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Asunto:[LEA-Venezuela] Culturas primigenias de Perijá frente las Transnaciona les mineras y el Estado venezolano.
Fecha:Martes, 12 de Septiembre, 2006  14:29:43 (-0400)
Autor:Jorge HInestroza <jlhinestroza @.....com>


SUPERVIVENCIA DE LAS CULTURAS PRIMIGENIAS DE LA SERRANÍA DE PERIJÁ FRENTE A 
LOS COMPROMISOS ENTRE LAS TRANSNACIONALES MINERAS Y EL ESTADO VENEZOLANO.
Por: homo et natura, anmcla, colectivos alternativos, comunidades al 
mando-pna

Fecha de publicación: 12/09/06 EN APORREA.ORG
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Con un profundo desconocimiento cultural, social, jurídico, antropológico y 
humano sobre el ecosistema selvático y los orígenes de asentamiento de las 
comunidades Barí, la comisión de demarcación y el Estado venezolano actual 
atenta en contra de la existencia y modos de vida de los pueblos primigenios 
de la Sierra de Perijá, en nombre del proyecto político que lidera Hugo 
Chávez, y las viejas utopías modernas de bienestar y progreso.

La comisión de demarcación, Coordinada por Licenciado Yul Lobo, Coordinador 
Técnico de la Comisión de Demarcación de tierras y habitat indígenas Zulia 
comenzó, y finalizó, con muy mal pie el proceso de demarcación señalado en 
la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, (con más de 4 años 
de retrazo) en ley de demarcación y garantía del habitat y tierras de los 
pueblo indígenas y en la Ley Orgánica de pueblos y Comunidades Indígenas.

En Comunidades Barí de la Sierra de Perijá, Estado Zulia, Venezuela, como 
Senkae, (Rio Negro) Bakugbari y kumanda la misma mirada de indignación y 
desesperanza de cada uno de sus miembros a causa de los títulos endebles y 
reduccionistas que comprometen su existencia como pueblo con identidad, 
cosmovisión, lengua y cultura propia se pudo constatar en nuestra última 
visita.

En la comunidad de Senkae, por ejemplo, tal comisión, según la propia 
palabra de sus habitantes, decidió medir solo el espacio donde se 
encontraban las casas, dejando por fuera, los espacios religiosos, de caza, 
de pesca y todo lo que conforma parte del territorio que por siglos, (los 
Barí ocupan aproximadamente la cuenca del Lago de Maracaibo entre 700 a 400 
años antes de la llegada de los europeos (Arévalo Liliam y Wagner, Erika La 
serie Berlinoide de la cuenca del Lago de Maracaibo y sus nexos culturales, 
1986) ha estado bajo la influencia cultural Barí.

Las autoridades legítimas de esta comunidad, solicitaron de forma oral a la 
comisión de demarcación que integrara al proceso de medición, todo lo 
relacionado a sus actividades culturales y de supervivencia, pero la 
comisión no acepto, puesto que demarcar los espacios indicados por los 
miembros Barí de esta comunidad, sería “afectar” propiedades de terceros 
(parcelero y ganaderos de la zona). Estas parcelas ahora se encuentran en 
posesión ilegítima de la hacienda Valle Verde, sin embargo, la comisión de 
demarcación, pese a la solicitud del cacique Alberto Romero y pese a que la 
comunidad posee titulo (Entregado por el Instituto Agrario Nacional como 
titulo definitivo colectivo de propiedad.) que confirma la pertenencia de 
tal espacio, se negó rotundamente a medir e integrar dentro del informe de 
la misma los espacios señalados y sugeridos legítimamente por la autoridad 
de la comunidad de Senkae. Bajo la justificación de que son derechos de 
terceros, la comisión regional de demarcación de tierras y habitat 
indígenas, cerró la petición soberana de la comunidad Barí de Senkai, 
argumentando que no era necesario crear problemas con los ganaderos y dueños 
de las haciendas y el informe Jurídico con fecha septiembre de 2006 y 
realizado por Maycolt Briñez, Carlos Trejo y Thayri Acevedo sobre los 
conflictos encontrados entre los terceros y/o productores agropecuarios con 
la comunidad Barí, se señala sobre Senkae que:

“…los miembros de la misma comunidad intentaron dividir el territorio para 
quedar este formado por tres parcelas y con ello lograr desmembrar la 
comunidad y conseguir sus intereses particulares, como era vender una de las 
parcelas a los propietarios de la hacienda La Milagrosa, ubicada en las 
adyacencias de la mencionada comunidad Barí, ocasionando con esto grandes 
diferencias entre los que apoyan como aquellos que no apoyan la venta”

No obstante en el informe socioantropológico de la comisión técnica de 
demarcación, realizado por Ávila Lismeiry, Carrillo Patricia, Medina Yainet, 
Carrero Mauro, Castro Daniel y Galindo Guillermo y aprobado por el Lic. Yul 
Lobo, Coordinador Técnico de la Demarcación Zulia en su diario de campo de 
Senkae, (que acompaña la elaboración del mapa cognitivo) se señala que:

