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Asunto:[LEA-Venezuela] La amistad con la naturaleza da frutos humanos
Fecha:Miercoles, 27 de Noviembre, 2002  17:45:16 (-0400)
Autor:Jaime E. Péfaur <pefaur @...ve>

emol.com - Diario El Mercurio - La amistad con la naturaleza da frutos humanos

 
----- Original Message -----
Sent: Saturday, November 23, 2002 3:11 PM
Subject: La amistad con la naturaleza da frutos humanos

 
MÁS QUE ECOLOGÍA

Santiago de Chile, Sábado 23 de Noviembre de 2002

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MÁS QUE ECOLOGÍA
El modelo que proponemos tiene que ser práctico y generar conservación humana; es decir, que el hombre pueda producir lo que necesita para su consumo y mantener su hábitat en una relación armónica con la comunidad y el ambiente, dice Pablo Sándor.

AYACARA:
La amistad con la naturaleza da frutos humanos

MÓNICA CUEVAS URÍZAR

La crisis ambiental no existe; lo que vivimos es una crisis humana. De eso está convencido Pablo Sándor (31), cerebro y alma de la fundación Ayacara, una exitosa iniciativa que salió del anonimato hace pocas semanas cuando el mismísimo secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, le entregó en Nueva York el Premio Internacional de Erradicación de la Pobreza.

Hasta entonces el nombre Ayacara era tan desconocido para la mayoría de los chilenos como el de Nueva York para los mil 700 habitantes de este pequeño pueblo, enclavado en la dramática geografía de Chiloé continental, que ha comenzado a despertar a sus posibilidades de desarrollo.

Lo que buscamos es que la gente entienda dónde está, conozca profundamente su entorno y lo comprenda para que pueda manejarlo, comenta Pablo Sándor. No es una fundación ambientalista, aclara, sino un proyecto educativo integrado en el que la comunidad es protagonista y que busca mejorar la calidad de vida sin romper los equilibrios de la naturaleza y aprendiendo de ésta.

Esto que parece sacado de un libro se concreta en cosas tan simples como que un habitante de Ayacara tome una ramita de árbol, la ponga bajo el microscopio y al observarla comprenda que tiene un sistema circulatorio y que pertenece a un bosque cuyos componentes interactúan en forma similar a una comunidad humana. Eso cambia la óptica de las personas; lo que antes era un palo, ahora es un hábitat. Pero si esa comprensión no sirve para comer, no es muy útil..., explica Sándor.

Descubrir es la consigna
Por esa razón, el modelo que propone la fundación pretende que la educación y el conocimiento del entorno desemboquen en proyectos productivos sustentables que respeten la naturaleza, rescaten las tradiciones locales y sean económicamente eficientes.

En Ayacara y las comunidades aledañas, la idea de hacer de la comprensión del medio una ventaja competitiva se ha concretado en un astillero para construir embarcaciones de lujo, una microempresa de ecoturismo, una sociedad productora de textiles y tintes naturales y otra de alimentos orgánicos a base de ajo. Y el rostro de la península de Comau está cambiando.

La base para poner en práctica este cambio de mentalidad está en el liceo construido por la fundación, que permitió solucionar el problema del éxodo por falta de educación secundaria. Según palabras de la ministra de Educación, el liceo es la aplicación más compleja, completa y radical de la reforma educacional chilena.

En él, descubrir es la consigna. Así queda en evidencia apenas se entra al laboratorio, donde un esqueleto de lobo de mar que los mismos alumnos - adolescentes y adultos, padres e hijos- encontraron en la playa, limpiaron y armaron, se exhibe en todo su esplendor. También patas de pudú, caballo, vaca y hasta de perro están instaladas en atriles fabricados artesanalmente, pero de prolija manera por los estudiantes.

La idea es que los estudiantes investiguen su entorno y luego lo traduzcan a formatos pedagógicos para darlos a conocer a otras personas y aplicarlos a sistemas productivos. Salimos a terreno y recolectamos muestras de todas las especies en un espacio; las secamos en diarios para mantener los colores y hacemos una ficha de información. Así, la persona que viene con una muestra puede ver en el herbario qué es, cuenta Johnathan Mancilla (17).

Él heredó de su abuela vastos conocimientos sobre plantas medicinales y será un personaje clave en la investigación de sus procesos de floración y producción de semillas una vez que terminen de construirse dos invernaderos del liceo. Así se abre una nueva veta productiva para la localidad.

Los estudiantes también realizan expediciones a la estación científica, epicentro de la Escuela de Naturaleza Salvaje, un lugar destinado a la observación de un entorno absolutamente virgen, una experiencia que obliga al hombre a repensar su rol en el ecosistema. Es muy potente porque te das cuenta de que la naturaleza tiene sus propias leyes, muy distintas a las que nosotros ocupamos en nuestras formas de producir, educar o entender la realidad, dice Pablo Sándor.

En el camino a la estación, hay tareas investigativas insólitas, como la recolección de excrementos de puma, por ejemplo, los que luego se analizan en el laboratorio. Los alumnos han descubierto en los desechos del animal garras y huesos de pudú; nadie tuvo que contarles de qué se alimentaba el puma...

