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Asunto:[LEA-Venezuela] Hambre y Ambiente
Fecha:Martes, 25 de Junio, 2002  18:46:45 (-0400)
Autor:pefaur <pefaur @.........ve>


----- Original Message -----
From: "BLSylvester" <sylveste@...>
To: "Foro Profesoral" <foroprofesoral@...>
Sent: Thursday, June 20, 2002 7:14 PM
Subject: FW: Info-Diplo 18/06/02


>
> LE MONDE Diplomatique, Edición Cono Sur.
> Servicio Info-Dipló
> 18/06/2002
>
> ______________
>
> INFO-DIPLÓ II
> ______________
>
>
> Derecho elemental e imperativo moral
> VENCER EL HAMBRE, ¿UNA UTOPÍA?
>
> La indiferencia de los países ricos ante la cumbre de la FAO, llevada a
cabo
> en Roma del 10 al 13 de este mes, que terminó en un fracaso, pone
seriamente
> en duda los compromisos para reducir el hambre tomados en la cumbre de
1996.
> Veinticuatro mil personas mueren a diario por la falta de comida (*)
>
> Por Jacques Diouf
> Director general de la Organización de las Naciones Unidas para la
> Alimentación y la Agricultura (FAO).
>
> Traducción: Carlos Alberto Zito
>
>
> "Tenía que ser la cumbre de la acción y, como estaba previsto, fue la
> asamblea de las palabras. Tras cuatro días de discursos por parte de los
> representantes de 183 naciones, la segunda reunión mundial para la lucha
> contra el hambre y la desnutrición concluyó en un resonante fracaso.
Durante
> las 80 horas que duró en encuentro, murieron 72 mil famélicos en el
mundo".
> El encabezado del artículo de un prestigioso corresponsal (1) lo dice
todo:
> a los países ricos, de los cuales solo dos estuvieron representados en la
> reunión por sus máximas autoridades (el español José María Aznar, en su
> calidad de presidente en ejercicio de la Unión Europea, y el italiano
Silvio
> Berlusconi, por el país anfitrión) no les importa en absoluto el problema
> del hambre en el mundo. Jacques Diuf, director de la FAO, reconoció que no
> se logró establecer acuerdos para obtener los 24 mil millones de dólares
> necesarios para reducir a la mitad el número de 800 millones de
hambrientos
> del planeta.
> A pesar de la abundancia de víveres, más de 800 millones de personas
siguen
> yéndose a dormir con el estómago vacío; miles de niños mueren a diario
como
> consecuencia directa o indirecta del hambre y de la subalimentación
crónica.
> En momentos en que las riquezas acumuladas en el mundo permiten mantener
> abierta la esperanza, la pregunta sigue siendo la misma: ¿se acabará con
el
> hambre?
> Por cierto, se registraron algunos avances en la lucha contra el hambre:
> durante el siglo XX la producción de alimentos aumentó a un ritmo más
> sostenido que la población mundial, que llegó a ser más del doble. Sin
> embargo, la desigualdad de acceso a la alimentación y a los medios de
> producción sigue impidiendo a millones de seres humanos gozar del derecho
> más fundamental: el de alimentarse según sus necesidades. Y queda mucho
por
> hacer para garantizar a todo el mundo una alimentación sana y nutritiva.
En
> noviembre de 1996, los representantes de 186 países y de la Comunidad
> Europea -112 de los cuales estaban representados por sus jefes de Estado o
> de gobierno- colocaron un primer jalón, en ocasión de la Cumbre Mundial de
> la Alimentación. Se habían fijado un objetivo a la vez ambicioso y
modesto:
> reducir al menos a la mitad el número de personas subalimentadas antes de
> 2015.
> Sin embargo, a pesar de las resoluciones y del impacto mediático de la
> cumbre de 1996, el problema del hambre en el mundo -una mancha en la
> conciencia de la humanidad- persiste y hasta se agrava en ciertas
regiones.
> Las cifras son elocuentes: el número de personas subalimentadas en todo el
> mundo está estimado en 777 millones en los países en desarrollo; 27
millones
> en los países en transición y 11 millones en los países desarrollados.
