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Asunto:[LEA-Venezuela] Transgénicos_3
Fecha: 11 de Marzo, 2004  04:38:24 (+0100)
Autor:F. Eduardo <osoriof @.....net>

ARGENPRESS.info 
  www.argenpress.info
Director: Emilio J. Corbičre
"La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida" - José
Martí


Buenos Aires, 10 / 3 / 2004
TRANSGENICOS
SOBERBIA SUICIDA (PARTE III)
Este artículo corre el velo sobre las consecuencias de la utilización de la soja
transgénica en 
América Latina y los productos asociados a esta como el glifosato, poniendo
especial énfasis 
en dos aspectos: la salud humana y la diversidad biológica.
Por: Claudio Tygier (especial para ARGENPRESS.info)
Fecha publicación:10/03/2004

Ver también:
SOBERBIA SUICIDA (PARTE II) (del 09/03/2004)
SOBERBIA SUICIDA (PARTE I) (del 08/03/2004)


¿Qué es el glifosato?


El glifosato es un herbicida de amplio espectro usado para eliminar malezas. El
nombre 
comercial de Monsanto para este compuesto es Roundup. Los cultivos de soya
Roundup 
Ready están manipulados genéticamente para sobrellevar la fumigación del
herbicida. De 
esta manera, es posible aplicar el herbicida después de la emergencia del
cultivo, matando 
las malezas, pero no a las plantas del cultivo resistentes al Roundup, tales
como la soya 
Roundup Ready (SRR).


Químicamente, el glifosato es un organofosforado, como muchos otros pesticidas,
sin 
embargo, no afecta el sistema nervioso como otros productos organofosforados. El
glifosato 
es un herbicida de amplio espectro usado para eliminar malezas. El nombre
comercial de 
Monsanto para este compuesto es 'Roundup'. Las plantas Roundup Ready están
manipuladas 
genéticamente para sobrellevar indemnes la fumigación del herbicida.


Se trata además, de un herbicida no selectivo que mata todas las plantas,
incluidos 
pastizales, plantas de hojas grandes y plantas leñosas. Es absorbido
principalmente a través 
de las hojas y al ser transportado por el sistema vascular de la planta, mata
todas sus partes. 
Actúa inhibiendo una secuencia de reacciones bioquímicas, la secuencia del ácido
eshkímico. 
Con bajos niveles de aplicación actúa como regulador del crecimiento. Existen
tres formas de 
glifosato utilizadas como eliminadores de malezas, glifosato isopropilamonio y
glifosato 
sesquidio, ambos patentados por Monsanto y glifosato trimesio, patentado por
ICI, hoy 
Zeneca, una de las cuatro mayores transnacionales en el rubro agroquímicos,
superada por 
Monsanto o Novartis. Algunos nombres comerciales comunes son también Rodeo,
Accordo o 
Vision.


Resulta extremadamente difícil, en términos técnicos, medir el glifosato en
muestras 
ambientales. Solamente un puñado de laboratorios en el mundo manejan las
técnicas y 
tienen el sofisticado equipamiento necesarios para este fin. Esto significa que,
los datos 
sobre los niveles de residuos de este herbicida en los alimentos y en el entorno
ambiental, 
no existen en la mayoría de los casos, y que los datos disponibles pueden no ser
confiables.


Las aseveraciones de Monsanto, respecto a que el uso de SRR y de glifosato puede
disminuir 
costos, comparado con otras opciones, (nunca hasta hoy identificadas por los
voceros de la 
corporación) no han sido respaldadas con pruebas. Nunca se ha hecho mención en
sus 
informes de las posibles desventajas, como ser, favorecer el surgimiento de
malezas 
resistentes al herbicida. Existe un reporte que informa sobre resistencia al
glifosato ocurrida 
en pastizales en Australia publicado en la revista New Scientist, en julio de
1996. Es 
importante aclarar que dicha resistencia se manifiesta aún antes de la siembra
masiva de 
organismos genéticamente modificados, es decir con un uso de glifosato muy por
debajo en 
relación con el registrado a partir de la siembra de SRR.


