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=============================================== LaExcepción.com Una respuesta al totalitarismo
emergente Boletín electrónico nº 4, enero
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Índice del boletín
Apostillas / Diciembre de 2001
Lo que dicen y lo que en realidad
quieren decir
11-S: sorpresa relativa y oportunidad
aprovechada
Los rostros de la
barbarie
Fin del optimismo
humanista
Bipartidismo
Amélie
[Sección Actualidad]
----------------------------------------------------------------------------------- [Frases del mes]
Frase
Sensata «El Estado social y democrático de derecho puede acabar
convertido en un Estado policial y autocrático antiterrorista, donde nadie
estará libre de culpa o de sospecha» (Augusto Zamora R., El Mundo,
14.12.01).
Frase
Insensata «Deberían darme un premio por la paz y no por la guerra
en Bosnia» (Slobodan Milosevic, El País, 12.12.01).
----------------------------------------------------------------------------------- Apostillas / Diciembre de 2001 ©
LaExcepción.com
La
información de los medios, usualmente tan sesgada, requiere un mínimo
contrapunto. Aun a riesgo de introducir nuestros propios sesgos, en La
Excepción hemos decidido dárselo.
La resurrección de los Budas de
Bamiyán El Mundo,
30.12.01
La
derrota del régimen talibán ha tenido efectos beneficiosos no sólo para la
lucha contra el terrorismo internacional. También ha supuesto un avance
para la civilización. A la emancipación de las mujeres, el levantamiento
de la absurda prohibición del vuelo de cometas y la creación de un
Gobierno representativo de la variedad étnica del país hay que añadirle un
elemento no menos importante del cual informa hoy nuestro enviado especial
a Bamiyán. Bajo mandato de la Unesco, un grupo de expertos ha acometido la
reconstrucción de los Budas, los colosos del siglo II que, tras contemplar
impertérritos el paso del ejército de Genghis Khan, sucumbieron ante unos
fanáticos estudiantes del corán empeñados en frenar el avance de la
Historia. Esta loable iniciativa simboliza el proceso de reconstrucción de
Afganistán sobre los principios del racionalismo y la libertad.
Hay
quienes creíamos que la situación del mundo es horrorosa y sus
perspectivas, siniestras. Pero estábamos equivocados. Que nadie llore a
los muertos afganos, ni a los iraquíes, somalíes, sudaneses, etcétera, que
luego vendrán. Que nadie llore el hambre que mata a tantos niños, a tantas
mujeres y hombres. Que nadie llore por las libertades que, empezando por
los extranjeros, ya empiezan a arrebatarnos. Pues… ¡ya están aquí, otra
vez, los budas de Bamiyán! Unos ídolos de piedra, sí; elementos de una
religión tan respetable como falsa, es cierto; pero hoy, por alguna
extraña razón a la que el sistema no es ajeno, representantes del
"racionalismo y la libertad".
Y con
ellos, la Época Neorreligiosa, el avance del ecumenismo, la marcha
imparable hacia una ética universal…, el definitivo advenimiento del
pensamiento único. (Pero, a fin de cuentas, ¿no es más cómodo que sean
otros quienes piensen por mí? ¡Estamos, pues, de enhorabuena!)
© LaExcepción.com
La llave
y la farola Pedro J. Ramírez, El
Mundo, 30.12.01
[…] Si
el terrorismo islámico constituye, por el contrario, al día de hoy un
elemento de tremenda incertidumbre es porque no sabemos bien de dónde
viene, ni entendemos apenas cómo opera, ni por supuesto hemos encontrado
formas adecuadas para combatirlo. La repentina popularización de Bin Laden
como el malvado arácnido que desde la cueva de turno controla
personalmente la telaraña global de Al Qaeda resulta totalmente
insatisfactoria por lo pueril. Su intervención en los atentados del 11 de
Septiembre está ya fuera de toda duda, pero seguimos ignorando en qué
grado se produjo porque todavía queda mucho por esclarecer sobre la
conspiración que desembocó en esos horrendos hechos ¿Cómo funciona Al
Qaeda? ¿En cuántos países está implantada? ¿Quién imparte las órdenes?
¿Cómo se comunican las células? Y, sobre todo, ¿cuántas otras Al Qaeda
existen en el mundo sin que tan siquiera conozcamos aún su
nombre?
Hay
otro terrorismo, en cambio, cuyo nombre y funcionamiento conocemos bien:
se denomina "superpotencia," o "hegemonía norteamericana", o "capitalismo
salvaje desaforado", o incluso –a veces– "civilización occidental". Se
dedica a arrasar países enteros con la excusa de que busca peligrosísimos
delincuentes –que haberlos, haylos–. Y de paso extermina a innumerables
personas que, en muchos casos, ignoraban de qué iba la película. Todo para
imponer al mundo un estilo de vida que facilite el negocio a sus
empresas.
Este
terrorismo no es menos criminal que el que tanto preocupa a Pedro J.
Porque todos los terrorismos son iguales (¿no era eso lo que decía
el sistema?). Pero, naturalmente, a este terrorismo nunca lo llamará Pedro
J. por su nombre. Pues, por triste que sea decirlo, Pedro J. y su
periódico medran gracias al sistema que ese terrorismo defiende a sangre y
fuego. © LaExcepción.com
Rudolph Giuliani: Santifiquemos este
lugar El Mundo, 29.12.01
Rudolph
Giuliani, el alcalde de Nueva York saliente, se convirtió tras los ataques
terroristas del 11 de Septiembre en un protagonista de la escena política,
que trascendió ampliamente las competencias de su cargo, ganándose el
respeto y la estima de incluso muchos de los que criticaron su polémica
administración de la ciudad. Giuliani cerró su mandato con un acto
público, pronunciando un discurso de más de una hora de duración, del
cual, dado su interés, reproducimos en estas páginas importantes
extractos. La intervención de Giuliani va mucho más lejos del típico
balance de despedida de un alcalde.
«Gracias, muchas gracias. Gracias y buenos días, gracias por venir.
Muchas veces, en los últimos tres meses, me han preguntado de dónde saco
la energía. ¿De dónde me viene? Bien, es muy sencillo: me viene de ustedes
y de este lugar. Lo que quiero decir con esto es que mi fuerza y mi
energía proceden totalmente de las personas de la ciudad de Nueva York y
de un lugar como éste, la capilla de San Pablo. Es la casa de Dios y uno
de los hogares de nuestra república.
[…]
Abraham Lincoln decía que la prueba del americanismo de una persona no es
su árbol genealógico, sino cuánto crea en América. Porque en verdad somos
como una religión. Una religión secular. No somos una raza, somos muchas;
no somos un grupo étnico, somos todos; no somos una lengua, somos todas
las de estas personas […]
Éstas
del ex alcalde de Nueva York son declaraciones de un tenor muy similar a
las de su patrón George Bush, y desmienten a quienes describen la
situación internacional como un enfrentamiento entre una civilización
laica y un "despotismo teocrático".
El
teocratismo (tendencia a la unión iglesia-estado, instrumentación de la
religión por la política…) se encuentra, más bien en ambos bandos. Y en el
caso norteamericano aparece teñido de un moralismo patriotero capaz de
engendrar las mayores atrocidades dentro y fuera de los Estados Unidos.
© LaExcepción.com
Integrados y resistentes
Carlos Taibo, El País,
29.12.01
[...] La
globalización neoliberal, en parada técnica, recuperará su paso arrasador,
adobada de atávicas exclusiones y calientes operaciones represivas, y ante
ello la socialdemocracia realmente existente seguirá callando. No parece
haberse percatado de que, por retomar la ignominiosa admonición de Bush
hijo, entre quienes están con los gobernantes norteamericanos y quienes
están con los terroristas, otro mundo tiene que ser posible.
Taibo consigue evitar
el simplismo bipolar (ver Una fecha y sus
secuelas), según el cual quienes están en contra de las guerras que
masacran a la población civil están a favor del terrorismo. Sin embargo
incurre en otro de los peligros del pensamiento único: el optimismo
humanista, bajo la modalidad del voluntarismo, como expresa esta nueva
formulación del "otro mundo es posible", si cabe más desesperadamente
obstinada en buscar una salvación en proyectos humanos: "otro mundo
tiene que ser posible". ©
LaExcepción.com
La pulmonía Federico Jiménez Losantos, El Mundo,
28.12.01
[…] Eso
de que Osama bin Laden podría haber muerto de pulmonía hace un par de
semanas, como inocentada es sensacional. Como hecho real o posibilidad
documentada, ya es otra cosa. […]
En
realidad, a efectos de propaganda, Bin Laden murió el 11 de Septiembre,
porque desde que el mundo entero contempló las imágenes de la masacre su
autor entró en el Gotha de los grandes criminales históricos.
Su
supervivencia física era casi un obstáculo para su trascendencia icónica,
a diferencia del Che, un asesino vulgar que sólo muerto halló la
canonización estética propia del totalitarismo comunista. […].
