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Asunto:NoticiasdelCeHu 134/21 - VIAJANDO: De La Rioja a Buenos Aires
Fecha:Domingo, 28 de Marzo, 2021  18:29:26 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 134/21

 

De La Rioja a Buenos Aires

 

Había vivido pocos, pero muy intensos días en la provincia de La Rioja. Todo había sido excelente y emocionante, y ya debía regresar a Buenos Aires. Así que el sábado 17 por la mañana, el Profesor Ariel Barrera me condujo desde Vinchina hasta Chilecito, donde debía tomar el micro de la empresa General Urquiza que me llevaría a destino.

Durante el trayecto conversamos mucho, haciendo, por un lado, una evaluación sobre todas las actividades realizadas, y, por otro, explicándome una serie de aspectos más específicos sobre las características de la cuesta de Miranda, que no me cansaba de fotografiar.

 

Circulando por la ruta nacional número cuarenta

 

 

Volviendo a la cuesta de Miranda

 

 

Siempre me habían atraído los paisajes montañosos desérticos debido a que, gracias a la desnudez de las laderas, se podían ver sus diferentes colores, consecuencia de la variedad de sus minerales, que era como poder observar su alma.

Y en este caso, era comprensible la preocupación de los habitantes de la región sobre el intento de explotación minera a cielo abierto en el Famatina, cosa que incidiría negativamente tanto en la salud de la población, así como en la destrucción de la naturaleza. Esa naturaleza tan impactante de La Rioja, que, por geoformas y aridez, se presentaba tan majestuosa.

 

Diferentes tonalidades, diferentes minerales

 

 

Sin embargo, debido a la aridez, y, por ende, a la escasez de vegetación, se producían varios procesos erosivos, como los mecánicos y los eólicos.

Los mecánicos tenían su origen, en que, a partir de la falta de humedad, la amplitud térmica entre el día y lo noche era muy elevada, y a partir de las pequeñas grietas de las rocas, las gotas de rocío que se infiltraban, se congelaban aumentando su volumen y, posteriormente, las fragmentaban. Esos sedimentos, luego se desplazaban hasta caer en los valles formando conos de deyección, o bien, generando interrupciones en los caminos, cuando no, accidentes. Por otra parte, los eólicos se producían debido a que el viento concentrado en los valles arrasaba con las partículas más finas, que, además de trasladarse libremente, iban desgastando a las superficies que encontraban a su paso.

 

Sedimentos a la vera del camino

 

 

Detrás de cada curva, un nuevo paisaje

 

 

Impactante color rojizo

 

 

Escasa vegetación por la aridez de la zona

 

 

Cielo azul sin una sola nube

 

 

Zona de derrumbes por la erosión mecánica

 

 

Alrededor del mediodía llegamos a Chilecito. Y allí me despedía del Profesor Ariel, agradeciéndole no solo todo lo que había hecho por mí durante mi estada en su provincia, sino por todo lo que hacía cotidianamente por la enseñanza de la Geografía tanto con sus alumnos como con los turistas que recorrían la zona.

 

Llegando a Chilecito

 

 

El ómnibus tardaría en llegar, por lo que, ya sabiendo que no contaba con servicio de comidas a bordo, decidí tener un fuerte almuerzo en un restorán cruzando la ruta, frente a la terminal. Se trataba de un lugar popular donde concurrían tanto familias como trabajadores del lugar, y me resultó sumamente agradable y de buen precio.

A mitad de la tarde partimos, cruzamos los Llanos Riojanos, y en poco más de cuatro horas estábamos llegando a la ciudad cordobesa de Cruz del Eje.

El paisaje era otro, si bien no nos encontrábamos en un área de grandes precipitaciones, la flora era más abundante y el río Sarmiento, a la vera de la ciudad mostraba un caudal importante.

