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 De arriba
abajo, Antonio Basanta, Marta Mata, Juan Antonio Ortega y
Díaz-Ambrona, y Álvaro Marchesi. (JOAQUÍN
G. SASTRE)
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| Los
editores se desgañitan pidiendo el reforzamiento de las bibliotecas
públicas y la creación de bibliotecas escolares. Es un tema
importantísimo, pero hay algo aún más grave que conmocionó a los
asistentes al 21º Encuentro sobre la Edición, que se clausuró ayer en
Santander. "De poco sirve apostar por las bibliotecas si no hay demanda de
libros por parte de profesores y alumnos", afirmó Álvaro Marchesi,
catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Complutense y
director del Instituto Idea, que ha realizado un estudio sobre las
bibliotecas escolares para la Fundación Ruipérez.
Marchesi avanzó algunos datos del estudio que la Fundación Germán
Sánchez Ruipérez hará público el próximo septiembre. La encuesta se ha
realizado en 400 centros, a 40.000 alumnos y 20.000 profesores de toda
España. Existen ya bibliotecas escolares -un 10,7% de las bibliotecas
escolares posee 11.000 libros y las menos dotadas están en torno a los
3.000 volúmenes-, pero muy por detrás de las recomendaciones de la
Asociación Internacional de Bibliotecarios (IFLA).
El estudio ha puesto de manifiesto el "escaso compromiso de los
profesores con la lectura". El 40% de los profesores encuestados no acude
nunca a la biblioteca del colegio, un 24% la visita semanalmente, y un
22%, mensualmente. "La consideran un bien interesante, pero no entra en
sus objetivos". El 23% de los profesores dio clases en la biblioteca, y el
77% no realizó ninguna actividad relacionada con la biblioteca. "El 76,4%
se limita a trabajar con el libro de texto, a lo que no hay nada que
objetar", pero no impulsan a los alumnos a la lectura.
"No existe el convencimiento de que la lectura es un instrumento
poderoso para organizar la información y el conocimiento, para motivar a
los alumnos", afirmó Marchesi. El catedrático aconsejó que es necesario
animar a los padres a que lean con sus hijos al menos 10 minutos al día.
"En la escuela se debería leer al menos una hora al día e incorporar la
lectura en todas las áreas de la enseñanza, desde las humanidades a la
ciencia".
Agenda incumplida "En España hemos
incumplido la agenda del siglo XX: crear bibliotecas y generar lectores.
La agenda del XXI incluye la informatización. Sería muy grave saltarse el
paso de la lectura".
Los alumnos de primaria visitan más la biblioteca que los de
secundaria, pero no con demasiada frecuencia. "Quizá porque no está
abierta o porque los profesores no les animan". El 20% de los alumnos
considera interesante consultar en la biblioteca, y el 80% realiza su
aprendizaje al margen de la biblioteca. "La mayoría de los alumnos no
tiene experiencia en cómo utilizar una biblioteca; tampoco les
interesa".
Esta desoladora información es sólo el avance del estudio que se
presentará en septiembre. En esta mesa, una de las más interesantes que se
han celebrado en el Encuentro de Editores, intervino también la veterana
Marta Mata, presidenta del Consejo Escolar del Estado. El ex ministro de
Educación y Ciencia con UCD Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, que moderó
el acto, la definió como una institución. "Militante socialista, se ha
mantenido en activo manteniendo siempre sus propias convicciones, lo que
la convierte en un caso extraordinario". Pionera con la prestigiosa
Asociación de Maestros Rosa Sensat, Mata habló de "verbalismo realista".
"Se habla de una cosa, se redacta una ley y se cree que ya está hecho. Mi
método es hacer, hacer y hacer, y soñar que algún día se escriba".
Mata recordó la trayectoria de las bibliotecas escolares en España, que
tuvo sus años de oro con la Institución Libre de Enseñanza. "Entre 1931 y
1933 se crearon 3.500 bibliotecas escolares. Se aprendió el valor de
escoger un libro. Es un paradigma que no hemos vuelto a alcanzar
nunca".