“Los hacendados atacaron esta población hace 40 ó 50 años. Les quemaron las 
chozas (Soa´kai) varias veces, pues varías veces intentaron ocupar el lugar 
(…) Proponen la conversión del título que poseen en tierras comunitarias 
indígenas…”

Entre ambas perspectivas, la jurídica y la socio antropológica, preguntamos 
¿cómo es que se señala, en el informe jurídico, que los miembros de la 
comunidad de Senkae intentaron dividirla y lograr un desmembramiento, para 
alcanzar intereses particulares y por el otro lado, en el informe 
socioantropológico, se señala que los mismos miembros de la misma comunidad 
“Proponen la conversión del título que poseen en tierras comunitarias 
indígenas a pesar de tener aún memoria del despojo y la persecución hecha 
por los hacendados? ¿Ante qué tipo de contradicciones humanas, científicas y 
técnicas se encontró la Comisión de Demarcación del Zulia? y realmente ¿A 
qué tipo de intereses respondieron?

En la actualidad en uno de los parcelamientos de Río Negro, en la hacienda 
Arga, cuando sus habitantes salen a cazar tienen que atravesar parte de las 
mismas y en alguna de sus entradas se encuentran apostadas varias alcabalas, 
(con hombres armados) dispuestos por los hacendados. En tiempos de 
revolución y de guerra contra el Latifundio, los Barí, para poder ejercer 
una de sus actividades que les asegura la existencia y que los define como 
grupo étnico, tal y como lo han hecho durante siglos, (estaríamos hablando 
de más de 900 ó 1000 años de existencia en la región occidental de 
Venezuela) tienen que pedir permiso (a los hombres de las alcabalas) para 
llegar hasta sus lugares de caza, de religión, de cosmovisión.

José María Marcano, segundo cacique nos cuenta: “Nadie nos deja pasar por 
allá…nos acusan de robo (robar ganado). No nos dejan pasar por allá. Ni 
danta, ni cochino e monte podemos cazar ya por ese lugar, por la hacienda 
Valle Verde. Son los mismos que vigilan, los que no nos dejan pasar, quienes 
se roban (nuestros animales, como el galápago).” “Los viejos nos han contado 
mucho….. continua su relato José María, “hay muertos, cadáveres en el 
potrero de la hacienda, donde vivíamos antes”, la hacienda el Socorro es una 
de ellas; otros ancianos – decía el segundo cacique – cuentan que allí hay 
historia de nuestros muertos, nuestras persecuciones. Han asesinado, tenemos 
cicatrices de eso”. (Documento audiovisual registrado los días 25, 26 y 27 
en las Comunidades Barí, Senkae y cumandá, Maracaibo, Venezuela 2006 )

El asunto es que para el asombro de los habitantes de Senkae y para quienes 
nos sentimos aliados de la lucha indígena en estas tierras, la comisión de 
demarcación de tierras y habitat indígenas solo demarcó los espacios donde 
se encuentran las casas de los Barí, para evitar conflictos con los 
hacendados (según palabras de los miembros de la misma comisión). Esta 
estrategia descabellada, además de contradecir los derechos e intereses que 
amparan a los Barí, así como a los demás pueblos y territorios indígenas de 
Perijá y de América Latina, parece haber salido del mismo pensamiento 
racista y excluyente judío - anglosajón quien ha demostrado que la solución 
para los conflictos de territorio, cultura y cosmovisión distinta a la 
occidental y capitalista, consiste en la rendición o asimilación de un grupo 
étnico a la cultura y sociedad dominante (o mayoritaria) o en la creación de 
muros (como los que se levantan en Israel para separar a palestinos de 
judíos, o el que se levanta en las fronteras de Estados Unidos y México para 
detener la inmigración latina) o reservas indígenas (como las que implementó 
el estado gringo en los siglos XIX y XX) o en la demarcación actual más 
parecida a un campo de concentración que a un territorio que ha estado 
influenciado por la cultura Barí durante siglos. ¿Campo de concentración? 
Sí, o ¿cómo se le llama a un espacio vigilado por alcabalas, financiadas por 
los “dueños” de las tierra? ¿cómo se le dice al espacio que el Estado 
demarca para que los indígenas vivan ya no como habían vivido, sino como 
este dice? ¿cómo se le dice al asentamiento de un grupo étnico, que además 
de ser vigilado y culpado de todo lo malo que ocurre en esa zona, tiene que 
convivir con la amenaza inminente de la explotación de minas de carbón y el 
cercado progresivo por parte de parceleros y ganaderos armados? .