 

Cruzando el río Sarmiento en Cruz del Eje

 

 

Al ingresar a Cruz del Eje nos topamos con un cartel de la Dirección de Turismo con varias indicaciones, entre las cuales se anunciaban el dique Arturo Íllia y el museo Casa de Íllia. Y, rápidamente, vinieron a mi mente algunos hechos en referencia a quien había hecho famosa a nivel de todo el país, a esa ciudad del noroeste cordobés, que no contaba con atractivos turísticos destacados, pero que había tenido como médico de pueblo, al Doctor Arturo Umberto Íllia, quien fuera presidente de los argentinos entre los años 1963 y 1966.

Arturo Íllia, nativo de Pergamino, provincia de Buenos Aires, se había afiliado al radicalismo, y como estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, participó de las agitadas jornadas de la Reforma Universitaria de 1918, que modificaron de lleno la vida académica argentina.

En el año 1929, había sido nombrado médico de la Mutual de Ferroviarios de Cruz del Eje, a partir de un ofrecimiento del Presidente Hipólito Yrigoyen. Y, a pesar de que, en septiembre de 1930, los militares golpistas lo dejaron cesante, un grupo de vecinos le pidió que fuera el médico del pueblo, y allí se quedó. Alquiló una vivienda donde atendía a todos, aunque muchos pagaban como podían, además de hacerse cargo de la compra de los medicamentos de quienes no tuvieran recursos económicos. Por esa razón, entre muchos vecinos hicieron una colecta y le compraron la casa y un auto, ya que las visitas a domicilio las hacía caminando, en sulky o a caballo si se trataba del área rural.

Después de tener varios cargos políticos, en 1963 accedió a la Presidencia de la Nación por la Unión Cívica Radical del Pueblo, obteniendo solo el veinticinco por ciento de los votos, lo que le generó cierta debilidad ante sus opositores. Sin embargo, durante su gobierno no hubo un solo día de estado de sitio y tampoco presos políticos, hubo libertad gremial y levantó la proscripción al Partido Justicialista para las próximas elecciones, aunque no la del General Juan Domingo Perón, que permanecía desde el golpe del ’55. También logró que Naciones Unidas convocara al Reino Unido a sentarse a discutir la soberanía de las Islas Malvinas, se sancionó la ley del salario mínimo, vital y móvil, la ley de medicamentos, la ley de asociaciones profesionales, y derogó la ley de contratos petroleros en favor de empresas extranjeras firmados por el ex Presidente Arturo Frondizi. Destinó el veinticinco por ciento del presupuesto a educación, ciencias y tecnología, e incorporó al Código Penal la figura de enriquecimiento ilícito de los funcionarios. Redujo la inflación, hizo crecer el Producto Bruto Interno, la balanza comercial tuvo saldo positivo, no tuvo que pedir ningún préstamo al Fondo Monetario Internacional, había muy poca desocupación y no tocó un solo peso de los fondos reservados. Le gustaba caminar y mezclarse con la gente.

Sin embargo, pese a todos los logros obtenidos, por venir de una crisis muy profunda, y de una entrega despiadada a los capitales extranjeros, la situación política se le complicó, en especial a partir del enfrentamiento con los laboratorios medicinales.

El costo de los medicamentos había aumentado en los últimos años y en tiempos de crisis se convertía en un problema fundamental. Lo que proponía el gobierno sería considerarlos un bien social. Las leyes para regular los precios y los procedimientos de fabricación fueron redactados por el nuevo ministro de Asistencia Social y Salud Pública, el Doctor Arturo Oñativia. Su punto de partida había sido un estudio conjunto de la OEA (Organización de los Estados Americanos), el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), sobre el costo de los medicamentos en los grupos de menores ingresos. En la redacción del proyecto colaboraron dos comisiones, una de ellas integrada por bioquímicos, médicos y farmacéuticos, quienes llegaron a la conclusión de que una parte relevante de los remedios carecía de las drogas e ingredientes que decían contener, o bien no las tenían en las proporciones explicitadas en sus prospectos; y la otra comisión, integrada por contadores y economistas, indicó la necesidad de analizar los costos de los grandes laboratorios, hipotetizando la posibilidad de que muchos tuvieran un doble juego contable para ocultarlos. Por lo cual la ley consistía en la posibilidad por parte del estado de hacer tanto controles de precios como de calidad, determinar la comercialización prohibiendo o restringiendo su importación o exportación, e incluso allanar los laboratorios para comprobar existencias, y en caso de una emergencia sanitaria, podría disponer tomar posesión de los medicamentos al costo. También se fijaban multas por incumplimiento, incluyendo posibles clausuras e inhabilitaciones.