Control de malezas


El producto de la venta de glifosato rondaba en el año 1997, los U$S 1.200
millones anuales. 
Durante la década de los '80, en los EE.UU., el glifosato fue utilizado
anualmente en una 
cantidad de hectáreas que oscilaba entre las 5,5 a 6,3 millones. En el Reino
Unido fue usado 
en 1994 en casi 360.000 hectáreas. Debido a su amplio espectro de acción, se lo
utiliza para 
controlar una gran variedad de arbustos leñosos, pastizales de ciclos anuales,
bianuales y 
perennes, setos y malezas de hoja ancha. Es utilizado en cultivos frutales,
viñedos, 
plantaciones de coníferas y en muchos cultivos agrícolas (café, te, bananas), en
la etapa de 
precosecha, en la de pos-emergencia de malezas, y en una amplia gama de cultivos
agrícolas 
(soya, cereales, hortalizas y algodón.), en áreas no cultivables (bermas -
banquinas - o sitios 
de paso peatonal), en el rastrojo de cereales, viveros forestales, jardinería y
horticultura. 
Otros usos de sales de glifosato tienen lugar durante el crecimiento en el maní
y en la caña 
de azúcar, para regular el crecimiento y acelerar la maduración.


Toxicidad para los humanos


Debido a la inexistencia de la secuencia de reacciones del ácido eshkímico en
los animales, el 
grado de toxicidad del glifosato es bajo para ellos. El glifosato puede
interferir en algunas 
funciones enzimáticas de los animales, aunque sólo se observa síntomas de
envenenamiento 
en caso de dosis muy elevadas. Sin embargo, los productos que contienen
glifosato, 
contienen también otros compuestos que pueden ser tóxicos. Muchos, en
particular, 
contienen substancias detergentes como las polioxietileneaminas (POEA). Algunas
de éstas 
son mucho más tóxicas que el glifosato. Se trata de compuestos que irritan
intensamente el 
tracto respiratorio, los ojos y la piel y suelen estar contaminados con dioxane,
del cual se 
sospecha que es carcinógeno. Algunos de estos compuestos son también tóxicos
para los 
peces.


En California, el glifosato es la tercera causa más comúnmente registrada de
enfermedades 
relacionadas con exposición a agroquímicos entre los trabajadores agrícolas.


Toxicidad ambiental


El glifosato es uno de los herbicidas de mayor grado de toxicidad. Muchas
especies de 
plantas silvestres resultan severamente dañadas o 'asesinadas' por aplicaciones
que no 
alcanzan los 10 microgramos por planta. Este herbicida puede ser más destructivo
para la 
flora silvestre que muchos otros herbicidas. Esto, a causa de que la fumigación
aérea con 
glifosato puede tener desviaciones de entre 350 a 700 m y la fumigación en
tierra puede 
causar daños a plantas sensibles al herbicida hasta los 90 m de distancia del
terreno 
fumigado. Se piensa que el uso del glifosato afecta los árboles de los setos,
ocasionando 
desfoliaciones fuera de estación y que reduce su capacidad de sobrevivencia
durante la 
época invernal y de resistencia a enfermedades fungosas. La toxicidad directa
del glifosato 
para mamíferos y aves es baja. Sin embargo, sus efectos en la flora pueden tener
un efecto 
perjudicial en los mamíferos y aves a causa de la destrucción de hábitats. La
agencia de 
protección ambiental de EE.UU., EPA por su sigla en inglés, determinó que muchas
especies 
de plantas, así como también el sapo de Houston están en peligro de extinción a
partir del 
empleo del glifosato.


Glifosato en el país de las maravillas


Los peces y los invertebrados evidencian mayor sensibilidad a las formulaciones
de glifosato. 
Como ocurre con los humanos, los detergentes copresentes en él son responsables
por la 
mayor parte del daño. La toxicidad aumenta con temperaturas más elevadas en el
agua, y 
con el crecimiento del pH. En Australia, las instrucciones de empleo establecen
que la 
mayoría de las formulaciones de glifosato no debe usarse en el agua o cerca de
ella, a causa 
de sus efectos tóxicos en renacuajos y ranas adultas. Las formulaciones más
recientes, como 
el Roundup Biactive no están incluidas en estas recomendaciones.


