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Asunto:NoticiasdelCeHu 189/20 - Pandemia: nuevo problema o estrategia diseñada
Fecha:Lunes, 20 de Julio, 2020  00:44:03 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 189/20

 

Pandemia: nuevo problema o estrategia diseñada

 

“Si algo va a matar a más de diez millones de personas en las próximas décadas será un virus muy infeccioso, mucho más que una guerra”  Bill Gates (2015).

 

Alfredo César Dachary

 

A más de tres meses de que se declaró la pandemia, sostener que ésta es un tema biológico y sanitario, es subestimar la verdadera dimensión de lo que se considera la pandemia, que trasciende todo lo sanitario y va mucho más allá porque abarca lo social, lo político y lo económico.

La integración compleja de estos fenómenos responde a la lógica de la totalidad de la sociedad donde las diferentes partes de la realidad se integran y conforman una gran unidad.

La pandemia fue la pantalla en que se refleja la realidad, una sociedad empobrecida que vive al día dentro de la informalidad y la precariedad, la falta de derechos sociales, a la jubilación, pensión, salud y educación gratuita, todos terminan fallando, porque el responsable es el Estado que se ha reducido al mínimo, dejando estos derechos al juego del mercado.

La asimetría no se refleja solo en que el 1% controla cerca del 60% de la riqueza del planeta, es mucho más, es una sociedad afectada por las nuevas enfermedades que genera la pobreza, la comida de mala calidad alimenticia que genera la obesidad, la diabetes, la hipertensión, el agua privatizada y su remplazo por bebidas gaseosas, un vicio que afecta a la mayoría de la sociedad; la escuela como un centro para comer más que para estudiar, sin desayuno no hay alumnos que piensen.

Todo esto es la macro realidad en la que se desplaza la pandemia, las carencias de políticas de salud públicas incluyentes son la punta del iceberg, a ello se suma la falta de vivienda y buenos servicios, el trasporte precario y la suma de cosas que hacen a la vida diaria, ampliada por el crédito y las tarjetas, se transforme en una verdadera aventura.

Por ello, la sociedad es dual, hay dos “procesiones” de viajeros que viajan por diferentes motivos en distintas direcciones, los que lo hacen por placer que son los turistas y los que lo hacen por necesidad de trabajo, que son los inmigrantes; hay dos formas de conexión al mundo digital, la que es la banda ancha del Internet y la otra precaria, con los altos costos; la diferencia se refleja en los resultados.

Hay dos tipos de supervivientes, los que se preparan haciendo bunkers y grandes inversiones para poder “salvarse” de un desastre (pandemia preppers) y los que la practican como un reto diario, para poder sobrevivir.

La pandemia es un hecho político, ya que la salud es un deber del Estado y un derecho de las personas, esto es el “debía ser”, hoy no lo es, por ello se ha transformado en la verdadera “tormenta perfecta”; una sociedad global, incluidos grandes grupos sociales de pobres o empobrecidos por la cuarentena económica en los países centrales y grandes mayorías en la periferia. Todo esto lo enfrenta el Estado sin organización, con débil estructura de servicios, que logra colapsar, y no hablamos de Haití, sino de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia y varios más, en el mundo occidental.

La pandemia subvierte esa organización del Estado o del mercado respecto a los temas de la supervivencia de los seres, como un ensayo para un nuevo paradigma donde no hacen falta trabajadores o trabajadoras, las nuevas tecnologías las reemplazarán, o sea, que la pandemia también es el mensaje que muchos estamos sobrando.

Ésta es una larga lista encabezada por  los pobres, los miembros de la tercera edad, los que tienen enfermedades crónicas, esos no son candidatos a la nueva economía tecnológica, que se conoce como las industrias de la vida, que solo necesitan a los seres humanos por lo que escriben, buscan o prefieren, o sea, es la industria donde el hombre está demás pero sus ideas gratuitamente obtenidas son las que alimenta el márquetin en la sociedad del consumo y el ocio y la alienación en un marco de control absoluto, como en el libro “1984”.

Por ello, la pandemia es una alteración que desafía la manera en que las sociedades se organizan y, con ello, resulta una amenaza a los sistemas nacionales y supranacionales y sobre todo como lidiar con ésta, ya que el fracaso amenaza el equilibrio del sistema, que trae casi medio siglo de promesas incumplidas luego de vaciar los derechos sociales ganados en la primera mitad del siglo XX.

Por ello es que el Estado, ante la carencia de equipos sólidos y preparados para estas contingencias, debe actuar rápido y así se convoca a la ciencia para producir una verdad y éstos se involucran en una lucha de narrativas sobre lo que es verdadero o falso, para lograr el acompañamiento de la sociedad.