Se
podrá estar o no de acuerdo con la ideología encarnada por la figura del
Che Guevara, y en La Excepción no lo estamos; se podrá censurar o no su
empleo de la violencia, en ocasiones de modo implacable, y en La Excepción
lo censuramos.
Ahora
bien, llamar al Che "asesino vulgar"… Sin ánimo de molestarle, don
Federico, ¿nos puede decir entonces cómo habría que llamar a Bush?
© LaExcepción.com
Una antigua estrategia sobre Irak provoca
un nuevo debate Washington
Post, 27.12.01
[...] La
administración Bush ha abrazado la idea de un cambio de régimen en Irak
mucho más públicamente de lo que lo hiciera la administración Clinton. El
asunto clave que deberá afrontar el presidente Bush cuando finalmente
dirija de nuevo su atención a Irak es si este objetivo se puede conseguir
a un coste político, militar y diplomático aceptable. [...]
Ha
habido media docena de intentos de golpe de estado e insurrecciones
apoyadas por Estados Unidos desde 1991, todos ellos implacablemente
aplastados por las fuerzas de seguridad internas de Hussein.
[...]
Tradicionalmente, Irak ha estado gobernado desde el centro, por
clanes musulmanes suníes minoritarios, con una cuota poblacional del 20
por ciento. (Hussein es suní [...]). Los Estados Unidos han estado poco
dispuestos a interferir en esta fórmula de gobierno, lo cual ayuda a
explicar por qué, hasta hace poco, la opción para desembarazarse de
Hussein preferida por Estados Unidos ha sido el golpe de estado en su
propio círculo de poder, más que la insurrección chií o kurda.
Si se
elige la vía insurreccionaria, el problema es a qué facción apoyar.
[...]
A pesar de que los
gobiernos de las potencias que deciden entrar en guerras alegan motivos
increíbles, como la legítima defensa, los derechos de de quienes sufrirán
sus bombardeos (¡!) o los intereses globales, textos tan objetivos como
éste confirman que sólo se esperan beneficios para los atacantes, no para
la población local del país agredido (en este caso, de forma especial la
chií y la kurda, que en un hipotético cambio de gobierno seguirían
sometidos al modelo político ya consagrado por Hussein y sus predecesores;
ver La guerra
del golfo no ha terminado). Y los únicos costes que se consideran son
los estratégico-militares, no las vidas o los recursos de los habitantes
de la zona. ©
LaExcepción.com
El Papa recuerda al mundo que «Jesús se hace niño palestino e
israelí, estadounidense y afgano» La
Razón, 26.12.01
[…]
Miles de personas se reunieron ayer en la Plaza de San Pedro de Roma para
recibir la bendición «Urbi et Orbe» que cada año imparte el Papa el día de
Navidad. […] En su tradicional mensaje navideño recordó a los niños que
sufren en el mundo a causa de las guerras, del hambre o de otras
desgracias […].
Preocupado y cansado afirmó que en el Niño nacido en Belén «podemos
reconocer los rasgos de cada pequeño ser humano que viene a la luz, sea
cual fuere su raza o nación: es el pequeño palestino e israelí; es el bebé
estadounidense y el afgano; es el hijo del hutu y el hijo del tutsi; es el
niño cualquiera, que es alguien para Cristo».
Una
declaración como ésta nos recuerda qué institución fue la creadora, ya
hace siglos, de lo "políticamente correcto". ©
LaExcepción.com
Bush felicita la Navidad a sus tropas en Afganistán
El
Mundo, 26.12.01
El
presidente de EEUU, George W. Bush, ha enviado sus felicitaciones
navideñas a un país entristecido por los atentados del pasado 11 de
septiembre y la guerra en Afganistán, asegurando que "reza, incluso en
tiempos de conflicto, por la paz en el mundo". "Esta Navidad se ha
convertido para muchos de vosotros en un periodo de dolor y de pérdida, en
particular para las familias de las víctimas del terrorismo y de nuestros
jóvenes caídos en el campo de batalla", ha declarado Bush en un mensaje
radiado a toda la nación. [...] "Incluso en este tiempo de conflicto,
rezamos por la paz en el mundo y por la buena voluntad entre los hombres y
continuamos pidiendo a Dios por los EEUU"
La
hipocresía ya habitual de quien reza por la paz mientras masacra a
inocentes se agrava por el uso blasfemo del nombre de Dios.
© LaExcepción.com
La fiesta de la familia
Luis María Ansón, La Razón,
24.12.01
La
sociedad hedonista del consumo no ha podido con la Navidad. Eso revienta
mucho a los columnistas de la izquierdona y a los progres de salón, sobre
los que se derrumbó el muro de Berlín pero permanecen inasequibles al
desaliento. Su rencor anticristiano, tan rancio, se estrella, año tras
año, con la celebración familiar de la Nochebuena y la Navidad.
[…]
Centenares de millones de hombres y mujeres se reunirán hoy, en
torno al mensaje de paz y libertad, del Niño nacido hace dos mil años y
que no era otra cosa que la palabra, el Verbo, que se hizo carne y habitó
entre nosotros. Su Vicario en la Tierra, el Papa Juan Pablo II, oficiará
un año más, fatigado como un incunable, la misa del Gallo entre el fulgor
de la Cristiandad.
Aquí empieza
denostando la sociedad de consumo, pero Ansón es célebre, entre otras
muchas cosas, por presidir el jurado de "Miss España", ese concurso anual
que, a imagen de una feria de ganado, tanto denigra la dignidad femenina.
Esto no le impide reivindicar aquí la figura de Jesucristo, seguramente el
personaje histórico que más contribuyó a dignificar a la mujer (véase, por
ejemplo, el capítulo 4 del Evangelio de Juan). Pero para una
reivindicación así, el insigne periodista recurre a sostener una
extrañísima tesis, según la cual en la Navidad actual realmente se
conmemora el nacimiento de Jesús, y además de modo generalizado (ver La Navidad, una
fiesta corrompida). Y de paso, aprovecha para darle coba al usurpador
de Aquél a quien, según el director de 'La Razón', el periodo navideño
conmemora.
¿Qué
es lo que usted pretende, don Luis María? ©
LaExcepción.com
Zapatero exige que no se le acuse de
deslealtad El
Mundo, 11.12.01
[...]
Sobre el viaje a Marruecos [Aznar] aseguró: «Me parece bastante insólito
que un dirigente político de su responsabilidad se ofrezca para mediar
entre el Gobierno de la Nación y una comunidad autónoma (el País Vasco),
pero que se ofrezca para mediar entre el Gobierno de su país y un tercero
que ha retirado a su embajador es algo más que insólito». [...]
La negativa reacción
del gobierno español ante el viaje a Marruecos del secretario general del
Partido Socialista Obrero Español (PSOE), José Luis Rodríguez Zapatero,
resulta por un lado comprensible, pues la decisión de Zapatero (o de
quienes le incitaron a esa visita), coincidiendo con el deterioro de las
relaciones hispano-marroquíes y la retirada del embajador de Marruecos,
supone la asunción de funciones que no corresponden a un político de la
oposición. Pero por otro lado este debate es una vez más el reflejo del
bipartidismo a que está sometido el sistema político español, según el
cual el principal partido opositor actúa como un "gobierno en la sombra"
(ver Bipartidismo).
Pero esta es una función que la legislación española no consagra en
absoluto. En esta ocasión, Zapatero saca tajada y el gobierno es víctima
de una situación que sus propios partidos han fomentado. © LaExcepción.com.
Kofi
Annan: «Es poco prudente atacar Irak» El Mundo,
10.12.01
Kofi
Annan, secretario general de las Naciones Unidas y último ganador del
Premio Nobel de la Paz, aseguró ayer en Oslo que «no sería prudente»
atacar Irak como una prolongación de la lucha contra el terrorismo
iniciada en Afganistán.
«Cualquier tentativa o decisión de atacar Irak no sería prudente y
conduciría a una escalada [bélica] mayor en la región.» [...].
«Espero
que [los ataques contra Irak] no llegarán a producirse», agregó. Annan
recordó, además, que «cualquier acción que extienda la lucha contra el
terrorismo a otra región del mundo deberá ser previamente analizada por el
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas». [...]
>Este belicista
disfrazado de pacifista (ver Una burla a toda
la humanidad) analiza la futura guerra contra Irak desde una
perspectiva estratégica, sin hacer referencia en ningún momento a los
derechos de las poblaciones masacradas, pues se haría todavía más patente
la contradicción de quien ha apoyado las matanzas de Afganistán.
©
LaExcepción.com
Walker se puede librar de los tribunales
militares El Mundo, 21.12.01
[...] El
Gobierno no cree que pueda procesar al talibán estadounidense por alta
traición, como reclama la mayoría de la población. [...]
