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Asunto:[LEA-Venezuela] Los Barones del Azucar
Fecha:Domingo, 18 de Mayo, 2003  03:21:59 (-0400)
Autor:interfaz <interfaz @.....net>

Documentos
Los barones del azúcar 
por Robin Jenkins*

Revista Biodiversidad, sustento y culturas Nº 30, octubre 2001
http://www.grain.org/sp/publications/index1.cfm?type_type=2 

 Hace diez años atrás daba la impresión que la biotecnología iba a tener
importantes impactos socioeconómicos sobre el sector de los edulcorantes.
Parecía como que el azúcar sería sustituida por productos de la ingeniería
genética, no calóricos e inocuos para la dentadura. Pero ese cambio no
ocurrió –por lo menos hasta el momento. Robin Jenkins explora los motivos
por los cuales el azúcar continúa detentando el trono en el sector de los
edulcorantes, y ofrece además un análisis del futuro de los edulcorantes,
en vista del carácter marcadamente protegido del mercado azucarero.

 *Robin Jenkins es investigador independiente y agricultor. Se lo puede
contactar en La Ferme Pauline, Luc-en-Dois, 26310, Francia. Correo
electrónico: concentropie@...

El dulce es uno de los sentidos primarios de nuestras papilas del gusto.
Proviene principalmente de la sacarosa, que constituye un componente menor
de la mayor parte de las frutas y los vegetales. La sacarosa refinada, que
produce la singular sensación de pura dulzura, fue introducida en el
sistema alimentario humano principalmente como artículo de lujo hace unos
500 años, y es sólo en los últimos 100 años que pasó a convertirse en
fuente importante de energía en la dieta humana. La producción mundial se
duplicó en los últimos 50 años y sigue aumentando constantemente,
especialmente en el Sur. El consumo mundial de sacarosa crece día a día y
hoy asciende a un promedio anual de 21 kilos por persona.

Originalmente, la caña de azúcar fue la única fuente de azúcar refinada, de
tal manera que las regiones tropicales y subtropicales donde ésta crece
ejercían el monopolio de la oferta (véase recuadro 1 ). Sin embargo, en los
últimos 200 años ese monopolio se ha venido contrayendo lentamente merced a
la competencia de fuentes alternativas de sacarosa como la remolacha
azucarera (véase recuadro 2), y más recientemente, de alternativas a la
misma sacarosa, de las cuales existen tres tipos distintos:
Edulcorantes calóricos: tales como la isoglucosa (almíbar de maíz) y la
inulina.
Superedulcorantes no calóricos sintéticos: tales como la sacarina y el
aspartame, que son sintetizados químicamente y no son calóricos.
Superedulcorantes no calóricos vegetales: tales como la taumatina y el
estevioside (véase recuadro 3)

La caña de azúcar se extiende hoy sobre más de 15 millones de hectáreas en
más de 100 países tropicales y subtropicales, y representa dos tercios de
la producción mundial de azúcar. La remolacha azucarera se planta en más de
50 países, casi exclusivamente en las regiones templadas del hemisferio
Norte, sobre una superficie de 10 millones de hectáreas. La isoglucosa es
170% más dulce y 30% más barata que el azúcar, y se produce
fundamentalmente en Estados Unidos (EE.UU.), donde representa el 42% del
mercado de edulcorantes. Si bien los gigantes de la industria de los
refrescos, Coca Cola y Pepsi-Co, sustituyeron la sacarosa con isoglucosa ya
hace cerca de veinte años en sus cadenas productivas de EE.UU., aún no han
conseguido hacerlo en la Unión Europea (UE), donde las políticas
proteccionistas sólo le dejan a la isoglucosa un pequeño nicho del mercado.
Mientras que los costos de producción de la caña de azúcar y la isoglucosa
son en general similares, el costo de producción de la remolacha azucarera
asciende a más del doble (véase tabla 1). No debe sorprender entonces que
la producción de remolacha azucarera se encuentre protegida, ya que un
mercado libre en edulcorantes sería devastador para la producción
remolachera y la industria azucarera asociada. 
Tabla 1

Costo promedio de producción de edulcorantes, expresado en U$S por tonelada
edulcorante equivalente en azúcar