>
> Prioridad a la agricultura
>
> La subalimentación es muy común entre los niños de la mayoría de los
países
> en desarrollo, y es particularmente grave en el África sub-sahariana y en
el
> sudeste asiático. Cerca de 156 millones de niños de menos de cinco años
son
> víctimas de desnutrición proteino-energética, y unos 177 millones sufren
de
> retraso en su crecimiento, señal de subalimentación. Cerca del 17% de los
> recién nacidos de los países en vías de desarrollo evidencian un retraso
en
> su crecimiento intrauterino, clara prueba de subalimentación de las
mujeres
> embarazadas.
> ¿Se alcanzará algún día el objetivo fijado en 1996? La persistencia del
> hambre en un mundo de abundancia -a veces, de opulencia-, ¿no requiere de
> nuevas iniciativas mundiales? ¿Cómo hacer para mobilizar mejor una
voluntad
> política sin fallas y recursos suplementarios para vencer la plaga? Es el
> desafío de la "Cumbre mundial de la alimentación: cinco años después", que
> reunió del 10 al 13 de junio en Roma, a jefes de Estado y de gobierno,
> responsables de organizaciones internacionales intergubernamentales y
> no-gubernamentales, dirigentes de instituciones internacionales de
> financiamiento y representantes del sector privado.
> En julio de 2001, en Génova, Italia, la cumbre del G8 (2), donde la FAO
fue
> invitada, confirmó que el principal objetivo de una estrategia común de
> reducción de la pobreza sigue siendo el acceso a una alimentación adecuada
y
> el desarrollo rural. Todos los esfuerzos deben centrarse en la
reactivación
> de la productividad agrícola, más aun teniendo en cuenta que la ayuda
> brindada a ese sector constituye una parte no despreciable de la ayuda
> pública al desarrollo. Así, deberá acentuarse fundamentalmente el apoyo a
> las políticas agrícolas nacionales y a la formación de técnicos
agronómicos.
> Al respecto, el G8 respaldó en particular la cooperación Sur-Sur, que
juega
> un papel central en la transferencia de tecnologías adaptadas a las
> condiciones socioeconómicas en que trabajan los campesinos pobres,
> respetando al mismo tiempo las exigencias ecológicas (3). El G8 decidió
> además dar prioridad a las regiones más afectadas, en particular el África
> sub-sahariana y el sur de Asia.
> La agricultura constituye un elemento clave, pues la subsistencia de la
> mayoría de los mal alimentados depende de dicha área de actividades. En
> 1999, el 60% de la población total de los países en desarrollo vivía en
> zonas rurales, a la vez que la parte de la agricultura en la mano de obra
> total era también cercana al 60%. En muchos países con elevada tasa de
> sub-alimentación, la agricultura representa más del 25% del Producto
> Nacional Bruto (PNB) y garantiza, directa o indirectamente, la
subsistencia
> del 70% de los pobres y de las personas que sufren de inseguridad
> alimenticia. Por otra parte, la mayoría de las personas carenciadas que
> viven en zonas urbanas provienen del campo, donde ya no pueden asegurar la
> subsistencia de su familia.
> Por lo tanto, será necesario invertir aun más en ese sector de actividad.
> Lamentablemente, muchos países en desarrollo no destinan al mismo recursos
> suficientes, a pesar de tratarse del motor de su economía. Y los países
> desarrollados, al igual que las instituciones financieras internacionales,
> redujeron la ayuda consagrada a ese sector. Sólo en 1999 las subvenciones
> atribuidas por los miembros de la Organización de Cooperación y de
> Desarrollo Económico (OCDE) a su propia agricultura, se estimaban en
361.000
> millones de dólares, es decir, el 1,4% del PNB total. Esas cifras son
> considerables, sobre todo comparadas con la ayuda oficial otorgada a la
> agricultura de los países pobres, que sólo fue de 7.400 millones de
dólares
> en 1998. Esos datos ponen en evidencia que los campesinos de los países
> industrializados reciben ayuda por un monto 48 veces superior al destinado
a
> los agricultores de los países pobres. Esta situación, aunque sea acorde
con
> las disposiciones de los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio
> (OMC) incita a interrogarse sobre la equidad de estos últimos.