Según los testimonios de los miembros de las comunidades Barí nombradas 
anteriormente, la comisión de demarcación de tierras y habitat indígenas, ha 
entendido que el proceso de demarcación debía orientarse a:


a) Indicar como habitat y tierra de los Barí solo los espacios donde se 
encuentran las casas, es decir, solo donde se encuentran las construcciones 
habitacionales de cada comunidad. El espacio de las casas es la frontera 
para la demarcación, no más de allí.
b) Sostener en conversaciones, e incluso en programas televisados, con los 
miembros de las comunidades Bari (cuando estos han mostrado resistencia a 
que el proceso continúe bajo esas condiciones) que las tierras que demarcan 
son de la nación y no de las comunidades indígenas (tal como lo indica la 
misma CBRV).
Demarcar, si y solo si, de acuerdo a condiciones innegociables de:
1) no afectar a terceros (hacendados, parceleros y concesiones mineras) y
2) ampliar o incluir haciendas, potreros y extensiones que indiquen los 
miembros de la comunidades, solo si se aceptan que ni la comisión, ni el 
Estado da garantía o seguridad de la compra o negociación de tales 
extensiones.

Ahora bien, ¿es descabellado o un absurdo que la comisión de demarcación 
entre en este tipo de contradicción? ¿está la comisión de demarcación de 
tierras y habitas indígenas del Estado Zulia violando algún articulo de la 
Ley de Demarcación de Tierras y Habitat Indígenas (LEDTHI) o de la Ley 
Orgánica de Comunidades y Pueblos Indígenas (LOPCI) o de la misma 
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV)? Pues 
lastimosamente pensamos que en parte No. Ni contradicción, ni mucho menos 
ingenuidad, pues por un lado existe improvisación, desconocimiento 
socio-cultural y asimetría entre lo que la comisión de demarcación piensa, 
cree y hace y, lo que realmente ocurre, esperan y viven los miembros de las 
comunidades indígenas de Perijá y por el otro, los miembros de tal comisión 
tienen plena conciencia de que obran bajo los intereses foráneos, mostrados 
ahora como intereses patrióticos, a estas comunidades y pueblos, lo cual 
está en consonancia a un mal profundamente espiritual que sufren todos 
aquellos que hablan, actúan, piensan y viven como gendarmes nocturnos del 
Estado.

Observemos cómo cada uno de estos puntos responden a una lógica bien 
manejada por la estructura administrativa y jurídica del Estado venezolano 
en particular, y, en general, como estrategia de supervivencia de la misma 
concepción moderna de Estado – Nación tutelar en América Latina frente al 
avance de las fuerzas neoliberales del mercado global.


1.- Reacomodo Geopolítico.
Ningún Estado – Nación del mundo, mucho menos en estos especiales momentos, 
ningún Estado Latinoaméricano está obligado a desobedecer el reacomodo 
geopolítico que las fuerzas capitalistas multinacionales han emprendido 
después de la Segunda Guerra Mundial y en especial y con mayor énfasis, 
luego de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas. Todos y todas han 
entrado, unos más lentos y con mayores desventajas y ventajas que otros, al 
llamado Nuevo Orden Mundial o rompecabezas geopolítico Mundial. En mayor o 
en menor grado, Venezuela, pese al discurso antiimperialista y 
contrahegemónico del actual gobierno, ha entrado concientemente al juego 
multinacional del mercado y como todo juego, requiere, debe y es “necesario” 
que entre, bajo las reglas de quienes inventan el juego, con todos los 
recursos energéticos y parte de una producción estratégica bajo el brazo. 
(Herbert I, Schiller, Bases para un nuevo siglo de dominio norteamericano, 
en Geopolítica del Caos; 200)

2. – ¿Integración Patriótica?
En el aspecto regional ayer Comunidad Andina, hoy Mercosur, Venezuela entra 
dentro de las relaciones de producción profundamente capitalistas y 
neoliberales que ningún periodo de la historia la registraría como etapa más 
decisiva para los pueblos que habitan el “margen” de la cilvilización 
Occidental. En bloque o en solitario, todo intento de unir o integrar los 
Estados Nacionales en Latinoamérica lleva el signo del capital implícito, lo 
cual hace interpretar que la integración comercial, no es más que la 
integración de volúmenes de producción, que a su vez compiten con otros 
volúmenes de producción de otras partes del mundo. (Ceceña, Ana Esther y 
Barreda Andrés, Producción estrategica y Hegemonia Mundial)

Esto, la integración en bloque, lo que permite es alargar el periodo de vida 
de los Estados Nacionales, y en los momentos actuales, permite entrar dentro 
de las relaciones de negociación global en una posición aparentemente no 
asimétrica y desigual que si se entrara bajo otras condiciones, (ALCA y TLC) 
o en solitario. Es decir, el bloque de países, supone crear un mercado común 
para los mismos, pero el objetivo se orienta a la negociación del volumen, 
lo que quiere decir, mayor producción, mayor explotación, mayor exclusión. 
El capital, la productividad comercial, la mercancía y los medios de 
producción (y los gobiernos corporativos que lo manejan) son quienes al fin 
y al cabo determinan las nuevas y sanguinarias reglas del mercado 
internacional.