Entre nueve herbicidas probados para determinar el grado de toxicidad para los 
microorganismos del suelo, se halló que el glifosato era el segundo más tóxico
para una 
variedad de bacterias, hongos, actinomicetes y levaduras. Sin embargo, en la
publicidad 
difundida por Monsanto se declara que, cuando el glifosato entra en contacto con
el suelo, 
se fija rápidamente a las partículas del mismo, y queda inactivo. El glifosato
que se fija, 
resulta luego degradado por bacterias. La reducida actividad debida a la
fijación a las 
partículas del suelo sugiere que los efectos del glifosato en la ecología del
suelo han de ser 
limitados. No osbtante, algunos trabajos de investigación recientes muestran que
el glifosato 
puede ser fácilmente liberado de ciertos tipos de partículas del suelo, y por lo
tanto, puede 
filtrarse hasta los acuíferos o ser absorbido por las plantas.


Las organizaciones conservacionistas que promueven la creación de áreas
reservadas tienen 
mucho que decir con respecto al uso de herbicidas sistémicos como el glifosato y
sus 
consecuencias para las especies amenazadas y endémicas.


Efectos derivados de la siembra de OGM resistentes a herbicidas


La introducción de cultivos manipulados con resistencia al glifosato podría
tener efectos tan 
dañinos como aumentar, en primer lugar, el empleo del herbicida y en segundo
lugar, 
estimular la emergencia de malezas resistentes a éste. Monsanto asegura que la
introducción 
de los cultivos resistentes al herbicida reducirá la cantidad de herbicida
usado. Ellos aducen 
que el glifosato reemplazará a otros herbicidas más dañinos para el ambiente,
porque 
solamente se requiere usar glifosato en lugar de varios compuestos diferentes.
Ellos también 
esgrimen el argumento de que el exterminador de malezas será usado con menor
frecuencia 
en los cultivos resistentes. También consideran que el glifosato es un herbicida
seguro, y que 
no causa perjuicios al ambiente, fundando esta afirmación en su reducida
capacidad de 
fijarse en partículas del suelo y en la baja toxicidad para los humanos.


Otros herbicidas utilizados en la soya y otros cultivos son perjudiciales, de
manera 
incuestionable, para el medioambiente y para la salud humana. La pregunta es si
el glifosato 
es o no realmente menos dañino y si las plantas resistentes al herbicida
reducirán o no la 
cantidad de agroquímicos empleada con riesgos ambientales y humanos. Evaluar la
cantidad 
global de productos tóxicos utilizados, tomando como parámetro el peso o el
volumen del 
producto empleado, no nos dice nada acerca de las diferencias en el grado de
toxicidad entre 
los distintos compuestos utilizados.


Otro punto a debatir es si ha de haber o no una reducción en el número de
aplicaciones del 
herbicida. En sus informes a las autoridades de los EE.UU. Monsanto declara que
bajo las 
condiciones actuales, se requiere entre una a cinco aplicaciones de diversos
herbicidas o 
cócteles de éstos, para el control de malezas en los sembradíos de soya. Con la
soya 
Roundup Ready (SRR), afirma Monsanto, sólo se necesita una, o posiblemente dos 
aplicaciones del herbicida Roundup. No obstante esto, la información distribuida
por 
Monsanto a los productores en Argentina recomienda el uso del herbicida Roundup
con la 
soya homónima, antes de la siembra, cuando los plantines tengan entre tres a
cuatro hojas, y 
luego en cualquier momento en el que el agricultor encuentre malezas. Esto
implica más de 
dos aplicaciones y más frecuentemente.


Inducción de resistencia a herbicidas en malezas


Una de las mayores preocupaciones de los científicos dedicados a investigaciones
en torno al 
control de malezas, es la adquisición por éstas de resistencia a herbicidas, la
cual se induce 
mediante la siembra de OGM resistentes a herbicidas. La resistencia a herbicidas
surge de un 
modo análogo a la resistencia a los antibióticos en bacterias. La ocurrencia de
mutaciones en 
las plantas permite que algunas desarrollen la resistencia al herbicida
empleado. Esta 
adaptación dará a estas plantas ventaja sobre otras que no la tengan,
permitiéndole crecer y 
florecer, y por consiguiente propagarse tornándose dominante.


Resulta sencillo inducir resistencia al glifosato en plantas de laboratorio.
Monsanto afirma 
que es improbable que surja resistencia al glifosato en el campo porque el
herbicida no 
persiste en el suelo. Sin embargo, la resistencia de malezas al paraquat, un
herbicida con 
persistencia en el suelo inferior al glifosato ya constituye un problema serio.
Un especialista 
en malezas concluyó, comparando con el caso del paraquat, que 'puede que la
resistencia al 
glifosato, presumiblemente, pudiera obtenerse también con tratamientos
multianuales'. La 
soya Roundup Ready está diseñada para ser usada con tratamientos multianuales y
esto, 
seguramente facilitará la generación de resistencia.


