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Asunto:[LEA-Venezuela] Hablan los expulsados por el petróleo /Texto: Yanella Polotto
Fecha:Domingo, 4 de Julio, 2004  05:53:05 (-0400)
Autor:Jorge Hinestroza <vitae3 @..........ve>

CRÓNICA
Hablan los expulsados por el petróleo

Texto: Yanella Polotto

El agotamiento de la tierra que atrajo a hombres y mujeres hacia las riquezas del petróleo comenzó a exigirles a quienes llegaron a lo largo de ocho décadas que siguieran su camino.

En el sector Párate Ahí, la soledad rodea las calles construidas con el crudo sacado del subsuelo de Lagunillas. En medio de los escombros que permanecen como la última huella de las personas que levantaron sus hogares en medio de pozos y balancines, la naturaleza recupera los espacios robados por el hombre.

Entre la maleza y ruinas de una zona que carecía de cualquier tipo de esplendor, Ernestina Dugarte aprovecha los escasos meses que le quedan allí para seguir contando con un techo para sus hijos. “Estoy al cuidado de esta casa. Esto aquí murió, como morirá el resto de Lagunillas, si alguna vez llegan a terminar la reubicación”.

Sosteniendo la barriga que revela que un cuarto niño llegará a su hogar, la mujer de 25 años, no oculta su temor a la soledad. “Para este lado de la carretera sólo hay monte. En las noches lo único que se escuchan son los grillos, porque ni un televisor tenemos para que nos haga compañía. Pero aquí me quedaré hasta el final, ya después veré a dónde nos iremos”.

Peligros

El Lago no se observa desde Párate Ahí. Una barrera de roca se interpone entre las aguas y las 8.362 familias que, fuera de los campos petroleros de Lagunillas, convirtieron estas tierras en su hogar, y que desde hace 20 años escuchan las advertencias sobre los riesgos de habitar en una zona que se hunde al compás de cada taladro que irrumpe en su interior en búsqueda de más petróleo.

Pero, los 57 años que lleva la trujillana Rosa Núñez habitando bajo cota cero no le causan temor. A los 15 años decidió seguir los pasos de su esposo, y se estableció en tierras petroleras.

“De aquí nos quieren mudar, porque dicen que si se rompe el muro nos ahogaríamos todos. Pero yo siempre digo que lo que Dios escribió el hombre no lo borra. Si nos toca morir ahogados, hasta de un vaso de agua nos tendríamos que cuidar”, expresa sintiéndose dueña de la sabiduría que le otorgan las arrugas de su rostro.

Aún así, el panorama que observa desde el frente de su casa, le indica el destino que le depara a la vivienda donde crió a sus cinco hijos.

Al otro lado de la carretera X-34 no se escuchan voces, el silencio se ocupa de recordarles que su presencia en el lugar será temporal.

Último aliento

Una breve mirada hacia el área en ruinas impulsó a Silverio Chirinos, vecino del sector Rafael Urdaneta, a expresar su enfado por las condiciones en las cuales habita. “Siempre fuimos los olvidados, los servicios públicos nunca funcionaron, y menos ahora que vamos quedando solos”.

De una humilde vivienda de ladrillos rojos, que se erige como un palacio entre pedazos de paredes que descansan sobre el suelo, el olor a leña encendida le recuerda a Efraín Soto que deben valerse de troncos y ramas secas para cocinar sus alimentos al mediodía.

Resguardar una estructura que albergó un taller mecánico mantienen a Efraín en el lugar. Cuando el propietario y Ducolsa -organismo responsable de la reubicación- acuerden el monto de la indemnización, el zinc coloreado con tonos que asemejan al del Lago a sus espaldas, terminará como el resto de las viviendas que la empresa demolió para evitar el repoblamiento del sector.

Nueva vida

En 1997, dice Yenny González, encargada de Asuntos Vecinales de Ducolsa, se construyeron las primeras 654 viviendas en la urbanización Nueva Venezuela, hacia donde trasladaron familias que habitaban en Párate Ahí, Caño La Cruz y Tasajera.

En esa urbanización, edificada en la parroquia Libertad de Ciudad Ojeda, los nuevos moradores llegaron con la expectativa de borrar los recuerdos de carretear con tobos de agua, conectarse a las tuberías de los pozos de Pdvsa para obtener el gas que alimentaba sus hornillas, y la electricidad que borraría la oscuridad.

El cambio para Julio Figuera, antiguo habitante de Párate Ahí y quien mudó hace siete años sus pertenencias, resultó favorecedor, porque además de encontrar nuevas condiciones de vida, no debió desprenderse de sus recuerdos.

“Todos nuestros vecinos están aquí, además hicimos nuevos amigos, y ya no tenemos el Muro de Contención detrás de la casa”.

Para otros como Esmeralda Gorrillo, de 31 años, resulta mejor no mirar atrás: “Quien visita Párate Ahí, sólo ven desolación y maleza creciendo en lugares que una vez estuvieron llenos de gente tranquila y alegre”.

PROYECTO

Ducolsa censó a las familias para reubicarlas en Lagunillas.

En una primera etapa construyeron 654 viviendas en la urbanización Nueva Venezuela.

Están por culminar las primeras 1.000 casas en el sector El Danto, donde ubicarán a habitantes de Turiacas, Rafael Urdaneta, Tasajeras II, Corea, El Ahorcado, El Indio, Altagracia y La Obrerita.

Además de las casas que Ducolsa edifica en el sector El Danto, Fondur construye 600 viviendas para inquilinos y “arrimados”.

Tomado de Panorama, 4 de julio de 2004