El joven
estadounidense puede librarse de los implacables juicios militares -mero
trámite para una condena a muerte- que le esperan a otros terroristas
internacionales. George Bush en su día calificó con paternalismo
presidencial al chico californiano como un «pobre desgraciado» que había
sido «confundido» por los talibán. [...]
Los
abogados de lujo contratados por el padre de Walker saben que las
posibilidades de éxito de un juicio por traición son escasas. Tan sólo 30
estadounidenses han sido condenados en la historia por ese delito. Ninguno
después de la Segunda Guerra Mundial. [...] La dificultad para procesar a
Walker [...] se complica porque todos los interrogatorios llevados a cabo
por la CIA no serían válidos en un juicio civil. Muy posiblemente, las
tropas que lo atraparon no se detuvieron en leerle sus garantías
constitucionales. Otra opción es juzgarlo como un prisionero de guerra, el
estatus legal bajo el que está arrestado actualmente. El Departamento de
Defensa se niega porque se estaría legitimando al régimen talibán y sus
líderes, a los que Washington considera formalmente
terroristas.
Este
muchacho cuenta con privilegios (en realidad, derechos) que no se
ofrecerán al resto de los talibanes. ¿Todos los terroristas son iguales, o
unos son "más iguales que otros"? ¿Los seguidores de los talibanes afganos
no se puede considerar que hayan sido víctimas de lavado de cerebro por
haber nacido ya en un contexto fanático, a diferencia del muchacho criado
en un ambiente liberal y posteriormente fanatizado? Por otro lado, se
aprecia que el hecho de utilizar los términos "guerra" y "terrorismo"
según los intereses de cada ocasión, pueden traer consecuencias
imprevistas en casos como éste. © LaExcepción.com
El jeque misterioso incrementa el
nerviosismo saudí El
Mundo, 17.12.01
El
apoyo que cosecha Bin Laden entre los sectores más conservadores de Arabia
Saudí, como demuestra el último vídeo del disidente, alarma a la
Monarquía
El jeque
saudí que aparece en las imágenes del último vídeo de Osama Bin Laden
demuestra, una vez más, el apoyo que éste tiene entre los sectores más
conservadores de Arabia Saudí.
Pero
dicho jeque, que hasta la fecha no ha sido claramente identificado ni
siquiera por la prensa saudí, va mucho más allá de transmitir,
simplemente, a Bin Laden determinadas noticias sobre sermones o fatuas
(decretos religiosos) pronunciados por algunos clérigos disidentes. «Todo
el mundo alaba lo que has hecho», le llega a decir.
Según
fuentes saudíes, semejante comentario habría causado una alarma muy
especial en el seno de la Casa Real de los Al Saud. El jeque parece dar
las gracias a Bin Laden por haber proporcionado armas a «sus hermanos».
«Nos has dado armas y nos has dado esperanza. Gracias sean dadas a
Alá».
Desde
los atentados del 11 de Septiembre el régimen saudí ha venido intentando
permanecer al margen de las actividades de su hijo perdido. Bin Laden
había sido despojado de su nacionalidad en 1994 por criticar a la familia
real.
Sin
embargo, últimamente se ha venido comprobando que, durante años, Arabia
Saudí ha venido nutriendo a la organización de Bin Laden, Al Qaeda, de
dinero, ideología religiosa y seguidores. En la cinta de vídeo, el jeque
alaba los sermones de dos clérigos, entre ellos el del antiguo profesor
Suleiman Alwan. «Dijo que esto era un yihad [guerra santa] y que esa gente
[las víctimas asesinadas en Nueva York y Washington] no era inocente».
[…]
Con el jeque que los
norteamericanos se han sacado del vídeo, la apertura occidentalista de
Arabia Saudí (no sólo desde el punto de vista militar y diplomático, como
hasta ahora) se aproxima cada vez más. Un régimen islámico tan extremo
(ver Los otros
talibán) será inevitablemente mal visto, y no sin razón, como
semillero de terroristas por el imperio hegemónico.
De
paso, el codiciado petróleo saudí quedará bajo un control aún más estrecho
por parte de dicho imperio. ©
LaExcepción.com
La desaparición de
Europa Augusto Zamora R., El
Mundo, 14.12.01
La
Guerra del Golfo marcó el inicio del fuego y del juego. [...] Desde
entonces, el militarismo en EEUU no ha cesado de extenderse [...] hasta
engullir los cimientos del orden jurídico mundial y el sistema de
seguridad colectiva de la ONU. [...]
Es
indiscutible que los atentados exigían una respuesta internacional
contundente y firme. Pero no es menos cierto que esa respuesta debía darse
dentro del marco de la ONU y del Derecho Internacional, no como operación
punitiva imperial, al mejor estilo del siglo XIX.
El mundo
de hoy es un mundo más inseguro e incierto. [...] Una escalada belicista
que pocos osan criticar, temerosos de ser acusados de filoterroristas,
timoratos o desleales. A ello se agrega la ceguera voluntaria de tantos
gobiernos y medios de comunicación en Europa, situación que nos acerca a
esa pavorosa sociedad de pensamiento único e ideas monolíticas anticipada
por Orwell.
No hemos
avanzado. Hemos retrocedido dramáticamente. La humanidad ha sido situada,
de repente, en niveles extremos de inseguridad y deshumanización. Normas y
principios que costaron siglos de lucha y sangre se desmoronan ante las
invocaciones a la seguridad nacional.
Los
tribunales militares norteamericanos constituyen un triunfo del fascismo
soterrado que [...] amenaza con extenderse a la propia Europa, que puso la
grita en el cielo cuando la elección de Haider en Austria, pero calla ante
los atropellos de un Berlusconi que da carta blanca a los servicios
secretos italianos para delinquir. [...] El Estado social y democrático de
derecho puede acabar convertido en un Estado policial y autocrático
antiterrorista, donde nadie estará libre de culpa o de sospecha
[...].
Las
matanzas brutales, como la ocurrida en Mazar-i-Sharif, sólo indignan a
unos pocos marginales que todavía creen en los derechos humanos. [...] En
EEUU es peligroso discrepar. La emisora KMEL de San Francisco despidió a
un periodista por entrevistar a la única congresista que había votado
contra el ataque a Afganistán. Los medios de comunicación ocultan las
protestas pacifistas.
La
verdad es presentada como enemiga del nuevo orden que se nos quiere
imponer. La admonición de Bush Jr., de que se está con EEUU o se está
contra EEUU, nos retrotrae a sistemas oscurantistas y represivos que se
suponen contrarios al modelo occidental y cristiano. Esa admonición habría
agradado a Mussolini, Franco o Stalin, devotos como fueron de ver un
enemigo en cada ciudadano que no militara en sus filas. O que, aunque
militara, no se mostrara suficientemente devoto y obediente. Hay que
decirlo: produce miedo la admonición, que trae aires de hoguera y de auto
sacramental. [...]
En tales
derroteros andamos, con escasos elementos para felicitarnos. Es en estos
momentos cuando se hace evidente que el mundo necesita un poder moderador.
Un país o grupo de países que contenga la obsesión norteamericana por ver
el mundo como una globalización de la conquista del Oeste. [...] Ese papel
lo pudo jugar Europa. Ha renunciado a hacerlo.
Sensatas y documentadas advertencias de alguien que, por lo
visto, no tiene miedo de que lo tachen de apocalíptico o catastrofista.
Ahora queda por ver quién tiene la autoridad política y moral de erigirse
en ese "poder moderador" global que tanto necesita el mundo. Quizá
entonces haya que seguir adviertiendo sobre sus métodos. ©
LaExcepción.com
10.000 talibanes
muertos ABC,
8.12.01
La caída
de Kandahar, el bastión que Omar iba a defender hasta la última gota de
sangre, ha sorprendido a los propios asaltantes. Aunque los daños en la
ciudad no se conocerán hasta la llegada de medios independientes, una
fuente talibán en Islamabad aseguraba que los bombardeos americanos han
matado a diez mil talibanes, lo que hizo imposible resistir por más
tiempo.
¿Se cuenta como
"talibanes" a los afganos forzosamente adscritos al ejército? ¿Dónde está
el límite entre víctimas "culpables" e inocentes? ¿Sabremos algún día
cuántas muertes afganas ha ocasionado esta guerra? Lo que parece indudable
es que la cifra es muy superior a la de las víctimas en los atentados de
las Torres Gemelas y el Pentágono, que han servido de excusa para la
guerra (ver 11-S:
sorpresa relativa y oportunidad aprovechada). © LaExcepción.com
Evocando a Gandhi por Afganistán El Mundo,
2.12.01
Por las
mujeres de un país vecino de la tierra que vio nacer a Mohandas Gandhi,
5.900 personas de 103 países diferentes se movilizaron ayer utilizando el
arma del Mahatma, el Satyagraha, el ayuno. El Partido Radical
Transnacional que lidera la italiana Emma Bonino está llevando a cabo,
junto a diversas organizaciones, una campaña que persigue la presencia de
mujeres en el Gobierno provisional afgano.