Crece la resistencia al herbicida


Aún antes del aumento del uso del glifosato registrado con la introducción de
cultivos 
resistentes al herbicida, ya ha habido informes de resistencia al glifosato en
una maleza que 
ocurre en pastizales de Australia. Según constataron los investigadores en la
Charles Sturt 
University de Nueva Gales del Sur, luego de 10 fumigaciones efectuadas a lo
largo de un 
lapso de 15 años, la maleza más común en Australia, ryegrass, podía tolerar casi
cinco veces 
la dosis de aplicación recomendada para el glifosato. Si la aplicación es
realizada con cierta 
regularidad, sostienen los investigadores, las malezas presentes en el área
desarrollaran ,con 
seguridad, tolerancia. Esto hará necesario el uso creciente del herbicida, y la
cantidad de 
residuos del mismo presentes en el alimento inevitablemente crecerá. Monsanto
admite, 
aunque tácitamente, que ello ocurrirá, pues ha solicitado a las autoridades en
EE.UU, en la UE 
y en Australia el aumento del límite permitido de residuo de glifosato en la
cosecha que era 
de 6 miligramos por cada kilogramo de peso seco, hasta los 20 miligramos.
¡¡Apenas un 
330% de incremento!!


También pueden aparecer malezas resistentes al glifosato, si ocurre un flujo
genético entre 
la soya y una planta silvestre emparentada, o si la soya sobrevive como para
convertirse ella 
misma en maleza en la siguiente siembra. En este caso, dijimos que recibe el
nombre de 
'voluntaria'. El flujo genético es factible en Sudamérica y en el Lejano
Oriente. Conviene 
recordar que, en el caso del Lejano Oriente, la soya es originaria de allí, y
que existen 
entonces con seguridad parientes silvestres.


Las plantas 'voluntarias' resistentes al herbicida pueden ser un problema serio
en regiones de 
clima templado, al ser posible para la soya sobrevivir durante el invierno. Las
plantas que 
resisten a los herbicidas son un problema cuya solución es costosa para los
agricultores. 
Tener malezas resistentes a un herbicida como triazina, por ejemplo, ocasiona
para su 
erradicación, costos extras a los productores estimados en unos U$S 22 por
hectárea. 
Habría, entonces, un castigo adicional para agricultores que siembran cultivos
resistentes al 
glifosato, si las malezas evolucionaran hacia la resistencia al herbicida,
porque, no solamente 
tendrían que modificar sus prácticas de control de malezas, sino también por el
hecho de 
haber pagado una prima 'tecnológica' por la semilla resistente al herbicida.


Riesgos potenciales por cambios del patrón de uso del glifosato


La soya SRR está, obviamente, desarrollada para usarse en conjunción con el
herbicida 
glifosato. Este es un exterminador de malezas de amplio espectro de acción. Su
modo de 
actuar es de tipo sistémico. Significa que es absorbido por la planta, y luego
distribuido en la 
totalidad de la misma, destruyendo todos los tejidos del organismo, no sólo en
aquellas 
partes con las que inicialmente ha tomado contacto. Se espera que las ventas de
Roundup 
crecerán como resultado de la introducción de cultivos resistentes al mismo,
como la soya 
SRR.


A pesar de las afirmaciones relativas a la seguridad que brindaría este
herbicida, ello es en sí 
mismo contradictorio, por cuanto se trata de un compuesto químico sintético que
se emplea 
en virtud de sus efectos fuertemente tóxicos para las plantas: algo así no puede
ser benigno 
para el medioambiente. Hay evidencias de que Roundup puede ocasionar daños en el

ambiente y en la salud de las personas, aun en los niveles relativamente
reducidos de uso, 
antes de la introducción de la SRR. Puede que el aumento en el uso del glifosato
contamine 
acuíferos, y conduzca a una disminución aún mayor de la diversidad en las
plantas silvestres. 
Puede también causar daños a animales superiores y a microorganismos benéficos
para la 
ecología de los suelos.


