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Asunto:[LEA-Venezuela] Capitalismo v/s ecología
Fecha:Jueves, 27 de Julio, 2006  20:45:12 (-0400)
Autor:pefaur <pefaur @...ve>


La contradicción capitalismo/ecología


Por Leonardo BOFF *

 Por primera vez en el proceso conocido como hominización, el ser humano
se ha dado a sí mismo los instrumentos de su propia destrucción. Se creó
el principio de autodestrucción que tiene en el principio de
responsabilidad y de cuidado su contrapartida. De ahora en adelante la
existencia de la biosfera estará a merced de la decisión humana.


 La lógica del capital, como modo de producción y como cultura, es
producir acumulación mediante la explotación de la fuerza del trabajo de
las personas, por la dominación de clases, por el sometimiento de los
pueblos y finalmente por el pillaje contra la naturaleza.

 Un análisis incluso superficial entre ecología y capitalismo identifica
una contradicción básica. Donde impera la práctica capitalista se envía
al exilio o al limbo la preocupación ecológica. Ecología y capitalismo se
niegan frontalmente. No hay acuerdo posible. Si, a pesar de ello, la
lógica del capital asume el discurso ecológico... o es para obtener
lucro, o para espiritualizarlo y así vaciarlo, o simplemente para
imposibilitarlo y, por tanto, para destruirlo. El capitalismo no sólo
quiere dominar la naturaleza, sino arrancar todo de ella, depredarla.

Hoy, por la unificación del espacio económico mundial en los moldes
capitalistas, el saqueo sistemático del proceso industrial contra la
naturaleza y contra la humanidad, hace al capitalismo claramente
incompatible con la vida. Se plantea así una bifurcación: o el capitalismo
triunfa al ocupar todos los espacios como pretende, y entonces acaba con
la ecología y pone en riesgo el sistema-Tierra, o triunfa la ecología y
destruye al capitalismo, o lo somete a tales transformaciones y
reconversiones que no pueda ya ser reconocible como tal. Esta vez no va a
haber un arca de Noé que nos salve a algunos y deje perecer a los demás. O
nos salvamos todos o pereceremos todos.

El capitalismo produjo también una cultura, derivada de su modo de
producción, asentado en la exportación y el pillaje. Sin una cultura
capitalista que vehicula las mil razones justificadoras del orden del
capital, el capitalismo no sobrevivirá. La cultura capitalista exalta el
valor del individuo, le garantiza la apropiación privada de la riqueza,
hecha por el trabajo de todos, coloca como quicio de su dinamismo la
competencia de todos contra todos, intenta maximizar las ganancias con la
mínima inversión posible, procura transformar todo en mercancía para tener
siempre beneficios, instaura el mercado, hoy mundializado, como el
mecanismo articulador de todos los procesos de producción, de competencia
y de distribución...

Si alguien busca solidaridad, respeto a las alteridades, compasión y
veneración frente a la vida y al misterio del mundo... que no los busque
en la cultura del capital. George Soros, uno de los mayores especuladores
de las finanzas mundiales y profundo conocedor de la lógica de la
acumulación sin piedad (vive de eso), afirma claramente en su libro La
crisis del Capital que el capitalismo mundialmente integrado amenaza a
todos los valores societarios democráticos, poniendo en riesgo el futuro
de las sociedades humanas.

Queremos mostrar cómo el capitalismo, en cuanto modo de producción y en
cuanto cultura, inviabiliza la ecología tanto ambiental como social.

Comencemos con la ecología ambiental. A este respecto, las hipótesis
acerca del futuro de la Tierra son dramáticas. Grandes analistas confiesan
que el tiempo actual se asemeja mucho a las épocas de gran ruptura en el
proceso de evolución, épocas caracterizadas por extinciones en masa.

 Efectivamente, la humanidad se encuentra ante una situación inaudita.
Debe decidir si quiere continuar viviendo, o si prefiere su propia
autodestrucción. Por primera vez en el proceso conocido como
hominización, el ser humano se ha dado a sí mismo los instrumentos de su
propia destrucción. Se creó el principio de autodestrucción que tiene en
el principio de responsabilidad y de cuidado su contrapartida. De ahora
en adelante la existencia de la biosfera estará a merced de la decisión
humana. Para continuar viviendo el ser humano deberá quererlo
positivamente.

Los indicadores son alarmantes. Dejan poco margen de tiempo para los
cambios necesarios. Estimaciones optimistas establecen la fecha límite del
año 2030-2034. A partir de ahí, si no se toman medidas urgentes y
eficaces, la sostenibilidad de sistema-Tierra, ya no estará garantizada.

Entre otros, tres son los nudos problemáticos creados por el orden del
capital, que deben ser desatados: el nudo del agotamiento de los recursos,
el de la sostenibilidad de la Tierra y el de la injusticia social mundial.