[...]
Benazir Bhutto, ex primera ministra de Pakistán; Ramón de Miguel,
secretario de Estado español para Asuntos Europeos; Bernardo Bertolucci,
director de cine italiano; Felipe González, ex presidente del Gobierno
español, y un largo etcétera de personalidades, entre las que se encuentra
también el hijo del ex rey afgano Zahir Shah, se sumaron a la iniciativa.
[...] Un gran número de europarlamentarios, como los españoles Alejandro
Agag y José María Mendiluce, se solidarizaron con la protesta.
¿Por
qué no evocan a Gandhi para ir contra la guerra, como él habría hecho?
Quizá la respuesta se encuentre en quienes apoyan la iniciativa: el hijo
del rey afgano, que en su día se interesó por la geopolítica de Hitler en
Asia Central; el presidente español que apoyó la guerra del Golfo; algunos
parlamentarios como Mendiluce, que siempre clamó por la intervención de la
OTAN en los Balcanes (defendiéndola en un libro dudosamente pacifista,
La paz armada)... Esta manipulación del nombre y los métodos de
Gandhi es un signo más de la distorsión generalizada de los valores
democráticos e idealistas a favor del pragmatismo que mantienen los
sistemas injustos. © LaExcepción.com
Decenas de
congresistas, contra los juicios militares El
Mundo, 29.11.01
El
Pentágono ha intensificado los preparativos y cuenta ya con planes para
crear tribunales militares en sus bases de Guantánamo (Cuba) y en la isla
de Guam, en el Pacífico. El Departamento de Defensa estudia también la
posibilidad de habilitar uno o más navíos de guerra en la zona del Mar de
Arabia. El Pentágono se enfrenta también al dilema de cómo separar a los
talibán de los terroristas de Al Qaeda: decenas de prisioneros de guerra
podrían ser juzgados finalmente como terroristas en los tribunales
militares. La posibilidad de que muchos de ellos sean confinados en la
base de Guam ha provocado una fuerte oposición local. El senador Ben
Pangelinan ha enviado una carta al presidente George Bush alertando que
esa decisión podría suponer la ruina turística y económica en la isla del
Pacífico.
Éste sí que es un
auténtico dilema moral: Si juzgamos a los terroristas sin garantías, que
sería lo deseable, nos arriesgamos a hundir la economía de nuestra pequeña
isla… (Ver ¿Dilemas
morales... o electorales?)
©
LaExcepción.com
©
LaExcepción.com
----------------------------------------------------------------------------------- Lo que dicen y lo que en realidad quieren decir © LaExcepción.com
Numerosos personajes públicos,
especialmente los políticos, hacen declaraciones en las que expresan una
cosa pero implícitamente comunican algo distinto. En La Excepción
nos permitimos "traducir" algunas de estas frases crípticas. Segunda
entrega.
George Bush, defendiendo su retirada del tratado antimisiles de
1972 «Está muy claro que la gran amenaza para Rusia y EEUU no parte
de nosotros, ni de ninguna de otras grandes potencias en el mundo, sino de
los terroristas o de los estados 'delincuentes' que buscan armas de
destrucción masiva» (El Mundo,
14.12.01). Traducción «Es evidente que las grandes potencias,
que entre otras cosas controlamos los medios de comunicación de todo el
mundo, gozamos de impunidad para provocar masacres en el mundo y conseguir
que, pese a ello, no se nos considere una amenaza para la paz
mundial.»
John
Dean, colaborador directo de Richard Nixon en la época del Watergate,
acerca de los 300 juristas que critican los tribunales militares creados
por Bush «El presidente tendría una posición más sólida si
explicara claramente a los parlamentarios cuál es su proyecto, y así
desaparecerían protestas como la de estos 300 profesores. Lo que me
intriga es lo mal que ha trabajado la Administración en la exposición de
su idea. Esta presidencia es muy consciente de la necesidad de explicar
las cosas al público, y, sin embargo, esta vez han sido muy torpes» (El
País, 9.12.01). Traducción «Dado que las explicaciones
del presidente tienen la capacidad de convertirse en dogmas, convendría
que dejara claro a esos juristas cuál es su posición incuestionable, para
que así abandonen la estúpida idea de protestar por algo que no se va a
cambiar.»
George W. Bush, sobre la orden de juzgar a los terroristas en
tribunales militares «Es la decisión correcta y se la explicaré a
cualquier dirigente que me pregunte.» «Tengo ganas de explicarle a mi
amigo, el presidente de España, por qué tomé esa decisión.» «Tiene mucho
sentido disponer de la opción de los tribunales militares» (El
País, 27.11.01). Traducción «No pienso dialogar sobre
este tema con ningún otro dirigente, pues la decisión ya está tomada, y
estoy dispuesto a presionar a cualquier gobernante de rango inferior al
mío para que la acepte sin discusión. Es evidente que si esta medida tiene
sentido para nuestros intereses, lo debe tener para los intereses de los
demás.»
©
LaExcepción.com
----------------------------------------------------------------------------------- 11-S: sorpresa
relativa y oportunidad aprovechada © G.S.V. [guillermosanchez@laexcepcion.com]
(28 de diciembre de 2001)
Los macroatentados del 11-S no
fueron tan inesperados como se ha dicho. Y la guerra desencadenada a raíz
de ellos no tiene como única motivación la lucha contra el
terrorismo.
Tras los atentados del 11-S, y antes de que empezara la guerra
contra Afganistán, hubo voces que expresaron la esperanza de que los
gobernantes del mundo (y en concreto Bush) reflexionaran sobre lo ocurrido
y lideraran a las naciones hacia un orden mundial más
justo.
Esa invitación a que Bush "reflexione" es muy ingenua, y parece
ignorar la evidencia de que el criminal ataque no halló desprevenido al
gobierno norteamericano. La administración Bush, al igual que las
anteriores, viene analizando el terrorismo internacional desde hace mucho
tiempo. Una muestra de ello es el interesante documento de la Heritage
Foundation, «New terrorist threats and how to counter them», de julio de
2000 (se puede ver en www.heritage.org), que demuestra que
un ataque como el del 11-S, o incluso de peores consecuencias, era
previsible para las autoridades (no en el método empleado ni en la
espectacularidad, que resultaron trágicamente sorprendentes).
Bien por ignorancia, bien por interés, muchos "analistas" siguen
reproduciendo la interpretación simplista popularizada por los medios de
comunicación, según la cual existe una relación única y directa de causa y
efecto entre los atentados del 11-S y la guerra de Afganistán. Pero hay
que precisar que, en relación con esta zona del planeta los intereses
energéticos de Estados Unidos en general (y los de algunos de sus máximos
dirigentes, como el vicepresidente Cheney y la propia familia Bush), son
muy anteriores a esa fecha. Los atentados, y el hecho de que el antiguo
aliado de la CIA, Bin Laden, se ocultara en Afganistán, sirvieron de
excusa y supusieron la oportunidad de intervenir y de reorganizar la
política de la gran potencia (y de sus apoyos financieros) en Asia
Central; y, de paso, en el resto del mundo (ver Una fecha y sus
secuelas).
©
LaExcepción.com
----------------------------------------------------------------------------------- Los rostros de la barbarie © J.F.S.P.
[juanfernandosanchez@laexcepcion.com]
(23 de diciembre de 2001)
Aunque el 11-S propició una aceleración histórica en el proceso
de extensión de la barbarie, ésta no se hallaba ausente del mundo
occidental antes de tan emblemática fecha. Con este artículo inauguramos
una serie mediante la cual La Excepción pretende desenmascarar los
rostros de la realidad totalitaria.
«Todo
está al servicio de la barbarie que se aproxima, todo, incluso el arte
y la ciencia de este tiempo» (F. Nietzsche, Consideraciones
intempestivas, III, § 4)
Lo
bárbaro es lo contrario a la sociedad civilizada, entendida ésta como la
que se atiene a unas normas justas y está dotada de suficientes garantías
jurídico-sociales, a la vez que promueve una cultura ennoblecedora del
espíritu humano. Sobre la base de la tradición judeocristiana, de la
filosofía griega y el derecho romano, del Renacimiento, de la Reforma
protestante y de la Ilustración (con secuelas tan importantes como la
Revolución Francesa), resulta un lugar común considerar que Occidente es
sinónimo de civilización.
En la
práctica, la barbarie nunca ha estado ausente de la historia occidental,
ni siquiera en sus etapas más florecientes. Las "zonas grises" (por
utilizar la expresión de Alain Minc, relativa a las áreas al margen de la
ley), la violencia, la explotación y la arbitrariedad encuentran en esa
historia muchos de sus más destacados ejemplos. Occidente no escapa a la
caracterización que merece el devenir de la humanidad en su conjunto: la
historia humana es, en pocas palabras, la historia de la injusticia y la
atrocidad. Barbarie es su misma sustancia.
