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Asunto:[LEA-Venezuela] Encuentro por la Defensa del Agua.Cachirí-Edo. Zulia. Venezuela.Octubre de 2004
Fecha:Miercoles, 6 de Octubre, 2004  14:56:43 (-0500)
Autor:francisco prada <upetoy @.........mx>

Encuentro por la Defensa del Agua

Cachirí-Edo. Zulia. Venezuela.

Octubre de 2004

Tres historias

José Quintero Weir

Hermanos reunidos en Cachirí por la defensa  del agua, de las comunidades, del Zulia y de Venezuela. Desde acá, de las tierras de los mayas zapatistas, defensores de sus tierras y su cultura, les saludo. No pretendo con este escrito, que ojalá pueda ser leído en ese encuentro, hacer referencia a la problemática del agua, la explotación minera, a los proyectos del gobierno nacional y las transnacionales norteamericanas para sacarlos de sus tierras y explotar la Sierra de Perijá y el Lago de Maracaibo. Creo, que son muchos los presentes en el encuentro, que saben mejor que yo de esas cosas. Sólo quiero me permitan les cuente unas muy breves historias. A lo mejor, conocerán alguna de ellas; sin embargo, siempre es bueno recordar, no perder la memoria, pues, son las viejas historias las más aleccionadoras, y eso es lo importante, especialmente, cuando por momentos, nos encontramos enfrentados a situaciones en las que pareciera que no tuviéramos la fortaleza como para salir victoriosos de ellas. Así, pues, pidiendo disculpas por este atrevimiento y desde tan lejos, permítanme contar:

Primera historia

En tiempos de la Colonia, cuando los europeos dominaban todo, cuando parecían haberse adueñado totalmente del lago y de toda la tierra firme, surgió entre los añú de la isla de Zapara un indígena, un joven guerrero que logró por mucho tiempo, mantener a raya las ambiciones de los españoles en la región, impidiéndoles navegar en el lago, acabando con sus grandes barcos y haciendo huir a sus tripulaciones.

No era éste indio ningún fuerte gigante, capaz de liquidar a cientos con una sola flecha o un golpe de macana. Mucho menos se trataba de un elegido, protegido o enviado por los dioses, aunque muchas leyendas hablen de eso. Pues, en verdad, se trataba de un simple joven, que de niño, había vivido entre los blancos, casi criado por ellos, sirviendo como paje o mandadero del jefe de los españoles. Así fue como aprendió su lengua, pero también, de sus irracionales ambiciones, de sus terribles actitudes e inhumanos pensamientos.

Así, la hazaña de este joven no fue la de ser capaz de luchar desde las pequeñas embarcaciones añú, con sus arcos y flechas contra grandes barcos cargados de cañones y hombres armados de escopetas y filosas espadas y que aún así, los venciera. La verdadera hazaña de este añú fue, que cuando todos se sentían vencidos, cuando la mayoría creía que su destino había llegado a su fin bajo la dominación de los españoles, este joven logró con su palabra, demostrarle a todos sus hermanos que aún había tiempo de pelear, de defender sus tierras y territorios, que aún estaban vivos para ser libres.

Habló con los suyos y logró reunirlos cuando se encontraban dispersos. Habló con aquellos que pertenecían a otras comunidades y aún, hablaban otra lengua, y también los unió a la lucha, convenciéndoles de que sólo la unidad de los pobres hace posible la lucha contra los poderosos. Así les habló a todos los que habitaban en el lago, a los que vivían en las proximidades de la Sierra y juntos, se enfrentaron a los españoles, emboscándolos, quemando sus barcos, hasta que los extranjeros, sin saber qué hacer, se alejaron del lago por un largo tiempo, por miedo pero también, para pensar en la trampa, para tramar la traición que les permitiera derrotar al joven guerrero añú y a todos los indios.

Fue cuando se presentó con los españoles uno que dijo ser su hermano. Como dije, este joven guerrero había vivido entre los blancos como criado de uno de sus jefes. Durante ese tiempo, vivió y conoció al hijo del blanco, habían crecido juntos, por lo que en cierto modo, el guerrero añú entendió que se trataba ciertamente de un hermano. Pero he allí la enseñanza a todos nosotros: no hay nada más peligroso en una lucha, que aquel que se presenta como tu hermano de palabra pero nunca de corazón, pues, la traición está en su boca. Sus palabras son siempre contradictorias pues, una cosa es lo que dice su lengua desde su mente y otra es la que oculta su corazón. Cuidado hermanos, pues, esta es la parte más difícil de una lucha: saber quién es nuestro hermano y dónde está el verdadero enemigo.