Azúcar de remolacha

703.6

Acesulfame-K

576.1

Aspartame

458.0

Azúcar de caña

340.3

Isoglucosab

292.7

Sacarina

  13.9

Taumatina

    1.2

El libre comercio en productos del azúcar sin duda alguna aniquilaría la
producción de remolacha azucarera en Europa y posiblemente en todo el
mundo. Incluso si se incluyen los costos del transporte, la producción
remolachera europea y su industria asociada siguen siendo no competitivas
con la caña de azúcar y la isoglucosa. ¿Porqué entonces no reina el pánico
en el sector remolachero europeo? ¿Cómo se explica que ningún país haya
llevado el régimen azucarero de la UE ante los tribunales de arbitramiento
de la Organización Mundial de Comercio (OMC)? Específicamente, ¿porqué no
está haciendo campaña EE.UU., en nombre de sus mayores fabricantes de
refrescos, en contra del proteccionismo de la UE en el rubro edulcorantes?
Y finalmente, ¿por qué algunas de las mayores empresas de biotecnología
están invirtiendo tanto en remolacha azucarera genéticamente modificada?

La explicación, en parte, está en el hecho que la UE es el mayor productor,
el cuarto importador y el segundo exportador mundial de azúcar. ¡Si esto no
da al traste con la idea de que la fuerza motriz del comercio es sacar
provecho y ganancias de supuestas ventajas comparativas en la producción,
no habrá nada que lo haga! La UE es el actor más importante del escenario
mundial en el sector del azúcar y los edulcorantes, marginando incluso la
influencia de EE.UU. y Rusia. Cuando en Bruselas toman una decisión sobre
el azúcar o sus sustitutos, los efectos se sienten en todo el mundo,
afectando hasta la remuneración de los peones más pobres en los cañaverales
más explotadores de algunos de los países más empobrecidos del mundo.
También afecta el costo de la canasta familiar en los supermercados de
todos los países más ricos del mundo, excepto EE.UU. La complejidad y las
contradicciones del régimen azucarero de la UE afectan prácticamente a todo
el mundo.

Otro de los factores que mantiene vivos a los productores de remolacha
azucarera es el costo de producción de la caña de azúcar y la remolacha
azucarera en EE.UU. Producir caña de azúcar en EE.UU. cuesta casi el doble
que en cualquier otra parte del mundo, aún más de lo que cuesta producir
remolacha azucarera en EE.UU., cuya producción es a su vez dos veces más
costosa que la de isoglucosa. No obstante el rápido crecimiento que
registró el consumo de isoglucosa en EE.UU. a partir de 1980, eso no ha
impedido que la producción nacional tanto de caña de azúcar como de
remolacha azucarera haya aumentado lentamente, desde unos 2.5 millones de
toneladas anuales de cada cultivo en 1974 a 3.6 millones de toneladas en
1997. El consumo per cápita de azúcar en EE.UU. también aumentó en ese
lapso. De hecho, no fueron los agricultores estadounidenses quienes
cargaron el peso de la revolución de la isoglucosa en ese país, sino los
exportadores de caña de azúcar a EE.UU. Las exportaciones filipinas de
azúcar a EE.UU., por ejemplo,  se derrumbaron desde unas 1.75 millones de
toneladas en 1980 a sólo 0.29 millones de toneladas en 1991, nivel éste en
el que se han mantenido desde entonces. Para proteger a sus propios
productores nacionales de caña de azúcar y remolacha azucarera, EE.UU.
simplemente se deshizo de algunos de sus proveedores extranjeros del mundo
en desarrollo.
Edulcorantes transgénicos: un arranque lento

Hace diez años atrás daba la impresión que la biotecnología iba a tener
importantes impactos socioeconómicos sobre el sector de los edulcorantes.
Parecía como que el azúcar sería sustituida por productos de la ingeniería
genética, no calóricos e inocuos para la dentadura. Pero ese cambio no
ocurrió –por lo menos hasta el momento. Hay tres motivos principales por
los cuales eso no ha sucedido:
Las políticas proteccionistas de los principales actores del sector de los
edulcorantes (por ejemplo, Tate&Lyle, Unilever) han limitado severamente la
introducción al mercado de sustitutos de la sacarosa.
La industria de la ingeniería genética sobreestimó en un principio su
capacidad técnica y se ha mostrado hasta el momento incapaz de ofrecerle
edulcorantes de laboratorio a la industria procesadora de alimentos,
sensible a las preferencias de los consumidores.
La industria de la ingeniería genética ha enfrentado fuerte oposición
política de los consumidores y los ecologistas, especialmente a la
introducción de alimentos transgénicos.