Con
todo, parece de rigor admitir que Occidente (por seguir empleando una
expresión que oculta una realidad pluriforme) es el ámbito del planeta que
ha conocido las mayores cotas de civilización. Algo que no debería
enorgullecernos demasiado, pues lo que básicamente refleja es la triste
condición histórica del resto del mundo, y no un panorama lo bastante
halagüeño de nuestra propia cultura. Ha sido en Occidente, en cualquier
caso, donde se han alcanzado los mayores progresos, siquiera sobre el
papel (y generalmente, mojado). Ahora bien, esto último tampoco es
desdeñable: las leyes, normas en las que se ha plasmado ese progreso de
papel, han provisto a los ciudadanos occidentales de una valiosa
referencia social que, de uno u otro modo, ha podido ser invocada
frente al atropello. Así es como se ha logrado, al menos, frenar la total
consunción de la comunidad bajo el rodillo de la barbarie. Y gracias a
ello las occidentales devinieron las sociedades más "abiertas" (como
Popper las llamó) sobre la faz de la tierra.
El impacto del 11 de
septiembre
Pero, según parece, ha llegado la hora del cerrojazo también para
Occidente: de la mano del poder unipolar en el ámbito de un mundo
globalizado, la barbarie echa nuevas raíces incluso en los marcos
políticos más abiertos (ver Una fecha y sus
secuelas).
La
lógica del terror, usado como arma pero también como pretexto, da como
resultado la aceleración histórica en el advenimiento general de
una barbarie que, en realidad, llevaba tiempo gestándose. Ya la caída de
la mayoría de los regímenes comunistas totalitarios, aunque
comprensiblemente aplaudida como una reducción de la barbarie, abrió la
puerta a un mundo "definitivamente" posmoderno (desideologizado y
radicalmente desencantado), y dio paso a la progresiva hegemonía
irrestricta de un solo país sobre todo el planeta. El 11-S proveyó la
excusa perfecta –el terror– para acelerar el proceso y llevarlo a su
cenit.
En este
contexto, la obsesión por la seguridad prevalece sobre el amor a la
libertad. Ambos valores, seguridad y libertad, son sin duda necesarios.
Frente al progre clamor que durante años se dedicó a contraponerlos, no
cabe hablar de libertad real (al menos, libertad de acción) sin unos
mínimos de seguridad. Pero el problema en nuestro tiempo es que la
seguridad que se busca defender no es, pese a lo que arguye la propaganda
oficial, la del conjunto de la sociedad (mucho menos, la de todos y
cada uno de los individuos), sino la seguridad del poder económico y
político. Es la estabilidad de los mercados y la
garantía de la hegemonía geopolítica lo que realmente se
esconde bajo esa obsesión por la seguridad. Y todo lo que las ponga en
entredicho quedará bajo sospecha. Sospecha, por cierto, no de cualquier
cargo, sino de uno tan grave como el de terrorismo o complicidad con
él.
Es así
como, para el ciudadano independiente, lo que hay es una creciente
inseguridad. Tampoco éste es un fenómeno enteramente surgido del
11-S. Con anterioridad a esa fecha, ya venían siendo mal vistos los
discrepantes con las líneas oficiales o partidocráticas de las democracias
formales occidentales. Oponerse al sistema era sinónimo de exponerse,
cuando menos, al público oprobio promovido desde los medios de
comunicación afines al mismo, es decir, casi la totalidad de los realmente
influyentes. La tendencia al pensamiento único no empieza a raíz del 11-S.
Y la oligopolización de las economías capitalistas occidentales ya era un
hecho desde hace años, con sus inevitables consecuencias de indefensión
del ciudadano frente a los abusos de la banca y las grandes
empresas.
Pero
tras el 11-S se ha encontrado el pretexto para apuntalar el poder
económico y político, y para hacerlo, si es preciso, a costa de las
libertades individuales. Blandiendo la peregrina excusa de que el
terrorismo islamista era capaz de amenazar la civilización occidental
(defendida incluso, por sonrojante que parezca, por intelectuales venidos
a menos como Gabriel Albiac), Occidente ha iniciado una vertiginosa
carrera de restricción de los derechos ciudadanos. Ha sido esta excusa
peregrina, y no aquel infame terrorismo, la que ha aproximado la barbarie
a las áreas de la tierra donde tradicionalmente estaba peor
vista.
Barbarie
brutal y barbarie sutil
La
salvaje y archicriminal actuación del terrorismo islamista contra Nueva
York y Washington desató la reacción norteamericana en forma de fiera
venganza. Y, como suele ocurrir en toda humana vendetta, los
resultados no se limitaron a la venganza misma, sino que innumerables
víctimas inocentes perdieron sus vidas, hogares y pobres
haciendas.
Se
iniciaba así un periodo nuevo, en el que la propaganda a favor de la
"guerra justa" sustituye al énfasis en el "juicio justo". A falta de un
serio derecho internacional (en este sentido, el mundo entero es una
inmensa "zona gris"; o en términos más clásicos, una "selva"), la
superpotencia humillada maneja a su antojo la ONU y promueve la
militarización del mundo: los tribunales militares nos
retrotraen a los juicios sumarísimos de las peores dictaduras del siglo
XX, al tiempo que la dinámica belicista anuncia la sujeción de todos los
países supuestamente díscolos a la bota estadounidense, y de paso (en
parte por el temor que inspira su prepotencia), la de los demás
estados.
Pero,
junto a este rostro brutal de la barbarie, hay otro más sutil y
enmascarado, aunque no menos culpable. No me refiero al siniestro cinismo
con que muchos líderes de opinión (políticos, periodistas,
pseudointelectuales...) han apoyado la creciente brutalidad. Más grave aún
me parece, por su extensión (aunque no por su intención), la
pasividad con que el mundo entero ha aceptado aquella
barbarie evidente. Todavía, y aun a sabiendas de las razones económicas de
fondo, no puede dejar de asombrarnos la manera prácticamente incondicional
en que el resto del mundo (incluidos los países "fuertes", entre los que
cabe recordar a antiguos rivales como Rusia y China, pero también a la
Unión Europea en su conjunto) ha concedido plenos poderes a los Estados
Unidos de América. Tan plenos que pronto lo realmente grave no será que el
fin justifique los medios: es que ni siquiera necesitará
justificarlos.
Hay, con
todo, algo aún más lamentable y que, en parte, explica ese apoyo acrítico
de los gobiernos del mundo: hablo de la casi absoluta dejación de sus
deberes cívicos que los individuos y los pueblos han demostrado en la
presente coyuntura histórica. Abandono que repercutirá en la restricción
de sus derechos, como siempre ocurre cuando se pierde el sentido de la
propia dignidad.
La
gravedad de esta actitud de inhibición, rayana en la indiferencia, quizá
no conozca en los tiempos modernos un antecedente más claro que la forma
en que la población alemana consintió el ascenso del nazismo en los
años 30. El totalitarismo presente resulta, en cierto modo, aún más
ominoso que el dominio hitleriano, habida cuenta de que, por ser mundial
su campo de acción, dejará menos resquicios a eventuales contrapoderes, lo
que facilitará su consolidación en el tiempo.
Una de
las facies de esta barbarie sutil que venimos comentando, no por
escandalosa ha merecido la menor reflexión pública entre los analistas de
los medios principales. Tiene que ver con la aprobación tácita de la
pena de muerte por parte de muchos declarados contrarios a la
misma. Entre los numerosos valedores públicos y anónimos de la campaña
"Libertad duradera" en los países occidentales, incluidos amplios sectores
de la población, hay sin duda muchos detractores de la pena capital que se
han venido oponiendo, y seguirían haciéndolo, a su implantación en países
como España. Pero su apoyo a las represalias norteamericanas con el
argumento de la "legítima defensa" deja al descubierto su radical
incoherencia: es evidente que en el marco de la citada campaña muchos han
muerto y seguirán muriendo como castigo por su condición (supuesta) de
terroristas; pero, ¿no es eso otra versión de la pena de muerte?
¿Dónde están ahora, por ejemplo, las voces de muchos de los que, en las
manifestaciones de las "manos blancas" contra ETA, acallaban los gritos
extremistas que pedían la ejecución de los etarras?
La barbarie viene de
atrás
Conviene
insistir en que la historia –esta historia– no nació el 11-S. La
barbarie tiene otros rostros específicos que eran perfectamente
reconocibles con anterioridad a esa fecha. Su profundo arraigo entre
nosotros ayuda a explicar la penosa reacción, o falta de la misma, por
parte de los occidentales a la presente aceleración histórica del
totalitarismo.
En
sucesivos artículos, La Excepción analizará cada uno de los rostros
de la barbarie por separado. En lo que resta de estas líneas me limitaré a
presentarlos sin ánimo exhaustivo y a caracterizarlos mínimamente. Todo
ello, con la mayor brevedad posible.
