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Asunto:NoticiasdelCeHu =?UTF-8?Q?339=2F20_=2D_VIAJANDO=3A_De_Venezia_a_Praha_y_la_p=C3=A9rdida_?= =?UTF-8?Q?de_mi_valija?=
Fecha:Domingo, 8 de Noviembre, 2020  12:39:11 (-0300)
Autor:Centro de Estudios Alexander von Humboldt <centrohumboldt1995 @.....com>

NCeHu 339/20

 

De Venezia a Praha y la pérdida de mi valija

 

Siempre disfrut√© de todo tipo de viajes, y generalmente me adapto a las caracter√≠sticas de cada uno. No diferencio entre los que suelen considerarse ‚Äúde placer‚ÄĚ o de trabajo, porque para m√≠ todos son placenteros. Y tambi√©n me subordino a quien me acompa√Īe en cada oportunidad.

Cuando viajo sola o no tengo un calendario acad√©mico-laboral que me obligue a cumplir con determinados horarios, trato de no hacer reservas previas, pero, en este caso, como el leitmotiv del recorrido europeo era cumplir con el regalo de los quince a√Īos de mi nieta Laurita, y ella quer√≠a conocer muchos lugares en poco tiempo, por lo apretado de la agenda, tuve que comprar pasajes internos y hacer las reservas de hospedaje con anticipaci√≥n. Adem√¡s, le agregu√© un destino, que ella no hab√≠a tenido en cuenta, y que yo ansiaba conocer desde tiempo atr√¡s, y era justamente, la ciudad de Praha.

Fue as√≠, entonces, que el s√¡bado 26 de enero a primera hora, cuando todav√≠a era de noche, llegamos al Aeropuerto Internacional de Venezia ‚ÄúMarco Polo‚ÄĚ. Y si bien, trataba de no despachar equipaje, me vi obligada a mandar a la bodega mi valija, en la que, adem√¡s de mis prendas, hab√≠amos juntado todas las compras hechas en Italia, que, por ser punzantes o l√≠quidas, no pudi√©ramos cargar con nosotras.

Ya est√¡bamos a bordo del avi√≥n de Alitalia, que, con conexi√≥n en Roma, nos llevar√≠a hasta la capital checa. Y de pronto, Laurita me pregunt√≥ para qu√© era la enorme m√¡quina que estaba echando algo sobre el ala. Yo tampoco lo sab√≠a, era la primera vez que la ve√≠a. Entonces lo consult√© con la azafata, quien me dijo que le estaban poniendo aceite para que no se congelara el mecanismo, ya que el fr√≠o era muy intenso. Y como ya llev√¡bamos media hora de atraso, le pregunt√© si no corr√≠amos el riesgo de perder el vuelo a Praha, a lo que me respondi√≥ que como se trataba de la misma empresa, nos esperar√≠an.

El vuelo fue muy tranquilo, y si bien no pudimos ver la superficie terrestre, disfrutamos de un hermoso amanecer sobre las nubes.

 

Amaneciendo sobre las nubes entre Venezia y Roma

 

 

En una hora y diez minutos aterrizamos en Fiumicino, y al ingresar al sal√≥n vimos al personal de la compa√Ī√≠a con carteles que anunciaban ‚ÄúPRAGA‚ÄĚ. Pensando que se trataba de orientarnos hacia la puerta de embarque del nuevo vuelo, dos pasajeros m√¡s y nosotros, los seguimos. ¬¡Pero, noooo‚Ķ! Nos llevaron hasta el mostrador, donde nos informaron que el avi√≥n ya estaba sobre la pista pr√≥ximo a despegar, y que no podr√≠amos acceder.

¬¡No lo pod√≠amos creer! O s√≠‚Ķ, ya que Alitalia no se destacaba por su seriedad, pero no pensamos que, siendo un problema ajeno a nosotras, y que el desencuentro hab√≠a sido por pocos minutos, fueran tan poco considerados.

La soluci√≥n que nos dieron fue derivarnos a un vuelo por Lufthansa, que saldr√≠a a primeras horas de la tarde, y tardar√≠a dos horas en llegar a Frankfurt, para luego de una espera, tomar otro, que en una hora m√¡s, nos llevar√≠a a Praha.

