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Asunto:[LEA-Venezuela] Fw: infancia
Fecha:Lunes, 1 de Julio, 2002  11:46:47 (-0400)
Autor:pefaur <pefaur @.........ve>

 
----- Original Message -----
Sent: Wednesday, June 26, 2002 11:55 AM
Subject: infancia

 

Editorial de Le Monde Diplomatique, Julio de 2002

Niños explotados 

Ignacio Ramonet

 

Más de 211 millones de niños, con edades entre 5 y 14 años, se ven forzados a trabajar. Para sensibilizar la opinión pública en relación con este fenómeno planetario —que concierne especialmente a los países en vías de desarrollo, pero del que tampoco están eximidas las naciones ricas— la Organización Internacional del Trabajo (OIT), tomó la iniciativa, el 12 de junio de 2002, en Ginebra, de una “primera jornada mundial contra el trabajo de los niños” (1).

 

Con frecuencia la imagen de la infancia oculta la realidad vivida por los niños. Y esta realidad, en numerosos países, se parece a las pesadillas que describieran en el siglo XIX, en novelas fascinantes, autores como Charles Dickens, Victor Hugo, Hector Malot o Edmondo de Amicis (2).

 

La globalización liberal no ha sido capaz de arreglar en absoluto este problema. Ello es así porque “en un mundo en el que la libre circulación de los capitales y de las mercancías está asegurada de antemano globalmente, las industrias de los países del llamado bloque Sur no pueden mantener su posición en el mercado sino al precio de poner en juego al máximo el único dominio en el que esas industrias pueden mantener alta competitividad, a saber, el bajo costo de su fuerza de trabajo” (3). Sin forzar al trabajo a los niños, sensiblemente peor remunerados que los adultos, muchos países verían irse al suelo su competitividad, disminuir sus exportaciones y desplomarse sus ingresos.

 

Las empresas multinacionales —entre otras, las del tabaco (Phillip Morris, Altadis), las del cambur (Chiquita, Del Monte) y las del cacao (Cargill)— no son las últimas en sacar provecho de esta explotación de los menores. En Malawi, por ejemplo, esa nación del África oriental donde el primer empleador es la industria tabacalera, decenas de millares de niños son explotados en las tareas de recolección y secado de hojas de tabaco. En Ecuador, niños de 7 y 8 años trabajan en los campos bananeros doce horas cada día. En Costa de Marfil, primer productor mundial de cacao, millares de niños esclavos estarían siendo utilizados para el trabajo en las plantaciones.

 

Este asunto de los niños esclavos, y del tráfico del que son objeto, fue noticia de primera plana en la prensa del mes de abril de 2002, cuando se descubrió un navío portando bandera nigeriana (el Etireno) que había partido de Benin transportando decenas de niños que debían ser vendidos como esclavos en Gabón. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), más de 200.000 niños y adolescentes serían víctimas de este tipo de tráfico, compra y venta en África central y occidental.

 

Así mismo, en los países ricos más de 2,5 millones de niños —a los que habría que agregar 11,5 millones de adolescentes entre 15 y 17 años— trabajan bajo condiciones penosas y riesgosas en la agricultura, en la construcción, en los talleres textiles y en las fábricas de calzado: 120.000 en los Estados Unidos, 200.000 en España, 400.000 en Italia y más de 2 millones en Gran Bretaña.

 

Para examinar esta dramática situación de los menores —doce años después de la Cumbre Mundial por la Infancia, organizada por las Naciones Unidas en Nueva York en septiembre de 1990— una nueva Cumbre de la Infancia se realizó en mayo pasado, en la sede de la ONU, con la participación de unos 500 menores oriundos de cien países. La Cumbre fue instalada por Kofi Annan con una severa constatación: “Hemos fracasado miserablemente en la protección de los derechos esenciales de los niños”.

 

Hay que decir que las cifras son aplastantes. Más de 500 millones de niños viven con menos de un Euro por día; son los más duramente alcanzados por la miseria, de la que acarrearán toda la vida sus secuelas psicológicas y físicas. Más de 100 millones de niños jamás van a la escuela. Cada año mueren 11 millones de menores de menos de cinco años, o sea 30.000 por día, uno cada tres segundos...

 

Entre 1990 y 2000, a causa de diversos conflictos, más de 1 millón de niños han perdido a sus padres o han sido separados de su familia; más de 300.000 han sido reclutados como soldados; más de 2 millones han sido masacrados en guerras civiles; más de 6 millones han sido heridos, mutilados o han quedado incapacitados de por vida; 12 millones han sido privados de vivienda y unos 20 millones han sido desalojados de su hogar...

 

Por lo demás, cada año más de 700.000 niños son víctimas del tráfico con seres humanos, retenidos contra su voluntad en condiciones de esclavitud, a causa, según la ONU, “de la demanda de mano de obra barata y de la demanda creciente de niñas y niños para el comercio sexual” (4).

 

La suerte que corren las niñas es particularmente lamentable. Ellas son objeto de todas las discriminaciones. Así, entre la centena de millones de menores que no asisten a la escuela, 60 millones son niñas. En razón de su sexo, entre 60 y 100 millones de niñas han sido víctimas de feticidas, de infanticidios, de malnutrición y de maltratos. Más de 90 % del trabajo doméstico —el empleo más frecuente de los niños que trabajan— es realizado por jovencitas con edad entre 12 y 17 años. En algunas regiones de África y de Asia, la tasa de exámenes con resultado positivo del virus del Sida es cinco veces más alta en las niñas que en los niños.

 

Frente a semejante escándalo, hay que escuchar de nuevo el grito lanzado con firme voz en nombre de todos los niños explotados del mundo por una boliviana de 13 años, Gabriela Azurdy; grito lanzado en la sala de la ONU en el pasado mes de mayo, frente a 70 jefes de Estado y a centenas de ministros de 189 países: “Somos las víctimas de las explotaciones y de los abusos de todo género; somos los niños de la calle; somos los niños de la guerra; somos los huérfanos del Sida; somos las víctimas, y nuestras voces no son escuchadas. ¡Todo esto debe cesar! Queremos un mundo digno de todos...”

 

 

(1) Cf. Le Monde, 13 junio 2002.

(2) Leer Edmondo de Amicis, Le Livre coeur, Presses de l'Ecole normale supérieure, París, 2001.

(3) Bernard Schlemmer (Ed.), L'Enfant exploité, Karthala, Paris, 1996.

(4) La situation des enfants dans le monde 2002, Unicef.

 

***

Traducción libre de Jorge Dávila (Centro de Investigaciones en Sistemología Interpretativa, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela)