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Asunto:[LEA-Venezuela] Las Manos negras del Chimó (Panorama)
Fecha:Domingo, 3 de Noviembre, 2002  06:09:01 (-0400)
Autor:Jorge Hinestroza <vitae3 @..........ve>

Diario Panorama,  Maracaibo, domingo 3 de noviembre de 2002
Las Manos negras del Chimó
Texto: Annel Mejias


Rac, rac..., se escucha en el patio. Un hombre, ya anciano, mueve
circularmente el palo alargado de madera que menea el espeso líquido negro.
Sobre él se eleva una densa nube de humo que lo ahoga por instantes.
Parpadea a ratos, pues el olor de la lejía (ceniza de madera) se le mete por
la nariz y le come, poco a poco, la garganta. Siente los ojos llorosos y una
comezón en el paladar. No puede casi tragar, pero aún así continúa moviendo
el chimó con sus manos manchadas por la pasta negra.
Mientras agita el líquido, ya espeso, Felipe Peña, de 72 años, cuenta que
sufre de reumatismo. "Estoy todo encalambra"o por lidiar con el chimó", dice
para exorcisar culpas. Deja por un momento el meneo mientras se alista para
mostrar el trabajo de toda su vida: la fábrica ubicada en su casa.
Recorre sigilosamente un caminito entre la cerca de alambre de púa y el
sembradío de casi 15 hectáreas de tabaco que queda detrás de su casa.
Señala con su dedo índice una choza que tiene adentro unas enormes pailas
que se alimentan por delgadas tuberías de gasoil: es la parrillera, que en
ese instante no se encuentra funcionando. "Este tabaco debe estar listo para
recoger dentro de 20 días", comenta don Felipe.
En La Barinesa, pueblo ubicado a 15 minutos de Barinitas, capital del
municipio Bolívar, en Barinas, existen dos épocas del año en que la gente
carga dinero en sus bolsillos: abril y agosto, cuando se inicia la
recolección del tabaco.
"Para estas fechas comienza el corte de las matas y el proceso se extiende
hasta finales de enero", cuenta Liseth Alegría, una de las socias de la
fábrica La Barinesa. Un arroba de chimó cuesta hasta 100 mil bolívares.
Producción colonial
Sobre una mesa rústica de madera se hallan siete chicos, casi todos nietos
de don Felipe. Un grupo hace las delgadas tiras de chimó -parecen plastilina
negra-, otro se encarga de cortarlas y un último, compuesto por muchachas,
las envuelve en hojas de celofán.
"Le damos vuelta y queda listo el bojotico", dice una de ellas, Beatriz
Peña, de 23 años, quien cuenta, además, que en la escuela le enseñaron que
de esta zona se exportó chimó hacia Europa en el siglo XVIII.
La pequeña fábrica de don Felipe es donde, según los lugareños, se fabrica
el chimó más bravo de la zona, pues él forma parte de los pocos viejos que
desde chiquitos se han dedicado a esta labor.
De los tres chicos que se encuentran en la mesa, dos no sacaron el
bachillerato, pues el único centro educativo que se ubica en la zona sólo
imparte clases de 1º hasta 9º grado para un poblado que cuenta con cerca de
tres mil habitantes. Para cursar 4º y 5º año deben "bajar" hasta Barinitas.
Mery Rondón, una mujer de 42 años que trabaja en un asociación de ancianos,
nos comenta que recientemente se hizo un censo de los viejitos de la zona y
descubrieron que casi 60% no sabía leer ni escribir.

Al mayor y al detal

El olor de monte se eleva por cada calle de La Barinesa. En una vivienda
sencilla que tiene un galpón en el fondo se distribuyen varias mesas y un
horno que hace lo mismo que don Felipe: batir, pero mecánicamente con
electricidad.
Es la fábrica La Barinesa, donde se producen 160 kilos de chimó diarios.
"Como ocho arrobas al día", cuenta Alegría, socia del negocio.
"Casi todos somos familia", dice para referirse a los otros pequeños
empresarios: su hermana Mailin de Zorrilla y su esposo, Leonar Montilla,
todos oriundos de Caracas. Generan cuatro empleos directos.
"Aquí la mayoría de personas que no tiene tierra, siembra a medias con el
dueño de la parcela -dice-, porque estamos en una zona que no es fría ni
caliente y, por lo tanto, se da muy bonito el tabaco. Incluso, dicen que el
mejor chimó de Venezuela es el de acá".

