El agua en la vida de
los añú
Texto: Alí Fernández Correa
L os añú o paraujanos
son los aborígenes que conformaban las poblaciones ubicadas en la
costa occidental del Lago de Maracaibo y que los navegantes Alonso
de Ojeda y Américo Vespucio vieron en 1499. Estos indígenas hicieron
del agua su medio y su modo de vida. Actualmente los añú o
paraujanos, según el censo indígena de 1992 realizado por la Ocei,
alcanzan una población de 12.969 personas en el estado Zulia, lo que
representa 4,5% de la población indígena en Venezuela. El hábitat de
los "pueblos de agua", como se ha dado por llamar a estos pueblos
amerindios por su relación estrecha con el agua (mar, lagos, ríos y
laguna), se caracteriza por estar bordeado de un ecosistema,
conformado por manglares, grandes extensiones de eneas y grandes
reservorios de peces y aves. Esta particular ubicación les ha
conducido a mantener una interacción permanente con su ecosistema,
de él obtienen los recursos para la subsistencia e igualmente, los
elementos a partir de los cuales sus imaginarios han producido sus
mitos y leyendas.
En las elaboraciones
mitológicas de los añú aparece el agua jugando un papel primordial
en sus orígenes, Josefina Medina (+), una anciana añú, refería en
sus testimonios: "Nosotros nacimos del agua". A partir de esta
afirmación los añú se autoreconocen como parte de la naturaleza y
establecen un parentesco con las plantas y el mundo animal. Su vida
se origina y nace de las aguas, lugar donde están asentados y sus
representaciones y visión de la vida están en estrecha relación con
el agua.
En el caso de los añú o
paraujanos asentados en la Laguna de Sinamaica, según datos
preliminares del censo 2000 realizado por Mocupa, Unicef, Ine-Zulia
y el Departamento Socio - Antropológico de LUZ, existe una población
aproximada de 3.481 personas.
Este ecosistema
estuarino constituye uno de los más característicos de la región
zuliana, recibe los aportes de los ríos Guasare, Socuy y Cachirí,
que integran la cuenca del río Limón. Este último ha sido represado
y ello ha provocado un descenso de su caudal, lo cual ha alterado la
dinámica natural del río. Según estudios de algunos especialistas,
la Laguna de Sinamaica fue el producto de una dinámica de un río que
no está represado; en el momento en que el caudal del agua es
retenido, que la cantidad de agua que baja por el río y su
distribución a lo largo del año es modificada, es cuando el sistema
recibe el mayor impacto y lógicamente la Laguna sufrió los efectos
que hoy padecen los añú o paraujanos allí asentados, ya que al
disminuir el caudal del río, baja la velocidad de las corrientes, lo
cual propicia un aumento de la sedimentación; además, al bajar el
volumen de agua dulce, el agua del mar tiende a llenar su vacío; es
decir el agua marina asciende hacia porciones más internas del
estuario, al incrementarse la sedimentación comienzan a cerrarse
ciertos caños. Todos estos cambios se reflejan en la producción de
peces y el potencial pesquero de la zona. Adicionalmente existe otra
serie de impactos humanos como es la introducción de pasto para la
ganadería, actividad que no es propia de los añú, que ha contribuido
en el desplazamiento de ciertos recursos de fauna silvestre
terrestre.
Igualmente, ha
disminuido la fauna por la cacería y la ganadería igualmente está
aportando grandes cantidades de materia orgánica al ecosistema
lagunar, y a esto añadimos que estos habitantes no cuentan con un
servicio de disposición de excretas y basura, ni de agua potable.
Las aguas de la Laguna
con todos los niveles de sedimentación y contaminación siguen siendo
la posibilidad única que los añú tienen para satisfacer sus
necesidades vitales. Así mismo, les sirven para la recreación y
reproducción de sus prácticas y creencias como pueblo indígena,
donde su mundo de agua prevé los espacios físicos y rituales para la
supervivencia y desarrollo histórico de su cultura.
Es lamentable seguir
retomando las palabras de una anciana añú cuando afirmaba: "Si la
laguna está enferma, nosotros también, si la laguna muere, moriremos
con ella". Es el momento de llamar nuevamente la atención a los
gobiernos nacional, estatal y local para que asuman la deuda
histórica que este país tiene con los añú, que según hipótesis de
muchos escritores dio el nombre a nuestra gran Venezuela.
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