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Asunto:[LEA-Venezuela] Lo que el carbón se llevó...(¿recuerdos del fu turo?)
Fecha:Martes, 18 de Julio, 2006  07:10:30 (-0400)
Autor:Jorge Luis Hinestroza M. <vitae @......com>

Panorama, 18 de julio de 2006
 
HÉROE ANÓNIMO. NEIRO FLORES LUCHA POR AYUDAR A LAS ESPECIES MARINAS EN PELIGRO
El maestro de los pescadores
Texto: Margioni Bermúdez

En el muro de San Bernardo, adyacente a la isla de San Carlos, habita un pescador con creencias que lo han convertido en un ferviente ambientalista. Neiro Flores alerta a sus compañeros sobre la necesidad de cuidar a las tortugas marinas. Es admirado por estudiantes universitarios.

La humilde casa de Neiro Flores es un oasis en medio de la aridez típica del muro de San Bernando, un extensión de arena aferrada a uno de los extremos de la isla de San Carlos. De camino a su vivienda el sol golpea inclemente el terreno. Parece como si el fuego brotara invisible entre los pies de quienes sortean el caluroso camino.

Apenas unos cuantos cactus y unas hileras de cujíes refrescan la vista. Muy cerca del faro está anclado el lugar donde ha vivido durante mucho tiempo. La diferencia es tanta con respecto al resto de San Bernardo, que hasta el clima se siente más fresco en su hogar rodeado de árboles de uva playera, mango y cocoteros.

La lucha diaria de Neiro Flores, un pescador nacido hace 61 años en isla de Toas, es lograr que sus compañeros de pesca se sensibilicen sobre la fragilidad de las especies que están en peligro de extinción. Su amor por la naturaleza se refleja en un hogar lleno de verde y alegrado por la algarabía de animales que andan libres entre los frondosos árboles.

En más de una ocasión ha persuadido a sus iguales para que liberen tortugas marinas que se quedan atrapadas en las redes de pesca y sufren la amenaza de ser devoradas. Hace mucho tiempo supo que están en peligro y que es fauna protegida por leyes nacionales e internacionales.

Empezar no fue fácil, pues “al principio se hacían los locos y no me paraban a lo que les decía. Ahora respetan lo que les digo. Les he advertido que si llego a saber que han agarrado a propósito a una tortuga los denunciaré con los oficiales de la Guardia Nacional o Guardacostas”.

Sus hijos Neiro Antonio de 33 años; Masiel Lourdes, de 36; y Maibe, de 39; han sido testigos de las lecciones diarias que les ha dado su padre. La herencia ecologista también la traspasó a su esposa Griselda, con quien vive desde hace 41 años. La familia de isleños ha aprendido la fragilidad del mundo que los vio nacer y crecer. De ese mar que los ha abrazado desde siempre.

“Adoro esta tierra. Desde chiquita recogía caracoles en la orilla. Recuerdo que una vez agarraron a un delfín hembra y tenía una cría adentro. Me causó mucha tristeza verlo morir”, narró Masiel Flores, la segunda de los tres hermanos.

Historia

Su interés por cuidar a las tortugas marinas que ingresan al Lago a alimentarse o a desovar nació con los cambios que condujeron a la ampliación del canal de navegación. En la etapa previa de las excavaciones vivía en Zapara, la más cercana de las islas del municipio Almirante Padilla al golfo de Venezuela.

Luego se mudó a San Bernardo, islote que se formó con la arena extraída para la ampliación de la vía por donde se movilizan los barcos.

“Jamás pensé que cerquita de donde estaba había tortugas. Recuerdo que en 1976 —fecha en la que se modifica nuevamente la profundidad del canal— los trabajadores de Canalizaciones se llevaban sacos llenos con los huevos de las tortugas que salían durante las excavaciones”.

Estas escenas marcaron la vida del isleño, quien desde entonces sintió el llamado de la naturaleza. “Creo que a esta fecha tendríamos más tortugas”.

La tarea es fuerte, según contó Flores. “En una oportunidad me tocó ir a rescatar una tortuga verde que tenían metida en una batea. Hablé con el pescador y le pedí que me la diera para entregarla a las autoridades. La tenían lista para matarla y hacer una sopa”.

Neiro no sabe leer ni escribir, pero su sabiduría es tal que ha servido de ayuda a estudiantes de la escuela de Biología de la Universidad del Zulia. Todos lo ven con respeto y han encontrado en él un aliado incondicional para la recolección de muestras y la narración de historias sobre la travesía de las gigantes marinas que ingresan al Lago por el golfo de Venezuela, aseguró Martín Dávila, uno de los futuros biólogos que acuden a Neiro.

El testimonio de Martín es respaldado por su colega Leonardo Sánchez, quien junto a él y otros jóvenes integran un voluntariado que se encarga de rehabilitar ejemplares que han sido alcanzados por redes de pesca, embarcaciones o comerciantes ilegales.

“El señor Neiro es un gran apoyo para nosotros. Es un pescador ambientalista y una persona de muchos conocimientos, a pesar de no saber leer ni escribir. Haber crecido en medio de las islas le ha proporcionado una experiencia única. Es un conocedor de su entorno y por lo general es la primera voz de alerta cuando una tortuga está en problemas”, subrayó Sánchez.

La huella de Neiro está enclavada en San Bernardo y su obra es ejemplo de una sensibilidad que no necesita de conocimientos científicos, sólo de amor por la vida.