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Asunto:NoticiasdelCeHu 70/19 - Crecimiento o desarrollo
Fecha:Domingo, 15 de Septiembre, 2019  03:41:01 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <centrohumboldt1995 @.....com>

NCeHu 70/19

Crecimiento o desarrollo
“Aconsejar economía a los pobres es a la vez grotesco e insultante. Es como aconsejar que coma menos al que está muriendo de hambre” Oscar Wilde.

Alfredo César Dachary

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1945, se reorganiza el mundo con un nuevo eje que ya había tomado décadas antes la hegemonía del sistema, pero confirmado con los resultados de esa guerra mundial, Estados Unidos como centro de ese mundo emergente de post guerra.
Para organizar globalmente el mundo se armó una estructura que va desde la creación de las Naciones Unidas a teorías que explicaran y guiaran el desarrollo
de la economía mundial heredada y profundizada entre lo que se conoce como el centro hegemónico y la periferia.
El proceso coincide y no “circunstancialmente” con otro que va en paralelo y es la descolonización de un mundo sumido en un sistema del pasado desde fines del siglo XIX, luego de la Conferencia de Berlín en la que se dividieron continentes como “espacios vacíos”, sin considerar sociedades, historias y pueblos, culturas e identidades, salvo las riquezas existentes y las potencialidades emergentes.
Para estructurar un mundo a la medida de la nueva hegemonía y la nueva etapa del sistema, se planteó la teoría del desarrollo, la cual en más de siete décadas de aplicación como políticas mundiales y regionales no ha tenido grandes resultados en los países emergentes a los que iba destinada, salvo los que emergieron por sus propias estrategias como lo ha sido China, Rusia e India, entre los más exitosos y que hoy se preparan para competirle al centro un cambio hacia una hegemonía compartida.
Desde la creación de la ONU, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, más el Banco Interamericano de Desarrollo y otros bancos regionales se ha hablado mucho y prometido más a los países descolonizados y los recolonizados de la primera etapa de la descolonización en el siglo XIX, los resultados han engrosado las bibliotecas, pero pocos ejemplos son exitosos, salvo el desarrollo del nuevo centro formado por países aliados de la Segunda Guerra Mundial que, con el necesario apoyo de Estados Unidos desde el Plan Marshall, han logrado un importante desarrollo y la creación de una sociedad con menos asimetrías en la integrada Europa Occidental, en la actual Unión Europea y en pleno enfrentamiento con la URSS por la guerra fría.
La experiencia duró pocas décadas, ya que el cierre de los años de oro de los Estados Unidos repercutió en su mundo de aliados, al cambiar el modelo por uno que no consideraba lo social ni el papel del Estado como fundamentales para manejar una asimetría que se podría polarizar; así emerge a ambos lados del Atlántico los dos polos del neoliberalismo de Donald Reagan, el actor fracasado pero político de masas en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña, la gran enterradora de los mineros y los derechos sociales de la sociedad del bienestar.
Así, una vez más el desarrollo pasa a ser una definición hueca que se le quiere dar fuerza al oponerla al crecimiento económico, en el cual la diferencia es la del impacto, no limitado solo al crecimiento sino a una mejor distribución como se preveía que se debía dar en el desarrollo.
En febrero de 2008, siendo Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, creó con el auspicio de su gobierno, un grupo de trabajo bajo la orientación de los profesores Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean Paul Fitoussi el cual fue denominado como Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social.
El argumento fundamental del Presidente Sarkozy para proponer la Comisión fue la insatisfacción que existía en muchos medios gubernamentales y académicos sobre la aplicación y resultados de la información estadística referente a la actividad económica y la vida de la sociedad, en especial.
En la Síntesis del Informe Final, que fue presentado en septiembre de 2009, y redactado por economistas y especialistas en Ciencias Sociales, los comisionados
presentaron un amplio abanico de especialidades que van desde la contabilidad nacional a la economía del cambio climático, sobre el capital social, la felicidad, el
bienestar y la salud mental, una amplia gama de temas que se vinculan transversalmente al analizar una sociedad.