Así, atendiendo al llamado de quien decía ser su hermano, nuestro guerrero, que amaba la paz, quiso escuchar esa palabra desde el corazón del español. Entonces asistió a la cita con sus hombres desarmados, pues, así había sido acordado para lograr el fin de la guerra. Más era esa la traición. Y cuando el guerrero y sus hombres llegaron a La Salina, cerca de Zapara, todos fueron apresados y degollados por los españoles con sus espadas. Luego, nuestro guerrero fue llevado a Maracaibo, donde fue públicamente colgado, y el resto de los hombres y mujeres, convertidos en esclavos.

Los españoles se encargaron de escribir esta historia para recordar su victoria sobre los indios. Pero a nosotros, los poderosos y sus gobiernos, nos la han hecho olvidar, pues, siempre el poderoso teme que el pueblo pueda un día recordar, que pueda un día levantar a sus guerreros muertos y llenar su corazón con la fuerza de su memoria y decidirse a luchar. Por eso les cuento esta historia. Por eso les quiero recordar a Nigalee, el guerrero añú de la isla Zapara, que con su palabra logró unir a todas las tribus del lago y de la sierra, para luchar en defensa de sus territorios, de su pesca, de su agua.

Pero, ¿por qué luchar contra los proyectos que el gobierno y sus representantes nos ofrecen como una bendición, como el mejor bienestar para nuestros pueblos y comunidades, y aún, como la revolución?  Para responder esta pregunta, quisiera mejor, contarles otra pequeña historia.

Segunda historia

Esta la conocen ustedes mejor que yo, especialmente, todos los que han nacido y crecido en esta región de Mara y Páez. Se trata de la vida antes de la explotación del carbón en el Guasare. Para ese tiempo, toda Mara era una región de producción agropecuaria, con sus campesinos indígenas y no indígenas, y aún con sus hacendados criando ganado. Pero todos trabajaban la tierra. La producción de frutas como la patilla, el melón, la guayaba, el níspero, el limón, pero también el tomate, el pimentón, el ají misterioso y otras hortalizas, inundaban la zona y servían para alimentar no sólo a sus familias, sino a Maracaibo entero y aún a otras regiones del país.

Se trataba entonces, de una región que producía sus alimentos, en la que los hombres sabían que podían trabajar la tierra y alimentar a sus familias, que no faltaba el trabajo, pues, mucha tierra había para trabajar. Esto, muy a pesar de que existieran las haciendas, tal vez, con las mejores tierras levantando paja para el ganado. Pero en todo caso, los hombres de Mara se sentían dueños de su destino, pues, tenían trabajo, producían, es decir, eran autónomos.

Pero llegaron los que dijeron ser nuestros hermanos. Llegó el gobierno y sus representantes, y nos dijo que teníamos que avanzar, progresar, que ya el trabajo de la tierra no era necesario, que esta tierra de Mara sería una gran industria, y que todos trabajaríamos y viviríamos del progreso que el carbón traería para todos. A partir de ese momento, la tierra de Mara dejó de pertenecer a los marenses, ahora era de una cosa que llaman Corpozulia, pero en verdad es de las transnacionales norteamericanas de la minería. Los hombres de Mara y las familias de Mara dejaron de cultivar la patilla, el melón, la guayaba, el níspero, el limón, el tomate, el pimentón y el ají misterioso, y todos, quedaron dependiendo de conseguir un empleo en las minas de carbón y en las carboneras, ahora, dueñas del destino de los hombres. Es decir, los hombres de Mara y todos los marenses, perdieron su autonomía. Esta historia la saben ustedes mejor que yo, pues, fue la vida de los padres de sus padres, fue la vida de sus padres y es en parte, la vida de ustedes.

Ahora, los abuelos recuerdan ese pasado, y los padres ven cómo sus hijos sólo tienen la alternativa de esperar las migajas que el gobierno y Corpozulia trae como ayuda para alimentar a sus hijos, o decidirse a formar parte de bandas de robo de carros o de otras formas de delito para poder subsistir con la muerte a cuestas. Pues, la verdad es que nunca la carbonera dio los empleos ni el progreso que prometió, por el contrario, les quitó a los marenses el control de su propio destino, les quitó su autonomía y los convirtió en dependientes de lo que el gobierno, Corpozulia y las transnacionales decidan darles.