En la
conformación de ciudadanos acríticos frente al sistema varios elementos
han desempeñado un papel decisivo. La televisión ha sido,
seguramente, la punta de lanza a tal efecto. Como medio de manipulación de
masas, sin duda no conoce parangón, y sus "cualidades" como vehículo de
entretenimiento y pasivización de la gente han
alcanzado grados de eficacia que al mismo George Orwell hubieran
maravillado.
La
violencia que, en dosis abrumadoras, expele este medio ha
proporcionado una vía pseudocatárquica y, en la práctica, potenciadora de
la propia agresividad del espectador. Acostumbrado al guión en que
el violento "bueno" (agente de policía, sheriff...) acaba atrapando
al violento "malo", el teleadicto ha encontrado de lo más natural la
historia de un país (Estados Unidos, curiosamente el productor de la mayor
parte del cine televisivo) que envía a sus "comandos especiales" a
combatir y capturar a la encarnación del mal (por ejemplo, Osama Bin
Laden). Desensibilizado por miles de escenas violentas que, desde el
televisor, han pasado ante sus ojos, el ciudadano medio del mundo
occidental no ha puesto excesivos reparos a una campaña bélica que,
además, no le mostraba los muertos. E, incluso, en no pocos casos (como
delata el frecuente tono cantarín de los locutores) ha gozado con el
relato de la misma. Es así como las tramas de la actual coyuntura
histórica se parecen más que nunca a los argumentos de una película
norteamericana. Los muertos, sin embargo, son de carne y hueso.
El
proceso de manipulación y adocenamiento de las masas se ha valido de otras
instancias. La degradación de la educación académica es una de las
más destacables. Ésta, que debería ser fuente de formación integral
(fundada sobre el pensamiento crítico) y de orientación constructiva para
niños y adolescentes, lleva décadas convertida en triste cantera de seres
vacíos que, por lo común, a lo más que llegan es a formarse como
profesionales especialistas en áreas muy concretas, con una crasa
ignorancia e incapacidad para pensar sobre los temas fundamentales de la
vida.
Repetidamente se atribuye esta penosa realidad a la progresiva
marginación de las asignaturas humanísticas en los planes de estudios. Se
confunde así la consecuencia con la causa del problema, pues, ¿cómo puede
nadie creer, seriamente, que es posible preservar el prestigio de unas
materias, como la filosofía, la historia, la ética o las lenguas clásicas,
cuando sus campos de atención privilegiada han sido previamente sometidos
a un implacable y sistemático cuestionamiento "científico" por la versión
progre de la Modernidad? Si se marginan y relativizan los valores morales
y humanos, condenándolos al plano de la mera subjetividad, negándoles otro
estatuto que el de la doxa o mera opinión (frente al exigente rigor
de la ciencia), ¿cabe esperar que las disciplinas humanísticas mantengan
ellas mismas su valor en una sociedad regida por el
utilitarismo?
Pero no
pretendo hacer aquí un canto elegíaco a las llamadas "Humanidades". Sin
desdeñar lo que pueda tener de benéfico su estudio, es preciso denunciar,
esperando que sirva de precedente, la manera acrítica, por indiscriminada,
en que se asume y fomenta el mismo. La versión progre de la Ilustración ha
banalizado hasta la bajeza una máxima ilustrada, más o menos implícita y
ya de por sí arbitraria. Según ella, "la cultura redime". En virtud
de lo cual, nuestra sociedad no se contenta con depositar en el mismo saco
redentor a Homero y a la Biblia, sino que, yendo más allá, mezcla bajo el
epígrafe "cultura liberadora" a Johann Sebastian Bach con Apártate que
piso mierda, y a Almodóvar con Ingmar Bergman, tarea a la que contribuyen
alegremente los departamentos culturales de los más variados estamentos
públicos.
En
particular, se enfatiza la relevancia formativa que supone leer... lo que
sea. Tanto dan El Quijote o Crimen y castigo como el cómic
más chabacano o la última bazofia de Ray Loriga, pues "está demostrado"
que lo importante es iniciarse en la lectura. Y así no es de extrañar el
entusiasmo que ha despertado en numerosos adultos bienintencionados
comprobar cómo sus niños han dejado las videoconsolas para enfrascarse en
los libros de Harry Potter. Ignorando que puede haber culturas, y
lecturas, que lejos de redimir más bien pueden alienar. Hay mucha
barbarie implicada en todo esto.
Otros rostros
Existen muchos otros rostros de la barbarie que iremos
desgranando en artículos sucesivos. Mencionemos aquí, no obstante, que la
manipulación ejercida por el poder se vale muy significativamente de otras
formas de entretenimiento, como el fútbol, cuyo espectacular
montaje es capaz de enajenar hasta una condición animal incluso a personas
ilustradas (ver Pan y
fútbol); o las loterías, mediante las cuales los estados lanzan
a sus pueblos una apetitosa carnaza de la que siempre los primeros se
quedan con la mejor tajada, mientras embrutecen a los segundos estimulando
su adoración al dios Mamón.
El
electoralismo, síntoma de la extrema avidez de poder de los
políticos, hace uso de la más burda propaganda para, entonteciendo a los
electores, arrancarles el voto a cambio de vaporosas promesas. De este
modo, como ya denunciara Platón hace miles de años, la democracia deviene
demagogia; la oratoria, mera sofistería; y la gestión pública, corrupción.
Por esas vías, y por muchas otras (como la continua apelación al
sexualismo) se adormecen las instancias críticas de la gente y se
la prepara para aceptar, sin la menor protesta, e incluso con la mayor de
las complacencias, las sucesivas líneas de barbarie que se van imponiendo:
son algunas de ellas la globalización ético-política, con la que en
el fondo están de acuerdo hasta los más recalcitrantes "antiglobalistas"
(ver Antiglobalistas
por la globalización); la neorreligiosidad (que va camino de
proveer la neoideología que tan imperiosamente el sistema necesita, de la
mano del engañoso ecumenismo); y el competitivismo extremo,
que lejos de favorecer la "competencia perfecta" (término que en la teoría
económica designa el equilibrio y la eficiencia en los mercados), estimula
la formación de arrogantes oligopolios y convierte el mundo entero en un
campo de batalla comercial... y literal.
Es tan
fuerte la presión de la barbarie, en sus formas brutales y sutiles, que se
logra instalar en el ciudadano una fatal resignación, entendida
como la actitud de quien se siente forzado a aceptar lo que sí
tiene remedio. Pues se le hace creer que, pese a todo, vive en el mejor de
los mundos posibles (la trampa del posibilismo), o cuando menos en
uno de los menos malos. Mediante la continua reiteración propagandística
de los hitos configuradores del actual statu quo (como, en España,
la casi constante invocación a la "ejemplar transición democrática"... de
hace ya varias décadas), se recuerda a la gente la supuesta grandeza de su
forma de vida, por más que sus evidencias cotidianas le informen de una
realidad bien distinta. El enfoque colectivo y sus vanos consuelos,
hábilmente manipulados, consiguen disimular en buen grado las numerosas
grietas del sistema, y de paso ahogar la insatisfacción del
individuo frente a ellas.
Con el mismo fin, y a pesar de los más atroces signos de los
tiempos (machaconamente exhibidos por los medios de comunicación), se
pretende conservar el optimismo humanista (ver ¿Fin del
optimismo humanista?) como vía segura hacia un mundo mejor. Pasando
por encima del macabro presente, se deposita la confianza en el futuro
en tanto que futuro, de acuerdo con esquemas historiográficos de
corte evolucionista. Es la consagración del pasivo
ojalá frente a la humana acción transformadora. Se venden,
así, quimeras peligrosas que, en el fondo, nacen de posiciones
profundamente reaccionarias, en cuanto relativizadoras del mal
presente y reacias a admitir el nulo potencial regenerador de los
archiensayados caminos habituales.
Conclusión
La
anterior exposición quizá en algún lector haya motivado una saludable
protesta: "Pero bueno, ¿acaso todo es culpa de los poderes
orquestados, que conspiran al unísono para eliminar todo vestigio de
espíritu crítico en los habitantes de la tierra?" Evidentemente no. La
tremenda responsabilidad de cada individuo (sobre todo, en el
Occidente opulento) frente a lo que acontece no debe infravalorarse. Si la
televisión lo manipula, es porque acepta dócilmente que el televisor es un
electrodoméstico imprescindible en el hogar. Si la violencia y el
sexualismo campean en el mundo del entertainment (y en el de la
pura realidad), es porque se abandona mórbidamente a sus más bajas
pasiones, como le aconsejan las pérfidas sugestiones del facilismo.
