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Asunto:[LEA-Venezuela] RV: Globalización
Fecha:Martes, 30 de Enero, 2001  01:44:03 (-0400)
Autor:Héctor Bello <hbseco @.........ve>


-----Mensaje original-----
De: worldwatch <worldwatch@...50.org>
Para: José Santamarta <worldwatch@...50.org>
Fecha: Lunes, 29 de Enero de 2001 22:42
Asunto: Globalización


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¿QUÉ ES LA GLOBALIZACIÓN?

Por José Santamarta, director de World Watch.
Para más información contactar con:
worldwatch@...50.org
http://www.nodo50.org/worldwatch
Teléfono: 91 429 37 74


La conferencia de Davos y la cumbre de Porto Alegre son los caras de la 
globalización. Si algo caracterizó al siglo XX y a este siglo XXI que 
comienza es eso que se ha dado en llamar globalización, proceso que 
culmina con la caída del muro de Berlín, el fin del socialismo real, la 
extensión del mercado global a todo el mundo, sin excepciones, y la 
generalización de Internet. El Programa de las Naciones Unidas para el 
Desarrollo (PNUD) muestra que mientras la integración global está 
procediendo "a gran velocidad y con alcance asombroso," la mayoría del 
mundo no participa de sus beneficios. "Las nuevas reglas de la 
globalización, y los actores que las escriben, se centran en la integración de 
los mercados globales, descuidando las necesidades de las personas que los 
mercados no pueden resolver. El proceso concentra aún más el poder y 
margina a los pobres".


Globalización de la pobreza y la exclusión social

La globalización supone indudables ventajas, pero también grandes 
desventajas. Entre los actores que se han beneficiado están las instituciones 
financieras, las empresas multinacionales, las mafias internacionales, 
turistas, ONG, y la mano de obra muy cualificada. El 20% más rico de la 
población mundial ganaba 30 veces más que el 20% más pobre en 1960. En 
1990 la proporción era de 60 a 1, y en 1997 la diferencia era de 74 a 1, 
según el PNUD. El siglo XX ha acentuado la desigualdad, en vez de 
reducirla. En 1820 la proporción era de 3 a 1, de 7 a 1 en 1870, de 11 a 1 en 
1913, y de 74 a 1 en 1997, es decir, hoy las desigualdades son mayores que 
nunca. También hoy más de 80 países (el África subsahariana y los países 
del antiguo bloque soviético) tienen una renta per cápita inferior a la de 
hace una década, y curiosamente muchos de estos países son los más 
integrados en el comercio global en términos de PIB. 
La globalización no contempla ningún mecanismo de redistribución 
de la renta. Para paliar el desastre de la globalización de la pobreza, se han 
propuesto algunas medidas, como la condonación de la deuda externa de 
los países más pobres y el aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo 
(AOD), hasta alcanzar el 0,7% del PIB de los países ricos. Pero los pobres 
probablemente prefieran que les paguen más por el café y otros productos 
de exportación a las medidas meramente caritativas; como decía un chiste, 
"Pagar mejor el café, y menos ONG". 
Algunas de las iniquidades de la globalización son consecuencia de 
las mismas faltas de equidad entre países ricos y pobres, o entre las 
poblaciones ricas y pobres dentro de ellos, tal como el PNUD ha descrito 
durante años. El 20 por ciento más rico de la población mundial controla el 
86 por ciento del PIB mundial y el 82 por ciento de las exportaciones de 
bienes y servicios, mientras que el 20 por ciento más pobre apenas un 1 por 
ciento del PIB y las exportaciones. La globalización ha supuesto también 
un aumento de la exclusión social, marginando a grupos sociales completos 
de toda participación real, con el aumento del desempleo y de la pobreza. 
En América Latina, según la CEPAL, el número de pobres, que en 1980 era 
de 135 millones, llegó a 200 millones en 1990, y en 1997, a pesar del 
crecimiento económico experimentado en ese periodo, alcanzó la cifra de 
204 millones, y de ellos cerca de 90 millones son indigentes, viviendo en 
una pobreza extrema. 
La crisis de 1999, que afectó a numerosos países latinoamericanos, 
ha agravado la pobreza y la exclusión social, en un contexto de aumento de 
las desigualdades sociales, a escala internacional y en cada país. El llamado 
pensamiento único, que desprecia toda protección social y cualquier 
mecanismo que no sea la dura lógica darwinista de la supervivencia en el 
mercado, contribuye a agravar las desigualdades Norte/Sur y dentro de 
cada país. Un ciudadano de Estados Unidos gana por término medio más 
que cien ciudadanos de Haití. En España el 20% de los más ricos tienen 4,4 
veces más ingresos que el 20% más pobre, mientras que en Colombia 
tienen 15,5 veces más, cifra que casi duplica al 8,9 de Estados Unidos, que 
es uno de los países industrializados con mayores desigualdades, según el 
Informe sobre Desarrollo Humano 1999 del PNUD.
Una nueva forma de iniquidad puede verse en la integración de las 
comunicaciones. "Internet une a las personas en una nueva red global, pero 
el acceso se concentra entre las personas de los países ricos," dice el 
informe. Los países de la OCDE controlan el 91 por ciento de los usuarios 
de Internet.
La globalización económica, o el aumento del comercio exterior, se 
ve favorecido por la apertura y liberalización de los mercados y por el 
impacto de la actual revolución tecnológica sobre las comunicaciones tanto 
físicas (transportes), como electrónicas (información). Uno de los aspectos 
clave es la gran movilidad del capital financiero, la existencia de un 
mercado planetario donde diariamente y a la instantánea velocidad de la 
luz, las redes electrónicas mueven e intercambian sin control, 1,5 millones 
de millones de dólares. El 20% de los bienes y servicios producidos 
anualmente son exportados e importados.
Sin embargo, la palabra globalización no se usa sólo referida a la 
globalización económica o financiera, sino que abarca otros aspectos. Se 
trata de un proceso que integra las actividades económicas, sociales, 
culturales, laborales o ambientales. La globalización supone también la 
desaparición de las fronteras geográficas, materiales y espaciales. Las redes 
de comunicación, desde Internet a los teléfonos móviles, ponen en relación 
e interdependencia a todos los países y a todas las economías del mundo, 
haciendo realidad la llamada aldea global. Globalización y neoliberalismo 
no son términos sinónimos, pero actualmente se produce una repetida 
concordancia entre el fenómeno físico de la globalización y el fenómeno 
ideológico del neoliberalismo. La redistribución de la renta, a escala 
nacional y mundial, se relega completamente, y la única esperanza es un 
utópico derrame.