Se cree que el glifosato se inmoviliza en el suelo, porque se fija fácilmente a
las partículas 
del mismo, sin embargo, hay un estudio que indica que puede liberarse muy
fácilmente de 
ellas y entonces filtrarse hasta las napas de agua. En Alemania, el ingrediente
activo del 
glifosato fue hallado en el agua potable. El Roundup es tóxico para los peces en
un grado 
que depende de varios factores, incluyendo la dureza del agua, su temperatura y
la edad de 
los peces. En algunos casos, concentraciones de glifosato tan bajas como 10
partes por 
millón, pueden ser mortales para los peces, de acuerdo con informes publicados
en 1994 de 
la Organización Mundial de la Salud, (OMS), el Programa de las Naciones Unidas
para el 
Medioambiente (PNUD) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).


Dispersión del herbicida y persistencia de sus residuos


Este herbicida afecta también el crecimiento y la supervivencia de las lombrices
de tierra. Un 
estudio realizado en Nueva Zelanda mostró que el glifosato causaba la reducción
en el 
crecimiento, y un aumento en la mortandad de las lombrices de tierra más
comúnmente 
halladas en ese país. El glifosato es también muy tóxico para muchas micorrizas,
hongos 
benéficos que facilitan la absorción de nutrientes del suelo por las plantas.


Las fumigaciones suelen desviarse entre 400 a 800 metros del sitio de
aplicación, 
provocando daños a las plantas silvestres. A su vez, la muerte de éstas últimas
puede afectar 
de forma negativa a especies de animales silvestres, aves y mamíferos, así como
también a 
insectos que dependen de la vegetación para alimentarse o como refugio.


Residuos de glifosato han sido hallados en frutillas, lechugas, zanahorias,
cebada, y en 
peces. Estos residuos habían permanecido por mucho tiempo después del empleo del

herbicida. Las lechugas, zanahorias y la cebada contenían residuos de glifosato
al ser 
plantadas un año después del tratamiento con el herbicida. Monsanto, por su
parte, sostiene, 
casi con orgullo, que Roundup es rápidamente descompuesto en el suelo por 
microorganismos, que lo transforman en monóxido de carbono, amoníaco y fosfatos.
Ellos 
afirman que luego de una semana, no quedan trazas detectables del herbicida.


En los Estados Unidos, la Coalición del Noroeste para Alternativas a los
Plaguicidas, 
(Northwest Coalition for Alternatives to Pesticides) ha emprendido exámenes
exhaustivos 
sobre la toxicología del glifosato y sus consecuencias en los seres humanos, y
en los 
ecosistemas. Esta institución halló que los productos que contienen glifosato
son 
extremadamente tóxicos para los humanos. Los síntomas son irritación de ojos y
de piel, 
paro cardiaco y vómitos. Esta toxicidad parece ser resultado de la presencia de
compuestos 
inertes contenidos en algunas formulaciones del herbicida. Su forma de actuar
sobre el 
organismo no ha sido aún comprendida del todo. De todos modos, comprobaciones
como 
éstas siembran de dudas las afirmaciones de Monsanto acerca de los beneficios
del uso del 
Roundup, como por ejemplo, aquella sobre su supuesta 'aceptabilidad ambiental'.


Política 'contra-evolucionaria'


El grupo ambientalista Greenpeace afirma en su sitio web, que con este
desarrollo, la 
industria química y la agroindustria están moviéndose en una dirección
peligrosa: adaptando 
plantas a venenos químicos (sintéticos). Además, el uso de la soya Roundup Ready
podría 
tornar dependientes de una sola corporación a los agricultores. Monsanto es
propietaria de 
Asgrow Seed. Co. y trabaja también con las principales compañías sementeras de
los EE.UU., 
como DeKalb, Northup King Co. y Pioneer Hi-Bred International Inc.. Esta última
fue la que 
desarrolló soya con genes de nueces de Brasil (castañas), retirada del mercado
debido a la 
ocurrencia de reacciones alérgicas en humanos.


Monsanto sostiene que sus inversiones y esfuerzos en la ingeniería genética son
un paso 
hacia adelante en dirección a un medioambiente más seguro, y hacia el
mejoramiento de la 
provisión de alimentos en el mundo. Sin embargo, la trayectoria de Monsanto ha
sido, y es, 
introducir en el mercado productos extremadamente peligrosos para la salud y
para el 
ambiente. Sus investigaciones en manipulación genética están orientadas a
acrecentar sus 
beneficios pecuniarios, no al incremento de la disponibilidad de alimentos en el
mundo. Esta 
última sólo puede mejorarse a través de la diversificación genética, no de la
eliminación de 
esa diversidad vía OGM, tal como se plantea hoy. En realidad, la variabilidad es
condición de 
posibilidad de los fenómenos evolutivos exitosos, por cuanto resulta
irremplazable para 
garantizar la adaptación frente a presiones selectivas. Nadie en su sano juicio,
con mínimos 
conocimientos sobre el tema, puede sostener seriamente que las manipulaciones
genéticas, 
llevadas a cabo hasta ahora por diversas corporaciones agroalimentarias, pueden
mejorar 
procesos evolutivos o coevolutivos que han pasado con éxito el test de eones de
tiempo.


