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Asunto:[LEA-Venezuela] Globalización y hambre en el mundo...... y más
Fecha:Martes, 17 de Junio, 2003  23:08:59 (-0400)
Autor:JAPM <jalexp @..........ve>

Por Lluís Amiguet - 25/05/2003

JEAN ZIEGLER, RELATOR ESPECIAL DE LA ONU

“Que hoy muera gente de hambre es un crimen”

P.- Usted dice que vamos a peor, pero lo cierto es que jamás hubo tanta gente bien alimentada sobre la Tierra...

 

¡Un momento! Lo que yo digo es que el hambre y la pobreza de por vida son hoy responsabilidad exclusiva del ser humano, es decir, de un pequeño grupo de seres humanos depredadores de todos los demás.

 

P.- ¿Y antes no era así?

 

No, porque en el pasado, hasta hace poco, no había posibilidad técnica de que todos comiéramos. Por eso nunca el mundo fue tan injusto como ahora, porque hoy somos 6.000 millones de personas, pero producimos alimentos cada año para nutrir a 12.000 millones. Así que si no lo hacemos y dejamos que hoy muera gente de inanición –5.000 personas cada día– es un crimen.

 

P.- ¿No es usted apocalíptico?

 

Intento ser racional y la razón me dice que nadie muere de hambre hoy en la Tierra por desgracia, sino por maldad: los matan de hambre. Los condena a muerte el nuevo orden asesino mundial.

 

P.- Vamos, vamos, ¿no es usted demasiado vehemente?

 

Me indigno porque quien lo haya comprobado como yo sobre el terreno y no se indigne, o es un cínico o no es persona.

 

P.- ¿Cómo llegó usted a pensar así?

 

Mi amigo Regis Debray decía que “la historia te sorprende allí donde has nacido” y, a mí, esa historia en la que muere un niño de hambre cada siete segundos me sorprendió en el país más rico del mundo: Suiza.

 

P.- Así de injusto es el nacer.

 

Más en Suiza. Allí he denunciado cómo se lavan la cara las fortunas del narcotráfico y las mafias con lo acumulado a costa del sufrimiento de millones de personas. ¿No le saca de sus casillas?

 

P.- Suiza lleva ahí demasiados años para escandalizar a nadie.

 

En el origen de la riqueza suiza está un pacto contra la humanidad. Lo firmaron Hitler y los banqueros suizos: el Führer les ingresó los miles de millones que expolió en los países que conquistaba y ellos los lavaron. Ese dinero permitió a Hitler continuar dos años más con la guerra mundial.

 

P.- Bueno, también la Cruz Roja es suiza.

 

Esa es una de las contradicciones del sistema: cuanto más negro es tu dinero, más blanca quieres que sea tu alma. Hoy ese sistema mundial que asesina a 5.000 personas cada día por inanición sería imposible sin Suiza, sus bancos, su secreto bancario y los paraísos fiscales.

 

P.- ¿Los paraísos fiscales no son sólo para evadir impuestos?

 

Yo era profesor universitario especializado en África. Viví en Congo, y vi a los niños morir de hambre como he visto a otros niños de nueve años en Bangladesh tejer tapices de seda a mano con unos hilos tan minúsculos que a los 14 años ya están ciegos, y he contemplado cómo esas alfombras se subastan después en Londres. Esos niños, sin paraísos fiscales, sin corrupción, sin trampas, con un mínimo de justicia, podrían utilizar su vista para aprender a leer.

 

P.- Me imagino que en Suiza nadie le va a dar una medalla.

 

Los banqueros me han puesto varias querellas por mis libros, pero eso es una anécdota. Fui elegido parlamentario de la Confederación Helvética y contemplé cómo Mobutu mataba de hambre a su pueblo y saqueaba Zaire para enviar todo ese botín a Suiza. La oligarquía financiera de mi país encubre con el secreto bancario todos los crímenes del capitalismo mundial.

 

P.- Es lo que hay...

 

No hay fatalidad, hay injusticia, y yo sólo soy un pequeño intelectual que quiere simplemente poder decirlo en voz alta.

 

P.- Adelante.