Si lo alienan y embrutecen la (pseudo)cultura y las distracciones de
masas, se debe a que prefiere la cómoda vía de la inmersión en el rebaño a
la disidencia que conlleva el riesgo de la impopularidad. Si, en suma,
la barbarie acabará con todo resto de su dignidad personal, es porque él
mismo ha facilitado su advenimiento, tras desoír una y otra vez el clamor
de su conciencia.
Pero
nada de eso, por supuesto, exime de su responsabilidad al poder
constituido. No todo es conspiración sistémica, pero sin duda la hay. Y si
no es aún más eficaz por sí sola, es porque entre los poderosos no hay una
perfecta confluencia de intereses; la lucha por el poder entre aquéllos
mitiga su eficacia totalitaria..., pero esto se compensa gracias a los
regalos suplementarios de las masas acríticas.
Una
crítica del poder será objeto de futuros textos en La
Excepción. Pero del poder en un sentido amplio, entendido como
poder del hombre sobre el hombre. Algo no muy alejado de la
nietzscheana voluntad de poder, aunque aquí procuraremos tratarlo en su
auténtica perspectiva (crítica y no reaccionaria): la del afán de
poder presente en todo corazón humano, por lejos que se encuentre de
los "aparatos de poder" (oficiales o fácticos), y que mientras pervive
tiende a pervertir toda solución política y/o social que se aplique en
nuestro planeta. La del afán de poder como suprema manifestación del
misterio de la maldad.
© LaExcepción.com
----------------------------------------------------------------------------------- ¿Fin del optimismo humanista? © G.S.V. [guillermosanchez@laexcepcion.com] (25 de diciembre de
2001)
El optimismo humanista, lejos de extinguirse, se perfila como punto
de confluencia de un pensamiento único mucho más amplio de lo que
denuncian sus críticos, en el que convergen los que defienden y los que
rechazan el sistema.
Hasta el
11-S numerosas voces, sobre todo de la izquierda, anunciaban el
advenimiento de un mundo progresivamente más justo y solidario. Quienes se
muestran optimistas respecto a la evolución de la humanidad siempre han
afirmado que, a medida que se mitigara la maldad humana y se generalizaran
las buenas intenciones de los hombres, las medidas legales que limitan la
sociedad abierta serían cada vez más excepcionales, y la situación normal
en todo el mundo sería la que hemos vivido en Europa occidental y Estados
Unidos durante los últimos cincuenta años: "paz" desde el punto de vista
militar, estado de bienestar, desarrollo prometedor de la sociedad civil,
etcétera.
Creo que
el estudio de la historia desmentiría rápidamente la interpretación
optimista de cada uno de estos puntos, pero no es mi objetivo hacerlo
aquí. Aun asumiéndose la visión más esperanzadora del pasado, es evidente
que desde el 11-S lo que venimos considerando "normal" será en realidad lo
excepcional. Las medidas legislativas que se están adoptando en todo el
mundo así lo prueban. George Bush ya dijo que esta guerra puede durar diez
años... o más. Es decir, la conculcación de derechos básicos será
indefinida. La promesa de una sociedad cada vez más pacífica y unida
huye del horizonte. Es más, algunos empiezan a preguntarse si realmente
habrá alguna vez buena voluntad entre los hombres.
¿Un nuevo orden mundial más justo?
El
movimiento pacifista desarrollado en las sociedades occidentales
durante la guerra fría y que en cierta medida se prolonga hoy en
determinados sectores del movimiento antiglobalización ha mantenido
como objetivo convencer a las autoridades de que los sistemas
armamentísticos son innecesarios. Esta es una afirmación idealista y
utópica (no asigno matices peyorativos a ninguno de estos nobles
conceptos) que sólo puede sustentarse sobre la premisa de que la humanidad
es buena por naturaleza. Por eso, cada vez que hay una gran crisis que
confirma lo contrario (ya ocurrió durante las guerras mundiales, y se
repite ahora), muchos "pacifistas" demuestran que su pacifismo sirve sólo
para tiempos de paz, y apelan al más puro pragmatismo (es decir, a la
necesidad de la guerra).
La larga
masacre de poblaciones civiles ha comenzado por Afganistán y seguirá por
otros países, según anuncian. Los movimientos contestatarios orientan su
actuación principalmente a denunciar las matanzas. Mientras los belicistas
que desde el primer momento apoyaron una actuación militar en Afganistán
(y donde fuera "necesario") siguen confiados en que esta serie de guerras
traerá un mundo más justo (o por lo menos, no más injusto), algunos
"críticos" se muestran todavía perplejos y no parecen atreverse a
especular sobre qué tipo de mundo nos espera. Pero los comentarios
optimistas que expresan confianza en que la justicia traerá la paz siguen
siendo relativamente frecuentes.
Como ya he argumentado en otro lugar (ver Antiglobalistas
por la globalización), la gran mayoría de los componentes del
movimiento antiglobalización no están en realidad contra la
globalización, sino que abogan por otra globalización, según la
consigna de que "otro mundo es posible". Ya destaqué entonces que esas
afirmaciones se contradicen con los análisis terriblemente pesimistas que
ellos mismos hacen de la evolución del sistema mundial. Lo sorprendente es
que, con la acentuación de las tendencias totalitarias tras el 11-S,
muchas voces perpetúan su discurso optimista, como si los acontecimientos
y, sobre todo, las tendencias de los últimos meses anunciaran un nuevo
orden mundial más justo.
Desde
luego, se aproxima un Nuevo Orden Mundial, pero no precisamente el que
esperan los más desfavorecidos del planeta, sino el que ya anunció George
Bush padre durante la guerra del Golfo, y que Noam Chomsky considera
continuación del "viejo", como argumentaba en su libro El nuevo orden
mundial (y el viejo) (Barcelona: Crítica, 1994). La tradicional
reivindicación de los contestatarios al sistema ha sido la de
globalizar la democracia. Pero ahora que los países con las
democracias más antiguas y consolidadas del mundo comienzan a revisar sus
sistemas legislativos con el objetivo de garantizar la seguridad a costa
de restringir derechos fundamentales, toda previsión realista y sensata
conduciría a la idea de que lo que puede empezar a globalizarse (además de
lo que ya se ha globalizado: diferencias socioeconómicas, explotación,
redes criminales, contaminación medioambiental...) son precisamente estas
tendencias totalitarias.
Los
análisis de quienes todavía consideran viable un mundo mejor se sustentan
sobre un modelo ideológico optimista heredado de la Ilustración. Pero
muchos colectivos, al autocalificarse como utópicos, no reclaman
una interpretación realista de la realidad mundial. Por ello no sorprende
que la mayoría de los viejos rebeldes del 68, desengañados por las
pocas posibilidades de cambio global de sus movilizaciones y
seducidos por el bienestar de Occidente, se convirtieran en los prácticos
tecnócratas y yuppies vividores de hoy. Ahora (desde hace tiempo,
en realidad) comprobamos que no actuaban por principios, sino siguiendo
consignas colectivistas que hoy consideran propias de etapas juveniles
pero alejadas de la realidad. Normalmente no se avergüenzan de haberlas
seguido, sino que más bien las recuerdan con cierta nostalgia que les hace
mostrarse condescendientes (por no decir paternalistas) con los jóvenes
antiglobalistas actuales. "Ya crecerán", vienen a decir.
Este
giro se debe a que sus ideales estaban supeditados a los resultados
sociales de sus protestas, y así lo expresan claramente muchos de ellos,
que se consideran satisfechos con los logros conseguidos desde entonces en
las sociedades ricas. La mayoría de estos "logros", por cierto, afectan a
las costumbres y a las normas sociales y jurídicas, pero no se extienden
en absoluto a la situación global de la humanidad, ni siquiera a la
gestión política de las democracias occidentales. En términos marxistas,
tan de moda entonces, se han modificado algunos aspectos de la
superestructura pero la base económica permanece
intacta.
Los
auténticos idealistas de entonces quizá lo sigan siendo ahora, pero desde
luego son minoría. La historia ha demostrado una vez más que quienes
finalmente se imponen en los sistemas sociales y de poder, para bien o
para mal, son los pragmáticos, no los idealistas. Por eso tampoco debemos
sorprendernos cuando veamos a algunos de los románticos antiglobalistas de
hoy gestionar la globalización burocrática (quizá totalitaria) de mañana,
o aceptar los beneficios que a ellos les reporte. Estos procesos son los
frutos naturales del optimismo humanista y de las frustraciones que sus
quimeras inevitablemente producen.
El
optimismo humanista promete, contra toda evidencia, un progreso
continuo hacia la libertad de la humanidad. Incluso quienes denuncian
el totalitarismo emergente en Estados Unidos, parecen sumarse a las
esperanzas que recientemente expresó Bush: «En la Historia hay una
corriente que fluye hacia la libertad». El empeño en seguir creyendo
que se puede construir un mundo justo está aproximando entre sí,
insospechadamente y sin que sean conscientes de ello, a quienes construyen
y mantienen el sistema mundial y a quienes lo critican. Y a medida que
nuevas amenazas se concreten en todo el mundo, cada vez serán más quienes
soliciten medidas excepcionales a costa de sacrificios en las
libertades.
