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Asunto:[LEA-Venezuela] Tensión en la alta Guajira por el asesinato de testigo de masacre de abril del 2004
Fecha:Sabado, 23 de Julio, 2005  22:17:00 (-0400)
Autor:Jorge Hinestroza M. <vitae @......com>





eltiempo.com / nación / caribe

Julio 21 de 2005
Tensión en la alta Guajira por el asesinato de testigo de masacre de abril 
del 2004

Varios organismos de derechos humanos están en alerta ante el riesgo de una 
nueva incursión paramilitar en la zona.


A simple vista Bahía Portete parece un pueblo fantasma. Sus pocas casas de 
material están abandonadas, algunas sin puertas, ocupadas por la arena y el 
viento del nordeste, ese que a pocos kilómetros mueve los enormes molinos 
del parque eólico Jepírachi.


Sin embargo en los desperdigados ranchos construidos con yotojoro (corazón 
del cactus), habitan 39 familias wayuu que hace más de un año salieron 
huyendo de un violento ataque paramilitar y que retornaron en agosto pasado 
luego que el Gobierno les garantizará seguridad.


Pero esta seguridad quedó en entredicho hace una semana con el asesinato de 
Dilia Epinayu, de 50 años, quien era testigo clave en el proceso que 
adelanta la Fiscalía General de la Nación sobre una matanza cometida el 18 
de abril del 2004, que de acuerdo con las cifras oficiales dejó cuatro 
víctimas, pero que según las cuentas de los pobladores llegaría a 12 muertos 
y 30 desaparecidos.


Según indicios que manejan las autoridades, estas muertes son 
responsabilidad de la alianza entre ‘paras’ y narcotraficantes para sacar a 
los wayuu de su territorio y apoderarse del control de los puertos naturales 
de la alta Guajira para el tráfico de armas, drogas y otros negocios 
ilegales como el contrabando de combustible.


Francisco Epinayu, padre de Dilia, un septuagenario cuyos ojos cansados 
vieron hasta hace apenas tres años desembarcar naves repletas de mercancía 
en el puerto de Portete, se pregunta por qué siguen matando a su comunidad.


Pese al miedo, los wayuu se niegan a abandonar esta tierra desértica, donde 
tanto personas como animales sobreviven a los inclementes rayos de un sol 
furioso y a las interminables sequías.


Desde la incursión paramilitar del año pasado, un pelotón integrado por 36 
soldados del batallón Matamoros permanece acantonado en Bahía Portete. Pero 
ni la presencia del Ejército ha servido como garantía para evitar que 
continúen los ataques contra los indígenas.


Los habitantes de Bahía Portete indican que a principios de junio fue 
asesinado a tiros un anciano de 75 años en Perpana, a unos 12 kilómetros del 
pueblo, y que cuando mataron a Dilia Epinayu sólo estaban cuatro soldados en 
el puesto de control porque los demás estaban realizando patrullajes en 
rancherías cercanas.


Una comisión integrada por representantes de la Defensoría del Pueblo, el 
Ejército, la Policía, la Fiscalía, la Organización Nacional Indígena de 
Colombia (Onic) y Ong de Derechos Humanos viajó el sábado hasta Portete para 
verificar la situación de los nativos.


El panorama que encontraron fue bastante preocupante: los indígenas están 
llenos de temor y sus condiciones de vida son muy precarias.


Mientras el Gobierno refuerza las medidas de seguridad en la zona, algunos 
habitantes de Bahía Portete se han trasladado a otras poblaciones y cerca de 
99 familias continúan refugiadas en territorio venezolano por temor a una 
nueva masacre.



 



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