Al ir descubriendo los mecanismos y la lógica de la naturaleza, la gente se ha dado cuenta de la locura que significa que, teniendo las materias primas más ricas, vivan en una pobreza tan grande, dice Sándor.

Modelo de exportación

La propuesta de Fundación Ayacara, más que un proyecto, es un modelo que aspira a ser replicado. En eso están los cerebros y las piernas de varios profesionales que trabajan para ella - muchos de ellos en forma voluntaria- que se han trasladado a la localidad de Vilches Alto, en la VII Región, para poner en marcha una iniciativa de ecodesarrollo y rehabilitación y educación de personas con discapacidad.

Si vemos que en la naturaleza cada elemento tiene un rol, y aplicamos esa ley a la especie humana, es evidente que los discapacitados tienen también el suyo, y que tienen que desarrollar. Eso es lo que estamos investigando, cuenta Pablo Sándor.

La idea es generar nuevas alternativas de comprensión de la naturaleza y de producción que permitan insertar a este grupo, en conjunto con la Fundación Teletón, que ya realizó algunas experiencias en Ayacara con avances notables en los participantes.

Pero los interesados en el modelo no sólo están en Chile. La fundación ha recibido solicitudes de pueblos de África y del Amazonas para replicar el modelo de desarrollo humano integral en comunidades pobres.

El obstáculo: los fondos. Hasta ahora la fundación Ayacara ha obtenido recursos de decenas de instituciones y organismos, en su inmensa mayoría extranjeros, ya que en Chile el apoyo ha sido un tanto esquivo. Con el fin de mejorar la cacería de fondos se creó Ayacara International, con sede en Estados Unidos.

Pronto en las tiendas italianas será posible adquirir echarpes, chalecos, bufandas, frazadas y otros productos de lana hechos por manos de mujeres de la península de Comau, que no sólo son tejedoras sino además investigadoras de los misterios de la química.
Las siete socias experimentan con raíz de manila, hoja de maqui, corteza de canelo, helechos, zapallos, musgo barba de palo, barro y maíz para producir tintes que den color a sus lanas. Ya tienen estandarizados 36 colores nacidos de la tierra, entre ellos el negro Ayacara, que surge de la cocción de barro del lugar y hojas.

Esto me ha ido cambiando la vida; me relaciono más con la gente y además uno se gana sus pesitos y se siente realizada como persona, afirma Nelda Mayorga, de 44 años.

Ése es el nombre de la empresa productora y procesadora de alimentos orgánicos de Reldehue, en la península de Comau. Allí, 12 socios, entre 29 y 63 años, experimentan con jengibre, cúrcuma, ají, curry y otras especias para dar valor agregado al sabor del ajo chilote.
Con botas de goma, delantales, gorros y mascarillas albas, se sumergen en el rigor de su planta procesadora para investigar las mejores formas de producir y almacenar sus alimentos.

Los ajos, antes sólo para consumo familiar, se transforman en una empresa que promete circular por el país (donde ya hay restaurantes y supermercados interesados) y exportar a EE.UU.

Eso junto con ser una fuente de autoestima y salud: la señora María Tulia Alonso asegura que con el trabajo se le han pasado los achaques.


José Manuel Barría está ansioso por que llegue el verano. Es uno de los 11 socios de la microempresa Tres Mares, que ofrecerá programas para veraneantes, entre los que se destacan los paseos en kayak por los fiordos de la península, con campamentos y visitas a termas naturales.
La fuerte disminución de la pesca, por las cuotas para proteger recursos, hacen del turismo una posibilidad atractiva para don José Manuel y sus colegas. "Va a ser un ingreso más estable... antes si a uno se le enredaba el material o le salía el lobo en el día de la pesca, sonaba no más.

El microempresario está contento de aprovechar sus conocimientos del mar y la capacitación que recibió de la fundación Ayacara para generar nuevos ingresos y mostrar el orgullo que siente por su tierra. Ya ha tenido algunos turistas piloto y afirma que uno se emociona cuando ven los lugares y los encuentran tan bonitos...

Unos 140 mil pesos en materiales y el trabajo de un mes de cuatro personas dan vida a botes y kayaks de lujo en Astilleros Comau, una empresa de 7 socios que rescatan la tradición de la carpintería de ribera, casi perdida en la península. Construyen con trozos de madera desde 10 centímetros, de tal forma de aprovechar los recursos y terminar con la depredación de ciertas especies superexplotadas.
Con apoyo de la fundación recibieron capacitación y comenzaron a elaborar ítemes cuya demanda crece en el mercado internacional de los deportes acuáticos. Trabajan a pedido y exportan a Estados Unidos.

He crecido bastante, sobre todo como persona. Antes a la gente de Ayacara se nos conocía por la pesca, pero ahora también nos conocen por este trabajo. Hemos ido a exposiciones y dado charlas, entonces esto ya no es un cuento, es parte de nuestra vida , comenta Carlos Alvarado, gerente de la empresa.


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