1. El nudo de la extinción de los recursos naturales.
Cada día desaparecen para siempre 10 especies de seres vivos. Desde la
época de la desaparición de los dinosaurios, 65 millones de años atrás,
nunca se ha visto un exterminio tan rápido. Con esos seres vivos
desaparece para siempre una biblioteca de conocimientos que la naturaleza
sabiamente había acumulado.
A partir de 1972 la desertificación en el mundo creció igual al tamaño de
todas las tierras cultivadas de China y de Nigeria juntas. Se perdieron
cerca de 480 millones de toneladas de suelo fértil, una superficie
equivalente a las tierras cultivables de India y Francia juntas. El 65% de
las tierras que un día fueron cultivables, hoy ya no lo son. La mitad de
las selvas existentes en el mundo en 1950 han sido tumbadas. Sólo en los
últimos 30 años han sido derribados 600 mil km2 de selva amazónica
brasileña, el equivalente a la Alemania unida, o a dos veces el Zaire.
Las inmensas reservas naturales de agua, formadas a lo largo de millones y
millones de años, en este siglo pasado han sido sistemáticamente bombeados
y están próximos a agotarse. El agua potable ya es uno de los recursos
naturales más escasos, pues solamente el 0’7% de toda el agua dulce es
accesible al uso humano. Va a haber guerras por las fuentes de agua
potable.
Tras este proceso de pillaje, se oculta una imagen reduccionista de la
Tierra. Es vista sólo como un almacén muerto de recursos a explotar. No es
respetada en su alteridad y autonomía ni se le reconoce ninguna
sacralidad. Mucho menos todavía es amada como un superorganismo vivo, la
Gran Madre de los antiguos, la Pacha Mama de nuestros indígenas y la Gaia
de los cosmólogos.

2. El nudo de la sostenibilidad de la Tierra.
¿Cuánta agresión aguanta la Tierra sin desestructu-rarse? Las 60 mil armas
nucleares construidas, si explotaran podrían causar un invierno nuclear.
Las finas partículas del humo de los grandes incendios por ellas
producidos, junto con los elementos radioactivos inyectados en la
atmósfera, oscurecerían y enfriarían la Tierra de forma más intensa que en
las eras glaciales del pleistoceno. Habría un colapso de la humanidad y de
todo el sistema de vida, consecuencias perversas siempre descuidadas por
las potencias militaristas.
Otra amenaza importante es representada por el calentamiento creciente de
la Tierra. Es el así llamado efecto invernadero. La quema de petróleo, de
carbón y de las selvas, libera el dióxido de carbono que calienta la
atmósfera. En el último siglo la temperatura de la tierra ha aumentado
entre 0’3 y 0’6† C. Para los próximos 100 años se calcula un aumento de
entre 1’5† a 5’5† C. Tales cambios provocarán desastres descomunales, como
sequías y deshielo de los cascotes polares. Las inundaciones de las costas
marítimas, donde vive el 60% de la población mundial, causarían millones
de víctimas.
¿Qué capacidad tiene la tierra frente a tantas agresiones producidas
primordialmente por el modo de producción capitalista? Se teme que el
efecto acumulativo de las agresiones llegue a un punto crítico tal que
quiebre el equilibro físico-químico-biológico de la Tierra.

3. El nudo de la injusticia social mundial.
Pasemos a la ecología social: ¿Cuánta injusticia y violencia aguanta el
espíritu humano? Es injusto y sin piedad que, en el actual orden del
capital mundializado, el 20% de la humanidad detente el 83% de los medios
de vida (en 1970 era el 70%) y el 20% más pobre tiene que contentarse con
sólo 1’4% (en 1960 era 2’3%) de los recursos. Este cataclismo social no es
inocente ni natural. Es resultado directo de un tipo de desarrollo que no
mide las consecuencias sobre la naturaleza y sobre las relaciones
sociales. Por eso constituye una trampa del sistema capitalista el llamado
«desarrollo sostenible», que evidencia una contradicción en su mismo
nombre.
La categoría «desarrollo» está tomada del área de la economía capitalista.
El desarrollo capitalista (deberíamos decir el crecimiento) es
profundamente desigual: crea acumulación apropiada por unos pocos a costa
de la explotación y del perjuicio de las grandes mayorías. Ese crecimiento
pretende ser lineal y siempre creciente.
La categoría «sostenibilidad» proviene de otro ámbito: de la biología y la
ecología. Significa capacidad que un ecosistema tiene de incluir a todos,
de mantener un equilibrio dinámico que permita la subsistencia de la mayor
biodiversidad posible, sin explotar ni excluir.

Como se ve, sostenibilidad y desarrollo capitalista se niegan mutuamente;
no combinan los intereses de la producción humana con los intereses de la
conservación ecológica; al contrario, se niegan y destruyen. Lo que se
necesita es una sociedad sostenible que se dé a sí un desarrollo que
satisfaga las necesidades de todos, y del entorno biótico. Que el planeta
sea sostenible y pueda mantener su equilibrio dinámico, rehacer sus
pérdidas y mantenerse abierto a ulteriores formas de desarrollo.

Además de haber sido, en el pasado, suicidas, homicidas y etnocidas, ahora
comenzamos a ser ecocidas. El capitalismo ¿nos llevará a ser, pronto,
también geocidas?

Pero una esperanza nos acompaña: en su historia, la Tierra pasó por cerca
de 15 grandes exterminios. Siempre salió con más energía y biodiversidad.
Ahora no será diferente. Superaremos la enfermedad del capitalismo con la
solidaridad, la cooperación y las interdependencias asumidas, pues ellas
garantizaron el futuro de la Tierra. Y garantizarán también nuestro
futuro.

www.ecoportal.net

* Leonardo Boff
Rio de Janeiro, Brasil




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