Más, ahora regresa el gobierno, tanto el nacional como el regional, diciendo que son nuestros hermanos y que nos quieren ayudar, nos quieren dar progreso dice el gobierno regional, o hacer la “revolución” dice el nacional. Pero en verdad les digo hermanos, que ambos hablan desde sus lenguas pero no desde su corazón, pues, ambos hablan en nombre de las transnacionales del carbón, ya no solamente quieren las minas del Guasare, sino las minas de toda la Sierra y para eso, necesitan sacarnos de nuestros espacios, de nuestras tierras, aventándonos, nuevamente, a la pobreza, a la miseria y a la dependencia.

Pero entonces, cómo hacer para luchar contra todos esos enemigos tan poderosos. Repito, se trata de la unión del gobierno regional, el gobierno nacional, Corpozulia y las transnacionales norteamericanas mineras, estos son los enemigos y no hay que engañarse, pues, esa es la primera condición para la lucha: saber exactamente dónde está el enemigo. Si sabemos esto, ¿cómo luchamos contra tan poderosos enemigos? ¿cómo podremos vencerlos? Para eso, quiero contarles una última historia.

Tercera historia

            Por cientos de años, los indígenas mayas de Chiapas en México, habían sido reducidos en sus propios territorios a una condición casi esclava. Les llamaban “acasillados”. Se trata, de que los hombres trabajaban para los “caciques” (que así les dicen a los poderosos, mayormente hacendados, pero también gente del gobierno), y por paga, recibían un boleto que era cambiado en las tiendas de los mismos caciques por comida. Los indígenas así, siempre estaban en deuda con los patrones, quienes además les hacían ver que deuda era un favor y una caridad que ellos les daban por ser tan pobres.

Pero los indígenas chiapanecos no olvidaban su pasado. Jamás olvidaron que ellos eran dueños de sus propias vidas, que las tierras que ahora eran del patrón o del gobierno, antes eran de ellos y que se las habían arrebatado; que antes ellos se autogobernaban, con sus propias leyes y sentido de la justicia; que enseñaban a sus hijos a vivir y a compartir con la madre tierra, respetando sus ríos y sus fuentes de agua. Jamás olvidaron eso los indígenas de Chiapas. Y con ese recuerdo siempre presente, decidieron un día comenzar a prepararse para la lucha, para enfrentar a los mismos poderosos enemigos: el gobierno nacional, el gobierno regional y las compañías norteamericanas.

Comenzaron a preparar su levantamiento, su rebelión. Para eso, decidieron que todos debían estar unidos. Por lo tanto, no habría diferencias entre ellos y los campesinos no indígenas, pues, ambos se enfrentaban al mismo enemigo, y por ello idearon la consigna de “para todos todo”. En segundo lugar, decidieron que su organización debía regirse por el principio de que las decisiones debían ser consultadas por todos y que sus líderes sólo podían ser elegidos o cambiados por todos. Ningún líder podía ser un mandón que decidiera por ellos, tal como hacen los gobiernos, los presidentes, los gobernadores, los partidos políticos. Ellos mandan mandando. Por eso, los indígenas chiapanecos decidieron que sus líderes, elegidos por ellos, debían “mandar obedeciendo” a sus comunidades. En tercer lugar, como no olvidaron nunca la larga historia de engaños de los políticos, de aquellos que se presentan como hermanos desde la lengua pero no del corazón, ofreciendo promesas que jamás van a cumplir, o hablando de buenas intenciones que luego se transforman en traiciones, los indígenas de Chiapas decidieron ser autónomos; es decir, decidieron recuperar su dignidad y desde entonces jamás se acepta la ayuda del gobierno nacional, la ayuda del gobierno regional y mucho menos la de las compañías. Sólo se acepta la ayuda de un verdadero hermano, es decir, de otras comunidades pobres como ellos, pues, sólo la ayuda entre pobres y hermanos de lucha, es verdadera, no tiene segunda intención. A esto le llamaron “Autonomía” y “Dignidad”.

Finalmente, y antes de salir de las montañas para hacer saber al mundo de su rebelión, los indígenas zapatistas recordaron a sus muertos. Recordaron a sus antiguos guerreros que a lo largo de su historia murieron defendiendo sus tierras, sus territorios, sus recursos, sus culturas. Entonces, de entre ellos tomaron como nombre aquel que consideraron el símbolo de su lucha actual, presente. Entonces se llamaron “rebeldes zapatistas” en memoria de Emiliano Zapata, un verdadero revolucionario que murió peleando por tierra y libertad para los indígenas y campesinos del sur de México.