El drama del pacifismo optimista
Si
insisto en esta visión catastrofista, es porque considero que esta
tendencia es en gran medida inevitable. Y lo es no porque ningún
determinismo histórico así lo dicte, sino porque coincide con el rumbo
concreto que ha tomado el conjunto de la humanidad, tan imparable como el
proceso de globalización (salvo imprevisibles sorpresas que serían, sin
duda, tanto o más catastróficas). El drama del pacifismo optimista
consiste en que, en primer lugar, anuncia que el mundo está en un callejón
sin salida si se siguen los parámetros políticos presentes; en segundo
lugar, constata que todos los indicios apuntan a que el sistema actual se
perpetúa en modalidades cada vez más injustas. Pero, a pesar de ello, se
empeña en prometer un mundo mejor, y supedita su acción a este objetivo:
"Si todos nos movilizamos, lo conseguiremos".
El
punto débil de este pacifismo no está en sus loables intenciones y
sus métodos (dignos de apoyo siempre que sean auténticamente pacíficos),
sino en sus motivaciones. A fin de cuentas, según este modelo ser
militante pacifista merece la pena siempre que se crea que estas
acciones pueden cambiar el mundo, aunque sea a muy largo plazo. A medida
que esta esperanza intramundana vaya perdiendo sus soportes (proceso que
se ha acelerado desde el 11-S), es previsible, e incluso comprensible, que
estos idealistas vayan acercándose a posturas más pragmáticas. ¿Por qué
desgastarse, e incluso arriesgarse, en luchar por algo que no se va a
conseguir?
En este
contexto, sólo personas o pequeños grupos con convicciones fundadas en
valores absolutos podrán defender un pacifismo "clásico". Serán
personas que asuman la no violencia y la libertad por principio, y no como
medios ligados a unos objetivos. Las raíces del pacifismo clásico se
encuentran precisamente en movimientos que, aun luchando por el cambio
social, fundamentaban las esperanzas personales de sus
integrantes en una realidad trascendente. Tal es el caso de los primeros
cristianos (objetores de conciencia ante el culto imperial o el servicio
militar del Imperio Romano) o del pacifismo moderno de Gandhi y Martin
Luther King.
Hacia el pensamiento único
La
seguridad o el bienestar colectivo es sin duda patrimonio
irrenunciable de las sociedades que han alcanzado ciertas cotas de
libertad. Ahora bien, el progresivo e imparable despliegue de maldad al
que venimos asistiendo exige que los amantes de la libertad tengamos claro
que ésta es todavía más irrenunciable, porque es nuestro patrimonio
personal. Si la libertad se define exclusivamente en términos
sociopolíticos, condicionaremos nuestra libertad a circunstancias externas
a nuestra propia persona. Si definimos la libertad como opción vital y
actitud, como decisión de no someterse necesariamente a los
criterios que la mayoría ha establecido para encontrar una vía de salida a
la sociedad, no es de extrañar que quienes opten radicalmente por vías
personales, aun a costa de su vida, acaben siendo tachados de fanáticos,
fundamentalistas o integristas. A los ojos de los nuevos
globalitarios (utilizando el término acuñado por Ramonet) no
resultan tan distintos los terroristas de los descontentos con el
sistema, como viene demostrando la estigmatización a que el propio
movimiento antiglobalización está siendo sometido desde el
11-S.
Otra
prueba de ello es el abuso del concepto "fundamentalista" que se
viene haciendo desde hace unos años. Sirve como cajón de sastre para meter
en él precisamente a todos quienes no participan del optimismo humanista
que vengo describiendo, desde terroristas islámicos hasta minorías
religiosas cristianas. Bajo el paraguas del "ecumenismo" se está
desarrollando también un proceso de globalización religiosa como
consecuencia del cual se diferenciarían dos grandes grupos: los
partidarios del "diálogo" (término que suele ocultar la idea de
proyecto ético-religioso común e interconfesional) y los
"fundamentalistas" (un nuevo término para lo que tradicionalmente se ha
entendido por "herejes"). De ahí que toda persona o movimiento que no
participe del optimismo humanista, sean cuales sean sus convicciones y
métodos, se vea etiquetado como "fundamentalista", y excluido del proyecto
para un mundo mejor basado en el auténtico pensamiento único, del
que en el fondo participan también la mayoría de los
"críticos".
El filósofo católico Jesús Villagrasa afirmaba en
www.zenit.org (21.11.01): «Con un terrorista
o con un fundamentalista hay poco que dialogar. [...] Estos grupos se dan
no sólo entre los musulmanes; también hay sectas de "inspiración
cristiana"; y también hay funcionarios de gobiernos occidentales que no
distinguen entre un grupo fervoroso y una secta peligrosa.» El gran
teólogo español González de Cardedal coincide en el análisis, con una
curiosa clasificación confesional: «Europa está constituida hoy por cuatro
afluentes religiosos: el cristianismo, el Islam, las religiones orientales
que se presentan con voluntad misionera, las sectas que llegan de Estados
Unidos. El camino de Europa debe superar tanto la secularización de la
conciencia como el fundamentalismo, asumiendo la realidad autónoma de este
mundo a la vez que preguntando por el fundamento sagrado de lo real»
(ABC, 20.9.01). Precisamente esta cita revela con claridad la doble
dimensión de la neorreligiosidad que venimos denunciando en La
Excepción: un proyecto global para este mundo combinado con un
"fundamento sagrado". En el mundo católico (y, cada vez más, entre
las iglesias protestantes institucionalizadas) se considera que este
fundamento se encarna en el liderazgo papal.
En esa
línea han de interpretarse anhelos como el de Antonio Montero, arzobispo
de Mérida-Badajoz: «¡Ay, si la tragedia neoyorquina abriera paso de verdad
a un nuevo orden mundial de rostro humano y solidario! El Occidente libre,
rico y, en última instancia, cristiano del que formamos parte, se pondría
a la altura de los "Momentos estelares de la humanidad"» (ABC,
24.9.01). El pensamiento "cristiano" actual, perdida toda referencia
escatológica en su teología, ansía un mundo más justo modelado por la
generosidad y la proyección global de Occidente. De ahí que el artículo se
titule y concluya precisamente con la mayor expresión de fe humanista:
«Creo en el hombre.»
Es éste
el postulado en el que vienen convergiendo, antes y después del 11-S, casi
todos los pensadores, políticos y activistas actuales, de derechas y de
izquierdas, ateos y religiosos, clericales y laicistas. Por ejemplo, el
filósofo Carlos París "profetizaba", con un lenguaje entre ilustrado y
teológico: «En estas tinieblas la única luz salvadora es la crítica y la
rectificación, emprendiendo una nueva marcha hacia los olvidados valores
solidarios y humanistas» (La Razón, 12.11.01).
Muchos
han defendido siempre una interpretación pragmática y de mínimos
del progreso de la humanidad: mientras Occidente se salve, es
suficiente; las tendencias actuales han venido a consolidarlos en su
postura. Otros están abandonando su antiguo idealismo para sumarse a este
pragmatismo de supervivencia. Otros siguen confiando en la bondad humana
como garantía de un futuro mejor. Entre todos ellos va emergiendo, de la
mano del optimismo humanista –que no desfallece y que de alguna forma los
une–, el clamor por un nuevo liderazgo moral que sirva de crisol
ideológico y que excluya a quienes no se ajusten a alguno de estos moldes.
Se perfila así un nuevo totalitarismo sutil pero
palpable.
La
humanidad, en el momento con el futuro más negro de su historia, se quiere
aferrar a algunos rescoldos de esperanza. Es admirable el idealismo
utópico de algunos activistas, líderes de opinión o simples ciudadanos
que, fieles a sus convicciones íntimas, no se venden al confort de lo que
ya han conseguido para sí, ni se acomodan en posturas sostenidas por la
mayoría. Algunos, quizá muy pocos, se empeñarán en defender la justicia y
la verdad como opción personal e irrenunciable, se plantearán como
objetivo la revolución en sus vidas y la consecución de cambios en su
ámbito de influencia (incluso cuando finalmente lleguen a la conclusión de
que es imposible cambiar de forma global este mundo podrido); rechazando
esoterismos vacuos, sensacionalistas o intelectualizados, buscarán
fundamentos sólidos y trascendentes a su débil fortaleza. Unos
proclamarán, otros descubrirán, que, al margen del esfuerzo humano, existe
una promesa fiable de un mundo mejor. Serán la excepción.
© LaExcepción.com
----------------------------------------------------------------------------------- Bipartidismo © G.S.V. [guillermosanchez@laexcepcion.com] (30 de diciembre de
2001)
El
sistema político español, como muchos de los occidentales, ha evolucionado
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