El Informe se centra en tres ideas fundamentales: la primera es que el ser humano, pero en especial, los hogares, deben ser el centro de la reflexión y el análisis; segundo que hay que valorar con una perspectiva nueva la relación entre el Estado y los hogares, sobre todo el efecto de las transferencias gubernamentales, y la tercera, recuperar criterios más precisos y pertinentes, tanto cuantitativos como cualitativos, para medir mejor y con las diferencias necesarias, las actividades económicas y las condiciones de vida de las personas.
La Comisión tuvo la “misión de determinar los límites del PIB como indicador de los resultados económicos y del progreso social, re-examinar los problemas relativos a la medición, identificar datos adicionales que podrían ser necesarios para obtener indicadores de progreso social más pertinentes, evaluar la viabilidad de nuevos instrumentos de medición y debatir sobre una presentación adecuada de datos estadísticos”.
Por lo que una de sus primeras conclusiones es que no es erróneo, el cálculo del PIB, sino que se emplea de forma errónea, ya que cuando el dato del PIB per cápita se convierte en sinónimo de medición del desarrollo, porque sigue siendo una medida que relaciona oferta acumulada de bienes y servicios con un conglomerado de personas, pero no dice nada sobre cómo se utiliza esa oferta por las personas, en sí. Como primera síntesis se expresó que ha llegado la hora de que nuestro sistema estadístico se centre más en la medición del bienestar de la población que en la medición de la producción económica.
El informe final plantea un reto abierto, que es saber si se está de acuerdo en que estos resultados son un avance en la medición del crecimiento económico y el progreso social, y de ser así viene la segunda parte, quizás la más difícil de lograr, que es preguntar ¿cómo se puede instrumentar?
Este cuestionamiento deriva de la Síntesis del Informe Final, donde la Comisión cuestionó de manera profunda la forma cómo se miden los resultados de la actividad económica y cómo se les interpreta, y para finalizar la Síntesis dice que “lejos de cerrar el debate, su informe lo que hace es abrirlo” y que “espera que no sólo su informe generará este amplio debate, sino que incluso propiciará la investigación sobre el perfeccionamiento de mejores instrumentos de medida que nos permitirán evaluar mejor los resultados económicos y el progreso social”.
El crecimiento, desde la perspectiva económica, debe entenderse como la creciente disponibilidad de bienes y servicios producidos dentro de un ámbito geográfico para satisfacer las necesidades materiales, sociales y espirituales de los seres humanos y sus aspiraciones, ya sea que habiten dentro de ese ámbito o fuera de él.
El desarrollo, desde la visión de las Ciencias Económicas, debe verse como el mejoramiento de las condiciones de vida de los seres humanos, o su bienestar o bien vivir, por medio de la satisfacción de estas necesidades y aspiraciones.
Buscando la articulación, se sostiene que el crecimiento permite la disponibilidad de los bienes y servicios requeridos, lo que corresponde, en lo fundamental al campo de la oferta, de la producción, mientras el «desarrollo» es la utilización de esos bienes y servicios para vivir mejor, lo que corresponde más al campo de la demanda, sobre todo del consumo final.
En la experiencia histórica en el siglo XX y hoy no ha sido nítida esta diferenciación, y por ello puede decirse que el crecimiento es económico, pero del desarrollo que es humano, ya que lo que se desarrolla es la sociedad, compuesta por seres humanos y no la economía, que sólo es una sumatoria de actividades humanas realizadas a través de medios tangibles e intangibles.
Por ello se podría afirmar que, si el crecimiento es creación social de riqueza, disponibilidad de los bienes y servicios necesarios para vivir, o sea, producción de medios, el desarrollo implica la distribución equitativa de la riqueza creada, la utilización de esos bienes y servicios para que los seres humanos puedan vivir mejor, tendríamos que el crecimiento es el medio y el desarrollo es el fin.
De allí que hoy estos procesos, que para algunos son similares y no como se plantea son muy diferentes, por lo que hace a la necesidad de que crecimiento y desarrollo deben ser simultáneos y complementarios, para poder ser verdaderos transformadores de la sociedad hacia un modelo de mayor equilibrio y menos asimetría, como el que se está profundizando día a día en el mundo.
Crecimiento y desarrollo no son dos caras de una misma moneda sino dos estrategias que se deben conjuntar para lograr los resultados esperados, en un mundo en que la pobreza es el común denominador y la asimetría planetaria el reflejo de esa grave situación.