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Asunto:[irakasten] El ataque neoliberal a la enseñanza pública
Fecha:Lunes, 23 de Mayo, 2005  08:04:42 (+0200)
Autor:Mikel Agirregabiria Agirre <agirregabiria @.........net>

 

El ataque neoliberal a la enseñanza pública

por pedro j. macho enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande
 

la refundación silenciosa del modelo educativo a la que estamos asistiendo en las dos últimas décadas, y que desde los poderes públicos se nos quiere presentar como inexorable, se fundamenta en el total sometimiento de la escuela a la razón económica, en clara consonancia con el neoliberalismo dominante en los ámbitos político, social y productivo.

Renunciando al tradicional ideal humanista de la consecución de una ciudadanía consciente, responsable y cultivada mediante el acceso masivo a la educación, el sistema de enseñanza se redefine como un mero instrumento productivo cuya misión esencial es responder a las exigencias empresariales de cualificación profesional, actualización tecnológica y adaptabilidad al cambiante mercado laboral. En palabras de Christian Laval, "la institución escolar ya no encuentra su razón de ser en la más equitativa distribución posible del saber, sino en las lógicas de productividad y rentabilidad del mundo industrial y mercantil".

Esto es, el objetivo de la educación no es ya el desarrollo personal y social del individuo, sino el de un ser esencialmente económico y necesariamente privado al servicio de las leyes de mercado. Y, por ende, la educación no constituye ya un bien social común que nos permita participar de una esencia humana universal, sino una inversión centrada en los 'saberes útiles' adaptados a las necesidades de las empresas y que produzca beneficios pecuniarios.

La institución escolar, hasta entonces entendida como una necesidad moral y política de la sociedad, se ha convertido en una oferta interesada por parte de una organización pública o privada.

Las teorías imperantes del 'capital humano' y de los 'recursos humanos' quieren situar así al conocimiento en el nivel de un recurso económicamente explotable, no sólo como factor de producción, sino también como mercancía comercializable en sí mismo.

Contención del gasto

Es, primero, un producto vendible al 'cliente' o 'usuario' potencial de los servicios educativos, que ha de generar luego a éste unas expectativas de mejores ganancias en la medida en que se adapte adecuadamente a los requerimientos de mayor competitividad y productividad del patrón que le contrate.

Y en base a este planteamiento, se presenta como algo absolutamente coherente la idea de que la financiación del sistema educativo se debe trasladar progresivamente del Estado al propio individuo: las familias han de asumir una parte creciente del gasto educativo, en proporción directa a las posibles ventajas privadas que en el futuro puedan obtener de la formación de sus hijos.

Esto favorece, además, otro de los postulados fundamentales del neoliberalismo económico, cual es la contención del gasto público en la prestación de servicios sociales, posibilitando a la vez la reducción de impuestos directos y la consecución del déficit cero.

Todo esto conduce, por una parte, a la 'deshumanización' de la escuela en su conjunto, al priorizar un tipo de contenidos académicos que ya no se estructuran en torno al conocimiento humanista para el enriquecimiento personal y colectivo de la ciudadanía, sino a las 'competencias' personales y profesionales más rentables desde una perspectiva puramente económica de productividad, competitividad y rentabilidad. Y también, por otra, a la 'desregulación' y progresiva privatización del sistema educativo.

Al considerar, según este nuevo modelo, la educación como un bien de capitalización privado, se imponen políticas educativas que, basadas en el supuesto derecho de libre elección de las familias de la escuela y en el pretendido aumento de la calidad educativa, a los que se adhieren incluso muchos políticos progresistas, se impulsa la diferenciación y competencia entre los centros educativos y se justifica la cada vez mayor financiación con fondos públicos de la enseñanza privada, argumentando que ésta viene a cumplir la misma función (ahora ya más económica que social) que la pública y, por tanto, ambas deben situarse en igualdad de condiciones y someterse del mismo modo a la estrategia liberal de la oferta y la demanda.

La forma más directa de constitución de un mercado de la enseñanza consiste en fomentar el desarrollo de un sistema de escuelas privadas, como hace, por ejemplo, el Banco Mundial en los países pobres y carentes de una sólida estructura pública, o de privatizar en parte o en su totalidad las escuelas públicas existentes en los demás.

Junto a esto, y en la misma línea, la 'descentralización' que desde hace tiempo se está llevando a cabo en la enseñanza pública se dirige más hacia la constitución de un verdadero mercado escolar que hacia un incremento de la democracia en los centros educativos, haciendo que el sector público ofrezca la misma diversidad que la escuela privada y facilitando así, bajo el eufemismo de su "misión común de servicio público", la integración de ésta en una gran red unificada a favor de la cual el Estado reduce y delega su propia acción educativa.

