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Asunto:[LEA] Hace casi 30 años se extinguieron en Venezuela
Fecha:Jueves, 7 de Diciembre, 2000  07:08:22 (-0400)
Autor:Jorge Hinestroza <jorge_hinestroza @.....net>

EL NACIONAL - JUEVES 7 DE DICIEMBRE DE 2000

AMBIENTE
El cóndor regresa con apoyo internacional
Hace casi 30 años se extinguieron en Venezuela. Pero las aves carroñeras
que fueron sagradas para las culturas precolombinas andinas se resisten
a su desaparición. Un programa en el que colaboran Colombia, Chile,
Argentina y Estados Unidos las vuelve a introducir en el país. Cinco
nuevos ejemplares llegaron a Mérida en un esfuerzo liderado por la ONG
Bioandina

RAFAEL OSIO CABRICES-------------------------------------------------

Mérida

Eran las 7:00 am del miércoles 29 de noviembre cuando cinco grandes
cajas-jaula llegaron a la ardiente aduana de Maiquetía. Adentro se
agitaban tres ejemplares juveniles, de 2 y 3 años de edad, y dos
adultos, de 33 y 35 años, de vultur gryphus, el ave voladora más grande
del planeta, que el mundo ha conocido como cóndor andino desde que los
conquistadores españoles castellanizaron la voz quechua kuntur.

Los recién llegados manejaban como podían la tensión del encierro y un
calor para ellos inédito. Venían de la nevada Cleveland, la ciudad del
estado de Ohio donde hasta entonces habían vivido, luego de nacer en
varios zoológicos de Estados Unidos. Los acompañaban un curador del
Metroparks Cleveland Zoo, Stan Searles, y tres
cuidadores-investigadores: Lisa Smith, Travis Vineyard y Andrew Smyser.

Mientras un agente aduanero arreglaba el papeleo que las leyes prevén
para el tráfico de animales silvestres -la línea Tampa Carga los exoneró
de gastos-, las biólogas Betsabey Motta, de la Dirección de Fauna del
Ministerio del Ambiente, y Esmeralda Mujica, experta en zoológicos,
contaban los minutos para que los cóndores fueran trasladados a tiempo
al avión que los llevaría a El Vigía, estado Mérida, el siguiente paso
de tres de ellos hacia la liberación.

El plan, coordinado por Bioandina, aprovecha un convenio con el
zoológico de Cleveland y con el de Chorros de Milla, en Mérida, para
dejar en este último a los dos cóndores adultos, una pareja reproductora
de comprobado éxito, y a los tres juveniles en el Parque Nacional Sierra
de la Culata, donde se unirían a los animales argentinos y
estadounidenses que ya vuelan por los Andes venezolanos.

De este modo, la pareja adulta cumpliría la doble misión de la que
depende la introducción otra vez de la especie en el país, extinta desde
los años 70. Por un lado, al vivir en el parque pueden ser vistos de
cerca por el público, con lo cual se combate la ignorancia sobre los
cóndores que los ha llevado al borde de la nada; y por el otro, se
cruzan los dedos para que George y Gracie, como los llamaron en
Cleveland, tengan los primeros pichones de cóndor nacidos en Venezuela
en mucho tiempo. Una labor delicada que debe ser asistida de cerca, para
reducir al mínimo la posibilidad de fracaso.

Los tres jóvenes pasarán un mes en cuarentena, como lo obliga la ley, en
el páramo de Mifafí, en la Sierra de la Culata, donde Bioandina mantiene
con Inparques un centro de visitantes y un núcleo de reintroducción.
Luego, serán liberados al sur de Mérida, en la Sierra Nevada, para que
eventualmente amplíen su radio de acción a Colombia y puedan hallar
pareja entre sus congéneres del otro lado de la frontera.


El viento entre las plumas

El viaje, salvo uno que otro inconveniente, terminó bien. En la mañana
del 30 de noviembre, George y Gracie salieron de sus cajas y comenzaron
a explorar con tranquilidad su nuevo hogar, la jaula más grande de
Venezuela, que con fuente, flores y helechos, y una cueva para que hagan
su nido, los esperaba en Chorros de Milla. Estiraron sus alas y
alborotaron a las pavas y a los paujíes de la exhibición de al lado, y
en minutos a la leona Tahití, que rugió para corear la bienvenida. Al
desplegar toda su envergadura conmovieron a los escasos y afortunados
asistentes: ahí, tras la rejilla, había dos cóndores en la plenitud de
su existencia, las aves que recuperaban, según los timotes, las almas de
los agonizantes, y comunicaban, según los incas, al mundo de los seres
humanos con el de los dioses.