Tipos

De acuerdo con la región se aliña el chimó. En los Andes les gusta el dulce,
que se hace con azúcar o vainilla para suavizarlo. Los apureños o
guariqueños les encanta bastante fuerte y, por ello, se le agrega pimienta.
En el Zulia aún experimentan con el chimó suave: el dulce.
Si bien el acto de meterse una boleada a la boca y retenerla en el paladar o
bajo la lengua (escupir chimó) simboliza para muchos un vicio, la pasta
oscura tiene sus propiedades curativas.
"Se usa para expulsar los parásitos, se les unta a los recién nacidos en el
ombligo para que lo suelten rápido, alivia el dolor de muela", comenta don
Felipe.
Carlos Peña, un productor de piel trigueña, abre una cajetilla y huele la
masa oscura: "Si a usted lo pica una culebra y se echa puede que se salve",
dice con convicción.

Negocio rentable

Al parecer, la fabricación de chimó trajo hasta las "playas" de La Barinesa
una oleada de personas que vienen, casi todas, de Los Andes, pues la
producción representa un negocio bastante lucrativo.
Y así lo reitera Peña, un hombre de 50 años quien ha visto llegar a la zona
familias de Mérida, Trujillo y Táchira. "Por un cuñete de chimó sin lejía o
sin aliñar (24 kilos) se paga entre 100 ó 200 mil bolívares", dice.
Como pocos de la familia tienen el privilegio de terminar el bachillerato,
se quedan ayudando a los padres o a los abuelos en el negocio, como es el
caso de don Felipe, quien recibe el ramillete de nietos luego de la
cosecha -cuando terminan de recoger el tabaco, por lo cual le pagan poco-
para armar los bojoticos. Sus herederos del chimó.

"NO COCINAN"

En la casa de Isabel Rangel, una mujer de 48 años que anda descalza por el
piso de cemento, se sabe que están cocinando tabaco a los alrededores por
una señal muy peculiar: "Ya no hay moscas", dice.
Luego de hervir el tabaco, el desecho, llamado "vascuche", se bota a un lado
de las parcelas o patios -casi todos los pobladores tienen un sembradío en
la parte trasera de sus viviendas-. Cuando se fermenta, las moscas ponen sus
huevos allí.
"Sale un enjambre de mosquerío que a veces uno no puede comer", dice
Leonardo Briceño, presidente de la junta de vecino, mientras se espanta dos
que le rondan con insistencia las piernas.
Con dos cosechas al año la situación se pone peor, pues, como cuenta Zenaida
Peña, enfermera del ambulatorio rural II La Barinesa, "hemos tenido muchos
casos de diarrea".

AGUA NO APTA

Una de las enfermedades típica de la zona: la hepatitis viral. "A cada rato
llegan casos", explica la enfermera Zenaida Peña.
El pueblo no cuenta con una red de colectores y, por lo tanto, todos tienen,
en el mejor de los casos, pozos sépticos. Tampoco poseen acueducto y, por
esto, toman agua de una tanquilla que es alimentada por una naciente.
"Hace poco vino una gente de la Sanidad, le hizo un estudio al agua de aquí
y le consiguió restos fecales. Nosotros prácticamente, para decirlo de una
manera coloquial, tomamos y nos bañamos con mierda", dice Briceño.
De igual forma, cuando los cultivadores fumigan sus cultivos -la mayoría
ubicados en los patios- utilizan venenos y se puede sentir el olor en las
casas. "A veces fumigan sin guantes ni máscaras, algunos hasta lo hacen en
"shores". Eso, creo yo, le va penetrando a uno por los poros y le hace
daño", dice Briceño.

BARINITEÑOS

CARLOS LEÓN 40 años, policía. "Esta es un pueblo laborioso, aquí no hay ese
auge delictivo, esto todavía ha escapado de esa mano peluda de la droga.
Aquí se ve sólo producción agrícola".
EMILIANO GARCÉS 39 años, aliña chimó . "Aquí casi todo el mundo vive de
hacer chimó, cada quien tiene en su patio un sembradío de tabaco y, como
puede, hierve la mata en las ollas".
LUIS GONZÁLEZ 80 años, ex trabajador de chimó . "Yo antes laboraba por
épocas en la cosecha y la producción, pero ahora me encuentro débil. No
sembré parejo porque eso da mucho trabajo y gastos".
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