 

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y todas las instituciones de ese orden, que parece el único y se nos impone como si fuera tan inexorable como la rotación de los planetas, exigen a cada país que privatice todo en beneficio de las multinacionales, que renuncie a cualquier poder normativo como estado independiente. Le ordenan la abolición de cualquier traba fiscal o de protección social o laboral para que estas multinacionales acumulen enormes beneficios.

 

P.- Eso es el libremercado, ¿no?

 

En efecto, y como explicó Adam Smith, el capital siempre acude a donde consiga más provecho.

 

P.- Ese sistema ha demostrado ser el más eficiente.

 

Si yo no digo que el libremercado no cree riqueza. Al contrario, es el más eficiente creando riqueza, pero sólo para ellos, para los que mandan. Y ese libre flujo de bienes y capitales ha sido aún más eficaz después de la implosión del bloque soviético, porque antes de que cayera el muro comunista uno de cada tres humanos soportaba la tiranía del socialismo real. Ahora, el fin de la bipolaridad ha dado paso a un capital globalizado y puramente especulativo que se ha triplicado.

 

P.- Y la riqueza también.

 

Sí, la riqueza se ha doblado y fluye a la velocidad de la luz por los mercados de capitales, que, literalmente, nunca duermen, mientras el comercio mundial también se ha triplicado y el consumo de energía se dobla en el planeta cada cuatro años.

 

P.- ¿Lo ve? Esto va a más.

 

Sí, la globalización funciona, pero no para nosotros, las personas, sino sólo para ellos, los depredadores, que han acumulado inmensas fortunas personales.

 

P.- ¿Quiénes son ellos?

 

Los que quieren la “stateless governance”, un libremercado universal que se regule a sí mismo, pero que en el fondo sólo controlen ellos, sus impulsores.

 

P.- El libremercado sólo se lo aplican a los demás: ellos suelen ser proteccionistas.

 

Son arbitrarios. Los depredadores del nuevo orden asesino son esa clase dirigente mundial que se ha apropiado de las riquezas de todos y que estudia en las mismas universidades de elite e intercambia sus puestos en los grandes gobiernos, las instituciones de prestigio y las multinacionales y se ríe de los nacionalismos de las clases bajas y medias cuando no los utilizan. ¡No vea lo que se ríe un gran banquero cosmopolita de su nacionalismo catalán!

 

P.- Bueno, pero dígame nombres.

 

Ellos... Saben reconocerse unos a otros, aunque procedan de países o culturas distintas, aunque sus intereses parezcan enfrentados. ¿Sabe que los Bush y los Bin Laden siguen haciendo negocios?

 

P.- Eso no es ilegal.

 

No, pero explica muchas cosas. En abril del 2002, apenas ocho meses después del 11-S, el grupo Carlyle se reunió en un gran hotel de Ginebra. El grupo Carlyle está especializado en armamento pesado, controla dos tercios de la Lockhed Martin y General Dinamics, y gente como James Baker, Frank Carlucci y otros del “establishment” conservador estadounidense han cobrado de Carlyle sustanciosas comisiones. Entre los grandes patronos del grupo figura George Bush padre, que acudió a la cita junto a los príncipes de la familia real saudí y los grandes banqueros suizos.

 

P.- Tendrían cosas que contarse.

 

De pronto hubo un revuelo porque se presentó un invitado de última hora que, con naturalidad, enseñó sus credenciales. Los agentes de seguridad llamaron a la policía y dieron la alarma porque en ellas decía “Bin Laden, Yeslam”. Era el hermanastro de Osama, quien también tiene su capital en el grupo Carlyle, como el propio Osama.

 

P.- Todo parece legal.

 

Como dice el profesor Krugman, de Harvard: “Tal vez ese mercadeo sea legal, pero su pestilencia marea a cualquiera que lo huela”.

 

P.- Bueno, tápese la nariz.

 

Tras el fin de la guerra fría, esas multinacionales controlan el 25% del PIB mundial. ¿Sabe que el balance anual de la Exxon es mayor que el PIB de Austria? ¿Y que el de la Chevron supera al de Dinamarca?

 

P.- Países pequeños, en fin.