No deja de sorprender, sin embargo, que la investigación y desarrollo en
edulcorantes transgénicos siga ocupando un lugar de poca relevancia entre
los gigantes del azúcar. Diez años atrás parecía que la biotecnología sería
el motor de la innovación en la industria de los edulcorantes, pero son los
químicos y no los genetistas quienes aún reinan en este campo. En 1999, las
solicitudes de patentes para azúcar y edulcorantes sólo representaron un 9%
del total de esas solicitudes en el sector agroalimentario. Sin embargo,
sólo un 4% de ellas correspondieron a edulcorantes transgénicos, mientras
que el 70% se referían a la producción industrial de edulcorantes
alternativos. El 26% restante abarcaba innovaciones en la producción
agrícola (16%) y la refinación (11%), sobre todo de sacarosa e isoglucosa.

En los ’80 se produjo un primer brote de interés en la investigación de
edulcorantes transgénicos, cuando la creación de un nuevo superedulcorante
capaz de sustituir a la sacarosa aparecía como el equivalente moderno del
sueño de los alquimistas. Pero las empresas están tomándose su tiempo en
poner edulcorantes transgénicos en el mercado (véase recuadro 4). Hacia
mediados de los ’90 la industria de la ingeniería genética centró su
atención en la sacarosa, suponiendo que encontraría mejores ganancias en el
sector de los edulcorantes protegidos. Es más, la industria se ha
concentrado en el segmento más protegido del sector de la sacarosa –la
remolacha azucarera—en parte porque la remolacha es una planta más
fácilmente manipulable con procedimientos de ingeniería genética que la
caña de azúcar. Empresas líderes en el sector de la biotecnología, como
Monsanto y Astra-Zeneca, están invirtiendo en investigación de remolacha
azucarera transgénica, claramente bajo el supuesto que la OMC jamás habrá
de impugnar las políticas que la protegen para someterla a las condiciones
de un mercado libre mundial. Existe un conflicto de intereses profundo
entre el capital invertido en remolacha azucarera y las inversiones en
cualquier otra fuente de dulzura. La industria tradicional de edulcorantes
basada en el azúcar ha sido notoriamente exitosa hasta la fecha en
ahuyentar todo tipo de competencia.

La ingeniería genética es vista como la única esperanza de tornar
competitiva la producción de remolacha azucarera. Las autoridades
regulatorias de EE.UU. y la UE le han prestado toda la ayuda posible a la
industria azucarera, insistiendo en que el azúcar refinada es un producto
químico inerte que no contiene material genético, de manera tal que no
necesita ser rotulado en caso de derivarse de plantas transgénicas. Tal
caracterización no se condice muy cómodamente con la insistencia de la
industria azucarera en que el azúcar refinada es un “alimento natural”,
pero si puede funcionar bien como estratagema para confundir a los
consumidores. No obstante, también puede volvérseles en su contra: los
consumidores suelen reaccionar enfurecidamente cuando descubren que se los
ha engañado, y su reacción puede tener efectos económicos devastadores,
simplemente prescindiendo de comprar ciertas marcas. 

