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"Un profesor no debe
temer a implicarse más emocionalmente con sus alumnos" |
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Cristina del Barrio (Bilbao, 1956) lleva muchos años investigando sobre
la violencia escolar. Profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y
de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, ha dirigido el
equipo que ha elaborado el informe del Defensor del Pueblo sobre la
violencia en los colegios. Desde su experiencia, Del Barrio apela a los
docentes a que "no tengan miedo a implicarse más emocionalmente con sus
alumnos" porque "un docente concienciado del acoso escolar puede hacer
maravillas".
Pregunta. ¿Está justificada la alarma social por el bullyng,
el acoso escolar?
Respuesta. El abuso de poder entre iguales existe desde siempre.
El intento de sacar ventaja frente al más vulnerable por el reconocimiento
que da ante el grupo es una tentación humana. Lo que está ocurriendo ahora
nos va a permitir dejar de minimizar este fenómeno, como ya hemos hecho
con otras cosas. ¿Qué ocurre con el maltrato doméstico? ¿Ahora se da más
porque cada día aparece un caso en la prensa? No, lo que pasa es que ahora
la sociedad toma conciencia de que eso no debe existir. Lo mismo pasa con
el acoso escolar.
P. ¿Se reproduce el esquema de dominación-sumisión entre el
acosador y la víctima?
R. Ahora las víctimas no se someten. Sí existe un intento de
dominación y de control, pero la víctima, normalmente, no se muestra
sumisa y se rebela contra esa situación.
P. Un informe de Educación refleja que un 14% de las víctimas de
acoso en Primaria no comenta su calvario. ¿Por qué callan?
R. Ese silencio se da, en primer lugar, porque la cultura entre
iguales tacha de chivato al que dice algo a los adultos. En la víctima que
calla se produce una autoinculpación totalmente distorsionada. El maltrato
es fortuito, puede ocurrirle a cualquiera. El que hoy es testigo, mañana
puede ser víctima. Por eso es bueno que en los colegios haya unidades de
mediación y resolución de conflictos, integradas también por alumnos. El
sentirse sola es lo que provoca en la víctima una vulnerabilidad enorme.
Es fundamental que tenga algún apoyo. El núcleo fundamental es el colegio
y dentro del centro, lo que ocurre en la clase, es decir, la cultura moral
que se está viviendo en esa aula. En crear ese clima influye de manera
directa el profesorado y el tutor de esa clase.
P. ¿Una familia puede no enterarse de lo que le pasa a su
hijo?
R. Es muy difícil para una familia detectar un caso de acoso
cuando se trata de adolescentes porque en esa etapa los jóvenes tienen
constantes cambios de humor y se vuelven más introvertidos con sus cosas.
El acoso se da en el centro y la familia no tiene tanto acceso al colegio,
sobre todo en Secundaria, donde hay una fractura mayor en la relación
centro-familia. En cualquier caso, es importante que en la familia haya
una cultura de acercamiento.
P. ¿Los profesores se implican en los casos de acoso?
R. A veces minimizan lo que ocurre diciendo que eso ayuda a
formar el carácter o que se lo merecía determinada persona. Los profesores
nunca deben ser ajenos a lo que pasa con sus estudiantes, pero el caso es
que muchas víctimas se sienten desamparadas por ellos. Los docentes no son
los únicos que tienen que hacer algo, pero los casos de acoso más
habituales se producen en el colegio, entre compañeros de aula. Los
profesores no deben tener miedo a implicarse más emocionalmente con sus
alumnos, a sentirse más cerca de ellos y a no tolerar cualquier intento de
hacer daño a otro. Un profesor concienciado del fenómeno del acoso escolar
puede hacer maravillas para prevenir el fenómeno.
P. ¿Cómo lograr que los testigos rompan el silencio
cómplice?
R. Hay que mostrar tolerancia cero. Un profesor que vea que
alguien insulta a un compañero debe parar la clase inmediatamente. Hay que
crear normas de comportamiento en clase y en el centro en las que
participen profesores y alumnos. Crear una cultura del compañerismo, no de
los amigos, porque en Primaria hay una diferencia entre compañeros y
amigos. Conocer las cualidades en que pueden destacar todos y favorecer la
convivencia en espacios no convencionales, como salidas y excursiones,
también ayuda a crear un clima de convivencia.
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