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Asunto:NoticiasdelCeHu 344/20 - Estados Unidos: una democracia a medida
Fecha:Jueves, 19 de Noviembre, 2020  20:07:34 (-0300)
Autor:Centro de Estudios Alexander von Humboldt <centrohumboldt1995 @.....com>

NCeHu 344/20

Estados Unidos: una democracia a medida

  

“La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” Abraham Lincoln.

 

Alfredo César Dachary

 

Lo que hoy estamos presenciando, como ejemplo que se da a la sociedad mundial, nos lleva a confirmar lo que es una reflexión aceptada por la mayoría de los historiadores modernos: los imperios no son derrotados desde fuera de ellos sino por el accionar interno de su sociedad fracturada y enfrentada, por motivos que hace mucho rebasaron los límites “formales” de la política.

No cabe duda que el Presidente Donald Trump representa hoy la versión tragicómica del que fuera en la época del Imperio Romano el tristemente célebre Nerón, al prenderle fuego a la ciudad para inspirarse en medio de una lucha por el poder en un imperio decadente.

Las coincidencias entre Nerón y su réplica son muchas, pero destacan algunas. Primero, al tomar el poder despiden o matan en el primer caso a sus mentores o ideólogos desde Seneca a Steve Bannon; segundo es la existencia de una minoría creciente a quien echarle la culpa de sus problemas, ayer los cristianos hoy los negros y latinos; y una tercera coincidencia es que ambos pretendían abandonar el modelo por el cual subieron al poder, para adecuarlo a sus intereses.

No hace falta quemar la ciudad, ya aquí estamos en una estrategia continua, que se va incrementando, así tenemos que la policía estadounidense acabó con la vida de unos 1,000 ciudadanos en 2018, lo que supone 31 fallecimientos por cada diez millones de habitantes, 25 más que en Suecia y 30 más que en Alemania.

A esto hay agregarse un racismo que vuelve a la población negra más vulnerable, ya que los negros tienen tres veces más probabilidad de morir a manos de la policía que los blancos. Otros estudios llegan a conclusiones parecidas en cuanto al sesgo racial de los agentes: dos investigadores de Harvard probaron que, entre los decesos provocados por la policía en 17 estados, un 32% eran de negros, a pesar de que solo constituyen el 12% de la población total del país.

 Tres meses después del asesinato de George Floyd, que desató las mayores protestas de su historia desde las luchas por los derechos civiles, prosiguen las manifestaciones en multitud de ciudades para continuar denunciando una brutalidad policial que no da tregua.

En Kenosha, Wisconsin, se presenció el ataque a Jacob Blake por parte de un agente: siete balazos que lo han dejado paralítico sin que existiera más motivo que desoír, desarmado y pacífico, las órdenes de la autoridad, y días después, Kyle Rittenhouse, probable miembro de una milicia, mataba a dos manifestantes, hería a un tercero y se paseaba por la escena con el beneplácito de la policía portando el rifle ilegal con el que perpetró los crímenes.

Esta violencia operada y dirigida a fin de amedrentar a la sociedad y especialmente a las minorías es parte de una estrategia que hoy se pretende implantar, para lograr un segundo mandato de Donald Trump, quien ha sido derrotado por Joe Biden en la elección más masiva de la historia de Estados Unidos con más de 150 millones de votantes.

Trump y su equipo han lanzado una campaña para poner en duda los resultados de las mismas, no solo en los Tribunales, sino también en la mente de las personas, una estrategia que usará las noticias falsas que fácilmente se hacen creíbles en ciertos sectores de la sociedad.

Lo más llamativo de todo esto es que los legisladores republicanos de Pennsylvania, Georgia, Wisconsin, Michigan y Arizona ya están insinuando que los resultados podrían ser fraudulentos, a pesar de no haber presentado ninguna prueba de fraude generalizado y las Legislaturas podrían utilizar la percepción de que se ha producido un fraude para invocar su poder constitucional y nombrar listas de compromisarios de Trump

¿Por qué la percepción del público es tan importante? Porque como lo señala en un terroríficamente profético artículo de 2019, el profesor de Derecho de la Universidad Ohio State, Edward Foley, las legislaturas podrían utilizar la percepción del público de que se ha producido un fraude para invocar su poder constitucional, ignorar el voto popular de sus Estados, rechazar los resultados certificados de la elección y nombrar listas de compromisarios de Trump.

