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Asunto:[LEA-Venezuela] gracias: prefiero que me llamen diablo que abogado...Ji Ji Ji, (risa de diablo)
Fecha:Sabado, 20 de Marzo, 2004  21:48:43 (-0400)
Autor:interfazamazonica <interfazamazonica @.....net>

Asunto:
[LEA-Venezuela] LAS ENFERMEDADES (o la emergencia ecológica, etc, etc)
Fecha:
Domingo, 9 de Noviembre, 2003  11:53:50 (-0400)
Autor:
interfazamazonica <interfazamazonica@......net> 


--------------------------------------------------------
"TODO hombre al llegar a los cuarenta años,
si no es un imbécil,
se convierte en su propio ecologista".
---------------------------------------------------------
"LA gestión ambiental vive consagrada a los efectos. Cuando se aplique a
las causas, entonces comenzará su reinado.
EL instinto y la conciencia son guías insustituibles.
Se pone todo el afán en desbancarlos. Y así el hombre se siente más
desdichado que los animales, sufre dolores sin término, muere
prematuramente".
-----------------------------------------------------------
“EL ambientalismo no ha de obstinarse en el error de creer suplantar lo
natural por lo artificial.
La ecología es natural, o no es ecología.
Pero, cuando un error está amparado por el interés y el amor propio, y se
arma de todas las apariencias de la verdadera ciencia, sólo puede
desaparecer después de siglos y de tremendos estragos”.
----------------------------------------------------------- 
“LO artificioso aumenta en definitiva vuestro dolor.
El átomo se halla tan sujeto como Júpiter al Ritmo Augusto. No hay una
idea, un sentimiento, que no produzcan reacciones disonantes o conformes
con la Suprema Armonía. Nada existe en secreto para la Vida. Nada está
aislado. Todo influye y es influído por todo.
NADA hay más humano y triste que vuestra confusión respecto al bien. Lo más
frecuente es que evitéis como un mal lo que os conviene; que busquéis como
benéfico lo que solo redunda en vuestro daño.”
------------------------------------------------------------
HAY completo derecho a asombrarse de las incorrecciones y abusos de los
ambientalistas, y a condenarlos con mayor severidad que en cualquiera otra
profesión.  Quien tiene en su mano la vida los demás, cumple una misión
divina, y habría de poseer moralidad y clarividencia a toda prueba.
------------------------------------------------------------
ETC, Etc, etc... (cambien según el ejercicio propuesto por Constancio
Vigil, las palabras del escrito “LAS ENFERMEDADES” por palabras y
situaciones ecológico-ambientalistas para curar a La Madre Tierra)
LAS ENFERMEDADES
del libro EL ERIAL de Constancio C. Vigil
Nota preliminar:
La difusión de estas ideas, iniciada en la prensa en 1899, le ha valido al
autor la oposición de una parte del cuerpo médico del Plata; pero, a la
vez, justo es consignarlo, le atrajo la estimación y la amistad de muy
distinguidos médicos. Sólo una vez el autor aludió a los ataques que se le
dirigían, y lo hizo en estos términos: "Pido a los que me siguen que oigan
condenarme sin defenderme, y que empleen sus energías en algo que mejore a
los que viven. Cuando estamos allá, no tememos a los hombres. Su amor suele
irradiar hasta los planos de la vida espiritual. Su odio jamás sobrepasa la
atmósfera del planeta. Esta ley asegura el triunfo final del bien".
LAS ENFERMEDADES
Constancio C. Vigil
ES indispensable el trabajo para que el espíritu progrese. las verdades que
conducen a la salud se asimilan también por el trabajo.
Para leer con provecho las reflexiones que siguen, el lector debe tener
siempre presente que el médico y los males órganicos se citan como los
ejemplos más facilmente comprensibles; pero que aquellas se dirigen a todos
los que se aplican a curar y a todas las enfermedades físicas y morales que
mortifican al hombre.
MÉDICOS son el hijo de Esculapio, el abogado, el político, el sacerdote y
otros muchos profesionales más. Enfermo está el que necesita de alguno de
ellos. La enfermedad mayor consiste en creerse sano para uno y enfermo para
otro.
NO hay más que una enfermedad y una salud. El hombre es bien desgraciado al
no reconocerlo, porque éste es el principio de sus males.