Yo protesté porque perderíamos el día entero. No era lo mismo arribar a nuestro destino antes del mediodía que hacerlo cuando ya hubiese oscurecido, tomando en cuenta que en Praha, por su latitud, en el invierno el sol se ponía veinte minutos antes de las cinco de la tarde. Pero todos mis argumentos resultaron infructuosos, ya que la opción era un vuelo directo, pero, al día siguiente.

Entonces, resignada e impotente, pregunté qué ocurriría con mi valija, a lo que me aseguraron que no me preocupara porque la aerolínea se encargaría del traslado correspondiente.

Con mucha bronca, pero tratando de calmarnos, comimos unos s√¡ndwiches, mientras hac√≠amos la tediosa espera hasta la partida del avi√≥n de Lufthansa.

Sin inconvenientes tomamos los dos vuelos propuestos, pero al llegar al Aeropuerto Internacional de Praha ‚ÄúV√¡clav Haver‚ÄĚ, ¬¡mi valija no estaba‚Ķ!

Como nos hab√≠amos quedado hasta el final de la circulaci√≥n de la cinta de equipajes, ya pr√¡cticamente no quedaba nadie en el lugar. E identificando a alguien que se encontraba en el sector de equipajes, ante mi consulta, me indic√≥ que me dirigiera al mostrador de reclamos.

All√≠ me atendi√≥ una mujer muy amable. Me pidi√≥ que le diera la descripci√≥n de la maleta y le relatara los hechos, a lo que destaqu√© que me hab√≠an cobrado, nada menos que ¬¡cincuenta euros!, por despacharla, para que, adem√¡s, de todos los trastornos que me hab√≠an causado, ¬¡ahora se perdiera! Y que, adem√¡s, estaba con lo puesto, que toda mi ropa estaba en ese equipaje.

Ella acept√≥ la solicitud, tom√≥ los datos del sitio donde nos alojar√≠amos, y se comprometi√≥ a llamar por tel√©fono en cuanto tuviera novedades. Adem√¡s, sinti√©ndose culpable de algo en lo que no ten√≠a nada que ver, nos regal√≥ a Laurita y a m√≠, sendas cartucheras de la empresa Austrian Airlines, que conten√≠an elementos de higiene personal y una remera, que l√≥gicamente menguaron en parte, el problema.

En un taxi fuimos hasta el Masarykovo N√§brezi (Terrapl√©n Masarykovo), que corr√≠a paralelo a la margen derecha del r√≠o Moldava, cerca del puente Jir√¡sek, donde se encontraba amarrada la embarcaci√≥n Matylda, convertida en hotel, de ah√≠ el nombre de botel, donde nos hospedar√≠amos.

 

Laurita en Masarykovo Näbrezi

 

 

Embarcaciones del río Moldava amarradas junto al Terraplén Masarykovo

 

 

Proa del botel Matylda

 

 

Vista lateral del botel Matylda

y estacionamiento en el terrapl√©n Masarykovo bajo el puente Jir√¡skuv sobre el r√≠o Moldava

 

 

Al ingresar al botel, nos recibi√≥ muy cordialmente el conserje, quien, al ver nuestros pasaportes, comenz√≥ a hablarnos en castellano, y nos cont√≥ que estaba casado con una espa√Īola, y que por eso dominaba el idioma.

Fij√¡ndose en la planilla dijo que nos hab√≠an estado esperando para el mediod√≠a, por lo que le comentamos nuestro percance y la p√©rdida de mi valija. Se lament√≥ mucho y dijo que se iba de ocupar de hac√©rselo saber a sus compa√Īeros para que durante el d√≠a se comunicaran con el aeropuerto. Y, adem√¡s, nos propuso que antes de acomodarnos en el camarote, pas√¡ramos por el comedor, ya que cerrar√≠a temprano, como era habitual en casi toda Europa.

El restor√¡n del botel era italiano y de lujo. De entrada, dud√© en instalarnos all√≠, pero no hab√≠a otra posibilidad a esa hora, y hab√≠amos comido algo muy ligero durante el d√≠a, as√≠ que pens√© que, si fuera demasiado caro, tratar√≠a de limitarme yo para que Laurita tuviera una buena cena. ¬¡Pero‚Ķ, noooo! Al ver la carta, encontr√© que los precios eran inferiores a los de un lugar de clase media de Buenos Aires.