Ante ello, el costo humano, de esta integración “patriótica” (como quiso 
demostrar el Estado Venezolano y el Gobierno de Hugo Rafael Chávez en la IV 
de la IIRSA efectuada en Caracas, Julio 2004) no es relevante. No es 
relevante que poblaciones enteras se hundan en el vacío dejado por más de 
100 años de exportación petrolera. No es relevante que poblaciones indígenas 
enteras hayan perdido su territorio lacustre primigenio en aras de dar paso 
al bienestar de la sociedad nacional; tampoco es relevante la indignación de 
poblados enteros ante el paso de tendidos eléctricos, vías férreas, puertos, 
gasoductos, puentes o cualquier otro proyecto vendido ahora y siempre con 
sello nacionalista. Nada de eso aparece en los diarios de campo o en los 
Informe de la actual Comisión de Demarcación como cifras o aspectos 
relevantes en la configuración de la memoria de los pueblos indígenas de 
Perijá. Mucho menos, el costo humano aparece en los informes de supervisión 
de las transnacionales o en los medios de comunicación nacionales y 
privados. ¿por qué? Debido a que todo ello obedece a una misma lógica de 
supervivencia del mismo y agotado sistema capitalista y todo lo que implica 
el modo de vida neoliberal. ¿modo de vida neoliberal? Pues si, debido a que 
sigue siendo un absurdo mantener la idea de que neoliberalismo es solo parte 
de un sistema económico o un periodo degradado del capitalismo. (Lander, 
Edgardo, ciencias sociales, saberes coloniales y eurocéntricos en La 
colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, 2000) De manera 
que, las cifras del ecocidio es asunto y moda de los ambientalistas “come 
flores” o de algunas corporaciones conservacionistas encargadas de 
amortiguar, negociar o desviar la atención de la opinión pública, pero no de 
los Estados Nacionales porque ellos (los Estados) Negocian en términos de 
producción y ganancia. Los estados nacionales se encargan del reacomodo 
político, económico, ideológico y jurídico y de su perpetuidad como poder 
centralizado (y racional) con clases burocráticas (diputados, legisladores y 
políticos) y clases económicas (nacionales y extranjeros) claramente 
privilegiadas, que se presentan en el escenario Nacional y mundial como 
sujetos únicos y en plena “capacitación” (que equivale a meritocracia) de 
manejar los asuntos de gobierno, política y finanzas.

En el paquete de recursos estratégicos y energéticos con los cuales 
Venezuela entra en el intercambio megacapitalista del mercado neoliberal, el 
motor de arranque y el pasaporte a la mesa de los “grandes” es la 
producción, (y seguirá siendo por un tiempo estimado). Es decir, lo que a 
los tecnócratas que hoy venden la integración comercial de América Latina 
como planes hiperpatrióticos, les interesa es el crecimiento en términos 
productivos (y como sabemos toda producción en el marco del sistema 
capitalista se hace sobre la base de la explotación y en consecuencia de la 
ganancia, el valor y la utilidad) en fin más de lo mismo o de lo ya sabido.

Así, el lugar de nuestro país en el amplio y bizarro almanaque del tiempo 
neoliberal todos los hombres y mujeres deben ser seres sujetos a tales 
reglas, algo así como piezas claves, unidades de producción o engranajes de 
la gran maquinaria asimétrica que, pese a la devastación dejada en el siglo 
pasado, sigue cojeando hacía los caminos del espejismo desarrollista.
3.- Mercado, pacto de Estado y supervivencia de los pueblos indígenas.
Dentro de esta lógica del mercado internacional y en conformidad con el 
mantenimiento de un orden interno nacional, es completamente “natural”, para 
quienes manejan el Estado, que este habiéndose fundado dentro de los 
márgenes e ideologías de expansión capitalista y colonial, quiera (y lo 
haga) manejar y controlar todo lo que dentro de su territorio geográfico 
ocurra y se desplace. En contraposición a las ideas neoliberales de que el 
Estado, debía dejar paso a la empresa privada, debido a que este era un muy 
mal gerente, (un mal administrador, según tal perspectiva), cosa contraria 
que se jactaba de demostrar las acciones del empresariado privado, no queda 
otra salida que: a) Fortalecer la concepción del Estado con la 
implementación de políticas e ideologías nacionalistas y b) Negociar (dentro 
de esos términos) con las fuerzas capitalistas emergentes (y no tan 
emergentes) en el escenario mundial. Es decir, con el fortalecimiento 
nominal del Estado, las relaciones de poder no cambian, sino que por el 
contrario se ahondan y la brecha social que separa a unos grupos con 
respecto a otros, (la vieja pero imperante y actual luchas de clases) crece, 
debido a que es el mismo poder manejado pero desde otra dirección sobre la 
plataforma capitalista neoliberal. Más aún, cambian las concepciones de 
gerencia, pero la fabricación de productos, sigue siendo en serie, con 
amplios márgenes de ganancia y sobre la misma explotación humana. Ante las 
imperantes ideas de que dentro del mercado todo se vale, ante la convicción 
de los tecnócratas, o ante los eufemismos de un “Mundo Multipolar” los 
grupos burocráticos y todos aquellos gendarmes que trabajan desde el Estado 
como vendedores de prosperidad, se extiende, familiariza y legitima la idea 
de que es dentro del mercado que la supervivencia de los pueblos puede 
lograrse.