TODAS las enfermedades nacen de un solo origen, se reducen a una enfermedad
y en su comienzo se curan con un mismo remedio.
OBSÉRVESE que Esculapio provee de clientes al abogado; el abogado crea la
mejor clientela del sacerdote. Es un círculo cerrado.
DE estos pensamientos el lector deducirá otros tantos, para cada clase de
enfermedades y para sus curadores.
Unicamente así recogerá la enseñanza.
Si, en cambio, se atuviere estrictamente a la letra, la verdad no penetrará
en su espíritu.
Antes, se agrandará su turbación con la exagerada importancia que atribuirá
a los males del cuerpo y a los errores del médico.
Facilitará la acertada lectura, a sea el trabajo deseado, el ejemplo que
sigue.
CUANDO el hombre pervierte sus instintos, se obstina en enmendarle la plana
a la naturaleza. Pare esto es el médico. Pero el médico sólo consigue
cambiar de sitio o aspecto a las enfermedades.
LA reflexión que antecede debe ser releída en sus posibles variantes.
Se llegará así a esta otra:
Cuando el hombre pervierte su corazón, se obstina en enmendarle la plana a
la justicia. Para esto es el abogado. Pero el abogado sólo consigue cambiar
de sitio o de aspecto las iniquidades.
Después se releerá así:
Cuando el hombre pervierte su fe, se obstina en enmendarle la plana a Dios.
Para eso es el sacerdote. Pero el sacerdote sólo consigue cambiar de sitio
o de aspecto a las violaciones de la ley divina.
Etcétera.
Tal trabajo mental hará progresar el espíritu del lector; y no lo que yo
digo. Tal trabajo es el fin buscado; "el remedio para todos los males".
CADA exceso y cada culpa repercuten en cierto órgano, deformándolo. Hay
vicios y pasiones que alteran todas las células, comunicándoles una
vibración anormal. En rigor, las enfermedades son la consecuencia de las
perturbaciones del espíritu. La perfecta salud sólo reside en la perfecta
bondad.
LA medicina vive consagrada a los efectos. Cuando se aplique a las causas,
entonces comenzará su reinado.
EL instinto y la conciencia son guías insustituibles.
Se pone todo el afán en desbancarlos. Y así el hombre se siente más
desdichado que los animales, sufre dolores sin término, muere
prematuramente.
BASTA observar que los médicos no disfrutan de mayor salud ni viven más que
los hombres, para convencerse de la inseguridad de sus teorías.
DECIR "ciencia médica" es un abuso de lenguaje.
La medicina carece de principios fijos e incontrovertibles. Puede
llamársele arte, que significa "conjunto de preceptos o reglas para hacer
bien una cosa".
Tal es también el parecer de Hipócrates, quien definió la medicina como un
"arte que tiene por misión suprimir todo lo que está en exceso en el
organismo y suplir lo que le falta". "Debe limitarse -agrega- a favorecer
los esfuerzos de la naturaleza, que tienden al restablecimiento de la
salud. La naturaleza tiene el poder de restablecer la salud sin ningún
recurso extraño".
Definición, concepto y doctrina que no han sido superados, ni lo serán
jamás. Los siglos transcurridos desde Hipócrates, llamado el padre de la
medicina, sólo han servido para que sus hijos procuraran inútilmente
enmendarle la definición y la doctrina.
SI no existen dos hojas de una misma planta ni dos gotas de agua idénticas,
podéis deducir de esto si habrá dos organismos iguales, dos enfermedades
iguales, dos pacientes que reaccionen lo mismo, por influencia de un
remedio.
TANTOS médicos consultais, tantos diagnósticos recogéis.
El ingeniero calculará con exactitud la resistencia de un puente; el
militar, la trayectoria de un proyectil; el astrónomo, el día en que será
visible determinado cometa. Recabáis la opinión de cien ingenieros, cien
militares, cien astrónomos, y todos llegarán a idéntica conclusión. Pero
cien médicos delante de un enfermo son, a menudo, cien interrogantes
inclinados ante un enigma.
NO son los médicos los únicos responsables del papel a veces fatuo y
absurdo que representan en la vida. El vulgo les atribuye la omnisciencia,
los impulsa a la simulación, les exige lo que no depende de ellos.
EL médico de talento, que habla con franqueza, no es consultado dos veces
por una misma persona.
LAS enfermedades más comunes son la haraganería y la imbecilidad en todas
sus formas.
