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Asunto:[LEA-Venezuela] DIA MUNDIAL DE LA ALIMENTACION
Fecha:Domingo, 20 de Octubre, 2002  18:34:57 (-0400)
Autor:Julio Cesar Centeno <jcenteno @..........ve>

 
 
 
DIA MUNDIAL DE LA ALIMENTACION
 
"Los países más desarrollados de la tierra le asignan como subsidio a su producción agrícola mas de mil millones de dólares por día, cifras del Banco Mundial. Hace poco han acordado en algunos países del Norte incrementar estos subsidios.

"Pero a los pequeños productores de maíz del Africa, a los productores de algodón de Suramérica, a los productores de ganado de los países pobres, no se les permite ser subsidiados porque se violaría las leyes del divino comercio.

¡Qué inmoralidad!  Eso se llama inmoralidad, exigirle al débil lo que el poderoso no cumple".


Extractos del discurso pronunciado por el Orador de Orden, Presidente de Venezuela y Presidente del Grupo de Países en Desarrollo (Grupo de los 77), Hugo Chávez, el Día Mundial de la Alimentación, ante la FAO. Roma, Octubre 2002.

 
Sea propicio este día del 57 aniversario de la creación de la FAO y del surgimiento del sistema de Naciones Unidas para recordar el camino por el que hemos venido transitando después de la II Guerra Mundial cuando nos entramos a bombas. Bueno, perdón, cuando se entraron a bombas. En América Latina no nos entramos a bombas, pero sin embargo nos incluyeron en el concepto de una guerra mundial, aunque no abarcó a todo el mundo.

Eso de guerra mundial tiene que ver con esa visión nortista del mundo, impuesta desde hace muchos siglos. Lo que pasa en el Norte es lo que pasa en el mundo, como si el mundo fuera el Norte y como si el Sur no importara. La historia universal es la historia del Norte. 

La historia del Sur hay que buscarla escondida entre páginas que a veces no existen. La historia del Africa, la historia de la América explotada y colonizada, la historia del Asia, del Sur. ¿Dónde anda esa historia, nuestra historia? Queremos compartirla con la del Norte. Queremos compartir nuestro análisis del mundo, nuestra visión del mundo desde el Sur, desde donde hemos habitado durante siglos quienes Franz Fanon llamó los condenados de la tierra, aunque sabemos que no hay condenados en la tierra porque todos somos hijos de Dios y Dios no condena a sus pueblos.

Oportuno entonces revisar el camino por el que hemos venido transitando, oportuno el momento para decirnos las verdades en el mundo. Cito a Cristo cuando dice soy el camino, la verdad y la vida.  Para conseguir la vida debemos descubrirnos las verdades, y cuántas mentiras nos decimos hoy en el mundo.

¡Cuánto cinismo hay hoy en el mundo!. ¡Cuánta inversión de valores! Todos lo sabemos, pero pocos lo decimos. Venimos a las cumbres a aplaudirnos y a decir discursos, unos tras otros, muchos cargados de mentiras que todos aceptamos y aplaudimos.

Creo que es momento de decir verdades, cueste lo que cueste. Es la única forma de conseguir el camino.

No crean los países desarrollados que el camino por el que venimos transitando garantiza la vida futura. ¡No! Si no reencontramos el camino de la justicia, el mundo sencillamente no es viable, ni para los ricos ni para los pobres.

Si nosotros no reencontramos el camino de la vida, de la igualdad, de la solidaridad, el mundo en 100 años sería invivible. No habrá paz si no hay justicia, y la paz no se impone con amenazas, invasiones y con bombas. La paz se impone con justicia y con amor, con dignidad y con respeto a la condición del ser humano.

Creo que el sistema de Naciones Unidas es necesario reestructuarlo. Creo que como está no es útil para lograr los fines que se propuso Naciones Unidas cuando fue creada en el contexto de la posguerra. Se ha convertido en un sistema anacrónico. No está a la altura de las exigencias del momento que estamos viviendo en el mundo de hoy.