 

Esos directivos, como en su día los de Enron, gozan de más poder y fortuna personal que cualquier rey tenga o haya tenido jamás. Pero recuerde que ese poder se sustenta sobre un nuevo orden internacional que mata de hambre, insisto, a 5.000 personas cada día. Y ahora se aprestan a darnos una última vuelta de tuerca.

 

P.- ¿Más?

 

De momento, el próximo 1 de junio, el G-8, los ocho países más ricos de la Tierra, se reunirá en Francia, en Evian. Allí Bush les intentará hacer tragar su nuevo orden mundial y cortará cualquier veleidad europeísta o progresista.

 

P.- No creo que le cueste mucho.

 

Bush les recordará que para que el capital siga fluyendo y acumulándose en sus paraísos fiscales de vez en cuando hay que sacar los cañones.

 

P.- Siempre ha sido así.

 

Lo que hemos visto en Iraq ha sido simplemente el enfrentamiento del cartel del petróleo de Texas que controla la Casa Blanca contra el cártel de Saddam. Hemos asistido a una opa sangrienta sobre la segunda reserva mundial de petróleo que les permite el control internacional del mercado energético además de una exhibición de fuerza que ha acabado con el derecho internacional.

 

P.- ¿Había derecho internacional?

 

Estados Unidos consume el 32% del petróleo mundial y sólo produce el 17%, así que se ha asegurado sus fuentes de abastecimiento. Si los europeos aceptan la imposición sistemática de la fuerza será el fin del derecho internacional y de la ONU.

 

P.- Ha sucedido otras veces.

 

Yo creo que no, que vivimos un momento de ruptura de la civilización, aunque mi amigo Noam Chomsky discrepa y dice que no hay tal ruptura, sino simplemente un nuevo estadio en la lucha de clases: los depredadores globalizadores contra la sociedad civil planetaria.

 

P.- Perdóneme usted, pero eso parece más verosímil.

 

Dice que asistimos a la definitiva globalización de la lucha de clases, donde frente a los globalizadores del consenso de Washington estamos ciudadanos concienciados en ONG como Attac, el Foro de Porto Alegre y cientos, miles de organizaciones que se oponen a la dictadura universal del capital financiero, donde las cifras beneficios devoran a los seres humanos.

 

P.- También hay antiglobalizadores reaccionarios.

 

Desde luego, pero eso no hace menos peligrosos a los globalizadores.

 

P.- ¿No encuentra nada bueno en los nuevos tiempos?

 

Vivimos la ruptura del tiempo, de la historia. Lo que el capital globalizador pone ahora en cuestión son todas las conquistas de la Ilustración. Hemos vivido 250 años en Occidente de la soberanía popular y su poder legítimo delegado en nuestros representantes por contrato social. Esas fronteras ya no interesan a los globalizadores. Todos los valores de nuestra civilización –de todas– son ahora negados por el neoliberalismo armado.

 

Documentos adjuntos

 

Mano invisible, puño de hierro

 

LA VANGUARDIA - 06.00 horas - 25/05/2003

Adam Smith sostenía que, si se deja al capital circular libremente sin aduanas ni barreras, acude allí donde genera mayor beneficio, de forma que, sin intervención estatal, una “mano invisible” maximiza los beneficios para todos y, aunque esos “todos” en realidad sean muy pocos, la riqueza de los de arriba acaba llegando por una especie de goteo, el “trickle down effect”, a los de abajo. Ni Adam Smith ni David Ricardo explicaron que para que la mano invisible siga cumpliendo su eficaz misión tiene que haber también un puño de hierro bien visible que, de vez en cuando, deje claro quién se va a llevar esos enormes beneficios generados por el mercado libre. Ésa es exactamente la función que se ha arrogado el Pentágono que, cuando se lo piden los amos, exhibe su músculo y golpea. El resto, explica ahora Ziegler, es escenografía y actores depredadores que van desfilando por el teatro del mundo del máximo beneficio, mientras otros se mueren de hambre ahí fuera. Ziegler, junto con su amigo Chomsky y otros intelectuales críticos con el proceso globalizador, han hecho de su inteligencia la última barrera humana ante el avance de la ideología de un pensamiento, una cultura, un planeta, un mercado, una superpotencia, un ejército. No tienen puño de hierro, pero tienen sus neuronas y miles de lectores.

 

 

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