Así, el primero de enero de 1994 salió de las montañas de Chiapas el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, pues, los indígenas chiapanecos también saben, que la lucha por su liberación, su autonomía y su dignidad, es la lucha por la autonomía, la dignidad y la liberación de todo el país. A partir de ese momento y hasta el presente, han ido recuperando sus antiguos territorios, donde han ido construyendo comunidades en las que se autogobiernan eligiendo a sus propias autoridades, que deben “mandar obedeciendo”; construyendo sus propias escuelas, formando a sus propios maestros; levantando sus propios hospitales con sus propios médicos, y sobre todo, produciendo sus propios alimentos, los que comercian directamente con otras comunidades y hasta en la propia ciudad, de manera directa y razonable con la gente de los barrios pobres de la ciudad de México. No aceptan para nada ayuda del gobierno. He tenido la oportunidad de presenciar cómo han sido capaces de despreciar grandes camiones cargados de alimentos enviados por el gobierno, o también cómo han obligado a un líder que aceptó dinero de una compañía, a romper públicamente los billetes y luego destituirlo. Y esto es así, pues, saben los indígenas zapatistas, que de lo que se trata es de construir otro mundo, un mundo en donde todos tengan la dignidad del trabajo, la dignidad de su autonomía, en donde todos juntos y unidos construyen y son dueños de su propio destino.

Es así como los indígenas zapatistas han logrado defender sus tierras frente a los mismos enemigos que enfrentamos en Venezuela. Ellos han logrado echar atrás los proyectos de las compañías norteamericanas que el gobierno mexicano (nacional y regional) han pretendido imponer en sus territorios, y al mismo tiempo, continúan desarrollando sus propios proyectos comunitarios autónomos de producción de alimentos, de vestido, de calzado, de salud, de educación, sin caer en las trampas de los politiqueros, así se presenten como “hermanos” o como benefactores que se compadecen de su pobreza, pues, estos no son hermanos, son otra versión del enemigo. Por todo eso, su ejemplo ha venido siendo seguido por otras comunidades indígenas y no indígenas en México y fuera de él, tal como lo demuestran los hechos ocurridos la semana pasada en la región del norte, en el que una comunidad de indígenas masahuas, conformaron el Ejercito de Mujeres Masahuas Zapatistas, quienes se levantaron en armas para defender el agua de sus comunidades. En este momento que escribo, aún sigue el levantamiento y el gobierno nacional intenta negociar con las mujeres masahuas armadas.

Por todo esto, y a pesar de no encontrarme de cuerpo presente con ustedes por encontrarme aquí, aprendiendo de los indígenas zapatistas, quisiera concluir estas palabras haciendo las siguientes propuestas:

1.- Ante el avance de los proyectos mineros, portuarios y madereros que tanto el gobierno nacional, como los gobiernos regionales vienen impulsando a favor de compañías extranjeras en el Zulia y en Venezuela, y particularmente en los territorios indígenas, es urgente que nos organicemos en un gran frente de lucha. Un Frente de lucha en el que quepan indígenas y campesinos no indígenas, comunidades pobres y estudiantes comprometidos. Un Frente que no sea un nuevo partido político, sino que sea capaz de enlazar la lucha de los añú y wayuu, de los yukpas y los barí del Zulia, con la lucha de los Pemones y Akawayos de la Sierra de Imataca en el Estado Bolivar, y estas, con la lucha de los campesinos de El Morador en Portuguesa o de los campesinos de Yaracuy. Un frente donde no haya líderes que manden mandando, sino que las propias comunidades designen para que “manden obedeciendo” a cada una de sus comunidades. Un Frente que sea capaz de organizar un programa de acción y un plan de lucha para todas las comunidades.

2.- En este sentido, y como punto inmediato, el Frente debe abocarse a la construcción de la Autonomía de las comunidades como principio de la defensa de su dignidad y su liberación.

3.- Por último, propongo que este Frente lleve como nombre y tenga como símbolo de su decisión de unidad y lucha, al más antiguo defensor de las aguas del lago y de las tierras del Zulia; es decir, propongo la creación del Frente Nigalee para la Liberación Nacional. Por la autonomía y la dignidad del pueblo venezolano.

 

           

 



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