Los Estados cumplen la función de Negociar con los gobiernos corporativos 
que nunca han tenido nacionalidad, ni conciencia social, ni compromisos 
políticos con nadie, salvo con quienes les aseguren, bajo la condiciones y 
reglas del mercado, que puedan operar libremente en territorios considerados 
para ambos (Estado y Transnacionales) como espacios vacantes para la 
intervención del capital mundial. Se crea un pacto entre los gobiernos 
corporativos y el Estado, que vive en el espejismo de su fortalecimiento, 
mientras se socavan las bases de su propia soberanía originando mayor 
dependencia material, alimenticia, educativa, tecnología y política. Un 
ejemplo de ello, lo constituye la implementación de empresas mixtas, un 
pacto corporativo entre el Estado Venezolano y las Transnacionales 
Petrolera, como la solución “patriótica”, o la más eficiente, al 
desbarajuste realizado por gobiernos anteriores en la principal empresa 
energética del Estado Venezolano.

La negociación entre Estado y Corporaciones se hace pacto y no consenso, ni 
acuerdo, ni mucho menos convenio, porque sella las condiciones donde una de 
las partes acepta entrar bajo las reglas asimétricas que propone el 
negociador o quien inventa el juego. La palabra “pacto” proviene de latin 
Pactum, que quiere decir convenio o tratado, en la segunda acepción se 
refiere al modo o a una manera de acordar algo. El pacto, está relacionado 
con el participio de pacisci de la misma raíz de paz, pues su derivados como 
Pactare (Latín Vulgar) está relacionado con la manera convenida en el pago 
de un tributo o el tratado que se hace para convenir la paz. Es obvio, por 
tanto que en el “juego” de las Transnacionales sea el Estado venezolano 
quien obtiene el lado más delgado de la cuerda. Su pacto es en función de 
convenir una paz momentánea a cambio de un pago representados por todos los 
recursos energéticos de la nación.
Para que la cuerda no se reviente y el Estado quede fortalecido en su 
espejismo, pero tambaleante en su programación y permanencia pactada en el 
tiempo, cambia las reglas de su orden y control interno, es decir, modifica, 
de acuerdo a las reglas del mercado global, todo el sistema o conjunto de 
leyes que definen el régimen político del Estado y por donde se suponen 
orientar todas sus instituciones.
En Venezuela esta modificación del sistema de leyes de 1999 entra sin 
mayores complicaciones dentro de los márgenes pactados entre el Estado y las 
Transnacionales. Ninguna de las leyes que se desprendieron de la 
modificación o reestructuración constitucional de 1999 se ajusta a cambios 
verdaderamente profundos o revolucionarios, pues si bien se ha logrado mayor 
participación y menos apatía política de las mayorías, cada una de estas 
leyes se ajustan, sobre el dolor de las minorías étnicas, a la perpetuidad 
del sistema y modo de vida neoliberal.

En tales sentidos, y a pesar del maravilloso preámbulo constitucional donde 
se asumen los objetivos de refundar y establecer una república “una sociedad 
democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural” todo 
lo que está relacionado con los pueblos originarios indígenas y que se 
manifiesta en leyes como “Ley de Tierras”, ley de demarcación, ley de 
Pueblos y Comunidades indígenas, ley de pesca, no hay ni media letra o 
articulo que defina, respete y parta de elementos culturales tan esenciales 
y definitorios de la étnicidad de cada grupo como el territorio, la lengua 
materna o la cosmovisión de cada uno de estos pueblos en conformidad a la 
cultura dominante y en beneficio de su existencia en el futuro. Todo lo que 
se establece en cada una de estas leyes no tienen nada que ver, más allá de 
lo nominal, con lo Pluricultural y con lo Multiétnico y mucho menos con el 
protagonismo y la participación directa (y no representativa y desvinculada) 
de los miembros de los pueblos indígenas que se encuentran en territorio 
venezolano. ¿qué decir de las culturas afrodescendientes? ¿qué decir de la 
impune matanza de dirigentes campesinos? ¿para qué hablar de la economía de 
los pueblos pesqueros de la cuenca del Lago de Maracaibo afectados por la 
destrucción sistemática del estuario?

Una república que se refunda en función de las mismas voces burocráticas del 
poder y en donde el indígena que “dibujan” las leyes relacionadas a su 
existencia, es uno sui géneris, con la posibilidad de que se le consulte en 
la ejecución de proyectos o en la participación de su proceso de demarcación 
de tierras (y no de territorios), pero que en definitiva aparece sin voz, 
sin pensamiento, sin autonomía, excepto las que aparecen en las postales del 
folclor turístico, puesto que la última acción, voz y voto la tiene el 
Estado y sus burocracias, sus trampas y pactos. ¿qué clase de democracia o 
de socialismo se construye sobre la base del olvido de que en su geografía 
se asientan más de 34 grupos étnicos con cosmovisiones distintas, con 
lenguas maternas distintas, con pensamientos distintos y con territorios 
(aún vírgenes) distintos del moderno – capitalista occidental que tanta 
destrucción ha hecho en el mundo?