Globalización y democracia

Aunque se habla de la "mano invisible" del mercado como único motor 
regulador de la economía, esta mano que aprieta y ahoga tiene actores 
concretos, y responde a influencias políticas y económicas no sujetas a 
control democrático: el G-7 (o G-1, EE UU), la OCDE, el FMI, el Banco 
Mundial y la OMC actúan como los verdaderos garantes de un gobierno 
mundial. Los países en desarrollo, donde vive cerca del 80 por ciento de la 
población mundial, apenas tienen voz en las instituciones donde realmente 
se decide el destino de la Humanidad. El FMI y el BM con sus planes de 
ajuste estructural obligan a privatizar las empresas públicas y a reducir los 
gastos sociales y de protección ambiental. Los Estados pierden capacidad 
de decisión tanto económica como política, en favor de las grandes 
multinacionales. Imbuidos por esta lógica neoliberal, los países dictan 
normas y leyes liberalizadoras; firman acuerdos comerciales que favorecen 
las dinámicas del "libre" mercado; se integran en bloques económicos 
regionales y subsistemas globales (Unión Europea, TLCAN, Mercosur, 
ASEAN, entre otros); impulsan las privatizaciones; abandonan las políticas 
de tipo social y condenan a los más desfavorecidos a la miseria y la 
marginación. 
La crisis financiera del Este de Asia en los años 1997-99 demuestra 
los peligros de la globalización financiera, al igual que la crisis de Rusia en 
1998 y Brasil y otros países latinoamericanos en 1999.
Ante la sucesión de las tormentas financieras -desde el efecto tequila 
al efecto vodka, pasando por el efecto samba-, por primera vez se alzan 
algunas voces críticas dentro del propio FMI. La farmacopea neoliberal que 
sigue utilizando los planes de ajuste estructural impuestos por el FMI, 
obliga a que el país que recibe los créditos abra de par en par sus mercados 
financieros para permitir que la gran banca extranjera compre los bancos 
nacionales; fuerza a elevar las tasas de interés –lo que ocasiona el 
hundimiento de las empresas locales-; impone subidas de impuestos que 
son soportadas por las capas medias y bajas cada vez más empobrecidas; y 
conmina a draconianos recortes en el gasto público. 