La sacarosa ha podido preservar bien sus mercados en las dos últimas
décadas, en parte, gracias a que los superedulcorantes y las alternativas
calóricas no sirven como sustituto de la sacarosa en el procesamiento de
alimentos, en momentos en que en el mundo se consumen cada vez más
alimentos procesados. Sin embargo, con la penetración del mercado que están
alcanzando productos tales como la sucralosa, que es 600 veces más dulce
que el azúcar además de apta para el procesamiento de muchos alimentos, no
es seguro que la sacarosa siga siendo competitiva. Estados Unidos es el
mercado más exitoso de los superedulcorantes, que representan el 17% de ese
mercado.
Conclusiones

Nuestra pasión consumista de dulzura arrastra una historia amarga. Si bien
el azúcar no es más producida por esclavos, la suerte de los cañeros ha
cambiado poco desde entonces. Para la mayoría de los trabajadores de los
cañaverales sigue siendo muy difícil, cuando no imposible, mantener a sus
familias con los sueldos que reciben. Muchos de ellos sufren persecución y
opresión por reclamar mejores condiciones. El mercado del azúcar lleva
impresa a fuego la explotación como marca registrada. Aun cuando los
edulcorantes transgénicos todavía no han causado ningún impacto importante
en el mercado del azúcar, que ello suceda posiblemente sólo será cuestión
de tiempo. De cierto modo, la pérdida de mercados de exportación para la
caña de azúcar puede esconder beneficios para muchos países del Sur, si sus
cañaverales envenenados pudieran transformarse en tierras cultivables para
la producción campesina de alimentos y materias primas para el mercado y la
economía local. Pero los edulcorantes transgénicos vienen armados con su
propio pertrecho de injusticias y prácticas de explotación (véase recuadro
5 ).

Pero hay algunos signos positivos. Ahora se consigue caña de azúcar y
remolacha azucarera ecológica, que es menos dañina para el medio ambiente.
A través de las redes de comercio justo también  se puede comprar azúcar
que asegura una mejor calidad de vida para los trabajadores de la caña.
Ahora es el momento de exigir azúcar ecológica derivada del comercio justo
y producida con métodos ecológica y socialmente responsables, e insistir
que la industria alimentaria la emplee en sus alimentos procesados.
Bibliografía
H. Hobbelink (1991), Biotecnología y el Futuro de la Agricultura Mundial,
Editorial Nordan, Montevideo.
N. Simmonds, ed. (1976), Evolution of Crop Plants, Longman, Londres.
FAO, Anuarios de Producción 1980-2000, Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación, Roma.
ISO, Anuarios del Azúcar 1980-2000, Organización Internacional del Azúcar,
Londres.
R. Jenkins et al. (1996), Socio-Economic Implications of New Biotechnology
in the EU Sweetener Sector, DG XII, Comisión Europea, Bruselas.
RAFI (1987-2000), RAFI Communiqué, Fundación Internacional para el Progreso
Rural, Pittsborough, NC, EE.UU.
Landell Mills (1994), World Survey of Sugar and HFCS, Landell Mills
Commodities Studies.
USDA, Sweetener Market Data, 1980-2000, Ministerio de Agricultura de
EE.UU., Washington DC, EE.UU.
Mintel (1991), Sugar and Artificial Sweeteners, Mintel Market Intelligence,
Londres.
ED & F. Mann, European Union Sugar Statistics 1990-2000, ED & F. Mann Sugar
Ltd, Londres.
Artículos varios del International Sugar Journal, 1995-2000.
Derwent Biotechnology Abstracts, 1990-2000, Derwent Publications, Londres.
 
Recuadro 1
 
HISTORIA FAMILIAR DE UNOS GENES DESCARRIADOS

  La caña de azúcar es una gramínea perenne de origen genético múltiple. La
planta     aparentemente deriva –bien sea espontáneamente o por
intervención humana—de dos plantas silvestres: Saccharum spontaneum y
Saccharum robustum..

 Todo parece indicar que la caña de azúcar se empezó a utilizar en la
alimentación por primera vez en Nueva Guinea. Desde allí habría sido
llevada hasta el Asia continental. En Asia, la S. officinarum se cruzó con
la S. spontaneum silvestre y surgió la S. sinensis, una caña relativamente
delgada que sirvió de base para la producción de azúcar en el Asia y gran
parte del mundo hasta finales del siglo XIX. Entretanto, la S. officinarum,
conocida como ‘caña noble’ por su tamaño mayor, se diseminó hacia el
oriente en las islas del Pacífico, donde los europeos la encontraron por
primera vez en el transcurso de sus expediciones conquistadoras en el siglo
XVIII.