Todas estas leyes y cada uno de sus artículos están pensados, redactados y 
establecidos para la reproducción del sistema capitalista, para su continúa 
marcha devastadora sin importar pensamiento distinto, ni cosmovisión 
distinta, ni lengua materna distinta, es decir, sin que lo frene ninguna 
refundación de la patria, ni ningún nominalismo multiétnico o pluricultural 
dentro de una Constitución.

El proyecto de Estado Nación moderno es uno homogenizador, que desde el 
establecimiento de los territorios coloniales hasta los proyectos 
independentistas y liberales, las culturas no occidentales de este 
continente, deben asumirse como partes integradas a las ideas, pensamientos 
y creencias de las burocracias políticas gobernantes. Sin duda, la 
identidad, la cosmovisión, el territorio y la cultura en toda su amplia 
diversidad de los pueblos indígenas queda hoy puesta nuevamente al servicio 
de proyectos totalizadores e integracionistas del Estado venezolano como 
también del proyecto globalizador del capital.
Por eso, el reconocimiento del territorio (y no de las tierras o del suelo) 
de los pueblos indígenas por parte del Estado venezolano, en su constitución 
y en las acciones racistas y reduccionistas de la Comisión de Demarcación 
Zulia, no pasa de ser un mero saludo a la bandera, pues en ese mismo 
reacomodo de las fuerzas capitalistas internacionales, el Estado al convenir 
productividad y ganancias con las Transnacionales Energéticas, tiene que 
Negociar lo que este señala y reconoce como su geografía como Nación, cosa 
que asegura su existencia como administrador omnipresente, (o de gerente 
universal) al creer distribuir elementos tan concretos que van desde la 
renta petrolera, hasta categorías tan indivisibles como la dignidad, 
curiosamente esta última sujeta siempre, según las categorías tanto de 
gobiernos anteriores como el actual, al valor que se le da a la obtención o 
posesión de recursos propiamente materiales otorgados o financiados por él.

Si en la refundación de la república se partiera desde el pensamiento, la 
cosmovisión, entiéndase bien cosmovisión y no visión del mundo, de la 
comprensión epistemológica e histórica de su territorio y la relación de 
este con cada lengua materna de los pueblos indígenas de Venezuela, entonces 
estaríamos en las puertas de un verdadero cambio revolucionario. Un repensar 
la patria, no ya desde la acción burócrata de legisladores y políticos 
privilegiados, sino desde un cosmosaborear diverso, tolerante y liberador.

Pero la comisión de demarcación del Estado Zulia ni lejanamente pensó en 
beneficio de las comunidades y pueblos indígenas Barí de la Sierra de 
Perijá, sino que obedeció las ordenes, cómo solo lo saben hacer los 
funcionarios de un Estado Policial, en conformidad con lo establecido a las 
ley de demarcación, a la Ley de Comunidades y Pueblos Indígenas y a la 
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Obedientes al 
proyecto de país que señala el artículo 1 de la CRBV, la Comisión de 
Demarcación del Estado Zulia acata la orden de persuadir a las comunidades 
indígenas para que se “integren” al mismo, dentro de los márgenes jurídicos 
pensados y establecidos por los mismos que mandan y engañan, aceptando que:

1.- Se les encierre en espacios reducidos (y anteriormente demarcados), caso 
Kumandá, Bakugbari y Senkae.
2.- La propiedad entregada en los títulos colectivos no es en su totalidad 
de los Barí,( a pesar de que es uno de los pueblos establecidos en el 
territorio, antes de la fundación del Estado) sino de la Nación venezolana, 
debido a que sólo se reconoce la existencia del suelo y la tierra, es decir, 
la superficie pertenece a los pueblos indígenas, pero el subsuelo es del 
infierno del Mercado Global energético.
3.- Se sujeten a las “nuevas reglas” donde la mayor suma de felicidad está 
en la productividad, (Ley de Tierras) el valor (LOPCI), la dependencia 
financiera con el Estado (Misión Guaicaipuro) y el cambio definitivo e 
irreversible de su cultura (etnocidio oficial y progresivo).

