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Asunto:NoticiasdelCeHu 139/21 - Humano, religión y tecnología: en un moment o crucial
Fecha:Martes, 6 de Abril, 2021  01:47:04 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 139/21

 

Humano, religión y tecnología: en un momento crucial

 

La próxima vez que alguien se queje de haber cometido un error, díganle que puede ser algo bueno. Porque sin imperfecciones tú ni yo existiríamos” Stephen Hawking.

 

Alfredo César Dachary

 

Han pasado más de treinta siglos y aún el hombre sigue luchando por salir de su condena: la muerte. El mundo es una larga escalera donde en los escalones más elevados aparece lo que se ha dado en llamar la sociedad post-moderna, desde ciudades inteligentes a la inteligencia artificial, pero son pocos escalones, con no mucha gente, un cuarto de la población global aproximada, ya que incluyen a las personas que los sirven y hacen posible que tenga vida esa isla de utopía.

Entre estos altos escalones y los que siguen, la distancia cada vez es mayor y los grupos humanos más grandes y, la llegada de la pandemia, puso de manifiesto que gran parte de la sociedad de los escalones altos son falsas, hay muchos pobres, muchos abandonados, muchos olvidados, porque en esta sociedad post-moderna, el individualismo, cada vez más egoísta y materialista, ha logrado ser ciego en medio de su entorno cercano y sordo de los rugidos lejanos de los que tienen hambre.

En ese grupo privilegiado de unos pocos miles que viven de lo que producen millones, se tiene fe en que la tecnología reemplace al viejo Dios y por ello se han transformado en creyentes, casi fanáticos de la nueva religión tecnológica, que no les ofrece el paraíso, sino algo mejor: vivir eternamente, ya que el paraíso para ellos es su cotidianidad.

El resto del mundo también es religioso, aunque sus dioses sean tantos como los que pueda adorar, ya que aparte de rezarle a una imagen simple o esculpida, como hace 30 siglos, adora otros dioses, que le acceden presenciar el mundo “superior”, a través de su nuevo mundo, el digital que les permite desdoblarse entre lo que son y lo que espera que la gente crea que son, dos versiones diferentes de una misma utopía, pensar que el cambio es posible para la gran mayoría.

Esto se refleja en todo lo que existe en el mundo real y como pesadillas en el mundo ideal o mental, que venimos alimentando hace miles de años, aunque siempre en grupos pequeños para mantener el control de la adoración.

La gran escalera está formada por muchas escaleras unidas, que a medida que se va más abajo tiene cada vez menos escalones, porque hay menos esperanzas o porque ya llegaron a su paraíso, el que ellos se fabricaron, como el resto para tener esperanzas en algo mejor.

Por ello, hoy hay gente que solo controla el fuego como arma, protección y cobijo y muy cercano a estas islas de Indonesia está Bali, un paraíso del moderno turismo global, contraste social o contradicción natural, ya que los turistas más ricos aspiran a conocer a estos restos de un pasado lejano y estar un corto tiempo como le permite el costo de la máquina del tiempo que los lleva.

Estos parientes de los primeros humanos que habitaron la tierra andan desnudos o casi, y el turista, experto en lo excéntrico como es su realidad y adorador de lo exótico como es el placer que práctica, viajar. Ellos creen que por no tener ropa o poca, son “salvajes”, claro que cuando regresan a Roma y pasan por el Vaticano, no distinguen al ciudadano medio de los obispos, los aristócratas de ese pequeño país que se visten como en el siglo X o XII, y sin embargo no se los considera bárbaros o salvajes.

Cuando un grupo de mujeres llega a Arabia Saudita y camina por centros comerciales, entre mujeres que solo se les ve el rostro a una y a otras solo los ojos, no piensa que es un país que vive en el VIII o X, porque al salir a la calle toman un taxi Mercedes Benz o Audi del año actual y el taxista se guía por GPS, mientras habla por un móvil de última generación.

Los contrastes son la realidad que nos hace redescubrir que la escalera está llena de pasillos transversales que van a ninguna parte, donde se amontonan los que llegaron para hacer de este nivel su sueño y no han podido lograrlo, lo cual es grave, porque hoy la sociedad está regida por la ley de lo obsoleto y lo desechable, la falta de educación te hace obsoleto, porque no puedes navegar en el mundo digital y la falta de dinero te hace desechable como lo que no has podido comprar.

Al llegar al aeropuerto de Nueva Delhi en India, uno cree que está en un país muy desarrollado, pero eso es el futuro, ya que en el presente uno va a las vías del tren y los mismos viajan con cientos de personas en el exterior, sobre el techo o colgados, como verdaderos trapecistas, dos formas de viajar en avión o en tren popular tan cargado como la injusticia de la sociedad; esta polarización es una constante entre los mundos en que se divide el planeta.