Frankenstein desencadenado


La ingeniería genética es, esencialmente, una técnica para transferir genes
entre especies 
que no guardan ningún parentesco o vínculo analógico entre sí. Esto implica la
creación de 
organismos nuevos, cuyos procesos metabólicos resultan absolutamente
impredecibles. 
Estos organismos poseen la capacidad de transmitir los genes transgénicos a las
siguientes 
generaciones, y también a otras especies emparentadas. Los cambios en el largo
plazo como 
consecuencia de esto son también impredecibles. Ante preguntas tales como
¿Desplazará del 
ecosistema la soya modificada a otras plantas? ¿penetrará otros hábitats?
¿Contaminará la 
genética de especies silvestres emparentadas o, eventualmente de otras especies
que no 
están emparentadas?¿qué cambios se operarán en el largo plazo, gracias a su
resistencia a 
substancias tóxicas? No hay forma de responderlas con aceptable certidumbre.


El Dr.Thomas Mikkelsen y sus colegas del Riso National Laboratory en Dinamarca 
establecieron que el transgene para resistencia a herbicida introducido en la
colza, Brassica 
napus, se transmitió con facilidad a su pariente silvestre, Brassica campestris,
y produjo 
malezas fértiles, transgénicas en sólo dos generaciones de hibridización y
retrocruzamiento, 
es decir cruza de plantas parentales con su descendencia.


También fue detectada la transferencia de genes entre rábanos cultivados,
Raphanus sativus, 
y malezas emparentadas. Las malezas híbridas resultantes produjeron más frutos y
semillas 
que la original. De esto se deduce que un gene que confiera tolerancia a un
herbicida, 
transferido de los rábanos cultivados a las malezas emparentadas, permanecerá en
la planta 
híbrida resultante, y no se descarta que, con el transcurso del tiempo, aumente
la frecuencia 
de ocurrencia en la 'piscina o reservorio genéticos' de la especie. Una
consecuencia 
fundamental a partir de estas comprobaciones es la siguiente: La ocurrencia en
los 
ecosistemas de la diseminación de propiedades genéticas de OGM, introducidas
mediante 
manipulación, en particular, aquellas que otorgan ventajas de supervivencia a
las plantas, 
como lo son la resistencia a herbicidas o a plagas, es sólo una cuestión de
tiempo, mas que 
de coincidencia estadística o cálculo de probabilidades. Aun en el caso de
propiedades que 
acarrean ciertas desventajas, como la tecnología 'terminator'
(autoesterilización inducida de 
la semilla), o la maduración retardada o inhibida, serán capaces de entrar en la
piscina o 
reservorio genéticos de especies emparentadas. A este respecto, el investigador
Paul 
Hatchwell manifestó que, 'en los ecosistemas sensibles, en especial en aquellos
donde ciertas 
especies se hallan amenazadas de extinción, grandes cantidades de nuevas
inserciones de 
genes podrían significar la diferencia entre la extinción y la continuidad de
esas especies'.


Irreversible incertidumbre


Las elevadas cantidades de OGM liberados en el medioambiente, tanto en pruebas
de campo 
como en siembras agroindustriales, asegurarán que, al menos, algunas de ellas
perduren y 
se difundan fuera de todo control y afecten los ecosistemas. Dichas liberaciones
bien podrían 
estar ocurriendo a escala más rápida que, aquella a la cual los ecosistemas
estarían en 
condiciones de absorber esos organismos manipulados. Para empeorar las cosas,
las 
combinaciones de genes de organismos radicalmente distintos (papas y ranas,
algodón y 
bacterias o tabaco y virus) poseen características genéticas y metabólicas que
no registran 
precedentes en el marco evolutivo de las especies. La dimensión real del
problema se 
manifiesta una vez liberados al ambiente los transgenes, a partir de este hecho,
y aunque 
pudiera detectarse efectos nocivos, colaterales o no deseados, no habría forma
alguna de 
seguirles el rastro y devolverlos al laboratorio. Se trata de un efecto
irreversible, análogo a 
las ondas en la superficie del agua, luego de la caída de una piedra, que se
propagará de 
modos diversos a otras especies, insectos, microorganismos del suelo, aves,
peces o 
mamíferos, sin poder predecir cuándo, hasta qué grado o en cuáles especies
tendrá lugar la 
contaminación genética.


