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Asunto:NoticiasdelCeHu 14/19 - VIAJANDO: Un fin de semana de febrero en Mar del Plata
Fecha:Jueves, 17 de Enero, 2019  11:12:14 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 14/19
 

 

Un fin de semana de febrero en Mar del Plata

 

Como todos los años, un viernes de fines de febrero, debía tomar examen en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Y debido a que muchos estudiantes eran del interior de la provincia de Buenos Aires y permanecían en sus casas por alquilar departamentos sólo de marzo a diciembre, y a que los locales conseguían empleos temporarios durante la temporada estival, generalmente se presentaban uno o dos alumnos a la mesa. Y, por lo tanto, quedaba libre rápidamente. Fue por esa razón, que, en el año 2008, decidí viajar con mis hijos Joaquín (23) y Martin (17), y mis nietas Ludmila (6) y Laurita (4).

Salimos a la madrugada de la terminal de ómnibus de Retiro, que estaba repleta, con la empresa El Cóndor y llegamos a Mar del Plata cinco horas después. Desayunamos juntos y mientras yo tomaba los exámenes, mi familia salía a caminar por la ciudad.

Y ya por la tarde, aprovechando un hermoso día de sol, fuimos juntos a la playa Varese, que se encontraba sobre el boulevard Peralta Ramos y la avenida Colón, en una bahía curva, formada por dos largas escolleras de piedra entre el Torreón del Monje y el cabo Corrientes, muy cerca del Centro.

Esta era la famosa playa de los Ingleses que tenía ese nombre debido a una odisea sufrida por un grupo de marinos británicos a mediados del siglo XVII durante la Guerra del Asiento, en que se enfrentaban con el Imperio español. Habían naufragado con la fragata HMS Wager en las proximidades de la isla de Chiloé, pero se las arreglaron para construir una pequeña balandra, la Speedwell, con los restos de la embarcación y con ella doblar el cabo de Hornos. Tras varias peripecias, ocho de ellos fueron abandonados en la playa contigua al cabo Corrientes, terminando dos muertos y otros dos tomados cautivos por los tehuelche, mientras que los demás fueron llevados prisioneros por los españoles a Buenos Aires.

Y si bien, ya para muchos era conocida como Varese, por el nombre de la familia propietaria del hotel Centenario, construido a principios del siglo XX en la ladera de la loma que daba a la playa, la Guerra de Malvinas, terminó de imponer este nuevo apelativo.

 

Vista parcial de la playa Varese

 

 

En este lugar, durante gran parte de la primera mitad del siglo XX, veraneaban los miembros de la clase alta porteña, hasta que, a fines de los años 40, con las vacaciones pagas, el aguinaldo y los hoteles de las obras sociales, pudo también hacerlo gran parte de la sociedad.

 

Laurita a punto de ingresar al mar en la playa Varese

 

 

Martín se divertía chapoteando…

 

 

Ludmila y Laurita frente a las olas

 

 

Las playas marplatenses tenían la particularidad de disminuir su extensión debido a la fuerte erosión marina, por lo que se habían construido escolleras tipo T de piedra para tratar de contener ese proceso, además del refulado que permitiera recuperar una porción importante de arena.

 

Espigón de piedras en playa Varese

 

 

El oleaje se presentaba muy fuerte, pero los chicos no se alejaban casi, en especial cuando estábamos en momentos de bajamar con el peligro que eso conllevaba. Y lo interesante, era que quedaba una importante franja de arena húmeda que les posibilitaba armar sus castillitos sin dificultad.

 

Fuerte oleaje en la costa atlántica bonaerense

 

 

Ludmila chapaleando en la ola

 

 

Joaquín con su hijita Ludmila después de salir del mar

 

 

Ludmila jugando en la arena

 

 

Laurita jugando en la arena

 

 

Arena mojada durante la bajamar

 

 

Laurita y Ludmila haciendo castillitos con la arena mojada

 

 

Y al bajar el sol, rápidamente bajó la temperatura, lo que indicaba el fin de nuestra jornada playera.

 

Con Ludmila y Laurita al final de la jornada playera

 

 

Pero Mar del Plata no era únicamente playa, y por la noche había una gran cantidad de atractivos. Y para los chicos, el barco (terrestre) de la alegría era una buena opción porque con música y personajes recorría un buen sector de la ciudad.

 

Martín en el barco de la alegría

 

 

La música estridente atentaba contra los oídos de Martín

 

 

La alegría de la payasa Ludmila

 

 

La muy seria payasa Laurita

 

 

Ludmila se animó a cantar con micrófono

 

 

Ludmila con el Hombre Araña Traje Negro

 

 

Ludmila bailando con el Hombre Araña Traje Negro

 

 

Martín, Ludmila y Laurita junto al barco de la alegría “El Acantilado”

 

 

Ludmila y Laurita con Spider-Man

 

 

Típico de la costa bonaerense, el sábado amaneció nublado y con pronóstico de tormenta, y lo que nos salvó fue la existencia de lugares de recreación infantiles bajo techo, previendo estas condiciones meteorológicas.

 

Y se vino la tormenta…

 

 

Joaquín y Martín cuando el viento comenzaba a soplar

 

 

Ludmila en un centro de recreación infantil

 

 

Expresión de arte en un centro de recreación infantil

 

 

Laurita y Ludmila con mariposas pintadas en sus caritas

 

 

El domingo el tiempo tampoco nos acompañó, pero, de todos modos, buscando alternativas, logramos pasarla bien, que era lo único importante.

 

 

Ana María Liberali

 

 


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