Lizarralde y Beckerman señalan en sus investigaciones que en el siglo pasado 
la lucha que mantuvieron los Barí con la cultura dominante (del lado 
venezolano) y en particular con las empresas petroleras como la Shell y 
Creole entre los años 1910 y 1945, luego desde 1945 a 1970 con los 
hacendados y campesinos, redujo su territorio de un millón 600 mil hectáreas 
(entre Venezuela y Colombia) a cuatrocientas mil hectáreas (Lizarralde, 
Roberto y Stephen Beckerman, Historia contemporánea de los Barí, 1982). Más 
aún y ante semejantes antecedentes, la Comisión de Demarcación (Zulia), en 
virtud de creer que cumplían con su labor al “regatear” los pocos espacios 
que hoy ya le restan a los Barí, o al anunciar planes que ni los propios 
miembros de la comisión creían, e incluso al condicionar el mismo proceso de 
Demarcación, cometen el mismo crimen que tanto las transnacionales del 
petróleo, como los hacendados y campesinos colonos del siglo pasado 
hicieron. Pero no conforme con ello, aunque habitat y tierra son términos 
complejamente reduccionistas para culturas antecesoras al orden colonial 
capitalista del siglo XVI y más recientemente a la conformación de los 
Estados – Nación modernos, en la LOPCI, (Ley Orgánica de Pueblos y 
comunidades Indígenas) tanto el habitat como las extensiones de tierras, no 
se limitan al asentamiento de caseríos indígenas, como lo ha hecho ver la 
Comisión de Demarcación de Tierras (Zulia), lo cual sumaría que los informes 
entregados por la misma no son propiamente creados, ni nacidos en el proceso 
de autodemarcación indígena y bajo las aspiraciones de cada comunidad Barí, 
sino de las aspiraciones y acatamiento de ordenes de los miembros de la 
comisión a los pactos Corporativos entre Estado y Transnacionales del 
carbón. Por lo que no es humanamente justo que como condición sine qua nom 
se le exija a los miembros de las comunidades indígenas de las Sierra de 
Perijá que en sus nuevos reductos terrestres deben convivir en plena paz con 
terceros (hacendados y parceleros) viejos y presentes enemigos de la cultura 
Barí, confinados a respetar el uso pactado de sus territorios ancestrales 
entre el Estado venezolano y las Transnacionales del carbón. El pacto, 
corresponde del lado Barí en particular, más de 50.000 hectáreas dadas por 
el Ministerio de Energía y Minas (MEM) a la Corporación para el Desarrollo 
de la Región Zuliana (Corpozulia) y a las empresas Minera MAICCA, CA. 
CARBOCA y CONSULMINCA, lo cual representa en el aspecto general unas 230 
hectáreas de superficie del Piedemonte de la Sierra de Perijá y Casigua El 
Cubo, con la finalidad de aumentar la exportación del mineral negro a 36 
millones de toneladas métricas de carbón al año. (Portillo, Lusbi Los 
Proyectos Carboníferos amenazan la demarcación de las tierras de los 
indígenas, Documento de la Ong. Homo et Natura, Maracaibo Venezuela 2002)
Todo esto sin duda agravia aún mucho más las condiciones actuales en la que 
sobreviven los pueblos indígenas que se encuentran en territorio venezolano 
(Caso Kariña), y en particular las del Estado Zulia, (Sierra de Perijá y 
zonas lacustres del Estado Zulia) puesto que la demarcación hecha, pensada y 
controlada por el Estado y el gobierno que encabeza Hugo Chávez origina 
además situaciones de mayor dependencia para las mismas en un plazo de 
tiempo no muy lejano.

Tales situaciones, como el otorgamiento de créditos y cambio drástico de su 
economía y practicas culturales o la aceptación de los Planes propuestos por 
la Comisión de Demarcación para que aceptaran sus condiciones reduccionistas 
(Plan “A” y Plan “B”) puede que incrementen la participación de las 
comunidades y pueblos indígenas, (en los términos pasivos y maleables que 
indica la CRBV) pero sus decisiones, aspiraciones, deseos y voluntades dejan 
de ser vinculantes en los sentidos de su autonomía como pueblos con 
culturas, lenguas, relaciones parentales y territorios diversos con derecho 
a su autodeterminación. Dicho de otra manera, el proyecto de país al que 
obedecen todas las acciones que se desarrollen en territorios indígenas 
necesita de unos indígenas mucho más pasivos, domesticados, productivos y 
disociados de los convenios, resoluciones, declaraciones y tratados del 
derecho internacional, para ser insertados como “unidades productivas” en el 
marasmo de la Globalización comercial.

El asunto es que en los territorios (y no las tierras) que el Estado 
Venezolano admite como parte de su territorialidad nacional y que Negocia 
con las Transnacionales del Carbón se encuentran naciones indígenas, siendo 
además estos espacios geográficos estratégicos y abundantes en biodiversidad 
y en recursos y reservas acuíferas. De allí que el reconocimiento de los 
territorios de los pueblos indígenas que se encuentran dentro del joven 
Estado venezolano, implica el reconocimiento y la aceptación por parte de 
este a que las comunidades y pueblos indígenas puedan “ejercer control y 
autoridad sobre el conjunto de los recursos y sobre los procesos sociales 
que allí se dan” tal como lo indica el Instituto Interamericano de Derechos 
Humanos en su Documento Preparatorio sobre Derechos Indígenas, que no por 
casualidad hoy resisten en la última frontera hasta donde los arrinconó el 
establecimiento de la colonia y que desde hace poco menos de 200 años las 
políticas reduccionistas, los programas de asimilación, el asistencialismo y 
los proyectos de integración nacional del Estado Venezolano.