En un artículo que predecía casi exactamente lo que ya ha sucedido en Pennsylvania, Foley imaginó a Trump llevando la delantera al principio, luego perdiendo esa ventaja a medida que se contaban los votos y, por último, formulando acusaciones de fraude y creando el marco idóneo para lo que plantea a continuación.

En las legislaturas de los Estados en donde los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras pretendería utilizar la autoridad que le concede el Artículo II de la Constitución para nombrar directamente a los compromisarios presidenciales del Estado. En estos casos, las dos Cámaras Legislativas afirmarían que el voto popular no es de fiar por el drástico cambio que se ha producido en el tiempo adicional. Por lo tanto, las dos Cámaras afirmarían que tienen el derecho constitucional de reemplazar el voto popular e imponer su autoridad para nombrar a los compromisarios presidenciales del Estado; así lograrían que ese nombramiento estuviera en consonancia con el escrutinio del voto popular que se produjo la noche de las elecciones.

El Estado se negaría a aceptar esa imposición de la autoridad por parte de la Legislatura del Estado, pero las dos Cámaras de la Legislatura proclamarían que la aceptación del gobernador no es necesaria, basándose en antiguas prácticas históricas en las que las Legislaturas del Estado nombraron compromisarios presidenciales sin ninguna participación del gobernador del Estado. Alegarían que al igual que las enmiendas constitucionales, y al contrario que la legislación normal y corriente, el nombramiento de los compromisarios presidenciales, cuando es asumido directamente por una Legislatura de Estado, no está sujeto al veto del gobernador.

Si no se logra o no se llega a implementar sería un gran alivio para la sociedad que no pretende vivir en un estado de conflicto, con los costos sociales y económicos que esto significa. Sin embargo, una vez más vemos un sistema decrepito, complejo, con leyes que se saltan fácilmente y que, en el siglo XXI, ya se operó dos veces, y que incluso el mismo Trump sacó muchos menos votos que Hillary Clinton, pero esta “democracia acotada” no respeta mayorías, sino pesos y contrapesos en un sistema claramente obsoleto.

Siendo la democracia, el justificativo de más de veinte intervenciones militares directas y encubiertas en América Latina y el Caribe, y un número muy superior en el resto del mundo, el fundamento moral que se pretendía usar para justificarla ya fue pisoteado desde el comienzo de este siglo, y no hay una recuperación posible, solo sobrevive la política de sanciones, tan obsoleta como la vieja idea del Garrote, que ejerció un siglo atrás Theodore Roosevelt.

Sin embargo, pese a todo, hay una reserva moral en la sociedad norteamericana, especialmente en los jóvenes que en la década de los 60´, los años de oro se rebelaron e impusieron una serie de limitantes al poder imperial, incluida la vergonzosa rendición ante el “pulgarcito” de Asia, Vietnam, el reconocimiento de la problemática ambiental y de los derechos civiles de la población de color, aunque se haya pagado con la vida del líder, Martin Luther King.

Cuatro millones de llamadas telefónicas son las que llevan realizadas en lo que va de campaña los voluntarios de Swing Left, una organización activista norteamericana fundada poco después de las elecciones de 2016. Su propósito inicial: concentrar un máximo de recursos - humanos y financieros - para apoyar a candidatos del Partido Demócrata para las elecciones del 2018 y volver a ganar la Cámara de Representantes para los demócratas.

Desde entonces, la organización se ha extendido a otros niveles de gobierno, desde el estatal, crucial para la configuración de los distritos electorales, hasta la misma Casa Blanca. Sigue aplicando la misma lógica del máximo rendimiento.

Desde la página Web cualquiera puede ofrecer su tiempo para hacer llamadas o escribir cartas, apuntarse a un cursillo de organizador o donar dinero para que los profesionales - y algoritmos- de Swing Left los utilicen de la forma más eficaz posible.

Además de las llamadas telefónicas, Swing Left se ha aliado con otras organizaciones para enviar más de 17 millones de cartas manuscritas que instan a sus destinatarios a salir a votar.

Se ha demostrado que las cartas personales escritas a mano son mucho más efectivas que los SMS, las postales o los correos electrónicos, la lucha democrática y corte social que está en el otro extremo de esta gran brecha.

Esta perspectiva democrática choca con la violencia de los grupos armados que patrullan o agreden a grupos de activistas de oposición, una situación que podría tener un límite y es de esperar que nunca llegue, para reconstruir este tejido dañado, la mayor obra de Trump y el supremacismo que él lidera en esta batalla contra la democracia. 


cesaralfredo552@gmail.com