Nos ubicamos en una mesa junto a un ventanal sobre babor, desde donde teníamos una hermosa vista del río y de su ribera occidental iluminada.

Enseguida, adem√¡s de encendernos una vela, nos trajeron un plato de aceite de oliva con especias para mojar el pan, mientras aguard√¡bamos los platos.

Laurita, quien siempre hab√≠a gustado de las sopas, pidi√≥ una de pomodoro al pesto, con ricota y queso parmesano; y yo, amante de la cocina italiana, unos √Īoquis a la crema con agregado de pesto. Ella cerr√≥ la cena con una ensalada de frutas, y yo, con un helado.

 

Restor√¡n italiano de lujo en el botel Matylda

 

 

Laurita en el restor√¡n del botel Matylda

 

 

Vista de la ribera occidental del r√≠o Moldava desde el restor√¡n del botel Matylda

 

 

Con Laurita durante la cena en el restor√¡n del botel Matylda

 

 

Un plato de aceite de oliva con especias para mojar el pancito

 

 

Sopa de tomate al pesto con ricota y parmigiano

 

 

√Ďoquis a la crema con pesto

 

 

Laurita eligió ensalada de fruta como postre

 

 

Yo preferí un helado

 

 

El conserje nos esperaba para se√Īalarnos, en un plano mural, los sitios que nos recomendaba visitar al d√≠a siguiente, e hizo algunos comentarios sobre las construcciones que podr√≠amos visualizar desde las ventanas de nuestra habitaci√≥n.

 

Plano de Praha en el ingreso al botel Matylda

 

 

A partir de una angosta y t√≠pica escalera de barco y de un largo corredor, donde hab√≠a diversos cuadros aleg√≥ricos, llegamos al camarote n√ļmero tres, que se encontraba en la cubierta inferior.

 

Cuadro alegórico en un corredor del botel Matylda

 

 

Puerta de nuestro camarote

 

 

Como era de esperar, la habitación era reducida, pero contaba con todas las comodidades necesarias. Estaba revestida en madera, con una muy buena calefacción, cama confortable, un plasma, muebles donde guardar la ropa, una mesa a modo de escritorio, y un espejo en forma de ojo de buey.

Despu√©s de ducharnos, nos pusimos, a modo de camis√≥n, las enormes remeras que nos hab√≠an regalado en el aeropuerto, y, ya m√¡s c√≥modas, nos quedamos un rato observando el r√≠o, a trav√©s de las peque√Īas ventanas.

 

Laurita y yo en el espejo con forma de ojo de buey

 

 

Laurita en el interior del camarote

 

 

Laurita probando la cama

 

 

Como el camarote se encontraba tambi√©n a babor, justo debajo del lugar donde hab√≠amos cenado, pudimos ver con m√¡s detalle, tanto el puente Jir√¡sek como otros edificios de la margen izquierda, y la Malostransk√¡ vod√¡rna (Torre de Agua Menor), de estilo renacentista.

Y hacia el norte, se encontraban la embarcaci√≥n Maria Magdalena y la Sala de Exposiciones de M√¡nes, que databa del a√Īo 1930.

 

El puente Jir√¡skuv y la margen izquierda del r√≠o Moldava

con la Malostransk√¡ vod√¡rna (Torre de Agua Menor)

 

 

Nuestro camarote se encontraba a babor

 

 

Vista del río Moldava hacia el norte, la embarcación Maria Magdalena

y la Sala de Exposiciones de M√¡nes

 

 

El d√≠a hab√≠a sido largo y complejo, sin embargo, est√¡bamos desveladas, y, antes de dormir, mantuvimos una larga charla. Era frecuente que discuti√©ramos sobre diversos temas en los que, no necesariamente coincidi√©ramos, pero que, como siempre, ese cambio de ideas contribuyera al crecimiento mutuo. Nos separaban cincuenta y un a√Īos de edad, pero nos un√≠an el amor y el respeto, lo que permit√≠a que pudi√©ramos disfrutar del viaje, tan s√≥lo por estar juntas, al margen de los paisajes naturales y culturales de nuestro alrededor.

 

Ana María Liberali

 

 




[Adjunto no mostrado: =?UTF-8?Q?2019_=2D_De_Venezia_a_Praha_y_la_p=C3=A9rdida_de_mi_valija=2Epdf?= (application/pdf) ]