Nuevas oportunidades

La tendencia impuesta por la globalización no es hacia la convergencia 
sino hacia el aumento de las desigualdades. La globalización contribuye a 
la degradación ambiental, acentúa la pobreza, la exclusión social y las 
desigualdades sociales dentro de cada país y entre países industrializados y 
en desarrollo, pero es un fenómeno irreversible, al que es difícil combatir, y 
más bien se debería tratar de regular, para impedir las peores 
consecuencias, para la sociedad y el medio ambiente.
	La globalización también ofrece grandes oportunidades para 
erradicar la pobreza, extender la democracia, obligar a respetar los 
derechos humanos y empezar a caminar hacia el desarrollo sostenible. En 
los últimos años se han firmado o se están negociando Convenios 
internacionales sobre Protección de la Capa de Ozono, Cambio Climático, 
Biodiversidad, Desertificación y Contaminantes Orgánicos Persistentes, 
entre otros. La Conferencia de Río en 1992 sobre Medio Ambiente y 
Desarrollo no resolvió los problemas, pero al menos los puso sobre la 
mesa, primer paso para su solución.
	El desarrollo tecnológico y el actual grado de desarrollo permiten 
erradicar la pobreza y solucionar los problemas ambientales, pero para ello 
se requieren cambios profundos y desde luego nada fáciles de lograr. Las 
razones y los datos que avalan el pesimismo son enormes, pero también 
hay signos para el optimismo, como el fin de la guerra fría y la amenaza 
nuclear, la disminución de los gastos en armamento, la disminución de 
conflictos, el freno del crecimiento demográfico en la mayoría de los 
países, el desarrollo de las energías renovables, las nuevas tecnologías de la 
información, la extensión de la democracia a más países que nunca, el 
mayor respeto de los derechos humanos, la mayor igualdad entre hombres 
y mujeres, la extensión de la educación, el mayor rechazo de la corrupción, 
o la generalización de las ONG y la mayor participación de la sociedad 
civil. La industria nuclear ha entrado en un declive irreversible, y los 
cultivos y alimentos transgénicos pueden correr igual suerte, ante el masivo 
rechazo de los consumidores. La generalización de Internet y de los 
teléfonos móviles permite dar a conocer cualquier denuncia de forma 
instantánea a todo el mundo. Internet no sólo es un instrumento del capital, 
sino que puede servir, y sirve, para luchar por la equidad social y la 
sostenibilidad ambiental. 
	La tarea, como señala el PNUD no es combatir de forma quimérica 
el irreversible proceso de globalización, sino tratar de encauzarlo, para que 
se produzca con:
*Ética: con menos violación de los derechos humanos, no con más.
*Equidad: con menos desigualdades sociales, entre países y dentro de cada 
país.
*Inclusión: con menos marginación de pueblos y países, no con más.
*Sostenibilidad: menos destrucción ambiental, no más.
*Desarrollo: menos pobreza y privación, no más. Entre las medidas a 
adoptar está la condonación de las deudas públicas exteriores de los países 
del Tercer Mundo.
*Transparencia: El comportamiento de las empresas multinacionales y de 
las grandes instituciones mundiales, como el FMI, el Banco Mundial y la 
Organización Mundial de Comercio, debe ser más transparente y más 
regulado, y en el caso de las instituciones internacionales se hace necesario 
una mayor democratización, aumentando la participación de los pueblos de 
los países en desarrollo, que hoy sufren sus políticas, sin participar en sus 
decisiones. En el caso de las empresas multinacionales, los grandes actores 
de la globalización, no basta con códigos voluntarios de conducta, sino que 
es necesario controlar y regular los efectos de sus actividades económicas 
en el medio ambiente, la salud, el empleo, los niveles salariales y el respeto 
de los derechos humanos.
Para encauzar y humanizar el proceso de globalización es necesario 
reforzar la estructura de las Naciones Unidas, al contrario de lo que quiere 
la nueva administración de la derecha republicana en EE UU, crear un 
Tribunal Penal Internacional para castigar las violaciones de los derechos 
humanos, y elaborar un código de conducta obligatorio para las 
multinacionales, en el marco de la Organización Mundial de Comercio. 
Igualmente es necesario reforzar y dotar de instrumentos y presupuestos a 
los Convenios de Cambio Climático y de protección de la Diversidad 
Biológica, para que puedan cumplir sus fines. No todo está perdido. 