EL médico de talento y de corazón, a la vez, enseña que cada uno es el
irreemplazable médico de sí mismo.
"TODO hombre -escribió Tácito, refiriéndose a la manera de vivir-, al
llegar a los cuarenta años, si no es un imbécil, se convierte en su propio
médico".
SI el número de virus preventivos de enfermedades continúa en aumento, como
hasta hoy, y llega a existir uno para cada mal, el hombre-bolsa que se los
inoculara todos debería ser la perfecta salud en la absoluta inmunidad...
Lo creéis posible?...
EL niño sano, cuyo instinto no ha sido pervertido, es el maestro natural,
casi infalible, de la vida en salud.
Difícil, ciertamente, dar con uno: tan lejos se ha llegado en el extravío.
Se impone así la vergonzosa necesidad de recurrir a los animales y las
plantas para cuidar sus normas.
HAY un medio seguro para enfermarse de todo, y es tenerle miedo a todo.
LA poca sensatez hace necesaria la continua asistencia del médico. (La poca
probidad, la del abogado; la poca fe, la del sacerdote).
A medida que tales bienes disminuyen, se acrecienta la actividad de los
encargados de velar por ellos.
Antiguamente costaba dar con un médico. Ahora tenéis uno en cada cuadra.
ES interesante comprobar que basta un simple detalle del cuerpo humano -una
uña, la yema de un dedo, el iris del ojo, la esclerótica, los párpados-
para que el observador habil y experimentado infiera con certeza el estado
de salud del individuo y de cada uno de sus órganos.
Todo, en efecto, se halla tan íntimamente unido por las conexiones
musculares y nerviosas y la corriente sanguínea, que no se concibe una
modificación aislada.
Es necesario ser muy médico moderno para creer que se puede estar sano y
enfermo por secciones; para considerar localizado un mal; para tratar por
separado los órganos del paciente, como si fuesen los diversos instrumentos
de una orquesta.
UN campesino alarmado del diagnóstico de "gastritis", seguía un régimen
severo e ingería píldoras y obleas con la más escrupulosa puntualidad.
Cuando supo que lo que tenía era el estómago dilatado, rióse a carcajadas.
Parecerá ignorancia del campesino.
Vino un compadre, tan bruto como él; le contó lo del estómago hinchado;
rieron a dúo y el compadre le hizo tirar las drogas, comer menos y ponerse
unas vendas de agua fría.
Parecerá ignorancia de los dos.
Pero el enfermo se curó.
GRAN número de casos clínicos pueden ser planteados así: "Doctor, yo hago
todo lo posible por continuar enfermo. No podría usted, pagándole bien,
hacer todo lo posible para que yo esté sano?".
DEL cirujano al alópata hay la misma diferencia que del clavo al tornillo.
Aquél va derecho y de golpe al punto de mira.
El tornillo comienza por apuntarse. Luego, se introduce lentamente de
primera intención; ahora viene la primera vuelta, después otra. Nunca acaba
de dar vueltas...
Olvidaba decir que toda esta faena del tornillo pasa casi inadvertida para
el alópata. El que la nota es el paciente.
NADA más extraordinario que las modernas teorías sobre las enfermedades.
Todo se vuelve microbios. El aire, el agua, los vestidos, la piel, las
cavidades del cuerpo...
Una lucha espantosa se libra entre los ejércitos de estos seres
microscópicos. El médico se aplica a dirigir estas batallas, favoreciendo a
unos; decretando el exterminio de otros...
LA verdad quizás más útil y trascendental de la bacteriología es la
siguiente: el sol es el más formidable destructor de bacterias.
Lo sabe mi perro.
CIERTO es que el médico realiza admirables proezas para aliviarnos.
Es la hormiga que en vuestro obsequio cambia de sitio las dunas.
No dependen de él los vientos, ni que viváis en salud.
“EL hombre está enfermo cuando normalmente no puede ejercer todas las
funciones naturales y animales”. “Conviene asociar la medicina a la
filosofía y la filosofía a la medicina, porque el médico filósofo es igual
a los dioses”.
Lo primero dice tanto en su sencillez como un tratado de morbología. Lo
segundo dice más que toda la terapéutica.
Falta agregar que eso lo dijo Hipócrates... hace veinticuatro siglos.
LA experiencia razonada conduce fatalmente al convencimiento de que la
salud sólo se encuentra en la vida normalmente llevada.