Voy a poner como ejemplo uno vivido recientemente en la cumbre mundial de Johannesburgo, la llamada Cumbre de la Tierra.  Ocurren cosas sumamente irregulares en las cumbres. Los documentos son preparados por un grupo de técnicos, representantes de los países, expertos en los temas que se van a tratar. Pero luego los jefes de estado, los jefes de gobierno, llegan a las cumbres y se reúnen en mesas redondas a debatir los temas y a proponer soluciones. Diversas soluciones. Y a pesar de que algunas de esas propuestas logran el consenso de la mayoría, y a pesar de que levantan la mano 90% o más de los jefes de estado allí presentes, resulta que no hay manera de que esa opinión mayoritaria se refleje en las conclusiones de la Cumbre., Entonces uno se pregunta: ¿a qué venimos los jefes de estado?

Entonces el mundo que lo manden los tecnócratas. Los jefes de estado, los jefes de gobierno, representantes de millones, deben subordinarse a la tecnocracia. He allí la inversión de la política, la ética, la lógica.

Naciones Unidas por ejemplo convocó la Cumbre llamada del Milenio y allí los jefes de estado del mundo firmamos una declaración, un compromiso. Entre otras cosas nos hemos comprometido a que para el año 2015 debemos haber reducido a la mitad la pobreza en el mundo.

Han pasado ya dos años de aquella cumbre y si revisamos lo hecho y lo proyectamos a los 13 que nos quedan, podremos concluir que ni siquiera nos estamos acercando a ese objetivo. Por el contrario, nos estamos alejando del objetivo de reducir la pobreza en el mundo. Crece la pobreza como huracán asesino en los pueblos del tercer mundo. Crece la desigualdad. Crece el desmoronamiento de pueblos enteros.

Hay pueblos del Africa con más del 50% de su población infectada por el Sida, por ejemplo, y no tiene ni agua para un vaso diario.

El último informe del Programa Naciones Unidas para el Desarrollo señala que al ritmo que vamos harían falta no 13 años que es lo que nos quedan para cumplir la meta impuesta en la Cumbre del Milenio, sino 150 años, al ritmo que vamos.

Ya hay una claridad mínima suficiente para tomar decisiones, para evitar o para detener este proceso destructivo del planeta que está en marcha. La desertización, por ejemplo, sigue avanzando por todo el mundo. El ansia del consumismo y el modelo desarrollista, ahora salpicado con el veneno del neoliberalismo, ha destrozado bosques enteros en todo planeta.

Yo nací al sur de Venezuela, a la orilla de grandes ríos, bosques y sabanas. Vi como en la década de los 70, de los 80 y de los 90,  grandes bosques que existieron hoy son prácticamente desiertos. Allá llegó la visión del desarrollismo y la explotación irracional de los recursos naturales.

Bien decía Mahatma Ghandi que la tierra tiene suficientes recursos para satisfacer las necesidades de todos. Pero que nunca tendrá suficientes recursos para satisfacer la codicia de unos cuantos.

Yo creo que ahí está la raíz del problema. Y creo también que el problema hay que atacarlo por la raíz.

Nadie nació condenado. Eso es un poco lo que decían los conquistadores y los colonizadores cuando llegaban a nuestras tierras en Africa o en América Latina. Le decían a los esclavos que habían nacido para esclavos, porque eran negros, y que no se podían rebelar contra el mandato de Dios, porque el Rey era el enviado de Dios en la tierra.

No hay condenados. Todos somos iguales ante Dios, y debemos tambien serlo ante las leyes de los hombres.

¿Cuál es la razón entonces? La razón que hay que atacar es el modelo económico que se ha impuesto al mundo: el capitalismo salvaje.

Siempre hemos aplaudido las críticas de Su Santidad el Papa y las tesis de la Iglesia Católica en contra del neoliberalismo salvaje.

América Latina fue uno de los continentes a los que le inyectaron mayor dosis de neoliberalismo salvaje. Allí estamos los latinoamericanos, de crisis en crisis.

Qué gran república la Argentina. Sin embargo, el presidente Duhalde lo dijo hace unos meses: La Argentina está fundida.

¿Y por qué la Argentina, según Duhalde, está fundida? Porque le inyectaron la mayor dosis de neoliberalismo que a país alguno en América se la haya inyectado. Privatizaron todo. Porque el mercado vendrá a arreglar todo, una mano invisible arreglará todo: el mercado.

¿Y los pobres?  No importa, vendrá el goteo del mercado y de manera progresiva los pobres irán saliendo de su pobreza.

