General López Hidalgo quería dia­logar conmigo.

- ¿Qué hiciste entonces?

Les dije que me parecía muy buena idea,  pero que yo me iba a Luepa en mi
carro. Eso sí. les advertí que antes me pararía en los Rápidos de Kamoirán a
llamar por te­léfono. La Guardia Nacional se fue ade­lante, yo iba en el
medio y atrás el resto de los militares. Llegamos a los Rápidos de Kamoirán
y cuando entré a la oficina a llamar por teléfono, me lo arrancaron y me
dijeron que no me permitirían comu­nicarme con nadie. Yo les dije que no
es­taba detenido y que ni siquiera tenían or­den de detención en mi contra,
y que si estaba con ellos era porque había acepta­do dialogar con el General
López Hidal­go. Inclusive, cuando me estaban quitan­do el teléfono me
volvieron a amenazar, diciéndome que había un soldado herido, por ellos
mismos en la confusión. por cier­to, y que si le pasabá algo malo yo lo
pagaría muy caro.

 - ¿Hubo escándalo en Kamoirán?

Claro, porque entonces cuando se armó el pleito en la oficina, los dos
muchachos que atienden el kiosko de empanadas se acercaron a ver qué pasaba.
Pues los aga­rraron y los montaron en la patrulla. Lo mismo hicieron con el
señor y la señora que trabajan en la bomba de gasolina. Los únicos qué se
salvaron fueron los turistas que estaban allí presenciando todo. Lo cierto
es que finalmente me montaron en la patrulla y me llevaron a Luepa, adon­de
ya tenían una orden de detención.

- ¿De Luepa los llevaron a Ciudad Bo­livar?

A todas estas ya era medianoche cuan­do nos montaron en una patrulla de la
Guardia Nacional y en una incómoda ca­mioneta de la compañía ABB, para
trasladarnos golpeados hasta la Guarnición en Ciudad Bolívar. Al final
éramos 8 los de­tenidos, de los cuales sólo este muchacho (el que aparece en
la fotografía principal) y yo teníamos algo que ver con el asun­to. Las
otras seis personas eran totalmente ajenas a lo que ocurrió, pero se las
traje­ron desde Kamoirán como si tuvieran algo que ver. Llegamos a las 6 de
la maña­na del viernes. A las 10 de la mañana lle­gó un Juez Militar a quien
debíamos ren­dir declaraciones.

-¿Lo hicieron?

Por supuesto que no, pues nosotros no somos militares. Dijimos que no
tendría­mos problemas en declarar, pero a un Juez Civil. Entonces llamaron a
Caracas y la Fiscalía ordenó que nos dejaran en liber­tad. Nos llevaron a un
médico forense y luego apareció un Juez del Ministerio Pu­blico, quien nos
dice que nos remitirá a un Juez de Control. Eso no tenía sentido, pues ya la
Fiscalía había ordenado nuestra libertad. Así nos tuvieron todo el día. El
sábado fue lo mismo. No nos dejaban ir hasta que no declaramos, pero el Juez
Civil no llegó sino hasta las 5 de la tarde del sábado.

- ¿En qué quedaron con el Juez?

Mira. Creo que ahí nadie sabía lo que estaba pasando realmente, pues el Juez
nos pidió que nos comprometiéramos a no seguir tumbando torres, como si el
traslado a la Guarnicion hubiera tenido algo que ver con eso.

-Y hablando de las torres ¿Quién las tumba?

La gente de las comunidades.

-Entonces son ustedes, pues tengo en­tendido que son los únicos que se
man­tienen en pie de lucha contra el tendido eléctrico.
­
Claro, así es.

- ¿Cuando tumbaron la última?

La última vez que la Ministra del Am­biente nos visitó. Yo mismo traté de
evi­tarlo, pero ella nos ofreció la visita un  lunes, esperamos hasta el
viernes y nada. Entonces el lunes siguiente la mandamos a llamar y nos dejó
dicho que vendría pronto. Le mandé a decir que yo no po­día manejar a las
comunidades con algo tan vago como un pronto, que necesitaba una fecha
concreta. Finalmente el miér­coles se fue la gente de la comunidad pa­ra
allá (adonde tumbaron la torre). Luego  llegó la Ministro. Traté de
detenerlos, pero ya estaban un poco lejos. Más tarde llegamos al sitio
adonde había quedado otro grupo que tumbó una torre en todo el frente y la
Ministro ni cuenta se dio. En­seguida llegó un helicóptero militar, se
ba­jaron los efectivos y hasta le pidieron los documentos a la doctora Ana
Elisa Oso­rio. Ella tuvo que decirles que era la Mi­nistra del Ambiente.
Entonces el efectivo militar le dijo que los indígenas acababan de tumbar
una torre, que si no la había vis­to caer. ¿Y sabes lo que ella hizo?, se
puso a reir...

-Silviano, me cuesta creerlo, tal vez ella pensó que era una broma.

