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Asunto:[LEA-Venezuela] Más Allá de la Interdisciplinariedad (EXTRACTO)
Fecha:Jueves, 7 de Octubre, 2004  06:03:17 (-0400)
Autor:J. Hinestroza M <vitae @......com>

 

(EXTRACTO)

Más Allá de la Interdisciplinariedad.

Racionalidad Ambiental y Diálogo de Saberes

Enrique Leff

 

La crisis ambiental es una crisis del conocimiento y un vaciamiento de los sentidos existenciales que dan soporte a la vida humana. Frente a las certezas y el control que buscaba otorgar la ciencia a una vida segura, asegurada de la violencia de la naturaleza y de la perversidad humana sometida a la fatalidad, hoy nos invade otro terror: el que ha generado el forzamiento del mundo por el dominio del poder de la idea universal, del sometimiento de lo diverso a lo uno. Desamparados ante el descreimiento de la magia y la impotencia del conocimiento que ha desencadenado un mundo a la deriva, incognoscible, que paraliza la acción no sólo por el terror, sino porque se han apagado las luces que orientaban el camino hacia alguna parte, así fuera hacia el camino ineluctable hacia una muerte con sentido. Hoy, el mundo enloquecido por la intervención del poder y de la ciencia está pasmado por la incomprensión. Ya no es sólo el mundo de los contrarios que se niegan, del otro a quien se le desconoce, se le excluye y se le extermina. Más allá del maniqueísmo al que llevó la visión polar del mundo (lo blanco y lo negro, lo bueno y lo malo, la verdad y la mentira) estamos en un juego de abalorios donde no hay ni cálculo racional ni apuesta al azar. La ruleta tiene más de 36 números y el tablero más de dos colores (rojo y negro). El mundo se encuentra enfrentado a crisis y dilemas más allá de todo conocimiento y que retan todo abordaje racional para la recomposición del mundo. Es una alienación que no sólo es provocada por la reificación del mundo que sustituye el conocimiento de relaciones entre procesos y entre seres humanos por relaciones entre cosas, como planteaba Marx hace un siglo y medio. Vivimos un mundo sometido al poder del mercado, a una jaula de racionalidad y una razón de fuerza mayor ante la que se retrae el pensamiento, se disuelve el sentido y se paraliza la acción. Estamos sometidos a la racionalidad de un poder concentrador de la riqueza, generador de desigualdad e insustentabilidad. La inteligencia humana ha desencadenado el poder del átomo y ha invadido la vida haciendo posible la reproducción de lo uno, la clonación del ser. La transgénesis, la invasión tecnológica de la vida, nos enfrenta a incertidumbres y retos que no alcanzan a dilucidar ni la ética ni el conocimiento. El reclamo de autonomía y autogestión de la ciudadanía se plantean ante el fracaso del “Estado Benefactor” y del automatismo del mercado, que dejan a las poblaciones sujetadas, imposibilidades para autogestionar sus condiciones de existencia. Y al mismo tiempo, ese derecho de emancipación levanta la cabeza y da la cara en un mundo donde el poder institucionalizado se ha dislocado. Los demonios andan sueltos, los procesos económicos y tecnológicos se han desbordado y desbocado en sus inercias, aplastando toda capacidad para recomponer el mundo sobre la base de la racionalidad científica y económica. La confrontación de poderes se ha exacerbado hacia posiciones fundamentalistas y el uso de la fuerza poniendo en riesgo las normas mínimas de convivencia y democracia que tantos holocaustos, genocidios e injusticias ha costado a la humanidad y donde se ha invertido tanta imaginación, esfuerzo y voluntad.

 

      Para sobrevivir en este mundo tendremos que ejercer nuestro derecho a la información. Aprender lo que la ciencia puede saber sobre el calentamiento global y el grado y formas de riesgo para la humanidad y para las poblaciones locales; habrá que saber las relaciones que guarda el proceso económico con la degradación ambiental, el vínculo entre la ley del mercado y la ley de la entropía. Pero también deberemos aprender a construir una nueva racionalidad social y productiva. Debemos aprender no sólo de la ciencia, sino de los saberes de los otros; aprender a escuchar al otro; aprender a sostenernos en nuestros saberes incompletos, en la incertidumbre y en el riesgo; pero también en la pulsión de saber.

 

Navegar es preciso, vivir no es necesario, solía decir Fernando Pessoa.

 

       Debemos pues aprender a escuchar armonías hasta ahora inaudibles en el estruendo de las fanfarrias de trompetas que no han cesado de anunciar la llegada del rey y el triunfo del poder; abrir nuestra razón y sensibilidades para dejar ser al ser, para abrir las puertas a un devenir, a un por-venir que no sea sólo la inercia de los procesos desencadenados por un mundo economizado y tecnologizado. Abrir los espacios para un diálogo de seres y saberes en el que no todo es cognoscible y pensable de antemano; aprender una ética que permita desatrincherar y desarmar los cercos protectores de las identidades que nos damos desde nuestra formación disciplinaria y para evitar que las identidades culturales se conviertan en campos antagónicos de batalla, para que pueda surgir un mundo donde convivan en armonía la diversidad y las diferencias. Debemos aprender a dar su lugar al no saber y a la esperanza, a aquello que se construye en el encuentro cara-a-cara, más allá de la objetividad y del interés, inscritos en el proyecto del conocimiento que nos ha legado la modernidad.

SEMINARIO INTERNACIONAL

DIÁLOGO SOBRE LA INTERDISCIPLINA

 

ITESO. Guadalajara, 27-28 de Septiembre, 2004