El dinero invertido en enseñanza, dijo Mata, es el mejor, "porque
continuará fructificando durante mucho tiempo y educar es también enseñar
a escribir para leer críticamente, y aprender a hacer un vídeo, una
web... Por eso necesitamos bibliotecas-mediatecas escolares".
Antonio Basanta, vicepresidente ejecutivo y director general de la
Fundación Germán Sánchez Ruipérez, fue muy duro. Calificó de "desidia,
ineptitud y fraude el sistema educativo que no hace de la lectura su eje".
"Como se comprobó en el Informe PISA 2003, los estudiantes
españoles carecen de comprensión lectora. Crear el tiempo y el espacio
para la lectura en la escuela es el reto más urgente y la nueva Ley de
Educación debe recogerlo en toda su extensión".
En el ámbito de las bibliotecas públicas "se ha producido en España en
los últimos 15 años una modernización, pero que es insuficiente".
En 1990 había 2.663 bibliotecas públicas; en 2003, 4.661. En 1990 había
tres millones de usuarios; en 2003, 8,7 millones. En 1990, la red de
bibliotecas públicas poseía 21 millones de libros; en 2003, 52 millones de
ejemplares.
Son datos muy positivos, pero Basanta no dio tregua: "El 79% de la
población española es ajena a la oferta de las bibliotecas. El 80% de
quienes atienden las bibliotecas públicas no tienen una formación
adecuada".
Cuando Basanta dio cifras comparativas con la media europea fue para
ponerse a llorar. "La media europea invierte en bibliotecas públicas 16,5
euros por habitante; en España, 6,22 euros. En la adquisición de libros,
la media europea invierte más de tres euros por habitante; en España, 88
céntimos".
"Vivimos un vacío histórico profundo y limitador", concluyó Basanta.
Los tres ponentes y el moderador hicieron una recomendación unánime:
lectura, lectura y lectura. Leer, leer y leer.
Los acongojados editores pudieron recuperarse del alud de datos
alarmantes ofrecidos en la magnífica conferencia que pronunció el escritor
Suso de Toro en el Ateneo de Santander: Autobiografía de mi biblioteca.
Libros en la montaña, un recorrido por sus gustos, por su vida, por
sus ideas, libros, música, provocación. Fue como un bálsamo.
| Editores
resistentes |
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El debate, explicó el editor Alejandro Sierra, de Trotta,
"no debería ser tanto sobre editores pequeños o grandes,
independientes o no, sino sobre la posibilidad de establecer
vínculos estables entre editores resistentes". "En la línea de
Pierre Bourdieu: desarrollar un tipo de asociacionismo o
movimiento social-cultural que propicie algún tipo de
resistencia a los mecanismos económicos de aglutinación de
quienes rechazan el discurso dominante...".
"A pesar de algunas realizaciones indiscutibles en el
sector del libro", añadió Sierra, "los distintos programas
políticos de apuesta por la cultura se han ido perdiendo en
los desvanes de la práctica cultural al uso. La apelación a la
creación de una sociedad de la cultura sólo parece un lenguaje
ensimismado de campaña electoral, sin que hasta el momento se
haya convertido en voluntad política estable y concreta. Y sin
su puesta en práctica jamás sabremos qué energías internas de
cambio y de honradez habría sido capaz de generar".
"Los editores deberíamos tener una sola reclamación básica:
la creación de bibliotecas públicas. De todo tipo:
municipales, de barrio, de aula, bibliotecas en las cárceles,
en los parques públicos, en los pueblos pequeños, en los
transportes públicos..., hasta al menos alcanzar los niveles
exigidos en los estándares fijados por los organismos
internacionales", insistió Sierra.
Las bibliotecas han sido el principal tema de este
encuentro, dirigido por Alejandro Sierra, coordinado por
Constantino Bértolo y con Juan Ramón Azaola de secretario,
que, han coincidido los asistentes, ha tenido un excelente
nivel. | | |