¿Y la educación? No se preocupe por la educación, hay que privatizarla, es la solución mágica para el problema.

¿Y la seguridad social?  ¿Y la salud? También hay que privatizarlas. El mercado todo lo arregla.

Ese es el planteamiento salvaje del neoliberalismo.

¿Y el Estado? El Estado no debe intervenir para nada en la economía, si interviene es el diablo. ¿El Estado? No. La política, no, la política a la retaguardia. Viva la economía. Abajo la política.

Y resulta que la política desde tiempos inmemoriales debe ser la que rige, la que decide, la buena política. La República, la cosa pública, todo debe estar subordinado a la República, no hay red privada en los conceptos antiguos de la política.

Se nos quieren imponer normas ahora, sobre todo a los países más pobres, sobre todo a los países más débiles. 

¿Subsidios? No.  ¿Cómo van a subsidiar a sus agricultores? Eso viola las leyes del mercado, es decir casi las de Dios. ¿Vas a subsidiar a tus agricultores? Entonces te sanciono porque estás violando las leyes internacionales.

Los países poderosos sí pueden subsidiar su agricultura. Los países más desarrollados de la tierra le asignan como subsidio a su producción agrícola mas de mil millones de dólares por día, cifras del Banco Mundial.  Hace poco han acordado en algunos países del Norte incrementar estos subsidios.

Pero a los pequeños productores de maíz del Africa, a los productores de algodón de Suramérica, a los productores de ganado de los países pobres, no se les permite ser subsidiados porque se violaría las leyes del divino comercio.

¡Qué inmoralidad!. Eso se llama inmoralidad, exigirle al débil lo que el poderoso no cumple.

¿Es ese el camino? Sí, el camino al infierno. Porque si seguimos por ese camino no bastarán todas las medidas de seguridad que tomen los países desarrollados en los próximos años, no bastarán escudos misilísticos y sistemas de seguridad electrónicas de los más avanzados, para detener la violencia que vendría en el mundo si seguimos por ese camino.

Insisto en el concepto cristiano y en la palabra cristiana: el único camino a la paz es la justicia. No hay otro camino.

O nosotros reencontramos el camino de la justicia, o los caminos que vienen serían los caminos de la violencia, los caminos de la guerra, los caminos de la muerte. Ese no puede ser el camino de los hijos de Dios. Ese no puede ser el camino de este mundo.

Por eso es que llamamos con crudeza a la reflexión, sobre todo a los que tienen más poder de decisión en el mundo. Ya lo decía nuestro Libertador, Simón Bolívar: las gangrenas no se curan con paliativos, se trata de atacar la raíz del problema si queremos solucionarlo.

Hace apenas seis meses yo fui derrocado por un golpe de Estado dirigido por elites internas en alianzas con factores externos. Un golpe de ricos, de las elites que gobernaron a Venezuela durante medio siglo, que han abusado de su poder económico, mediático, político, aliados con parte de la elite militar. Sólo que, ya prisionero, ocurrió algo casi milagroso: millones de personas se fueron a las calles, con este libro como arma, la Constitución que ese pueblo se dió hace apenas tres años y que es el mandato fundamental, soberano y legítimo para impulsar nuestra revolución pacífica, nuestra revolución democrática.

Millones de personas sin armas, sólo con su coraje, su amor y su Constitución, rodearon los cuarteles donde estaban los golpistas, rodearon el Palacio de Gobierno donde estaba el Presidente de facto, auto juramentado. Las elites habían vuelto allí a festejar su retorno al poder. En menos de 48 horas ese pueblo me trajo de nuevo. La mano larga del pueblo llegó hasta una isla donde estaba secuestrado y me volvió a mi sitio donde él me asignó la tarea de conducir este proceso. 

En Venezuela estamos practicando, impregnando, inundando los espacios con una nueva ética de la vida, dejando atrás el individualismo y el egoísmo, dejando atrás modelos de exclusión, de marginalidad; sembrando y generando una idea de la igualdad de la hermandad, de la solidaridad.

En este libro azul que es la Constitución que el pueblo venezolano elaboró y aprobó en referéndum, hace tres años, están contenidos principios fundamentales de la FAO sobre la seguridad alimentaria, sobre la necesidad de garantizarle a todo ser humano, a todos sin excepción, el derecho a la alimentación.