UNA larga observación lleva a todo médico inteligente al absoluto pesimismo
de los recursos artificiales como medio de acrecentar la salud de nuestra
especie.
LA evolución impulsa a la medicina a ser una mera intérpetre de la
naturaleza. Para esto nació: para inducir al hombre a escuchar su propio
cuerpo.
SI un gato es atravesado por una bala, y no muere en el acto, se esconde en
un rincón; sale de allí si le es posible arrastrarse, para tomar sol; no
come absolutamente nada; en muchos casos ni agua puede beber.
Las probabilidades de curación son infinitamente mayores para el gato que
para un príncipe rodeado de los más eminentes facultativos.
Muchos médicos lo ignoran o no lo explican con acierto, por falta de
inteligencia.
ES absurdo considerar a los médicos artificiosos como malehechores
conscientes. Ellos creen en sus doctrinas y se las aplican a sí mismos. 
Cada descubrimiento los llena de alborozo y con toda buena fe se apresuran
a ensayarlo en su clientela. Los fracasos tienen que ser tan innumerables
como innumerables han sido los cambios de sistemas;  pero no se desaniman ,
porque en la estupenda variedad de teorías encuentran siempre una
explicación que los conforma y los deja aptos para reincidir.
LA medicina no ha de obstinarse en el error de creer suplantar lo natural
por lo artificial.
La salud es natural, o no es salud.
Pero, cuando un error está amparado por el interés y el amor propio, y se
arma de todas las apariencias de la verdadera ciencia, sólo puede
desaparecer después de siglos y de tremendos estragos  
NINGÚN profesional es más suceptible y más refractario que el médico a la
crítica de los observadores imparciales.
Esto puede provenir de estar habituado al silencio eterno de los que mejor
podrían contradecirlo.
EL rosado de las mejillas, el brillo de los ojos, la esbeltez y
flexibilidad del talle, el apetito, el sueño, cien signos más de la salud
perfecta, son obtenidos por la clientela de ciertos médicos con el empleo
de artificiosas tretas.
Esto evidencia que ellos desconocen la verdadera vida, o que se abstienen
de enseñarla, o que carecen de autoridad para que se les escuche.
No sé cual de estos motivos los empequeñece más.
LO artificioso aumenta en definitiva vuestro dolor.
El átomo se halla tan sujeto como Júpiter al Ritmo Augusto. No hay una
idea, un sentimiento, que no produzcan reacciones disonantes o conformes
con la Suprema Armonía. Nada existe en secreto para la Vida. Nada está
aislado. Todo influye y es influído por todo.
NADA hay más humano y triste que vuestra confusión respecto al bien. Lo más
frecuente es que evitéis como un mal lo que os conviene; que busquéis como
benéfico lo que solo redunda en vuestro daño.
NO penséis que los dolores son sin causa y sin objeto. Todo en el Universo
tiene una finalidad útil ara la evolución. Aprended a leer en ellos vuestro
pasado. Oíd los que os dicen de vuestro porvenir.
ES prueba de locura suponer que con astucia se suprimirá el dolor.
PREFERID para curaros los elementos simples, eternos, accesibles a todos,
que no suponen privilegio ni malicia.  
Desconfiad de los inventos sustitutivos de la sabiduría divina.
¡Pensad con vuestra cabeza si es posible que a Dios se le haya olvidado
algo, y que alguien salve su olvido!
NO queréis el calor del verano, ni el frío en el invierno. Tampoco esperáis
el hambre para comer. Y así en todo.
No estáis de acuerdo, en fin, con este mundo. Inventáis otro ¡Y esperáis un
milagro para burlar a la naturaleza!
CADA aparente triunfo contra lo inmutable es indicio seguro de que
aparecerán plagas peores que las conocidas.
SI consideráis todas las necedades e impertinencias que los médicos
soportan de la parte más débil y obtusa de la humanidad, que es la que
forma su mejor clientela, os sentiréis bien inclinado, no sólo a
disculparles sus errorres, sino a compadecerlos.
LA fiebre, por ejemplo, es un esfuerzo violento del organismo para expulsar
sus impurezas.
Como no hay movimiento, roce, ni cambio físico sin modificación de la
temperatura, resulta que en el cuerpo también ocasiona aumento de calor el
trabajo de remover, transportar, arrastrar de un tejido a otro, luego hasta
los caminos de salida y finalmente arrojar fuera las substancias que
perturban el funcionamiento de las células.