Pero la mayor injusticia viene de una visión errada del hombre que interpreta al mundo desde los libros religiosos, ya que los lleva a creer que la separación entre el hombre y la naturaleza, es “natural”, una contradicción que crece con los siglos ya que el deseo de manipular la naturaleza es una forma de ejercer el poder, sin pensar en sus consecuencias.

Hoy esa escalera es muy grande pero extremadamente frágil, con zonas muy llenas de gente y otras apenas habitadas, sufre el impacto de estos largos siglos de uso intensivo y abusivo de la naturaleza, pero con el paso de los siglos esto ha ido cambiando, desde el diluvio que, si existió, pero no fue universal, hasta las mega explosiones de los grandes volcanes como el Krakatoa 1883 en la isla de Java o Santorini en el Mediterráneo, en el siglo XVI a.c.

En épocas más modernas, la erupción del volcán Laki en 1783 no sólo provocó miles de víctimas en Islandia, sino que alteró el equilibrio climático en todo el continente europeo durante largos meses.

Hoy también hay grandes amenazas, pero superan a la de los volcanes, como es el cambio climático global, fruto del irracional sistema que tenemos, alimentado desde hace un siglo por combustibles fósiles y hoy camino a ser reemplazado por la energía solar y eólica, pero la escalera sigue allí tambaleante, y nadie quiere ver hacia abajo hacia el frente, la ceguera continua.

Ya no hablamos tanto de volcanes o tsunamis que también los hay, pero ahora las mayores amenazas son la elevación del nivel del mar, afectando las zonas costeras donde vive más del 60% de la población mundial. Además, se intensifican las tormentas y los tornados, una nueva amenaza para un mundo energizado (eléctricamente) son las tormentas solares, los meteoros y últimamente la caída de parte de los restos de cohetes, satélites y otros equipos que están en el espacio.

Volvemos a las amenazas y castigos que históricamente existieron o fueron narrados como tales desde el diluvio a Sodoma y Gomorra, y ello sirvió para ratificar la fe, ante el horror de la amenaza, pintado por los grandes del Renacimiento como Leonardo Da Vinci.

Así la religión vuelve a tomar fuerza para enfrentar estas amenazas porque gran parte de los inquilinos de la escalera, aunque los que están en los altos peldaños piensen diferente, por un lado, las nuevas tecnologías como salida a la crisis o las nuevas tecnologías como salida del planeta, ambas están juntas con estos nuevos dioses tecnológicos.

Así llegamos al punto en que Occidente, que ha moldeado el mundo moderno a partir del siglo XV se enfrenta al siglo XXI de la misma forma en que lo inició al anterior, con una devota previsión de fatalidad y liberación.

La fascinación actual por la tecnología, la verdadera medida real del conocimiento moderno, está enraizada en mitos religiosos y en un imaginario antiguo ya que, en el fondo, la inspiración de los científicos se basa en una búsqueda mística de la trascendencia y la salvación, modernizada, pero al final transformada en una cuestión de fe, aunque sea difícil entenderlo así la creencia en que la tecnología nos permitirá superar estas potenciales tragedias. 

Y es que en el siglo XXI hay una fe ciega en el avance tecnológico y el triunfo definitivo de la razón, ese resurgimiento de la fe fundamentalista es similar a un renacimiento religioso, ya que los seres humanos siempre han construido mitos colectivos con el objeto de cohesionarse, controlar y dar un sentido a la experiencia compartida.

El proyecto de la tecnología occidental, la marca que ha definido la modernidad tiene su origen y espíritu medievales, de allí que Jacques Ellul, se hizo eco de San Agustín, la tecnología existió únicamente para la humanidad en estado de caída y no tenía sentido fuera de éste, ya que en su estado perfecto anterior a la caída no necesitaban de dicho artificio.

En 1980, al final de la guerra fría, la NASA creó un equipo de concepción de sistemas de auto-reproducción para explorar la posibilidad de las factorías de auto- reproducción para viajes interplanetarios e insistió en la auto-réplica, ya que creían que la tecnología microelectrónica y la ingeniería genética pronto darían la capacidad de crear nuevas formas de vida en silicio, además de in-vitro.

En 1987, en Los Álamos se institucionalizó la obsesión de vida inteligente basada en silicio y J. Doyne Farmer afirmaba que con la llegada de la vida artificial podríamos ser la única especie que crease sus propios sucesores.

Ésta es la medida del reto que viene, el humano mantiene su hegemonía logrando una relación integrada con la naturaleza que sacrificó para crecer o una nueva especie ciborg, trans-humanos o post-humanos puedan hacer realidad la gran pesadilla: la singularidad tecnológica, que es el advenimiento hipotético de inteligencia artificial general.

 

cesaralfredo552@gmail.com