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Asunto:[LEA-Venezuela] Faluya, la lógica del Imperio y la hipocresía inte rnacional/Carlos Mendoza Pottellá - Embajador de Venez uela en Moscú
Fecha:Viernes, 9 de Abril, 2004  04:35:07 (-0400)
Autor:Jorge Hinestroza <vitae3 @..........ve>

Faluya, la lógica del Imperio y la hipocresía internacional

Carlos Mendoza Pottellá

 

Saddam Hussein era un peligro inminente con sus armas de destrucción masiva, por eso, Estados Unidos tiene la justificación suficiente para masacrar al pueblo irakí e imponerle un gobierno títere que “administre” las relaciones entre sus yacimientos petroleros y Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Halliburton y BP.

 

El mundo asiste impávido a la matanza de Faluya, con una indignante muestra de la moral de doble rasero: mientras se condena universalmente el indefendible terrorismo de los desesperados, de los eternos derrotados, víctimas de incontables injusticias y pasto fácil para el fanatismo y el extremismo, que los lleva a quemar, arrastrar y colgar los cadáveres de cuatro civiles americanos, nadie dice nada ante los centenares de civiles muertos en la aplastante operación de venganza que conduce el ejército invasor.

Desde luego que se trata de una espinosa y comprometedora reflexión: Se camina sobre el filo de la navaja, al comparar un terrorismo con otro y dar lugar a que se piense en alguna forma de justificación para cualquiera de ellos, dependiendo del bando en que nos coloquemos. Por eso hay que ser claros: No existen causas ni fe alguna que puedan justificar la muerte de 200 civiles inocentes en Madrid o de 3.000 en las Torres Gemelas de Nueva York.

Pero no puede ser menos indignante la injustificada masacre de un pueblo entero por unas fuerzas invasoras, que ejercen su desproporcionado poder de fuego, en nombre de una “acción preventiva” por imperativos de seguridad nacional. Peor aún, cuando esas amenazas a su seguridad nacional se han revelado inexistentes y sólo queda, monda y lironda,  con el mayor de los cinismos, la voluntad de apropiarse de los recursos petroleros de ese país.

Y es aquí donde salta la liebre de la hipocresía de algunos países no comprometidos con la invasión y que la condenaron inicialmente. A menos que expresen abiertamente su condena a los trágicos acontecimientos que están martirizando a Irak en estos días, su silencio podrá ser  vinculado, sin atenuantes, a las negociaciones con las fuerzas de ocupación para que les sean reconocidas sus previas y respectivas participaciones en el reparto de la torta petrolera irakí. Esas negociaciones tuvieron un difícil comienzo, a partir de la expresada voluntad imperial de que en la “reconstrucción” de Irak sólo participarían compañías procedentes de los países integrantes de la coalición invasora, pero actualmente se mueven sobre los rieles de la aceptación de los hechos cumplidos, matizada apenas por delicadas e inocuas reconvenciones al agresor, ahora socio mayoritario.

 

Poner las barbas en remojo es la principal enseñanza que puede inferirse de estos acontecimientos para Venezuela. Los múltiples indicios de la participación del Gobierno de los Estados Unidos en el  golpe de Estado de abril de 2002, y los sucesivos  intentos de desestabilización sufridos por nuestro país desde entonces, no dejan lugar a dudas.  Con el agravante de que se están conformando fuerzas internas que, en su desesperación, han clamado abiertamente por la intervención abierta de una “task force” norteamericana. Todo ello, desde luego, en nombre de la democracia, la transparencia y la libertad, tal como está sucediendo con el ya desembozado financiamiento -que según  declaraciones de uno de sus voceros enorgullece al Departamento de Estado norteamericano- de ciertas ONG’s que tras la condición de agrupaciones civiles no comprometidas encubren actividades políticas beligerantes.

No es posible exagerar los peligros que para el país, para su población toda, comportan estos posibles cursos de acción política. Frente a ellos solo cabe cerrar filas para combatirlos. Es necesario definir con meridiana claridad al enemigo y tratar de agrupar a la mayor cantidad posible de fuerzas, nacionales e internacionales, que nos permitan frustrar sus iniciativas.

Viernes, 09 de Abril de 2004