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Asunto:NoticiasdelCeHu 8/19 - VIAJANDO: Un tedioso viaje de New Orleans a Buenos Aires
Fecha:Lunes, 7 de Enero, 2019  10:44:04 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 8/19
 

 

 

Un tedioso viaje de New Orleans a Buenos Aires

 

Ya era domingo 15 de abril y debía emprender el viaje de regreso a casa. Y estando en New Orleans, debía llegar a Houston para tomar el avión que, vía Dallas, me llevaría a Buenos Aires. Como el tramo aéreo New Orleans - Houston era demasiado costoso, decidí trasladarme en ómnibus por esos quinientos sesenta kilómetros de carretera que separaban a una ciudad de otra. Así que tomé un taxi desde el Blake Hotel hasta la terminal de la empresa de autobuses Greyhound, almorcé en la cadena de sándwiches Subway y compré algunos característicos collares en el único local del lugar.

 

Un típico tranvía orleanniano en camino a la terminal de autobuses Greyhound

 

 

El ómnibus debía partir a las 12,45 para llegar a Houston a las 21,45, razón por la cual en la ventanilla me indicaron que me pusiera en la fila de la Line A para abordar a las 12,25. Así hice, pero habiendo esperado mucho tiempo sin noticia alguna, una pasajera fue a averiguar y le dijeron que venía atrasado.

Como pasó más de una hora, y estábamos cansados de estar parados, todos dejamos los equipajes en el orden en que nos encontrábamos, ya que los asientos no eran numerados, y fuimos a sentarnos. Aproveché ese tiempo de espera para ir al baño y cuando volví, encontré un gran charco junto a mi bolso que estaba totalmente mojado. ¡Gran misterio! El vaso de plástico que había comprado en la AAG (Asociación de Geógrafos Americanos) estaba abierto y se había volcado toda la Sprite. ¡No encontré la tapa!

Cuando subimos al autobús, la conductora, mujer negra y prepotente, comenzó a dar indicaciones de no fumar, no escuchar música alta, no…, no… El problema no consistía en lo que decía sino en la forma en que lo hacía, tratando a todos los pasajeros de mala manera. Pero antes de salir, un hombre de la empresa subió y le dio indicaciones a ella, partiendo finalmente a las 14, 45, ¡con dos horas de atraso!

Retomamos el Centro de la ciudad pasando por Canal Street, la avenida más importante de la ciudad, donde se encontraban los hoteles más prestigiosos, como el Crowne Plaza y otros de la misma categoría como el Marriott y el Sheraton. E insólitamente giramos por la avenida St. Charles pasando por el Blake Hotel y por la plaza Lafayette accediendo, después de varias vueltas sin sentido, a la carretera número 10.

 

Crowne Plaza Hotel en Canal Street

 

 

Lafayette Square desde la Charles Avenue

 

 

Después de varias vueltas, finalmente llegamos a la autopista

 

 

Debido a la demora en la partida, arribamos a la ciudad de Baton Rouge justo al ingreso de automóviles que regresaban del fin de semana, lo que motivó un nuevo retraso por el intenso tráfico.

Al cruzar el río Mississippi, pude echar un vistazo al puerto de Greater Baton Rouge, el décimo más grande de los Estados Unidos en términos de tonelaje enviado, y capaz de manejar los buques Panamax.

 

Cruzando el río Mississippi a la altura de Baton Rouge

 

 

Puente sobre el río Mississippi

 

 

Instalaciones del Puerto de Greater en Baton Rouge

 

 

Se fue haciendo de noche, y cuando estábamos en cercanías de la ciudad de Beaumont, el ómnibus se paró detrás de una larga fila de vehículos. Lo que ocurría era que había habido un accidente, y eso nos detuvo durante dos horas hasta que se abrió nuevamente el paso. Debido a mi curiosidad, en ese ínterin me pasé al asiento de adelante, y pude ver a la conductora totalmente dormida sobre el volante. De allí en más, advertí que las indicaciones que le habían dado a la mujer en el momento de la partida, tenían que ver con que era la primera vez que hacía ese recorrido; y en cada cruce, paraba y se fijaba en un mapa por dónde debía ir.

 

Sobre la carretera 10, en espera por un accidente en las proximidades de Beaumont

 

 

La conductora durmiendo sobre el volante

 

 

Al llegar a Houston los pasajeros, a quienes había tratado mal, tuvieron que indicarle cómo llegar a la terminal, hecho que ocurrió a las dos y media de la mañana. Evidentemente se trataba de una persona absolutamente explotada, mucho más si se tiene en cuenta que los autobuses de los Estados Unidos, llevan solamente un conductor. De todos modos, a esta persona le caería muy bien el lema: NO TIRES ESPINAS EN EL CAMINO, TAL VEZ TE TOQUE REGRESAR DESCALZO.