 En la década de los ’70 se descubrió que las cañas de azúcar modernas en
todo el mundo derivaban de no más que veinte variedades de S. officinarum y
menos de diez variedades de S. spontaneum. Desde entonces, se han
incorporado unas treinta variedades de S. spontaneum a los programas de
fitomejoramiento, a fin de ampliar la base genética del cultivo, pero aún
no se conoce a cabalidad el modo en que se cruzan variedades distintas de
caña de azúcar.

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Recuadro 2

EL IMPROBABLE SALTO A LA FAMA  DE LA REMOLACHA AZUCARERA

La remolacha, la acelga y la remolacha azucarera provienen todas de la
misma planta, probablemente la remolacha silvestre col marina, que crece en
las regiones costeras del Mediterráneo. Tanto los griegos como los romanos
desempeñaron un papel importante en su domesticación. La remolacha
azucarera fue producto de la selección y mejoramiento de la remolacha
forrajera a finales del siglo XVIII. Hacia 1775 se habían desarrollado
remolachas que contenían 6% de azúcar, y ese habría sido el fin de esta
historia de no haber sido por las guerras napoleónicas. La armada británica
bloqueó a Francia, aislándola  de sus proveedores de caña de azúcar del
Caribe, y en 1811 Napoleón respondió decretando un programa de emergencia
de mejoramiento y cultivo de la remolacha. Cuando se restableció el
comercio de caña de azúcar con Francia en 1815, el gobierno galo restringió
su importación a fin de proteger la producción nacional de remolacha
azucarera. Otros gobiernos europeos  se percataron rápidamente de la
importancia estratégica militar que significaba contar con abastecimiento
nacional de azúcar, en momentos en que los ingleses reinaban en el mar. Sin
mucha dilación, otras naciones europeas pronto adoptaron políticas
similares de protección de la remolacha azucarera. En verdad, el actual
régimen azucarero de la UE, fuertemente proteccionista, data en lo esencial
de 1815. Asimismo, que los ingleses sigan hoy dependiendo de la caña de
azúcar es una reminiscencia de la era de la supremacía naval británica.

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Recuadro 3
 
SUPEREDULCORANTES QUE TIENTAN EL PALADAR

Hoy se encuentran en trámite muchos edulcorantes nuevos que provienen de
plantas, entre ellos la taumatina, la monelina, la hernandulcina, el
estevioside, la miraculina y la brazeína. Se trata en todos los casos de
‘superedulcorantes’, así llamados porque son miles de veces más dulces que
la sacarosa. La extracción de estos edulcorantes de las plantas que los
contienen es muy costosa, por eso casi toda la investigación se ha centrado
en aislar los genes de dulzura de esas plantas e introducírselos a
bacterias mediante técnicas de ingeniería genética. La taumatina, derivada
de un arbusto que crece en África occidental llamado katemfe, ya se
encuentra en el mercado. Es mucho más barato producir taumatina mediante
procesos de ingeniería genética que cosecharla. Pero tanto Unilever como
Tate&Lyle parecen estar esperando a ver que sucede con el mercado de los
alimentos transgénicos, antes de lanzarse de lleno a la producción de
taumatina transgénica.

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Recuadro 4
 
MANIPULANDO EL FUTURO DEL AZÚCAR

El fitomejoramiento biotecnológico de la remolacha azucarera depende
enteramente de la continuidad de políticas proteccionistas del sector. El
solo hecho de que casi todas las principales empresas de biotecnología
estén invirtiendo en biotecnología remolachera dice bastante sobre la
probabilidad de reformas a esa política. La mayor parte de la investigación
se ha centrado en resistencia a herbicidas –glifosato, glufosinato y
sulfonilurea—pero también se han emprendido algunos trabajos en resistencia
a las heladas y la sequía, así como a virus y ataques fungosos. No
obstante, preocupada por la reacción negativa de los consumidores en Europa
a los cultivos alimentarios transgénicos, la industria declara que no está
en sus planes usar azúcar de remolacha transgénica “en el futuro cercano”.
Ya se han hecho pruebas de campo con remolachas que pueden sintetizar otros
polímeros del azúcar aparte de la sacarosa, pero aún están lejos de ser
comercializables. Aumentar la productividad de la remolacha, tornándola así
más competitiva, parecería ser una de las metas obvias de los biotecnólogos
en remolacha.

