Inicio > Mis eListas > lea > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 1501 al 1530 
AsuntoAutor
Usaran dinamita en Interfaz
Documentos sobre P vitae
Documentos sobre P vitae
XXV Congreso Ambie Jose Rod
Indígenas/ Biodive Amigos e
NGO statement on a Amigos e
DESASTRE HUMANITAR Julio Ce
Pray Tepuy - Gua T Interfaz
Pray Tepuy - Gua T Interfaz
  Jaime E.
Administración del Andrei
Administración del Andrei
Presentación Andrei J
Tratado internacio Amigos e
INADMISIBLE AMPARO Julio Ce
Libro Ecología de Jaime E.
  Jaime E.
Preparemos bien la rrodrigu
(En Ingles) Intere Interfaz
(En Ingles) Des-re Interfaz
(En ingles - 322 i Interfaz
Northern Light Sea Interfaz
RE: Preparemos bie Fundagre
Re: Preparemos bie Jaime E.
Se estudia caso de J. Hines
NOTICIAS CAN 2001 Fundagre
CARCEL DE TELA EN Interfaz
RE: Preparemos bie Interfaz
Estudio Cr´tico de Edinson
RE: Posible suspen J. Hines
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
Lista Ecologia y Ambiente - VZLA
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 1924     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[LEA-Venezuela] CARCEL DE TELA EN TIERRA TALIBAN
Fecha:Sabado, 10 de Noviembre, 2001  21:19:54 (-0400)
Autor:Interfaz Amazonica <interfaz @.....net>


Copiado del libro "Jaque a La Globalización".
De la escritora Pepa Roma Balagueró.
Primera Edición año 2001.
Derechos para todo el mundo:
GRIJALBO MONDADORI, S.A.

---------------------------------------------------------------------------
"Como veremos en Mahatma Gandhi,
en la líder de oposición birmana Aung San Suu Kyi,
en la prisionera de Lhasa,
el vestido no sólo es una forma de manifestar la identidad,
la procedencia, sino el compromiso con los suyos.
Es la forma que tienen de decirnos: pertenecemos a nuestro pueblo.
Pertenecemos a él, lo protegemos y lo arropamos bajo nuestro velo,
bajo nuestro gran bubú africano, bajo nuestras faldas."
----------------------------------------------------------------------------

"Cárcel de tela en tierra talibán, mortaja negra en Irán,...

 ...Así nos encontramos con los velos de colores
de las mujeres mauritanas,
los velos transparentes de las pakistaníes,...

...También una segunda piel,
protección contra el medio en las culturas del desierto,...

...Se puede ser feminista, marxista, vestir el uniforme militar,
y seguir utilizando el velo."

-----------------------------------------------------------


Página 117 del libro:
REGRESO AL VELO, REGRESO A CASA

Este divorcio entre feministas es algo que se está gestando desde hace
tiempo en el mundo islámico. Es aquí. precisamente entre las mujeres sobre
las que ha ejercido más influencia, donde el feminismo occidental se ha
encontrado con las primeras deserciones importantes y ha dejado de ser el
marco de referencia desde el que tratan de resolver sus problemas o reclamar
sus derechos las mujeres de otras culturas.

-Aunque la lucha por sus derechos que ha librado la mujer occidental es una
parte muy importante del camino recorrido por las mujeres dcl mundo y como
tal un punto de apoyo para reivindicar nuestros derechos, en lo demás ya no
siento que sea nuestro punto de referencia -me decía hace un año y medio
Louise Hanun. Y esta vez no se trataba de la hija de un líder islamista ni
de una joven de las últimas hornadas, sino de una marxista y feminista
veterana. La presidenta del trotskista Partido del Trabajo había sido la
primera que en 1984 se puso al frente de una manifestación en Argelia para
protestar contra el regresivo Código de Familia inspirado en la mudawana o
ley islámica.

-¿En qué podía sentirse diferente de la mujer occidental alguien que ha
luchado por los mismos derechos que ella? -le pregunté.

Aunque defiendo un Estado laico separado de la religión, me siento
musulmana. El islam se suele identificar con un Estado religioso
antidemocrático y también con la regresión de la mujer, pero creo que esto
es una simplificación de Occidentc. Es verdad que aquí tenemos uno de los
códigos de familia más regresivos del mundo árabe, pero no fueron los
islamistas quienes lo impusieron, sino el régimen de partido único del FLN,
lo que demuestra que los derechos de la mujer son utilizados por unos o por
otros gobernantes, según les convenga políticantente.