Así lo plantea claramente Laurette Onkelinckx, ex ministra de Educación belga, cuando afirma sin rubor que "hay que abandonar el pesado paquebote de la enseñanza dirigida por el Estado y sustituirlo por una flotilla de pequeños navíos más fáciles de gobernar", en una metáfora mucho más explícita de lo que ella misma imagina: el riesgo real, en efecto, es que unos ganarán una lancha rápida o un lujoso yate mientras que otros serán relegados a una patera o a una barca de remos.

En la práctica, queda en evidencia que tanto la una como la otra no desembocan sino en una mayor 'descomposición social'. Olvidando, en nombre de la rentabilidad y de la competencia, los principios, antes básicos, de igualdad de oportunidades, equidad y cohesión social inherentes a la propia existencia de la escuela pública, la individualización de la educación como inversión personal y la liberalización de la oferta educativa relegan, en base a las posibilidades socioeconómicas de las familias, a los alumnos más desfavorecidos a los centros públicos, mientras que las familias de las clases medias y superiores envían a sus hijos a los privados, lo que provoca que la segregación del alumnado se retrotraiga a estadios históricos anteriores al logro social de la generalización de la educación para toda la población.

La 'escuela-gueto'

Por otro lado, y desde una perspectiva estrictamente económica, los alumnos mejor dotados aprenden deprisa y a un coste limitado, haciendo que la inversión resulte rentable, mientras que los menos dotados tienen dificultades para obtener diplomas cuyo coste no compensa los beneficios futuros, puesto que necesitan medidas educativas y recursos extraordinarios que ralentizan y encarecen el proceso y, entonces, deben ser desviados cuanto antes al sector laboral productivo.

Paralelamente, los impulsos privatizadores no hacen sino incrementar esta tendencia: éstos se sustentan sobre el pretendido deterioro de la escuela pública, pero el consecuente flujo de los alumnos más favorecidos al sector privado acentúa el surgimiento de escuelas-gueto en el público y, por tanto, la retroalimentación de esta dinámica perversa.

Más aún cuando la 'descapitalización' constante de la escuela pública y el desvío a la enseñanza privada de los fondos públicos necesarios para resolver sus carencias responde a una estrategia política perfectamente diseñada: en el Cuaderno de Política Económica nº 13 de la OCDE, organismo de reflexión estratégica del capitalismo mundial, Christian Morrison indicaba, con un cinismo cruel, cómo debían proceder los gobernantes: "Si se disminuyen los gastos de funcionamiento a las escuelas y universidades, hay que procurar que no se disminuya la cantidad de servicio, aun a riesgo de que la calidad baje. Se pueden reducir, por ejemplo, los créditos para el funcionamiento de las escuelas o las universidades, pero sería peligroso restringir el número de alumnos matriculados. Las familias reaccionarán violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad de la enseñanza, y la escuela puede progresiva y puntualmente obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad. Esto se hace primero en una escuela, luego en otra, pero no en la de al lado, de tal manera que se evita el descontento generalizado de la población."

Finalmente, queda patente que la política educativa de la Unión Europea se diseña también en subordinación a los objetivos de "flexibilidad" y "adaptabilidad" de la mano de obra a las cambiantes condiciones del mercado de trabajo actual.

Valor social

Por ello, se pretende diversificar a conveniencia de las empresas la certificación de las 'competencias' (ya no conocimientos, saberes o cualificaciones) en base a su adquisición tanto en la educación formal de la escuela, la no formal de la experiencia laboral y la informal de la experiencia social, convirtiendo la propia "empleabilidad" en una responsabilidad personal y el proceso formativo en algo que ha de gestionarse de forma individual.

Se produce así una profunda e interesada 'deslegitimización' o devaluación de los títulos otorgados por las instituciones educativas, sobre los que el Estado detentaba un control evaluador casi absoluto que garantizaba su homogeneidad, y en base a los cuales se articulaba, mediante los convenios colectivos que así los reconocían, buena parte de las categorías profesionales, sus correspondientes condiciones laborales y retributivas y, en definitiva, los derechos del trabajador asalariado ante el contratista.

Ahora, en cambio, el valor social de los individuos amenaza con depender cada vez más estrechamente de competencias personales, sociales y profesionales que el mercado de trabajo confirmará de la manera menos institucional y menos formal posible y cuya acreditación se pone en manos de la propia empresa o de otros agentes privados, dejando así al trabajador indefenso ante la evaluación subjetiva de las mismas por parte de su empleador y, consiguientemente, reduciendo al plano estrictamente bilateral entre ambos la delimitación de sus condiciones de trabajo ante la ausencia de referentes colectivos objetivos legal y comúnmente asumidos, sometiendo también éstas a la cruel ley de la oferta y la demanda, provocando la total desregulación de las relaciones laborales y, en definitiva, aumentando los niveles de precariedad e inestabilidad del conjunto de los trabajadores.





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