La caña de azúcar transgénica no ha salido todavía de una etapa preliminar.
Sin embargo, ya se ha logrado insertar con éxito marcadores de resistencia
a antibióticos y herbicidas en la caña de azúcar, y ya se han hecho pruebas
de campo con una caña resistente al glufosinato. Pero tales innovaciones
presentan poco interés comercial, ya que la mayoría de las malezas son
naturalmente sofocadas por la caña.

Potencialmente de mayor interés para los productores de caña de azúcar
sería el desarrollo de plantas resistentes a las plagas más corrientes,
tales como la broca de la caña de azúcar (Diatraea saccharalis), el
escarabajo de la caña de azúcar (Euetheola humilis) y la chinche harinosa
de la caña de azúcar (Saccharicoccus sacchari, Dysmiciccus boninsis) entre
otros. La transgénesis de plantas resistentes a las plagas actualmente se
realiza empleando casi exclusivamente el Bacillus thuringiensis. Tales
emprendimientos tienen muchos problemas de resistencia de los insectos, y
generalmente resultan en la pérdida total del poder del veneno para un que
control biológico eficaz. Incluso en las variedades anuales, lo único que
consiguen esas tentativas es retardar la aparición del problema de
resistencia de los insectos. Nadie inventó todavía una estrategia de manejo
de la resistencia en plantas perennes como la caña de azúcar.

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Recuadro 5
 
PATENTES Y PIRATAS PREDICEN EL FUTURO

Algunas de las nuevas materias primas utilizadas en la fabricación de
edulcorantes transgénicos fueron inventadas en los laboratorios, pero la
mayor parte de ellas son descubrimientos que fueron directamente pirateados
de las huertas de pobladores locales, junto con el conocimiento asociado a
cómo cultivarlas y cosecharlas. Tanto la taumatina como la brazeína
corrieron esa suerte. 

 La dirección que tomará la búsqueda del edulcorante perfecto seguramente
habrá de estar determinada más por las leyes de patentes que por problemas
técnicos o factores biológicos. Prácticamente toda la investigación está
abocada a la síntesis industrial de edulcorantes, antes que a su cultivo en
la tierra. 

Fue Unilever quien primero aisló y extrajo el código genético de la
taumatina y se lo introdujo a la bacteria E. Coli. Hoy en día hay tres
multinacionales de productos alimenticios, dos empresas de biotecnología y
tres universidades que han solicitado u obtenido patentes sobre la
taumatina. El saber local que llevó a los bioprospectores al conocimiento
de la planta y su procesamiento está ahora privatizado y consagrado en las
solicitudes de patente de las empresas.

La historia de la brazeína aporta rasgos similares. La brazeína es una
proteína 500 veces más dulce que el azúcar, derivada de una baya originaria
del África occidental. A diferencia de otros edulcorantes diferentes al
azúcar, la brazeína es una sustancia natural que no pierde su dulzura
cuando se la somete a calentamiento, lo que la hace particularmente
interesante  para la industria procesadora de alimentos. La industria se
percató de su valor después que un investigador estadounidense observara
que tanto la gente como los animales consumían la baya en África
occidental. Un equipo de investigadores de la Universidad de Wisconsin,
EE.UU., obtuvieron patentes europeas y estadounidenses sobre una proteína
aislada de la baya Pentadiplandra brazzeana, al igual que sobre la
secuencia genética que la contiene y sobre los organismos transgénicos a
los cuales le ha sido introducida la proteína. La investigación
seguidamente se enfocó hacia la creación de organismos transgénicos que
produzcan brazeína en el laboratorio, eliminando así la necesidad de
cosecharla o plantarla comercialmente en África occidental.

La empresa Néctar Worldwide y la ProdiGene (creación de la Pioneer Hi-Bred
International, la compañía semillera más grande del mundo) ya crearon un
maíz transgénico que produce grandes cantidades de brazeína y, según sus
proyecciones, la demanda futura podrá cubrirse con un millón de toneladas
de su maíz transgénico, en lugar de materias primas importadas del África
occidental.

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