Tal vez Louise Hanun nunca había dejado de sentirse musulmana, pero me
sorprendió que alguien que durante 20 años había hecho del marxismo y la
laicidad bandera política, se definiera ahora principalmente por las señas
dc su cultura. ¿No era una cultura contraria a la modernidad, al progreso?,
le prcgunté.

-Para mí la modernidad es el acceso al saber, la sanidad, la cultura. Es
liberar todas las energías de hombres y mujeres. No creo que esto sea
incompatible con el islam.

-Las feministas occidentales cstan patinando -me decía esos mismos días otra
veterana del feminismo argelino, Salima Ghezali-. En un mundo tan desgarrado
por la confrontación, por la injusticia, me parece estéril tanta lucha por
la "cuota", ese quítate tú que me pongo yo. La sociedad occidental no es un
ideal para nadie. En ella, el ser humano ha quedado atrofiado.

Aprovechando la visita que hizo a Madrid para presentar su novela "Los
amantes de Scherezade" en febrero de 1999, estuve una tarde charlando con
ella en el hotel donde se alojaba. La que había fundado la Asociación para
la Emancipación de las Mujeres Argelinas, creando el primer periódico
feminista del mundo árabe en 1994, y posteriormente había sido directora del
combativo diario Watan (La Nación), del cual había hecho la voz más crítica
de Argelia tanto contra los islamistas como contra el régirmen  militar,
criticaba así la pérdida de perspectiva de los intelectuales y las
feministas europeas:

-Lo más inquietante es que Occidente ha producido las ideas más bellas y en
cambio practica lo contrario. Esta es su mayor contradicción. Se dota de
grandes ideologías, pero luego de la teoría a la práctica media un abismo.
Tiene una incapacidad total para traducir su ideario en una práctica
liberadora para el ser humano. Por eso Occidente no puede ser modelo para
nadie.

Salima, de 48 años, era demasiado joven para haber luchado contra la
colonización, pero sc sabía parte de un pueblo que aún no había podido
librarse del daño:

-Fue una ocupación de una violencia inusitada, un verdadero exterminio o
genocidio, como se le llamaría ahora. Murieron un millón de argelinos, la
represión era tan feroz que en una sola noche podían asesinar a 60 personas.
En 1945, el mismo día que Francia celebraba la victoria contra el nazismo,
sus soldados mataban a 45.000 argelinos. No deja de chocarnos que mientras
los franceses hacen grandes declaraciones de principios desde que se
levantan hasta que se acuestan, aún no han sido capaces ni siquiera de
reconocer el horror que hemos sufrido y decir algo tan simple como «perdón».
La sociedad francesa está muy implicada. No están dispuestos a reconocer que
lo suyo fue un intento de genocidio y esconden la violencia de la que son
culpables. Esto es algo que sigue muy vivo en nuestras conciencias.

Son palabras en las que suena el eco de la batalla que libra más al sur la
juez Pillay contra la impunidad con la que actúan los gobiernos e intereses
económicos de las democracias de Occidente en Africa, dando amparo o
colaborando con los que entran y salen con diamantes y armas de los países
en guerra.


AMOR-ODIO HACIA OCCIDENTE

Qué hay que incorporar de la cultura de Occidente y qué hay que guardar de
la propia tradición es un debate en el que hoy están inmersos todos los
pueblos y civilizaciones del mundo, desde China hasta Sudáfrica, pero que se
vive como un conflicto no resuelto con el antiguo colonizador allí donde el
impacto de la colonización fue mayor,  como en África y, sobre todo, en el
mundo islámico.

El sha, consierado como déspota y títere que esquilma el petróleo persa con
la ayuda de Occidente, y más tarde los bombardeos sobre 1a población iraquí,
dejarían una imagen perdurable de Estados Unidos corno una potencia que no
se detiene ante nada para defender sus intereses. Una continuación aumentada
del antiguo colonialismo europeo. Las desigualdades y la pobreza en países
corno Marruecos, Argelia, Jordania o Egipto, serán vividas cada vez má como
un producto de ese «neocolonialismo que las potencias occidentales ejercen
por medio de la alianza con los gobernantes locales». Al igual que había
oído identificar antes en Filipinas, Chile o Indonesia a dictadores como
Marcos, Pinochet, Suharto, con los intereses norteamericanos, en Marruecos y
Argelia oía hablar a Nadia Yassin y Louise Hanun por igual del rey de
Marruecos y de los generales argelinos como de «un producto de la
colonización y resultado del apoyo que siguen brindándoles franceses y
norteamericanos». Así explicaban también cómo a falta de una democracia
capaz de canalizar el cambio, el regreso al islam entre los jovenes no había
dejado de crecer en los últimos diez años.