Frente a esto, los laboratorios no tardaron en hacer oír su descontento reaccionado contra lo que veían como una intromisión indebida del estado en el mercado y una seria amenaza a sus ganancias. Organizaron conferencias académicas, encuentros gremiales, solicitadas en los diarios, intentando demostrar la inoperancia del intervencionismo estatal, y la defensa de la economía libre, demora en los adelantos terapéuticos y desaliento a las investigaciones.

En ese año, el gobierno debía renegociar la deuda con el Club de Paría, un foro informal de acreedores que se había formado en 1956, organismo formado por diecinueve naciones entre las que se encontraban algunos de los países de origen de las multinacionales farmacéuticas. Y Suiza, a pesar de que la deuda con ellos era pequeña, puso como condición a las negociaciones que se levantara el control de precios para los medicamentos. Y a partir de esas premisas justificaron la escasez de antibióticos ante el brote de gripe de ese mes de junio de 1965.

Un año después, yo me encontraba cursando el primer año de la escuela secundaria, y recuerdo las imágenes de las tortugas que dispersaron por toda la plaza de Mayo con la inscripción de UCR en sus caparazones; mientras que los laboratorios medicinales se habían encargado de desabastecer los hospitales y las farmacias, por lo que no había ni una aspirina y ni qué hablar, de anestesia.

Se profundizó el descontento por la anulación de los contratos petroleros por parte de las empresas extranjeras, por el intervencionismo estatal, por la proscripción a Perón y su ataque a las organizaciones sindicales que le organizaban huelgas en las fábricas. Y si bien todos estos factores confluyeron, se dijo en su momento, que habían sido los dueños de los laboratorios quienes habían ido a golpear los portones de los cuarteles para dar lugar al golpe de estado.

Finalmente, el 28 de junio de 1966, el General Juan Carlos Onganía asumía el poder. Inmediatamente aparecieron los medicamentos en todos lados. Y la opinión pública, en su gran mayoría, aplaudió el hecho, volviendo a descalificar a uno de los presidentes más honestos que habíamos tenido. La nueva dictadura anuló las leyes Oñativia, y el precio de los medicamentos aumentó exponencialmente. Lo que vendría después fue un infierno, la Noche de los Bastones Largos, con la consecuente inédita e irreparable fuga de cerebros del país, insurrecciones como el Cordobazo, y una economía que lograron hacerla estallar por los aires, dando origen a la guerrilla.

Y a todo esto, el Doctor Íllia rechazó cobrar la jubilación de Presidente, regresando a su profesión de médico.

 

Pasando por la ciudad de Cruz del Eje

 

 

Media hora después llegamos a Capilla del Monte, ciudad cordobesa que había tenido notoriedad a partir de la supuesta aparición de extraterrestres. Pero, además, junto con otras localidades de la zona, se había convertido en un centro de turismo hippie o de personajes excéntricos, y así lo demostraba un joven que se encontraba en las cercanías de la terminal de ómnibus con un atuendo un tanto extraño, que no se distinguía si se trataba de un árabe o bien de alguien que se había puesto lo que se le dio en gana, independientemente de representar a una cultura en particular.

 

Joven con un extraño atuendo en Capilla del Monte

 

 

Lentamente fue anocheciendo, tras el cansancio acumulado, me quedé profundamente dormida, y esta vez, al llegar a la terminal de la ciudad de Rosario, ya en la madrugada, me desperté sorpresivamente por el bochinche armado por los que descendían, pero continué haciéndole honor a Morfeo hasta llegar a Buenos Aires.

 

Ana María Liberali

 



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