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Asunto:NoticiasdelCeHu 10/21 - Oriente - Occidente: la "última batalla"
Fecha:Domingo, 10 de Enero, 2021  19:26:48 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 10/21

 

Oriente – Occidente: la “última batalla”

 

Occidente nos quiere uniformar, pero no somos uniformados, somos multicolores, así como somos diversos” Rigoberta Menchú.  

 

Alfredo César Dachary

 

Al finalizar el siglo XIX y apenas quince años después del último ejercicio mundial de soberbia, cuando las potencias coloniales modernas se dividen a toda África y partes de Asia, viene el primer golpe inesperado para el supremacismo blanco, el último ejercicio colectivo del colonialismo global.

El 27 de mayo de 1905, en las aguas del estrecho de Tsushima, la pequeña flota japonesa comandada por el Almirante Togo Heihachiro, aniquiló a la gran flota imperial rusa, un hecho insólito, que se oculta en sus verdaderas dimensiones, ya que los líderes de esa época lo evaluaban como algo de gran trascendencia mundial en un mundo al borde la primera gran guerra.

Para el Káiser de Alemania, esa había sido “la más importante batalla naval desde Trafalgar”, un siglo atrás. En el imperio naciente de América del Norte para el Presidente Theodore Roosevelt fue “el mayor fenómeno que ha visto el mundo en toda su historia”, opinión del hombre que hizo de la fuerza su bandera cuando mandó su flota blanca a visitar y mostrar al mundo su poder.

En esos primeros años del siglo XX, el joven Gandhi, estaba en lo que hoy es Sudáfrica, viviendo el racismo y la opresión blanca a la población de color de negro y los demás y de allí su frase premonitoria: “las raíces de la victoria japonesa se han extendido con tal amplitud que, en estos momentos, somos incapaces de visualizar todos los frutos que engendrará”.

En síntesis, se podría decir que la lección derivada de esta batalla naval era: que “los hombres blancos conquistadores del mundo, habían dejado de ser invencibles”.

En la mitad del siglo XIX, por la presión de Estados Unidos y el Imperio Ruso, finalmente el 8 de julio de 1853, el capitán de escuadra Mathew C. Perry y su flota llegaron a la costa de Japón y obligaron al gobierno japonés a aceptar una carta del Presidente Millard Fillmore (1850-1853) de Estados Unidos en la que pedía la apertura de los puertos de Japón para exterior, y las autoridades japonesas solicitaron un año de plazo para entregar su respuesta.

En 1854  se firmó con el Shogun, el Tratado de Kanagawa, que se suscribió  entre el Comodoro Matthew Perry de Estados Unidos y las autoridades de Japón, en el puerto japonés de Shimoda, con lo cual terminó con más de 200 años de aislamiento de Japón y a la vez, con su política de exclusión (Sakoku), abriendo así los puertos japoneses de Shimoda y Hakodate al comercio con los Estados Unidos, garantizando la seguridad de náufragos estadounidenses y estableciendo un cónsul de los Estados Unidos en calidad de representante permanente.

Esta situación de chantaje fue aprovechada por los japoneses para modernizar su economía y el Estado, manteniendo el emperador, lo cual dio como resultado una gran transformación en las últimas décadas del siglo XIX de ese país.

Así, en 1890, el poderío industrial japonés había alertado a Estados Unidos y Europa sobre “el peligro amarillo”, hordas de asiáticos que arrasarían al occidente blanco, una clara condena al desarrollo logrado de manera autónoma, un “mal ejemplo para el mundo colonizado”.

La derrota de Rusia desmentía las jerarquías raciales de Occidente y ponía en ridículo las pretensiones europeas de “civilizar” a los países atrasados, comenzando a despertar Asia de las invasiones, imposiciones y demás humillaciones coloniales que hacían pensar a Inglaterra que su poder era eterno.

Este hecho hace incitar la conciencia y la creencia en su futuro de los pueblos coloniales en Asia y otras partes del mundo, y algunos de sus ejemplos llevaron a la independencia y consolidación de sus países, así los jóvenes turcos obligan al Sultán a restaurar la Constitución en 1908 y pocos años después del fin de la gran guerra, en 1918, se inicia el movimiento que concluye en 1923 con la proclamación de la República turca.

Los movimientos siguen, así los persas crean una Asamblea Nacional en 1906 y el mismo año se da la primera manifestación en Egipto contra la ocupación colonial inglesa, un tema de geopolítica ya que estaba allí, el canal de Suez, la puerta de conexión entre oriente y occidente.

En 1908, en Indonesia, los javaneses forman el primer partido político, inicio de la gran rebelión que duró varias décadas y fue clausurada por la invasión japonesa, que concluyó en agosto de 1945, y asume la presidencia el líder del Tercer Mundo,  Ahmed Sukarno.

