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Asunto:NoticiasdelCeHu 332/18 - VIAJANDO: Fin de Año en Zamora
Fecha:Domingo, 18 de Noviembre, 2018  21:58:08 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 332/18
 

 

Fin de Año en Zamora

 

Pasadas las cuatro de la mañana del 26 de diciembre de 2017, salí con Omar, Martín y Ludmila rumbo a Ezeiza. El vuelo de LATAM debía partir a las 7,45, pero se atrasó y llegó a Lima a las 10,30 hora peruana. De todos modos, el trayecto fue muy placentero, a pesar de algunos pequeños sacudones al sobrevolar la provincia de Salta.

Ludmila estaba un poco congestionada, pero durante el vuelo se le agravaron los síntomas y, además de vómitos, comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza, que se le hizo más agudo cuando tocamos tierra. Así que pregunté en el aeropuerto “Jorge Chávez” si había algún servicio médico, y rápidamente en LATAM se encargaron de la situación. Aparecieron un médico y un auxiliar, y tras determinar el diagnóstico, aclararon que sólo contaban con medicación inyectable. Y mientras el enfermero preparaba los elementos, Ludmi preparó el brazo para recibir el pinchazo, a lo que le dijeron: -“¡Nooo!, la aplicación es en la cola”.  Ella se desesperó porque pensó que lo iban a hacer allí, delante de todos los demás pasajeros, pero lógicamente fue dentro de un baño para discapacitados.

Esperamos ocho horas en el aeropuerto. Almorzamos, dormimos en las sillas, merendamos y tomamos otro avión LATAM aterrizando en el aeropuerto de Barajas alrededor de las dos y media de la tarde del día siguiente.

Ya día 27 de diciembre fuimos en tren hasta la estación Chamartin. Comimos algo y tomamos el ALVIA a las 18:59 que en una hora y media nos dejó en Zamora.

Allí nos esperaban Margarita y Enrique que nos llevaron en dos taxis hasta el departamento de la avenida de Portugal, que estaba decorado con adornos navideños. Allí contábamos con provisiones varias, así que después de un breve descanso y unos sanguchitos, nos fuimos a dormir…

 

Ludmila junto al Papá Noel del departamento de la avenida de Portugal

 

 

Descansando con Martín después del largo viaje

 

 

Ludmila contestando mensajes antes de dormir

 

 

El jueves 28 lo dedicamos a hacer compras. Fuimos al super, al bazar chino, y a la noche a cenar en lo de Margarita.

 

Con Omar y Ludmila durante la cena en lo de Margarita

 

 

El viernes 29 Martín se levantó muy temprano. Estaba ansioso por cruzar al bar de Tres y recorrer Zamora, pero tuvo que esperar durante largo rato su desayuno porque nosotros pretendíamos seguir durmiendo, y, además, todo estaba cerrado en una Europa donde no se madrugaba tanto como en América Latina.

 

Martín esperando su desayuno

 

 

A media mañana salimos a recorrer Zamora. Dimos vueltas por todas partes mostrándole a Ludmila los lugares emblemáticos. Y uno de los que más le atrajo fue la calle de Santa Clara, muy céntrica, muy comercial, y eje social de la ciudad.

Esta peatonal recibía el nombre del derribado Convento de Santa Clara que fuera trasladado desde el barrio de Olivares cuando se expulsó a las monjas de ese sitio en el siglo XVI.

 

Ludmila en la peatonal Santa Clara

 

 

Yendo y viniendo de un lado para otro, llegamos a la plaza de la Constitución frente a la cual se encontraba la iglesia de Santiago del Burgo, templo de estilo románico hispano que databa de fines del siglo XII.

 

Ludmila frente a la iglesia de Santiago del Burgo

 

 

Habiendo caminado toda la mañana pretendí un descanso

 

 

Continuamos nuestro paseo y al tomar la calle de San Torcuato, nos encontramos en la plaza de Zorrilla, donde Ludmi también quiso tomar un descanso.

El lugar estaba cubierto de césped y adornado con flores, y en una de sus esquinas había una escultura de bronce denominada “Madre y Niño”. Su autor, Baltasar Lobo, nacido en 1910 en la localidad zamorana de Cerecinos de Campos y marcado por la tragedia de la Guerra Civil y el exilio, había tratado siempre de atrapar instantes felices que desprendiesen paz y serenidad, escenas plenas de pureza, y evidentemente, en este caso lo había logrado.