> El costo económico del hambre es exorbitante, tanto para los individuos
como
> para las sociedades. El hambre lleva a la enfermedad y a la muerte; obliga
a
> las familias a gastar sus escasos recursos en atención sanitaria; limita
las
> capacidades de aprendizaje de los niños; disminuye la productividad e
impide
> a las personas explotar sus capacidades naturales; frena el crecimiento
> económico y deja a las naciones sin medios para alcanzar un nivel de
> desarrollo aceptable. Según un reciente estudio, el Producto Bruto Interno
> (PBI) por habitante en África sub-sahariana, que no supera los 800 dólares
> anuales, sin desnutrición hubiera podido situarse entre 1.000 y 3.500
> dólares en 1990.
> Otro problema de envergadura es el Sida, que se propaga rápidamente en las
> zonas rurales de los países en desarrollo. La epidemia amenaza la
seguridad
> alimentaria y compromete la capacidad de producción. Las cifras son
> terroríficas: desde 1985 la enfermedad cobró la vida de unos siete
millones
> de trabajadores agrícolas en los veinticinco países más afectados de
África.
> Otros dieciséis millones podrían morir desde ahora hasta el 2020, debido a
> lo cual algunos países podrían perder hasta una cuarta parte de su mano de
> obra agrícola.
> La lucha contra el hambre en el mundo no es solamente un imperativo moral:
> representa además un factor benéfico para la economía y la seguridad de
> todas las sociedades. En efecto, el hambre es muchas veces no el
resultado,
> sino la causa de conflictos y de disturbios civiles, e influye
directamente
> sobre el éxodo rural y la emigración. Una persona con hambre es capaz de
lo
> peor.
> En consecuencia, la comunidad internacional debe concebir la erradicación
> del hambre en cualquier punto del globo como parte integrante de los
> imperativos de solidaridad planetaria, y debe adoptar todas las
> disposiciones necesarias para cumplir con sus obligaciones al respecto.
Las
> naciones industrializadas deben fundamentalmente dar una mayor
financiación,
> facilitar la transferencia de tecnologías apropiadas, reducir la deuda
> externa, abrir sus mercados, evitar el dumping de bienes excedentarios y
> garantizar términos de intercambio equitativos. En cuanto a los países en
> vías de desarrollo, deben destinar una parte suficiente de su presupuesto
a
> ayudar a los agricultores pobres, poner en marcha políticas que favorezcan
> la producción agrícola, y especialmente el dominio del agua; estimular las
> inversiones privadas locales y mejorar el acceso a la propiedad de la
> tierra, a los insumos, al conocimiento, a los mercados y al crédito, en
> particular para las mujeres.
> No existe ninguna panacea contra el hambre y la subalimentación, y las
> soluciones no son simples. Sin embargo, es posible lograr resultados si
los
> Estados y la comunidad internacional transforman sus compromisos en
acciones
> concretas. La batalla será difícil, pero con el apoyo de la opinión
pública
> y de las personas de buena fe y de buena voluntad de todo el mundo, el
> derecho humano más elemental -el derecho a la alimentación- puede y debe
> convertirse en realidad.
>
> (*) Versión actualizada del artículo publicado en Le Monde diplomatique
> edición Cono Sur, Buenos Aires, noviembre de 2001.
>
> 1 Julio Argañaraz, "Terminó en un fracaso la cumbre mundial contra el
> hambre", Clarín, Buenos Aires, 14-6-02.
> 2 El G-8 comprende a Estados Unidos, Canadá, Alemania, Reino Unido,
Francia,
> Italia, Japón y Rusia.
> 3 Roland-Pierre Paringaux, "Cooperation Sud-Sud au Sénégal", Le Monde
> diplomatique, París, marzo de 2001.
>
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> anteriores de El Dipló sobre el tema POBREZA, haga click en:
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