El mundo puede hacer mucho más por los que hoy mueren de hambre. Cada tres segundos muere un niño de hambre en el planeta.

El artículo número 2 de nuestra Constitución recoge un mandato supremo del pueblo: Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de derecho y de justicia. Creemos que el llamado Estado de derecho no es suficiente. Todos conocen lo que es el derecho injusto: normas impuestas por los poderosos para dominar a los explotados a través del derecho injusto.

Bueno el derecho de Indias que el Imperio de España de los siglos XVI, XVII y XVIII la impuso a los aborígenes de América: "si no os sometéis al mandado del Rey serás colgado". Y eran colgados o decapitados los negros que se alzaban contra el explotador, o los indios que se iban a los campos a luchar contra el Imperio. 

Hay derecho injusto en el mundo, mucho más de lo que a primera vista pareciera. En Venezuela hemos querido señalar a nuestra República como un Estado democrático social de derecho y de justicia, porque el derecho  debe ser solo un instrumento para la justicia. 

El artículo 305 de la Constitución de Venezuela establece lo siguiente:

"El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral, a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población, entendida como la disponibilidad suficiente y estable de alimentos en el ámbito nacional y en el acceso oportuno y permanente a estos por parte del público consumidor".

Hicimos una Ley de Tierras y Desarrollo Rural, para garantizar el acceso a la tierra a los campesinos y a los productores, y para acabar con la grosera concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos. En Venezuela hay propiedades individuales o familiares de 100 mil hectáreas, la mayor parte de ellas improductivas. 

Latifundios, concentración de riqueza. Mientras la mayoría de los campesinos no tiene una hectárea para sembrar, ni siquiera para producir su propia alimentación y el sustento familiar ¿Qué ha pasado?, Tan pronto aprobamos la Ley de Tierras, los grandes latifundistas de Venezuela se unieron para dar un golpe de Estado contra el Gobierno.

Hicimos una Ley de Pesca para limitar la salvaje pesca de arrastre que destroza el fondo marino y acaba con las especies del mar por el afán y la codicia. Hicimos una Ley de Pesca para proteger y promocionar la pesca artesanal. ¿Qué pasó con los grandes pescadores industriales del arrastre? Se unieron para incitar a la desestabilización, para convocar paros y huelgas, y luego para apoyar el golpe de Estado del pasado mes de abril.

Hemos hecho nuevas leyes de financiamiento para normar a la banca privada a que financie la actividad agrícola, porque ahora la banca privada mayormente se dedica a las tareas especulativas. Una banca así está desnaturalizada. Entonces hicimos una nueva Ley de Bancos para establecer el financiamiento obligatorio a la agricultura. 

Democracia en la tenencia de la tierra; democracia en el capital.

Hemos hecho una Ley de los Espacios Acuáticos, para proteger todo espacio, bien sea fluvial, lacustre o marítimo en el ámbito venezolano, para proteger las aguas de la contaminación y el atropello de las grandes empresas y de la población inconsciente que contamina.

Venezuela es un país petrolero. Tenemos un lago muy grande, el de Maracaibo, que ha sido contaminado totalmente durante el siglo 20. ¿Por qué? Porque debajo de esas aguas hay grandes reservas de petróleo. Hace un siglo que comenzó ahí la explotación petrolera. Se han muerto los peces, y la población que vive a sus riberas, millones de personas, no puede usar el agua del lago porque está contaminada con aceites y petróleo.

Recuperar el lago deteniendo la explotación irracional e invirtiendo miles de millones de dólares nos llevaría una década. Hemos comenzado con un proyecto de saneamiento del lago partiendo de una nueva Ley de Espacios Acuáticos.

Hemos dicho no a la privatización de la educación. Hemos prohibido el cobro de dinero en las escuelas públicas. Hemos logrado el incremento en más de 40% de la matrícula escolar. Hemos duplicado el presupuesto de la educación, y estamos ya en más de 6% del producto interno bruto.

Hemos duplicado el presupuesto a la salud, y estamos ya por encima del 4,5% del producto interno bruto.

Hemos prohibido que se cobre a los enfermos o a los pobres en los hospitales públicos. Se les estaba cobrando, de acuerdo con la tesis neoliberal de que había que privatizarlo todo.

