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Asunto:NoticiasdelCeHu 251/20 - La globalización: un fracaso peligroso
Fecha:Domingo, 13 de Septiembre, 2020  15:45:30 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 251/20

 

La globalización: un fracaso peligroso

 

“El mundo no será destruido por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que lo observan y no hacen nada” Albert Einstein.

                                     

Alfredo César Dachary

 

Hay quienes creen que la globalización ha logrado traer el germen de su propia destrucción y esa afirmación se puede ir observando a lo largo de estas últimas décadas, solo veremos tres ejemplos para poder abrir el camino que pretende entender que esta idea no es un hecho aislado ni fruto de especulaciones libres.

         El primer punto es la conectividad, un principio que movió al mundo desde el proto-capitalismo al mundo globalizado, los viajes, las conquistas y las colonizaciones más allá de la ambición, eran los hitos que iban tejiendo una red global a través del comercio, lo que modeló el mundo, desde Sumeria hasta hoy, según Williams J Beristain.

         Con los viajes, desde las caravanas a los navíos a velas y hoy a los aviones y los grandes portacontenedores, han transitado todo tipo de mercancías, que satisfacían los deseos de la población; pero junto a ellos viajaron otros que no eran esperados, las pestes que asolaron al mundo, siendo una de las recordadas la peste negra en el Medioevo y en el siglo XX, la influenza española, que salió de un fuerte militar de Estados Unidos y fue llevada por los soldados que iban a pelear en la primera gran guerra; el resultado: millones de muertos.

         Hoy, la gran conectividad que hay en mundo sirvió para mostrar a través de la actual pandemia dos cosas: primero, un mundo donde la pobreza era ocultada por la riqueza de pocos, y que cuando se decreta la cuarentena la situación social-económica estalla, dejando más víctimas que la pandemia.

La segunda es que la propagación fue posible por la gran conectividad que no solo se daba por el comercio sino también por los viajes de placer, de negocios y otras opciones más, que sumados hacían que miles de millones de personas viajen en el año, permitiendo un contagio mayor, en las zonas más conectadas, el que se fue extendiendo a otras hasta ser hoy un problema global.

La globalización sirvió negativamente en dos temas centrales de la pandemia, en el contagio que propició una reproducción geométrica y la promoción de la pandemia como tema central y único de un mundo integralmente conectado.

De golpe, todos los grandes temas desaparecen y el coronavirus es el único tema en todas las direcciones posibles haciendo de esta promoción una sociedad del miedo, la desconfianza del otro, el encierro y la depresión, el mundo global.

La gran pobreza se vio reflejada en la carencia de servidores, médicos y técnicos, equipamiento, medidas, planes de contingencia, que abarcan a los países pobres hasta los más ricos, ejemplo Estados Unidos, donde miles de muertos son la expresión de un gobernante dominado por el economicismo y sin el respeto a la vida, algo que sirvió para fertilizar el odio del supremacismo blanco y desatar una lucha que sigue día a día.

         Pero la otra cara de la globalización, hoy en retirada, es el fracaso total de cooperación, la solidaridad y demás acciones que podrían darse entre los países y en vez de dar una respuesta colectica, se desató un nacionalismo de viejo cuño que profundizó los malos resultados obtenidos hasta hoy.

         Globalización comercial, individualismo personal y nacionalismo regional, nada mejor ajustado, desde la imposición del neoliberalismo que fomentó como religión el individualismo competitivo y deshumanizado, que vivía de espalda a la mayor concentración de pobreza del planeta (más de la mitad de la población) y el modelo actual mayor porque la precariedad y la falta de derechos elementales, obligó a gran parte de población a salir a luchar por la comida a costa de sus vidas.

         Los otros temas  que son también fruto de la gran globalización fue la masiva destrucción de los recursos, mares y ríos contaminados, selvas y bosques deforestados, millones de hectáreas operadas por sistemas  integrados “pool de siembra”, promoviendo una destrucción masiva con la fertilización de productos contaminantes como el glifosato y las semillas alteradas, todo ello es el marco de la zoonosis, que viene originando pandemias y, en estas últimas décadas, mucho más de las que se han manejado masivamente.

La promesa de un mundo unido e interconectado fue el caldo de cultivo ideal para la propagación acelerada de la enfermedad, unido a las otras causas desde el sistema económico al manejo irracional de los recursos naturales, pensando erróneamente que el ser humano era el dueño absoluto de éstos y su destrucción no se relacionaba con la vida humana, craso error, de ignorancia y soberbia.

Los desastres naturales, pandemias y pestes están en la historia de las caídas de los grandes imperios, que se hunden desde dentro por la propia sociedad y Estados Unidos no será la excepción.