La Convergencia Norte-Sur implica la necesidad de reducir el 
consumo de energía y otros recursos en los países desarrollados y de 
incrementar el nivel de vida en los países en desarrollo, sin que la suma de 
todos los recursos consumidos ponga en peligro los procesos ecológicos 
esenciales, el clima y la diversidad biológica. Las necesidades del Norte se 
deben satisfacer de manera que no comprometa la satisfacción de las del Sur, 
así como la de las generaciones futuras del Norte y del Sur.
El Norte, y también las ONG ambientalistas, no pueden reclamar a los 
pueblos del Sur un gran esfuerzo para preservar la biodiversidad y para no 
aumentar la emisión de gases de invernadero y otras sustancias 
contaminantes, como CFCs, SO2 y NOx, sin un esfuerzo paralelo para reducir 
el insostenible consumo del Norte, repartir más equitativamente los recursos 
entre el Norte y el Sur y eliminar la pobreza.
A tal fin, según el consenso alcanzado en multitud de foros, se deben 
adoptar las siguientes medidas: 
a. Reducción de la Deuda Externa de los países del Sur y del Este. La 
cancelación de la deuda externa oficial y privada es una condición básica para 
superar la pobreza y la degradación ambiental en los países del Sur y del 
Este. La cancelación de la deuda no debe ser supeditada a la implantación de 
los clásicos programas de ajuste estructural.
b. Acceso de los productos con mayor valor añadido y menor impacto 
ambiental de los países del Sur a los mercados del Norte, excepto para 
aquellos productos cuya explotación no sostenible sea lesiva para el medio 
ambiente o para la erradicación de la pobreza, reduciendo las barreras 
comerciales y no comerciales así como los subsidios a los bienes producidos 
en el Norte.
Igualmente la OMT (Organización Mundial de Comercio) debe ser 
reformada, permitiendo a los países en desarrollo proteger sus mercados 
internos de la devastadora competencia internacional, adoptando las medidas 
adecuadas para que los productos internalicen los costes ambientales y 
sociales y prohibiendo los subsidios resultantes de externalizar los costes 
ambientales y sociales de algunos bienes y servicios. La simple liberalización 
de los mercados no va a resolver los problemas sociales y ambientales.
c. Transferencias financieras del Norte al Sur, generando fondos adicionales 
para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza y el cumplimiento 
de los compromisos del Sur, en orden a preservar la diversidad biológica, 
frenar el cambio climático, proteger la capa de ozono, reducir la 
deforestación y los procesos de desertificación.
El Norte debe incrementar su asistencia oficial al desarrollo por lo 
menos hasta el 0,7% del PIB, implicando a todas las administraciones 
(estatal, regional y local), así como a la sociedad civil. Los fondos
adicionales 
deben ser incrementados, gestionados democráticamente y se debe velar para 
que efectivamente sirvan para superar la pobreza y evitar el deterioro 
ambiental, y no para enriquecer a las élites del Sur. 
d. Transferencia de tecnología al Sur, en condiciones ventajosas y en muchos 
casos sin contrapartidas económicas, especialmente de aquéllas que mejoren 
el medio ambiente y reduzcan la emisión de contaminantes y gases de 
invernadero, como las energías renovables, las que incrementan la eficiencia 
energética, el transporte colectivo, o la refrigeración sin CFCs.
e. Iniciativa contra la pobreza, eliminando el hambre, aumentando la 
autosuficiencia alimentaria, y distribuyendo más equitativamente el ingreso, 
en el Norte y en el Sur, donde las diferencias de renta son aún mayores que 
en el Norte.
Los países del Norte deben adoptar estilos de vida menos consumistas, 
eliminando el despilfarro de energía y de otros recursos no renovables, lo que 
no significa disminuir la calidad de vida, e incluso puede aumentarla (mejora 
de la salud, incremento del tiempo libre).
f. Iniciativa para lograr la estabilización de la población, aunque para ello
hay 
que empezar a atacar algunas de las causas últimas del crecimiento 
demográfico en el Sur, como la pobreza (los hijos garantizan la pensión a los 
pobres en su vejez), el acceso a la educación , al empleo y a los cuidados 
primarios de la salud, especialmente para las mujeres pobres y sus hijos, 
poniendo al alcance de todos los servicios de una planificación familiar libre 
y responsable.
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