Es algo parecido a lo que se puede encontrar entre hindúes, zulúes,
afroamericanos,  mayas o mapuches. Parece que desde todos los rincones del
planeta nos están avisando de la situación de crisis del modelo occidental
con un regreso a la propia cultura, las mujeres incluidas. A medida que los
pueblos se sienten en guerra por la supervivencia se diría que también ellas
vuelven con los suyos. La pobreza. el hambre, la guerra obligan a la
constatación diaria de que frente al daño concreto que sufre la mujer,
existe un daño general  y devastador que atañe a todo su pueblo.

Per en el islam el regreso a la propia cultura es vivido de forma mas
conflictiva por las mujeres y al mismo tiempo con un mayor sentido del
compromiso, lo que hará de ellas un espejo en el que se miran las mujeres de
otras latitudes. La drástica separación entre un mundo público en el que
tradicionalmente sólo circulan hombres y uno familiar o privado en el que
reina la mujer, hace  que sea una de las culturas donde se ha producido una
mayor diferenciación de funciones entre sexos.

No es casualidad que el feminismo eclosionara al mismo tiempo que los
fundamentalistas Hermanos Musulmanes en el Egipto de los años treinta.
Empieza la dicotomia y el conflicto entre unas mujeres que siguen el ejemplo
de las feministas occidentales en sus reivindicaciones y un movimiento que
lucha contra la colonización  occidental desde la fuerza que le da su propia
cultura, lo que explica la contundencia con que se impondria de nuevo el
velo en Irán, es decir, la fidelidad de la mujer islámica a su pueblo
siempre puesta a prueba. La cuestión es cómo luchar por la emancipación
femenina sin presentarse con el rostro del colonizador, sin ser considerada
una agente del enemigo extranjero, una traidora. Así, es en el islam donde
las mujeres deberán avanzar por el terreno más difícil. Pero también allí
aportarán propuestas más innovadoras para el feminismo internacional tanto
como para su identidad cultural.


LA MITAD «OPRIMIDA»

La mujer como «ser oprimido» por un poder que desde antiguo se presenta,
salvo excepciones, con el rostro del hombre, es una idea con la que se
identifican las mujeres de todas las culturas.

Pero esa visión de una humanidad dividida en dos: hombres «opresores» y
mujeres «oprimidas» se quiebra a medida que las mujeres se incorporan de
forma significativa al ejercicio del poder en Occidente, y cada vez hay más
hombres que pasan a compartir la categoria de los «oprimidos» en forma de
hambrientos, refugiados, desclasados procedentes de los países pobres o en
guerra y jóvenes en paro en casi todas partes.

A medida que aumentan las diferencias Norte-Sur, las mujeres, tanto al sur
del Mediterráneo como del río Bravo, ven que las mujeres del Norte no sólo
disfrutan de una sociedad opulenta que excluye a los demás, sino que
participan con los hombres en la misma toma de decisiones que perpetúan una
riqueza excluyente. Contemplan con una distancia crítica a mujeres europeas
y norteamericanas que se alistan en partidos políticos y ejércitos sin más
cuestionamiento de su misión que cl ocupar un escaño o un puesto de mando en
e1 mismo sistema de poder que fuera diseñado por el hombre. Mujeres tan
capaces de pilotar un bombardero como de apretar el botón de la guerra sin
preguntar cuántos van a morir, para qué intereses, para qué ideales, y que
tienen su máximo exponente en Madeleine Albright, la secretaria de Estado
norteamericana, el icono del Norte del que hemos visto quemar más
caricaturas y monigotes en las manifestaciones de protesta en todo el mundo
musulmán, desde Marruecos a Indonesia. Albright ejemplifica a los ojos de
las mujeres de otras culturas que el feminisino de las «cuotas»  ni se ocupa
de resolver las desigualdades y los problemas fundamentales de la humanidad
ni de cambiar el ejercicio del poder.

Se va dibujando así una nueva línea de demarcación que ya no pasa solo o
principalmente por las diferencias entre sexos sino entre los que gozan de
los privilegios de las sociedades del bienestar y los que sufren todas las
formas posibles del malestar.

Es lo que llevará a tantas mujeres de vuelta a casa, a identificarse y
solidarizarse con los suyos, como soldados que se realinean a lo largo de un
frente que hay que defender.

La directora de Una porte sur le ciel (1988), Farida Benlyazid, o Assia
Djebar,  autora de La Soif y directora de Les enfants du monde y 1a nouba
des femmes du mont Chowa son sólo otro ejemplo.