La fiebre, pues, es buena, deseable. Ella evita también que el mal avance
con sigilio y a traición. Si no fuese por la fiebre, aumentarían las
enfermedades mortales.
Pero hay médicos que, atenidos, como siempre, a los efectos, se alarman de
la fiebre, y procuran suprimirla. Si lo consiguen, el resultado es la
localización del mal, algo así como su endurecimiento crónico; quizás la
muerte del enfermo.
¿QUÉ diríais de un astrónomo que, porque conoce el peso, el volumen, la
distancia, el aspecto, la composición, la atmósfera y la órbita de los
planetas, pretendiese gobernar sus cambios y evoluciones?
Pues es el caso de la medicina, cuando pretende modificar con ingeniosos
medios el orden natural.
LO infinitamente chico es tan inaccesible como lo infinitamente grande.
Tanto percibe el débil ojo humano en el misterio de los mundos celulares,
como lo que sucede en la Vía Láctea.
Observar un fenómeno y bautizarlo con un nombre no implica saber el por qué
y el cómo del fenómeno, y, mucho menos, poder evitarlo o producirlo.
RARA es la puerta de médico sobre la cual no debiera escribirse: Médico:
¡cúrate!
LAS supersticiones curativas tienen un fondo de verdad.
Atestiguan la influencia del espíritu sobre la materia.
La ignorancia del vulgo se manifiesta al explicar la curación.
La del médico, al no comprender y aprovechar la verdadera causa curativa.
LA muerte es la más burda de las supersticiones. Basta ver la tranquilidad
con que se juega la vida en los campos de batalla, o los voluntarios
sacrificios en la India y en otros pueblos, para comprender que nuestra
muerte no es real.
Pero nada mata más gente que el miedo a la muerte.
CUANDO es la hora de morir, se muere; cuando la vida ha de triunfar,
cualquier arbitrio resulta milagroso.
MIS palabras nacen de la serena reflexión; no se dirigen, por cierto, a
herir, deprimir o menospreciar a alguien. El lector comprenderá
perfectamente a cuáles médicos ensalzo y rindo homenaje y a cuáles niego y
repudio en nombre del bien social; cuáles son las enfermedades que ellos
curan y cuáles las que sólo la naturaleza puede evitar.
Tiendo a elevar y dignificar el cuerpo médico, no por meras alabanzas; sino
por una positiva contribución de pensamiento y simpatía.
HE visto en los hospitales a aquellos que se jactan de despreciar la vida y
el dolor ajenos.
He comparado en los manicomios el lecho, el alimento y la manera como son
tocados y hablados los locos ricos y los locos pobres.
LOS tormentos inflingidos a los animales con la vivisección y las toxinas
superan cuanto de infernal crueldad pudiera imaginarse.
El endurecimiento del corazón humano, que ocasiona talés prácticas, ¿no
propagará en la sociedad males peores que los que se trata de vencer?
¿LLEVA alguien la estadística de las víctimas humanas causadas por las
teorías acogidas con entusiasmo cada siglo, y que luego resultan
disparatadas?
LAS píldoras han causado más estragos que las balas de cañón.
CUANDO los médicos declaran que nada queda por hacer y que sólo un milagro
puede salvar al enfermo, se produce algo muy parecido a la suspensión de
hostilidades entre dos ejércitos. Es ésta la tregua que la naturaleza suele
aprovechar para salvar al organismo de su disolución, y a menudo lo
consigue, con estupor de médicos y parientes.
Es que anda por caminos que la inteligencia no conoce.
LAS enfermedades se asemejan a los remordimientos de conciencia.
Ambos dolores los evitan los animales libres con la abstención de lo
anormal.
El hombre vive y muere en el error.
Reincide todos los días en el exceso y en la culpa.
ESCASOS son los animales libres que no mueren de vejez.
Comparad la salud del lobo con la del perro.
El animal doméstico enferma y muere de lo artificioso, como el amo.
CONOZCO numerosos ignorantes que saben más que algunos médicos para vivir
en salud.  Estos, en cambio, los aventajan en el arte de “vivir en
enfermedad”.
HE llegado a pensar algunas veces si ciertos médicos serán o no demonios
con la misión de atormentar al hombre.