Por ello, se busca el respaldo de las ciencias que son instituciones supranacionales globales construidas por bloques de pensamiento y prácticas, y son redes de sujetos que tiene una formación y su práctica y que cuentan con aparatos propios de validación de sus proposiciones.

Pero llama la atención la diversidad de opiniones y expertos de otros círculos que en los últimos meses han publicado más de 2,600 trabajos, un verdadero record, que nos enfrenta a dos potenciales respuestas: falta de unidad entre los científicos o realmente no han logrado una respuesta que englobe al fenómeno.

Esta amplia variedad de artículos en el fondo enriquece la discusión, abriendo nuevos ángulos de análisis dentro del marco de una visión integradora e incluso puede aportar con una simple hipótesis un gran avance si ésta se puede transformar en un nuevo camino a recorrer, para poder entender este complejo fenómeno.

Lo “exótico” de esta pandemia ha sido el comportamiento de varios Presidentes que parece que no creen en la ciencia, y con ello cierran toda opción de control de la pandemia, como ha sido el caso de Donald Trump en Estados Unidos, que ha logrado posicionarse como el autor de la política anárquica que ha generado el mayor número de contagios y muertos en un país; caso aparte está el de Bolsonaro en Brasil, además de llevar a cabo una campaña por el país para desacreditar a la ciencia, coincide con Trump que lo importante es la economía y no la vida.

Hay otros casos menos patéticos, como el Premier de Gran Bretaña, Johnson, que inicialmente subestimó el coronavirus hasta que se contagió y estuvo muy mal, saliendo del hospital cambio en parte su actitud, pero pertenece al grupo de los que priorizan la economía y no la vida.

Hay una confusión entre cuarentena y aislamiento social, como cosas diferentes, y no es así, ya que en la epidemiologia solo hay cuarentena y el aislamiento es una estrategia de ésta.

Distanciamiento y confinamiento sugieren destierro social, son experiencias de alejamiento y desapego que afectan los ámbitos de socialización tal y como los conocemos y también se asocia el significado penal en muchas legislaciones.

El destierro siempre ha sido una forma de condenar y aislar a los rebeldes y opositores de regímenes autárquicos, para evitar la propagación de su influencia y de sus ideales, pero también el destierro persigue a los “locos”, a las brujas, a todas las influencias que por su propio carisma quedan fuera de lo común. El destierro acoge a los incomprendidos y brinda refugio a los expulsados en cualquier sociedad.

El destierro, siendo el lugar de los que no tienen lugar, es decir, de los expulsados por la enfermedad, se convierte en el espacio de contención de los condenados; los leprosarios fueron un ejemplo, los manicomios otro, ambos, hoy fuera del esquema, aunque aparecen las cuarentenas forzadas, un sobre aislamiento de los que no tienen como asumirlo ni cómo sobrevivir; un castigo extra.

Los que hoy se oponen a estas medidas son los creen que todo volverá a ser igual, entonces practican como la última vez que lo hicieron, corriendo en el gimnasio o en el otro gimnasio del consumo, el deseo es consumir, tiempo, espacio y dinero.

Los escenarios que consideran necesario alcanzar según algunos epidemiólogos serían a partir de cambiar dos cosas muy importantes:

- La primera, dar al Estado la dimensión como instrumento de servicios de los seres humanos, para que tengan una capacidad de supervivencia mayor, esto fortalece la noción de salud como un derecho del ciudadano y un deber del Estado.

-La segunda es la organización – internación, que a fines de la segunda guerra mundial llevó a la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y en salud a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que permitía un trabajo internacional ante las grandes epidemias, pero se ha ido olvidando, incluso Estados Unidos se sale de ésta, bajo un justificativo geopolítico en su disputa con China, y al no poder manipular la OMS. La pandemia ha demostrado el fracaso y la necesidad de una real integración para enfrentar los grandes problemas de salud global, que no terminarán con esta pandemia.

         Ambas metas dependen de otras variables mayores que tienen que ver con el modelo hoy agotado, y el que está emergiendo, son dos tiempos diferentes para una gran población que saldrá agotada de la pandemia y empobrecida del gran paro económico.

         Por ello, los sobrevivientes son dobles, primero al virus y segundo a la pobreza, una lucha difícil, de la cual algunos países y continentes podrían salir muy mal parados.

         La pregunta inicial es quien gana al final de esta situación, es difícil de predecir, en una sociedad que ha perdido las ideas políticas como grandes utopías y las instituciones que lo protegían como grandes logros, les queda solamente, el espejo falso del consumo, promovido por la bancarización de toda la sociedad.

 

cesaralfredo552@gmail.com