La British Medical Association y la Royal Society of Sciences, junto a otros
investigadores 
independientes, analizaron la cuestión de la transferencia de genes en campo
abierto y 
llegaron a la conclusión de que, es normalmente posible la ocurrencia de
intercambios de 
polen entre plantas cultivadas y silvestres. Dependiendo del tipo de cultivo y
de polinización, 
la transferencia contaminante de genes manipulados puede ir bastante más allá de
los 
límites establecidos para la protección de campos cercanos, además de contaminar
no sólo a 
las especies que son genéticamente emparentadas, sino también otras especies que
no lo 
son. De masificarse las pruebas y siembras a campo abierto, se corre el riesgo
de tornar 
imposible la práctica del cultivo biológico.


Infección transgénica


La liberación en el ambiente de OGM puede, al causar contaminación genética,
alterar 
equilibrios inter-especies, con consecuencias graves e irreparables, como el
desplazamiento 
de especies de flora y de fauna silvestres nativas. No debe permitirse que esto
ocurra pues, 
los perjuicios en el equilibrio de los ecosistemas naturales tendrían carácter
irreversible. En 
este sentido, el uso de OGM en la agricultura no permite hablar de
sostenibilidad. Los 
impactos ambientales y los perjuicios a la salud de las personas van a ser
constatados, pero 
a gran escala mediante experimentos incontrolados, en los que el ambiente y
nosotros 
somos todos ratas de laboratorio: un verdadero camino sin retorno, como el de
los cerdos de 
Gadara, con consecuencias impredecibles, irreversibles e incontrolables que
serán heredadas 
por las generaciones futuras y sin beneficio de inventario.


Un indicador de la magnitud del proceso: En 1996 fue levantada en EE.UU. la
primera 
cosecha de soya transgénica. En ese entonces el volumen de esta soya equivalía
al 2% del 
total de la producción soyera en ese país. Al año siguiente, 1997, la cifra
correspondió al 10% 
del total de la soya y desde entonces ha continuado con esta tendencia
exponencial. En el 
2000 en todo el mundo existían 45 millones de hectáreas sembradas con cultivos 
transgénicos. El 68% se ubicaba en los EE.UU. y un 23% en Argentina. Más del 80%
de esas 
superficies estaba dedicada a la soya y al maíz. No obstante el empinado
crecimiento en la 
producción de la soya manipulada, Monsanto se opone con fervor a la
identificación y 
separación de este producto de la soya convencional; y lo propio hace respecto
al etiquetado, 
negándole a los consumidores el derecho a saber si la soya que están comiendo,
es o no 
soya transgénica. De esto se deduce que ingerir soya manipulada genéticamente no
da 
beneficio alguno al consumidor; ya que ni es más barata, ni tiene mejor sabor,
ni tampoco 
posee ventajas nutricionales. Todos los beneficios son para Monsanto.


Los consumidores, por su parte, son recelosos con respecto a todos los alimentos

producidos con OGM y no los aceptan. Cabe preguntarse entonces, ¿qué ocurre en
este caso 
con la proclamada perfección regulatoria del 'divino Mercado', creencia
defendida a sangre y 
fuego, sin eufemismos, por sus fieles paladines: las corporaciones
transnacionales y los 
gobiernos de Washington y la UE? ¿no es acaso el mercado un sistema democrático
per se? 
¿no constituye la economía de mercado una estructura fundamental, sine qua non,
asociada 
a la institucionalidad característica de una sociedad genuinamente democrática?

Datos del autor: Claudio Tygier es periodista-investigador y traductor. Premio
nacional de 
periodismo científico 1997, miembro correspondiente del Center for Amazonian
Literature 
and Culture, CALC, Smith College, Northampton, Massachusetts, EEUU.
Información Adicional
Tema: Transgénicos

http://www.argenpress.info/nota.asp?num=009242


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