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Asunto:[LEA-Venezuela] El Día del Árbol
Fecha:Sabado, 29 de Mayo, 2004  05:08:48 (-0400)
Autor:Jorge Hinestroza <vitae3 @..........ve>

El Día del Árbol

Texto: Mario E. Cordero Ceballos

E l último domingo de mayo aparece en el calendario escolar como el Día del Árbol. Ese día se oye en los pasillos de la escuela la algarabía de los muchachos, con sus arbolitos en potes y materos para plantarlos en el jardín de la escuela, o en un parque de la ciudad donde van acompañados de sus maestros.

En el pasado, con menos habitantes la nación y quizás con poco adelanto en técnicas educativas, pero con un profundo eros pedagógico de los preceptores hacia los escolares, cumplían con la actividad. Con el tiempo, la celebración del Día del Árbol se extendió por mandato del Ministerio de Educación a la llamada "Semana de la Conservación de los Recursos Naturales Renovables". No sé si todavía se programa en las escuelas y liceos, donde los jardines se observan con las plantas ornamentales y con la grama seca, como si hubiese pasado sobre ella el caballo de Atila.

En los libros de lectura se hallaban cuentos, como "El cariño a los árboles", escrito y adaptado a la mentalidad infantil de los dos primeros grados. Leamos un párrafo: "Es que uno no se explica cómo puede haber gente malvada que halla gusto en hacerle maldad a los árboles, cuando el espíritu se satisface tanto en verlos llenos de vida graciosa y tierna. ¡Qué mayor gracia que la de sus flores fragantes y lindas! ¡Qué mayor dulce riqueza que la de sus frutos jugosos, que se ostentan en los más amables colores! ¡Qué mayor ternura que toda la que ellos tienen, cuando se mueven susurrando, bajo el acariciante soplo del viento, como regocijándose de la bondad infinita que Dios ha puesto en su ser para bien de la humanidad!".

La naturaleza nos brinda sus paisajes que el hombre puede deformar o embellecer y ponerlo bajo su reino. "El paisaje es el escenario que nos presenta a la vista cuando observamos la naturaleza, la cual infunde en nuestro espíritu el sentimiento de lo bello o de lo sublime".

Cuando recorremos en automóvil las carreteras de la nación, observamos las montañas con sus bosques de árboles gigantescos color esperanza; ríos, cascadas, que dado a la distancia, no oímos el ruido del agua que se desliza sobre la roca; lagos, el mar con su oleaje espumoso, todo esto son variadas formas del paisaje, que hay veces el hombre con sus talas y quemas irracionales, destruye en pocas horas lo que a la naturaleza le costó crear en muchos años. Tenemos dos tipos de erosión, la geológica que no podemos evitar, y la erosión producida por el hombre, capaz de evitarse, siempre que los agricultores, agrónomos, ingenieros y biólogos prescriban y sigan los tratamientos adecuados para la conservación de los suelos, aguas y la vegetación. Apuntaba el botánico Tobías Lasser que el mar es el ejemplo del paisaje magníficamente sano, bello y eternamente juvenil; lo consideraba el padre de los paisajes.

El ser humano luce sano, robusto; pero puede enfermarse. Lo mismo ocurre con el paisaje, más cuando las fuerzas de la naturaleza se desarrollan armoniosamente se capta su lozanía, pero cuando otras fuerzas están en desequilibrio se enferma; por eso la armonía de fuerzas extrínsecas como el clima, sobre fuerzas intrínsecas como la vegetación, los suelos, los ríos, etc., trae un paisaje bello y sano. Enseñamos a nuestros escolares y jóvenes a cuidar los árboles, por la sensación de frescura corporal que nos dan cuando caminamos bajo un ardoroso sol marabino, y luego nos colocamos bajo la sombra proyectada por el follaje de sus ramas. Los árboles de una ciudad, protegidos y cuidados constantemente, son como pulmones verdes que devuelven el oxígeno al ambiente, disminuido por la contaminación de bióxido de carbono que desprenden los vehículos y fábricas.

En la escuela de ayer, previamente al Día del Árbol, el maestro motivaba los muchachos, mediante una composición libre, sobre la importancia del árbol que cada alumno desarrollaba durante su hora de clase, con lo cual evaluaba la inspiración y creatividad, además de su letra, ortografía y redacción.

Tomado de Panorama, 29 de mayo de 2004