Lo que tratamos de decir es que el Estado venezolano, ni mucho menos el 
gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías, no puede, ni debe menoscabar, en 
nombre de proyectos desarrollistas materializados en las concesiones 
minero – carboníferas de todo el pié de Monte de la Sierra de Perijá, la 
vida de los pueblos indígenas (Barí, Yukpa y Wayú) sus recursos de agua 
potable y su abundancia diverso – biológica por encima de todos los 
acuerdos, derechos y convenios internacionales tanto en materia ambiental 
como en materia de derechos humanos y protección de minorías étnicas, puesto 
que ni el Estado, ni el gobierno se conforman bajo la creencias de ser 
entidades absolutas, eternas y desvinculadas de los deseos, esperanzas y 
logros individuales y colectivos que configura una República que se 
pronuncia a favor de lo Multiétnico y lo Pluricultural.

Responsable son los miembros de la Comisión de Demarcación, por sus engaños, 
su reduccionismo técnico, solapado de patriotismo y por su 
seudocientificismo neocolonial. Responsable es el Gobierno en Pleno de Hugo 
Chávez Frías, por el pacto no consultado, no acordado con las comunidades y 
pueblos indígenas y por la oportunidad de ser consecuente en estos justos 
momentos con su prédica revolucionaria y antiimperialista. Responsables 
somos todos (estudiantes, universitarios, movimientos ecológicos, luchadores 
sociales, etc) de la desaparición drástica o progresiva de culturas 
milenarias como la Bari, por seguir militando desde un silencio cómplice y 
no abrir espacios para el dialogo, la disertación y el compromiso verdadero 
con la palabra empeñada, la democracia en términos pluriculturales y la 
acción directa efectiva y conciente entre todos los pueblos y culturas que 
se sientan dueños legítimas de sus territorios.
En conformidad a todo lo expuesto, hermanos y hermanas del País, del 
continente y del mundo entero, desde una conciente solidaridad, único y 
poderoso instrumento de los desposeídos y derrapados de la tierra, hacemos 
un llamado de alerta y enlace con otras luchas tan dignas como las que han 
librado nuestros pueblos primigenios por más de 500 años de colonialismo y 
ahora neobolivarianismo neoliberal de las Transnacionales del carbón y sus 
ejecutores internos, para que:

1.- Denunciemos, en instancias internacionales, las agresiones por parte del 
Estado Venezolano y sus comisiones actuales de demarcación al Derecho de 
autodeterminación de los pueblos indígenas conforme al Derecho 
Internacional.
2.- Fortalecer los espacios para el discernimiento en democracia, sin 
solapamientos partidistas, que se aborden y repiensen temas como: la 
soberanía, la tierra, los territorios, los pueblos indígenas, la energía, la 
educación, la participación popular autónoma y conciente, los medios 
comunitarios, la representatividad burocrática de anteriores y actual 
gobierno, la biodiversidad y la problemática del agua, entre otros.
3.- Construir y ejecutar propuestas alternativas de convivencia, mercados y 
conocimientos locales, al modelo y forma de vida neoliberal coincidentes 
tanto en los planes gubernamentales como en los opositores.
4.- Sumarnos a la lucha de los pueblos y comunidades indígenas en un proceso 
de demarcación originariamente desde su memoria de despojo, movimiento 
cultural vinculado a su territorio y conocimientos locales de los 
ecosistemas selváticos, áridos y lacustres.

Hoy los únicos caminos que han conocido y fortalecido los movimientos 
sociales son la solidaridad conciente y la indignación orientada a la 
invención de nuevos procesos educativos, tecnológicos y políticos ligados al 
discernimiento sobre el nacimiento de las condiciones de exclusión y 
explotación actual.
Hermanos y hermanas tenemos que detener la aceleración del tiempo por parte 
de los tecnócratas neoliberales del gobierno y la oposición, cuando aluden 
que no existe tiempo para discutir, para detenerse a hablar con los 
compañeros que no piden ni aceptan limosnas. Ellos, que ahora y siempre se 
han sentido dueños del país y de nuestro futuro, hoy hablan de no “tener 
tiempo para tanta democracia”.
Lamentablemente, hermanos y hermanas, no solo en las “urgencias” políticas 
coinciden gobierno y oposición, sino en la gestación de planes 
desarrollistas, sin consultas vinculantes, en los pactos con las 
transnacionales, y en la pacificación obligatoria de viejos y culturales 
enemigos en nombre de la integración.


POR TODAS NUESTRAS LUCHAS…SEGUIMOS MOVILIZADOS!!!
TERRITORIOS INDÍGENAS SIN MINAS DE CARBÓN, NI GANADEROS CON CAÑÓN !!!.
AUTODEMARCACIÓN INDÍGENA CON DIGNIDAD Y AUTODETERMINACIÓN CON ESPERANZA Y 
GARANTÍAS!!!
PODER POPULAR Y RESISTENCIA CULTURAL
FRENTE A LOS PACTOS ENTRE LAS TRANSNACIONALES Y EL ESTADO VENEZOLANO.
Por el camino de las comunidades 


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