A mí me dio mucha pena, pues pensé que a ella no le interesaba ese asunto.
Eso me hace sentir muy mal. Yo estaba preocupado y ella como si nada...
Entonces ella se paró y preguntó adónde había sido el asunto. El Comandante
señaló el lugar y le preguntó si quería ir hasta allá. Ella le respondió que
no, porque ella no es empleada de Edelca.

-Supongo que la militarización se de­be a la necesidad de resguardar las
to­rres y los postes.

Claro, ellos creen que la militarización es la solución al problema, pero
todo es­to es peor porque bajo cada poste y cada torre hay minas. Eso es un
peligro terri­ble, pues tenemos niños que van a pescar, que son curiosos y
que no son los res­ponsables de todo esto, pero sus vidas co­rren peligro.

- ¿Cómo supieron que hay minas bajo las torres y los postes?

Porque un día un grupo de gente cami­naba por allí y vieron un cordel de
nylon. Se acer­caron, lo tocaron y como sonó raro, sa­lieron corriendo.
Menos mal, pues al me­nos no murieron cuando aquello explotó. Hay como 3 ó 4
minas bajo cada torre. A veces explotan solas con el calor.

- ¿Eso ha pasado ya?

Claro, hace varios días tuvimos serios problemas con un incendio en la
sabana cerca de Kamoirán. Hubo que pelear con el fuego durante al menos 3
días, y todo fue ocasionado por la explosión de las mi­nas que el Ejército
coloca bajo las torres y los postes.

- ¿Edelca sabrá eso?

Debe saberlo

- Silviano, ¿No crees que es hora de negociar y resolver este problema para
evitar males mayores?

Mira, para que haya una buena negociación es necesario que ambas partes
tengamos muy claras las cosas. Tal vez el gobierno sepa qué es lo que va a
hacer con el
tendido eléctrico, pero nosotros no sabem­os qué es lo que vamos a pedir,
pues desconocemos las necesidades reales que se generarán en las comunidades
a partir del impacto que sobre estas ejerza esta obra.  No es cuestión de
pedir una escuela o un hospital, sino de proteger nuestra autoestima como
venezolanos que somos. Si en otros lugares se ha perdido, no lo sé,  pero en
lo que a nosotros respecta, la defenderemos. Esta es nuestra lucha.

- Silviano, esto debe resolverse, ¿qué plantean ustedes en concreto?

Es necesario que se haga el estudio socioc­ultural para determinar cuál es
el impac­to real que la construcción del tendi­do ejercerá sobre las
comunidades. Sólo así  podremos saber qué es lo que nec­esitamos o vamos a
necesitar.

- Ese estudio de etnociencia que están adelantando, ¿servirá para despejar
esas dudas?

Claro que sí. Ese forma parte del estu­dio sociocultural que nos servirá
para sab­er más sobre nuestra cultura, sociedad, uso y costumbres, política,
religión y de­más  conocimientos que deben rescatarse. Te doy un ejemplo, si
a mí me preguntan cómo se dice avaricia en lengua Areku­na, que es una de
las familias Pemon, no sabría qué decir porque para nosotros jamás ha
existido la avaricia. Ahora, creo quee tendremos que encontrar una palabra
para definir avaricia en nuestra lengua.  Eso es parte del impacto.

- Pero eso es parte de otro proceso y nada tiene que ver con el tendido
eléctrico. ­Creo que deberían más bien trabaja­r conjuntamente con un grupo
de investigación que desarrolla la Propuesta Mayu, que sí tiene que ver con
lo que ustedes buscan.

Yo no sé quiénes están trabajando en eso, porque a las comunidades
indígenas, que son las principales interesadas, no las toman en
consideración.

- Silviano, San Rafael de Kamoirán es la comunidad que se mantiene contra el
tendido eléctrico. ¿No se supone que dentro de la filosofia indígena lo que
la mayoría decida debe ser aceptado por el resto.

No, nuestra política no es que la mayo­ría acepte. El indígena discute todo
una y otra vez hasta lograr un consenso, sólo entonces podemos decir que
estamos de acuerdo. Eso es consenso y eso sólo ocu­rre cuando no hay ni una
sola comunidad en contra.

-Al no haber un consenso en las co­munidades indígenas, ¿eres entonces un
opositor?

Ni siquiera puedo permitir que me llamen opositor, pues no lo soy. Sería un
opositor si realmente conociera los proyectos que vienen y me opusiera a
ellos. Pero ni sé cuáles son esos proyectos, ni cuáles son las necesidades
de mi comunidad que obviamente estará afectada por el tendido eléctrico. Por
eso insisto en el estudio sociocultural, antes no cambiará la situación.

-Silviano, esta historia como que comenzó mal y de alguna manera se
man­tiene así

Claro que comenzó muy mal;  porque jamás se tomó en consideración que se
trata de territorios poblados desde epocas ancestrales por comunidades
indígenas cuyos habitantes merecen un poco de respeto.













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