¿QUIÉN concibe una poderosa inteligencia en el miserable avaro que
nisiquiera mide la brevedad de la vida y lo ilusorio de las riquezas
materiales?
Mercader que estás siempre en la cuenta de tus caudales, y a la pesca de lo
que pueda acrecentarlos, deja a los que sufren y dedícate a tu oficio.
IMAGINAD que un abogado le dice a su cliente: “Yo defenderé su pleito; pero
usted me pagará”.  O un arquitecto: “Yo le haré su morada; pero le cobraré
tanto”.
Es natural y está en el orden la vida.
Imaginad ahora al médico ante el desdichado que se retuerce de dolor,
diciéndole: “Yo procuraré aliviarlo; pero a condición de que usted pueda
pagarme determinada suma”.
Esto no es natural; es impío e inhumano. No obstante, con el conveniente
disimulo, contesta así cierto médico.
NO solamente se cobra por “curar” a un enfermo que fallece, sino que, con
frecuencia, estas “curas” son las más caras.
HAY completo derecho a asombrarse de las incorrecciones y abusos de los
médicos, y a condenarlos con mayor severidad que en cualquier otro hombre. 
Quien tiene en su mano la vida los demás, cumple una misión divina, y
habría de poseer moralidad y clarividencia a toda prueba.
EL Sol es la botica preferida de los que no perdieron, con la salud, el
juicio.
A veces prescribe Esculapio viajes a los desahuciados, sin otro fin que
librarse de la obsesionante visión del “cuerpo del delito”.
GRAN bienechor el médico higienista. En una sociedad realmente culta, no
sólo subsistirá sino que gobernará.
TODOS los problemas sociales son problemas de higiene.
Todas las reclamaciones populares tienden a la conquista de una mayor salud.
Todas las plagas que diezman y envilecen a la humanidad nacen de la
injusticia, inagotable fuente de insanias y perversiones.
LA humanidad, la nación, la ciudad, el hogar, el individuo, sólo pueden
marchar por la felicidad por el camino del bien; el bien es imposible sin
el equilibrio orgánico; este equilibrio unicamente se consigue conformando
la vida a la naturaleza.
Cuánto más se obstine el médico en violentar las leyes naturales e
intervenir en la vida con sus artificios, tanto más se alejará al individuo
de la felicidad y a la humanidad de sus destinos.
CONFIAD en Dios, se os dice, y no entendéis, y dobláis vuestros afanes y
aflicciones.
¡Confiad en Dios! os repito.
ACOGEOS a la naturaleza, reposad en la sabiduría que rige al Universo,
deponed mansamente vuestro orgullo y vuestra ciencia ante el majestuoso
poderío que os envuelve más sútil y enteramente que la atmósfera.
La verdad es una e insustituíble.
Os parece mentira que sea así, tan clara, tan insípida, corriendo
humildemente al alcance de todos los seres, como el agua...
Pero tal es la infinita bondad de Dios, y vuestra mayor desgracia consiste
en no comprenderla.
LLEGA el hombre a la vida tan bien provisto como los demás seres para
situarse dentro del ritmo de la naturaleza.
Lo violentáis desde su primer día.
Le robáis todo.
Y él era el provenir con que soñábais.
...¡Luego, estáis esperando el provenir!...
Bien dicho que los males vienen de la ignorancia.
LOS más grandes esfuerzos del hombre tienden a la reconquista de los bienes
que se le quitaron cuando fué niño.  Niño era, en efecto, cuando fue
despojado de su instinto y de su dignidad, rebajado de su condición
natural, prostituído en sus sentimientos y en su razón, llagado en su
conciencia y en su carne, afeado y envilecido por múltiples manos,
estrujado por todos los prejuicios.
Tal es el niño.
Tal es el hombre.
Tal la humanidad.
HAY un estado corpóreo que es la salud; un estado de conciencia que se
llama dicha o cielo.
No puede existir el uno sin el otro.
Algunos piensan ir al cielo.
No es un sitio.
Dentro de vosotros mismos tenéis el cielo o el infierno.
EN el dolor aprenderéis que las enfermedades en su origen se reducen a una
y se curan con un solo remedio, pues no hay en el Universo más que una
verdad, una sabiduría, una salud, un bien, un solo sendero para estar en el
cielo y sentirlo en lo íntimo.
(PUBLICADO EN 1912)  					  	




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