A la mañana siguiente, dos hembras jóvenes eran llevadas en vehículos
todo terreno, y luego, en sus cajas, sobre los hombros de don Marciano,
un atlético guardaparques de 56 años, y Pedro Viloria, de Bioandina,
hasta la cabaña de cuarentena en las alturas de Mifafí, lejos del centro
de visitantes y de la presencia humana. El Chez, un adulto liberado, no
aguantó la curiosidad y bajó a saludar a los nuevos, regalando a los
presentes con un vuelo de cerca: el viento silbaba entre sus plumas
mientras dibujaba espirales ante las cámaras. Una experiencia para
contar a los nietos. Más abajo, Combatiente, el cóndor cubano, atendía a
unos liceístas de Ejido en su jaula del centro de visitantes Mukunturia,
"tierra de cóndores««.

Zoológico a la criolla

Frente a la jaula de los cóndores en Chorros de Milla, un panel doble, a
todo color, explica con detalle a los visitantes la precaria situación
de la especie, los esfuerzos para rescatarla, y sobre todo, las razones
por las que han sido conducidas al borde de la extinción. El panel es un
símbolo de las prioridades del zoológico merideño: programas de cría en
cautivero para cuatro especies amenazadas -cóndor, danta, paují copete
de piedra y paují de copete rizado-; intercambio de fauna exótica por
fauna local, una osa parda por una danta hembra, por ejemplo; un
contacto más directo con el usuario; y la inaplazable ampliación, una
tarea pendiente que al decir de su supervisor, Luis Gerardo Schweikert,
"no ha querido asumir hasta los momentos ningún gobierno««.

Falta ver cuál será la posición del nuevo ejecutivo merideño, cualquiera
que éste sea (al momento de esta entrevista, se ignoraba quién mandaría
en Mérida, si Florencio Porras o William Dávila). Schweikert y su equipo
de casi 20 personas manifiestan un gran entusiasmo, pero solos no
pueden. Adriana Leoncedis, la veterinaria del parque, cuenta que no
tiene ni microscopios para hacer exámenes de sangre, por lo que
agradeció la donación de la gente de Cleveland: redes, guantes, cuerdas
para manejar animales. La medicina que practica es preventiva, pues no
hay recursos para la investigación, apenas están acondicionando un
quirófano, y ella misma ni siquiera está contratada a tiempo completo.

Al menos, en el parque administrado por la Corporación de Turismo de
Mérida, uno de los lugares más visitados por los turistas, han resuelto
el problema de la alimentación, con un proveedor que les lleva
regularmente carne de burro y de caballo, pero no el del frío, que se
cierne con la noche sobre el húmedo y boscoso zoológico. Pero necesita
ayuda. Un zoológico más autónomo y con mayores recursos puede ser un
buen negocio para el Estado, aparte de un lugar que no sólo sirve para
que el público vea de cerca animales salvajes, sino también como refugio
de especies que, triste paradoja, corren peligro en el entorno natural.



Un vuelo accidentado

En un aula del páramo, el pintor y filósofo de la UCAB Franklin Mendoza
extiende una pancarta con la imagen de un cóndor en tamaño natural. "A
ver cuántos niños caben en el abrazo de un cóndor««, dice, y 14
muchachitos se pegan a la tela. Luego los rodea con las alas
negriblancas, una y otra vez, ante los pedidos de la audiencia.

Es uno de los muchos juegos que Mendoza, coordinador educativo de
Bioandina, practica en las escuelas para familiarizar a la gente con el
vultur gryphus y poner fin a los mitos que casi han acabado con la
especie. Un trabajo arduo del que no pueden esperarse resultados
inmediatos, y que se lleva a cabo de municipio en municipio, con niños,
adolescentes y adultos, docentes, campesinos y autoridades.

La educación y la divulgación son la base del trabajo de Bioandina, una
minúscula ONG que hoy lidera los esfuerzos venezolanos por levantar una
población local de cóndores. La bióloga María Rosa Cuesta, principal
responsable de todo este trabajo, explica que en la temporada alta
atendieron a unas 40.000 personas en los Chorros de Milla, con charlas
sobre la naturaleza andina.

"De nada servirá -dice- que traigamos nuevos ejemplares si la gente los
va a seguir matando««. No se trata sólo de interrumpir la costumbre de
considerar al cóndor un ave de presa, peligrosa para el ganado. Cuesta
se refiere también al episodio de 1993, cuando la construcción de una
carretera -precaria, pero carretera al fin- por Mifafí puso en peligro
el programa de reintroducción, que había empezado un año antes. La vía
era promovida por el alcalde de entonces, que quería un camino para sus
tierras en Mucumpís. En la lucha contra el acceso humano al área
protegida, una mano anónima abatió a tiros a cuatro cóndores.

El proyecto siguió adelante, sin embargo, y a estas alturas, diez
animales de diversos orígenes avivan las esperanzas. Se ignora en qué
momento George y Gracie pondrán un huevo. Por los momentos, Bioandina
hace lo posible con dos carros y un equipo básico de tres personas:
Cuesta, Mendoza y Pedro Viloria, el geógrafo y excursionista que atiende
a las aves en Mifafí.




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