-Durante muchos años me volqué en la cultura occidental. Creí en la noción
de un progreso imparable que lo iba a solucionar todo, y que, gracias a las
ciencias, el mundo se encaminaba a una especie de paraíso -cuenta Farida
Benlyazid en el libro Mil y una voces  del islam (Aguilar, Madrid, 1998) de
Jordi Esteva. Una visión que Farida cambiará por completo al volver de
Francia a Marruecos y reencontrarse con el mundo en el que se crió. Con
palabras no tan diferentes a las que ya hemos escuchado en Nadia Yassin,
dice-: Los hombres se apropiaron del islam. Pero Dios no va en contra de la
mujer.

Algo parecido declaraba recientemente a la prensa la argelina Assia Djebar
después de 30 años en el exilio en Estados Unidos:

-Como mujer y escritora no puedo defender los postulados del integrismo,
pues soy consciente de que detrás de la violencia y del pretexto del
integrismo religioso hay una gran protesta de las clases populares sometidas
durante mucho tiempo.

Assia se quejaba de la visión «maniquea y demagoga» que se ha hecho del
islam desde Occidente.

Hoy es difícil encontrar a una feminista o intelectual respetada por las
mujeres árabes que no se haga eco de este cuestionamiento de Occidente y
revisitación o reocupación de la cultura madre.

Ser creyente no es sólo rezar y hacer acto de fe, sino sobre todo abrazar
una serie de valores y vivir de acuerdo con ellos. Por eso, incluso en las
mujeres árabes que han abrazado la causa feminista de Occidente es difícil
encontrar alguna que reniegue de su  pertenencia musulmana. Se puede ir a
Pekín, unirse a la Marcha 2000. Llevar minifalda y estudiar en París. Pero
el hecho de ser musulmana sigue en la recámara, en la interioridad, es una
pertenencia en reserva que puede ser activada en cualquier momento, lo que
seguramente explica la facilidad con que tantas mujeres que ayer vestian la
«mini», hoy vuelven a ponerse el velo.


EL VELO COMO MANIFIESTO

Islam frente a Occidente. Es una guerra de posiciones que se mide todos los
días por el número de cabezas descubiertas o con velo conquistadas en las
calles del mundo musulmán. Una guerra que no ha dejado de intensificarse
desde la caída del sha en 1979, la primera victoria de alcance universal del
islamismo moderno.

Desde las primeras sufragistas que se quitan el corsé a las mujeres que
reclaman la libertad sexual en los años setenta saliendo a la calle sin
sujetador, en todo el mundo la llamada «liberación» de la mujer ha ido
acompañada de la subversión en el vestir. Pero en ningún lugar el desafio
por medio del vestido ha tenido tanto significado como en el mundo islámico.
El «destape», la libertad de salir a la calle con falda corta o en
pantalones que protagonizaron las mujeres en Occidente, tuvo allí su
equivalente en el abandono del velo. En todas partes las mujeres que
luchaban por sus derechos hicieron del rechazo al velo el máximo símbolo de
su emancipación. Y allí donde se las ha devuelto a la vestimenta del siglo
pasado, como en Irán, las hemos visto desafiar día a día esa cárcel de tela,
dejando asomar primero el flequillo, luego unas mechas aquí, otras allá, y
más tarde un poco de carmín. La mujer que hay dentro y que se asoma al
exterior, imponiéndose a la monja, o la mujer que debe preservar su
sexualidad e identidad en casa para el marido.

Por ello, no hay nada que desconcierte más a las mujeres occidentales que
ver cómo sus hermanas árabes vuelven a lo que hasta ahora se ha considerado
como signo de sujeción,  sobre todo cuando se trata de mujeres cultas y
jóvenes, como Honda Zoubai.

Honda es sólo una de las muchas universitarias que encontré en Marruecos que
habían cambiado la minifalda y el pelo teñido por el velo y la cara lavada.
Nacida en el seno de la burguesía marroquí, estaba en el último curso de
Economía agrícola en el Instituto Agronómico de Rabat, y se había puesto el
velo tres años antes, a los 18, a la vuelta de un viaje de estudios a Paris



y en contra de la voluntad de sus padres: «Mis padres se oponían porque el
velo es un signo de posicionainiento político, por lo que te hace más
difícil encontrar trabajo en la administracion o una empresa. Pero me siento
musulmana y creo que debemos guardar nuestros valores». Honda expresaba así
el sentir que encontré entre muchas estudiantes.