Tomé el único taxi que había y le pedí al chofer en inglés que me llevara al hotel Days Inn & Suites, donde me había alojado en la primera etapa del viaje. Pero en cuanto arrancó puso música caribeña, por lo que descubrí que era latinoamericano, así que nos pusimos a hablar en español sobre el destino de nuestros países.

Al llegar, el sereno, que era negro, me trató bastante mal, ya que lo había despertado de su tranquilo sueño. Pero cuando vio mi pasaporte, gritó: “¡ARGENTINA! ¡MESSI!” Y comenzó a hablarme sobre el próximo mundial. Me dijo: “¡Tengan cuidado con los nigerianos! ¡Yo soy etíope!, sé lo que le digo. ¡Y voy por Argentina!” Quiso seguir dándome charla, pero yo lo único que quería era dormir.

Ya lunes 16, me pasó a buscar Carlos, el mismo remisero salvadoreño que me había llevado al aeropuerto el 7 de abril cuando iba rumbo a Canadá. Conversamos acerca de las impresiones de mi viaje. Todo bien, pero era insólitamente xenófobo.

En el aeropuerto “George Bush” de Houston había enormes muñecos vestidos de astronautas, algo simpático dentro de esta desagradable ciudad. Y en esta oportunidad, salimos en horario rumbo a Dallas, donde debía hacer la conexión con destino a Buenos Aires. El vuelo fue muy agradable y pude visualizar los lagos que rodeaban a la localidad de Forth Worth donde se encontraba el aeropuerto.

 

Astronauta en el Aeropuerto Intercontinental “George Bush”, de la ciudad de Houston

 

 

Sobrevolando el lago Lewisville en las cercanías del Aeropuerto Internacional de Forth Worth

 

 

Increíbles tonalidades en el lago Lewisville

 

 

El lago Lewisville se encontraba al norte del aeropuerto

 

 

La sombra del avión cruzando la autopista Lyndon B. Johnson

 

 

La sombra del avión sobre áreas verdes próximas al Aeropuerto Internacional de Forth Worth

 

 

La sombra del avión sobre el techo de un establecimiento

 

 

La sombra del avión a punto de cruzar otra autopista

 

 

La sombra del avión en terrenos del aeropuerto

 

 

La sombra del avión sobre la pista

 

 

¡Aterrizados!

 

 

Por error, en una máquina del aeropuerto había pagado en dólares lo equivalente a 7000$ para ubicarme en el sector ejecutivo. Lo que me vino muy bien debido al estado de mi rodilla izquierda, que cada día me generaba más dificultades al caminar. Tuve la suerte, además, de que nadie se sentó a mi lado, así que pude estirarme a mi gusto y disminuir los efectos de un viaje largo.

Ya de noche, pude dormirme prontamente después de cenar; y a pesar de tratarse de un menú superior al de la clase turista, dejó bastante que desear.

De repente, por algunos fuertes sacudones me desperté. Estábamos sobrevolando la región amazónica, y si bien mermaron en parte, los movimientos perduraron hasta la provincia de Formosa.

Y después del extendido viaje en ómnibus y estando mal dormida, al amanecer del martes 17, llegué a Ezeiza.

 

Llegando al Aeropuerto Internacional “Ministro Pistarini” de Ezeiza

 

 

Hermosos tonos del amanecer durante el aterrizaje

 

 

Las nubes reflejándose sobre el ala del avión

 

 

Mal recibimiento. Mucho calor y terrible humedad. Me costó cargar con la valija en Ezeiza, y para colmo de males, había llegado previamente un avión procedente de Miami, por lo que la fila de la aduana era larguísima.

Tomé un taxi y al llegar a casa no tuve más remedio que llamar a Emergencias. Distención de ligamentos fue el diagnóstico. Reposo absoluto, medicamentos, hielo y hacerme ver por un traumatólogo.

A pesar de la mala impresión que me había causado la ciudad de Houston y lo tedioso del viaje de regreso, había conocido el Centro Espacial Johnson de la NASA, la ciudad de Toronto, las cataratas del Niágara, y había expuesto en inglés en la Reunión Anual de la Asociación de Geógrafos Americanos en New Orleans. ¡¿Quién me quitaba lo bailado?!

 

 

Ana María Liberali

 


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