En opinión del filósofo y político británico John Gray “el apogeo de la globalización ha llegado a su fin”, éste estará caracterizado por la caída de gobiernos, una ruralización generalizada, la restricción de viajes comerciales, la desintegración de la Unión Europea al estilo del “Sacro Imperio Romano” y el ascenso de la extrema derecha; en una palabra estamos asistiendo al desmoronamiento del «orden mundial».

Esta des-globalización es un proceso peligroso, porque va acompañado de la caída de las grandes ideologías que han dominado en los últimos dos siglos y por ello pueden derivar en el auge de extremismos nacionales como los nacionalismos xenófobos y la vuelta al proteccionismo económico.

Y es que la pandemia, además de generar profundos efectos negativos en la sociedad, oculta a la gran crisis que ya existía y que esta situación única de parar la economía global por más de 100 días la ha profundizado.

El miedo, inseguridad, descreimiento generalizado en las clases gobernantes y en los referentes sociales más importantes, desde los religiosos a los profesionales, aumenta el peligro de una derivación no deseada, sin contar el conflicto por la hegemonía de China y Estados Unidos.

La era del apogeo de la globalización ha llegado a su fin y un complejo sistema económico basado en la producción a escala mundial y en largas cadenas de abastecimiento se está transformando en otro menos interconectado, y un modo de vida impulsado por la movilidad incesante tiembla y se detiene.

Nuestra vida va a estar más limitada físicamente y a ser más virtual que antes, ya que al comienzo del mundo virtual viajamos por todos los países sin volar, luego lo hicimos realidad, y ahora debemos entrar en la simulación.

Es que en tiempos de crisis hay que echarle imaginación y es lo que han hecho los empresarios aéreos japoneses que en el mes de agosto han organizado un vuelo a ninguna parte. El avión despegó de Tokio y dio vueltas alrededor del aeropuerto durante hora y media, para después aterrizar en el mismo sitio.

La idea ha gustado tanto que han tenido que organizar un sistema de lotería, porque había muchas más peticiones que plazas en el avión. Está naciendo un mundo más fragmentado, que, en cierto modo, puede ser más resiliente.

El capitalismo liberal está en quiebra y, a pesar de toda su palabrería sobre la libertad y la elección, en la práctica el liberalismo era un experimento de disolución de todas las fuentes tradicionales de cohesión social y legitimidad política y su sustitución por la promesa de un aumento del nivel material de vida, pero este experimento ha llegado a su fin.

Para acabar con el virus es imprescindible un cierre económico que solo puede ser temporal, pero cuando la economía vuelva a arrancar, será en un mundo en el que los gobiernos actuarán para poner freno al mercado mundial, la antiglobalización, el auge la producción nacional, incluida la eliminación de la desterritorialización de las empresas por encontrar mano de obra más barata en el extranjero.

La producción para los sectores más nacionalistas es un tema de seguridad nacional, y un ejemplo muy claro es la producción de alimentos, que la mayoría de los países los había derivado a la periferia y ahora con la ruptura de las cadenas de abastecimiento, comienza la escasez y la especulación que afecta a una sociedad empobrecida.

El sector aéreo se contraerá porque la gente viajará menos y las fronteras duras se convertirán en un rasgo duradero del paisaje mundial, porque el mezquino objetivo de la eficacia económica ya no será viable para los gobiernos.

No existe una autoridad mundial que imponga el final del crecimiento, de la misma manera que no la hay para combatir el virus, no la hay para frenar a los combustibles fósiles motor del cambio climático, al contrario de lo que dice el mantra progresista que últimamente repite Gordon Brown, los problemas mundiales no siempre tienen soluciones mundiales.

Las regiones geopolíticas excluyen cualquier cosa que pueda guardar algún parecido con un gobierno mundial y si se diese, los Estados actuales competirían por controlarlo, por ello la creencia de que la crisis se puede resolver con la cooperación internacional es pensamiento mágico en su forma más pura.

La expansión económica no es sostenible indefinidamente y solo puede agravar el cambio climático y convertir el planeta en un vertedero, pero dada la marcada desigualdad entre niveles de vida, el crecimiento demográfico y la intensificación de las rivalidades geopolíticas, el crecimiento cero también es insostenible.

La salida no será fácil, ni es viable por la tecnología ni solamente por el trabajo humano, sino corremos el riesgo de caer en un nuevo tipo de totalitarismo que responda al mundo tecnológico y que el humano será un actor irrelevante, el fin del homo centrismo y el nacimiento del tecno centrismo.

 

cesaralfredo552@gmail.com