A pesar de un cierto cansancio y rechazo en los paises donde el velo se ha
impuesto por la fuerza como en Irán, el uso del velo no ha hecho más que
aumentar allí donde el islam se siente en combate directo contra el que
perciben como opresor extranjero o de alguna manera aliado con él, como en
el Líbano o en los territorios palestinos ocupados, pero también en Egipto o
en Marruecos.

El velo, en estos países, es una declaración política.

El velo es también identidad.

La recuperación de la autoestima del oprimido pasa siempre por hacerse cargo
de la propia identidad. El traje de la mujer más que el del hombre es el
estandarte en casi todas las culturas de la identidad del pueblo.

El traje es cultura. Tanto el velo como el sari. Es parte de la herencia de
la madre, ese lenguaje del cuidado, arreglo, adorno, a la vez ofrecimiento
nupcial al otro, y lenguaje intimo con el que la mujer se comunica consigo
misma.

Cárcel de tela en tierra talibán, mortaja negra en Irán, el velo se
convierte en medio de expresión, en arcilla moldeable en manos de las
musulmanas de otras latitudes. Así nos encontramos con los velos de colores
de las mujeres mauritanas, los velos transparentes de las pakistaníes, que
parecen destinados más a sugerir que a tapar. Símbolo de la mujer velada,
del misterio, elemento de seducción. También una segunda piel, protección
contra el medio en las culturas del desierto, donde nunca ha perdido la
utilidad que tuvo inicialmente. Se puede ser feminista, marxista, vestir el
uniforme militar, y seguir utilizando el velo. Distintivo frente a otras
culturas, pero también distintivo «mujer» que cuando es voluntario y elegido

deja de ser símbolo de sumisión para proclamar la propia identidad frente al
hombre.

Hoy mismo se distingue a las jóvenes "in" en las calles de Rabat, Gaza,
Teherán por el estilo con que saben combinar el pañuelo con los vaqueros.
Las revistas femeninas de mayor difusión y de tradición occidentalizante
como Femmes du Maroc que ayer mostraban en primer plano el escote y la
minifalda orientan su moda cada vez más hacia el kaftán y el velo.

-Yo no me sentiría bien con una mini. Me siento mejor con las faldas largas
y anchas que siempre han llevado las mujeres campesinas en mi casa -me decía
Louise Hanun. No es necesario cubrirse de la cabeza a los pies. El velo es
una actitud, a veces un simple pañuelo sobre los hombros, o el pelo
recogido, sirven de santo y seña. Así, se puede estar a favor de un Estado
laico y de los derechos de la mujer, como Louise Hanun, sin renunciar al
sentido de la tradición heredado de la madre-. No hay que confundir
modernidad con forma de vestir. En el Yemen te encuentras que bajo el chador
hay directoras de empresas importantes. Lo moderno es lo que se lleva. En
Occidente las mujeres tienen una forma de vestir, pero existen muchas otras
en el resto del mundo igual de válidas. Nuestro país es un cruce de
civilizaciones, Oriente, Occidente, Sur. Lo importante es que cada uno tenga
libertad para vestirse como mejor se sienta, ya sea con «mini» o con chador.

El velo sólo es la forma más visible del regreso a casa y el reencuentro con
la propia comunidad. Una comunidad en la que cabe desde la anciana en un
pueblo del Atlas o del Alto Nilo que sigue a pies juntillas unos preceptos
nunca cuestionados, a la que ha ido a Londres o París, ha bebido de las
fuentes de la modernidad occidental y ha vuelto. Desde la que se entierra de
pies a cabeza bajo el chador hasta la que no lleva más que un pañuelo
colgado del cuello.

El velo es, siempre, una declaración de pertenencia.

Y eso es, tal vez, lo que pone tan nerviosos a los franceses: ver en las
escuelas a niñas que nunca les pertenecerán, nunca cortarán totalmente el
vínculo con sus orígenes, su cultura, los suyos.

Como veremos en Mahatma Gandhi, en la líder de oposición birmana Aung San
Suu Kyi, en la prisionera de Lhasa, el vestido no sólo es una forma de
manifestar la identidad, la procedencia, sino el compromiso con los suyos.
Es la forma que tienen de decirnos: pertenecemos a nuestro pueblo.
Pertenecemos a él, lo protegemos y lo arropamos bajo nuestro velo, bajo
nuestro gran bubú africano, bajo nuestras faldas.

----------

Copiado del libro "Jaque a La Globalización".
De la escritora Pepa Roma Balagueró.
Primera Edición año 2001.
Derechos para todo el mundo:
GRIJALBO MONDADORI, S.A.











_______________________________________________________________________
http://www.eListas.net/
Crea y administra tus propias listas de correo gratuitas, en español.