Frente a ella, se encontraba el Palacio de los Momos, edificio de estilo renacentista con decoración del gótico isabelino. Su elemento más significativo era su puerta descentrada con un arco de medio punto con grandes dovelas, sobre la que se presentaba el escudo de la familia Ledesma. En las enjutas había dos escudos lisos y en lo alto uno cartelado de grandes proporciones coronando la portada, sostenido por dos salvajes desnudos de diferente sexo. Era de finales del siglo XVI o principios del XVII, y sólo se conservaba la fachada.

Había sido construido por mandato del comendador de Peñausente, regidor de Zamora y Caballero de la Orden de Santiago, adoptando durante un tiempo el nombre de “Casa de los Sanabria”. En 1922 fue declarado Monumento Nacional; y en ese momento, era el Palacio de Justicia, sede de la Audiencia Provincial de Zamora.

 

Al rato también Ludmila quiso descansar al llegar a la plaza de Zorrilla,

en la calle de San Torcuato.

Al fondo, el Palacio de los Momos

 

 

Zamora contaba con una antigua muralla que la había protegido de diversos ataques, ya que el emplazamiento urbano había sido muy importante desde el punto de vista estratégico en la Edad Media, por encontrarse en un área elevada cerca del valle del río Duero; y posteriormente, en la Edad Moderna, era lugar de paso de la Vía de la Plata. Por todo esto la ciudad llegó a contar con tres recintos amurallados, lo que le valió el mote de “la bien cercada”.

Yo sólo le pude mostrar a Ludmila algunos escasos trazos que se conservaban, ya que a finales del siglo XIX y durante gran parte de la mitad del siglo XX la muralla no sólo que había sido abandonada, sino también destruida para ganar suelo a la colina donde se asentaba la ciudad.

 

Ludmila frente a un sector de la muralla zamorana

 

 

El sábado 30 anduvimos de bar en bar por las calles de Zamora. Ludmila probó una serie de chocolates muy espesos, típicos del lugar, y yo preferí cafecitos; pero siempre acompañados por sendas confituras.

 

Ludmila con su chocolate espeso y una Donette

 

 

Ludmila se tomó otro chocolate con una enorme croissant

 

 

Ludmila en otro bar, pero ya con un cortado

 

 

Con un café en la ronda de bares

 

 

Simpática y deliciosa torta en una confitería de la avenida de Portugal

 

 

Todos los 31 de diciembre o días previos se realizaban en diferentes lugares del mundo las carreras de San Silvestre, que se trataban de competencias atléticas populares, y Zamora no podía estar al margen. Así que, durante la fría tarde, comenzaron a desplazarse por las calles rumbo a la Plaza Mayor, diversidad de personas, incluso con algunos animales, que lucían atuendos de todo tipo. Nosotros participamos pasivamente, y, a pesar de no correr, por el simple hecho de seguirlos saludándolos y tomando fotos a su paso, caímos exhaustos.

 

La San Silvestre zamorana

 

 

Corriendo con el perro

 

 

Con todo tipo de trajes

 

 

“Para que no te quedes con las ganas”-, me dijeron mientras posaban

 

 

Varios Papás Noeles

 

 

Arco de llegada a la Plaza Mayor

 

 

Llegada a la Plaza Mayor

 

 

Algunos rezagados

 

 

Lenta desconcentración

 

 

Ludmila junto al Árbol Navideño de la Plaza Mayor

 

 

Ludmila y Martín descansando después de un día de mucha actividad

 

 

Esa noche pasamos el Fin de Año en lo de Margarita con Euge, Angie, Enrique, el hijo de él y su nietito Rodrigo. Ella preparó pato a la frambuesa y torta de chocolate. Excelente comida y mejor compañía, a pesar de extrañar a todos los familiares que estaban en Buenos Aires.

 

Pato a la frambuesa con papas doradas

 

 

Torta de chocolate

 

 

Nosotros estábamos muy pendientes de la famosa tradición de comer doce uvas antes de la finalización del año. Pero ya no se quitaban de un racimo, sino que venían peladas y enlatadas, lo que le había quitado parte de la magia. Y, por otra parte, ya no se seguían las campanadas de algún viejo reloj de pared, sino que ante un programa de televisión que anunciaba cada minuto que quedaba del año, íbamos poniéndonos en la boca cada una de ellas.

 

Las doce uvas peladas y envasadas

 

 

Comiendo las doce uvas

 

 

Ludmila prefirió comer las uvas con la cucharita

 

 

Y, de esa manera, nos despedimos del 2017, un año que había sido, sin lugar a dudas, uno de los más difíciles de mi vida.

 

 

Ana María Liberali

 

 


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