Los jóvenes líderes chinos viajan a Japón luego de 1905, y a su regreso se suman al movimiento de la república que, en 1911, hacen caer la dinastía imperial más antigua del mundo, la China, para luego empezar a construir tras una guerra civil las bases de lo que es hoy la República Popular China.

En el mismo tiempo, la burguesía culta de Indochina francesa empezó a coquetear con los planteamientos de violencia revolucionaria, el lema era “mirad hacia Oriente”, luego vendrán los movimientos de izquierda y el legendario Ho Chi Min, el general sin estrellas, que derrotó a dos imperios, primero al francés y luego al norteamericano.

Estos movimientos convulsionaron toda Asia, a la vez que minaban al colonialismo y las dos grandes guerras mundiales y las matanzas que generaron no solo a militares sino a millones de civiles terminan despejando a Europa del resto del prestigio que les quedaba.

Así el triunfo japonés de 1905 aceleró la descolonización intelectual de los países oprimidos, abriéndoles una ventana de esperanza y borrando claramente las teorías dominantes de las razas superiores, ya obsoletas porque la propia realidad las había enviado al arcón de las cosas inservibles.

En 1924, Sun Yat-sen recordaba que, en la última década del siglo XIX, los europeos decían que “las razas de color de Asia que sufrían la opresión de los occidentales, pensaban que la emancipación era imposible”.

Años después, en 1941, Chiang Kai-shek, líder del Partido Nacionalista y primer Presidente interino señalaba: “…la gente pensaba que la civilización Europa era una civilización progresista, en el campo de las ciencias, las industrias, las manufacturas y el armamento y que Asia no tenía nada que pudiera compararse a eso. Por consiguiente, daba por sentado que Asia nunca podría hacerle, frente a Europa, que nunca podría sacudirse de encima la opresión europea. Esa era la idea predominante de hace más de treinta años…”.

En la primera mitad del siglo XX, China e India como estados independientes debilitan drásticamente el poder de Europa y apoyan a los movimientos independentistas, los que dos décadas después forman un movimiento conocido como los países del Tercer Mundo.

Así, en la segunda parte del siglo XX, estalla el proceso de descolonización y se da a sangre y fuego, no fue el modelo americano del siglo XIX cuando los hijos de los colonizadores y los educados en las metrópolis toman el poder, para llenar un vacío ya que el rey estaba prácticamente cercado y aislado.

En África, la lucha fue terrible, desde la batalla de Argelia, que costó un millón de muertos, la mayoría civiles, la guerra de Angola donde fue derrotado el ejército más poderoso y mejor armado de África, el sudafricano blanco en la famosa batalla de Cuito Cuanavale, que les permitió a los angolanos del MAPLA con apoyo cubano entrar a negociar con Estados Unidos y Sudáfrica que apoyaban al UNITAS, que fue prolongado por casi tres décadas desde 1975 al 2002.

Estados Unidos venía de una derrota en el Sureste asiático, ante la guerrilla del Vietcong, más las de Laos y Camboya, que el 30 de abril de 1975, lo llevó a Estados Unidos a apoyar al UNITAS por más de dos décadas, hasta su nueva derrota.

Asia y África generaron la gran descolonización de los imperios tambaleantes, que solo se sostenían por la fuerza militar de Estados Unidos, que aparecía de manera difusa o encubierta, para ocultar una nueva derrota, crisis que sigue hasta la actualidad en Afganistán, Siria e Irak, donde su poder está muy debilitado y su prestigio mucho más.

En esta región, el enfrentamiento Occidente – Oriente está disfrazado de ayuda o apoyo a las monarquías dictatoriales en turno, las cuales llevan sus guerras también como agentes del imperio, caso de Arabia Saudita contra Yemen e Israel contra palestinos, libaneses, sirios y los que aparezcan, mientras tengan el aval y apoyo de Estados Unidos.

El conflicto Occidente - Oriente está definido de manera falsa, son las guerras de liberación de los pueblos oprimidos contra los opresores o sus agentes, no es un conflicto por expansión sino por dominación, y tras él está el mayor, la lucha por la hegemonía mundial donde están China e India.

A su vez, esta lucha replantea totalmente el tiempo conocido de la visión europeísta y se redefine desde sus bases, la ciencia de Europa frente al conocimiento de los pueblos que tienen sus verdades desde otra perspectiva; allí está en juego el eurocentrismo y su ideología de base, el cristianismo, conflicto que ocupará todo el siglo XXI, si logramos concluirlo.

 

cesaralfredo552@gmail.com