Algunas consecuencias positivas en un corto plazo.La desnutrición infantil se redujo en más de un 10%. La mortalidad infantil en Venezuela en estos tres años de revolución democrática, se ha reducido de 21 a 17 por mil nacidos vivos. El acceso al agua potable se incrementó en un 15% es decir, 1,5 millones de personas tienen ahora el acceso al agua potable que no tenían hace apenas tres años. Hemos estado construyendo plantas de tratamiento de agua potable o de tratamiento de agua desde pequeñas poblaciones de 500 personas hasta grandes ciudades de 400 mil personas. 

En Venezuela estamos haciendo un gran esfuerzo para retomar el camino de la igualdad, la dignidad y de la vida.

Hemos determinado que para llevar agua potable a un pueblo en condiciones de pobreza se necesitan aproximadamente 1.000 dólares por persona. El Director General de la FAO habla de 1.000 millones de personas que no tienen acceso al agua potable en el mundo. Si aplicamos el promedio de la realidad venezolana, haría falta un billón de dólares, un millón de millones de dólares, para llevar agua potable a esas mil millones de personas. Si esa cantidad la dividimos en 10 años, harían falta 100 mil millones de dólares cada año de los próximos diez años ¿Dónde está ese dinero? ¿Acaso con la ínfima ayuda a los países pobres vamos a lograr esta meta? Nunca lo lograríamos.

¿Existe el dinero para ello? Si existe. Venezuela ha propuesto ya en dos ocasiones, y hoy lo propongo de nuevo a los gobernantes del mundo y a las instituciones de Naciones Unidas, que se cree un Fondo Humanitario Internacional.

No se trata de un Fondo asistencialista. La Deuda Externa, por ejemplo. He allí una fuente importante, pero nadie quiere hablar de ese tema en el mundo. Los que lo hacemos pasamos inmediatamente a formar parte de una lista de "los chicos malos del mundo".  Pero más temprano que tarde habrá que enfrentar el tema de la deuda externa.

A la América Latina, por ejemplo, pobre y explotada, aporreada y dominada desde hace siglos, manos supuestamente generosas le concedieron préstamos desde hace 30 años que sumaron en su momento original entre 600 y 700 mil millones de dólares.  América Latina en estas décadas ha pagado dos veces esa deuda original, y resulta que debemos mucho más.

Los pueblos del continente no aguantan más ese peso: Argentina, Brasil, México, Venezuela. por hablar de las deudas más grandes, Ecuador y muchos otros países de América Latina y el Caribe. Una deuda muchas veces contraída violando las leyes de aquellos países. Muchas veces la deuda ni siquiera ingresó a las arcas nacionales, sino que se quedó en círculos externos, enriqueciendo a más de un político y a más de un negociante.

Nosotros proponemos que para crear el Fondo Humanitario Internacional se decida que un porcentaje importante de la Deuda Externa se deje de pagar de los países pobres a los países ricos, y se dirija a programas urgentes de producción de alimentos, para llevar agua a quienes no la tienen, para la microempresa, para el empleo, para la industria.

Proponemos que se cree un impuesto especial a las grandes transacciones financieras del mundo, y que lo que se recabe por ese impuesto vaya a ese Fondo Humanitario Internacional para luchar contra la pobreza que azota a miles de millones en el mundo.

Proponemos que se reduzca el gasto militar del planeta, para dirigirlo a un fondo de emergencia mundial para el agua, para la alimentación, para la vida.

Si por arte de magia en este mismo instante todos los seres humanos del planeta adquiriésemos el nivel de vida de los países más desarrollados, harían falta por lo menos tres, algunos hablan de cinco planetas iguales a la Tierra, para que pudiéramos vivir todos, con el agravante de que los destruiríamos a los cinco a la vez. Porque la humanidad en vez de conservar, en vez de construir, a través de los modelos que han venido imponiéndose lo que ha venido es destruyendo la vida sobre el planeta y la esperanza de un mundo feliz, la esperanza de Dios y de nosotros sus hijos.


Extractos del discurso pronunciado por el Orador de Orden, Presidente de Venezuela y Presidente del Grupo de Países en Desarrollo (Grupo de los 77), Hugo Chávez, el Día Mundial de la Alimentación, ante la FAO. Roma, Octubre 2002.