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Asunto:NoticiasdelCeHu 10/18 - VIAJANDO: Cataratas, lado argentino
Fecha:Martes, 13 de Febrero, 2018  02:24:34 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 10/18
 

 

Cataratas, lado argentino

 

Si bien las Cataratas del Iguazú son maravillosas cualquiera fuera el lugar desde donde se las mirare, siempre preferí el lado argentino debido a sentirme dentro del paisaje por la posibilidad de acercamiento a las caídas de agua; mientras que el lado brasileño se caracterizaba por tener una visión más distante.

 

Cataratas del Iguazú, en el lado argentino

 

 

Propuse comenzar la visita por el circuito superior ya que podían observarse los saltos desde arriba, pudiendo tener una vista panorámica de algunos de ellos.

 

Paseo Superior

 

 

Vista panorámica del bosque o selva subtropical y de algunos de los saltos

 

 

Las Cataratas retroceden. Los desprendimientos producen lento desplazamiento río arriba. El agua al caer socava la roca en la base del salto. Con el tiempo las rocas de la parte superior quedan sin apoyo, se desprenden y caen. Los bloques que vemos abajo son testigos de este continuo y lento proceso.

 

Indicador didáctico respecto de la erosión retrocedente que se produce en el río Iguazú

 

 

El primer gran salto al que accedimos fue el Bossetti, nombre puesto en homenaje al naturalista Carlos Bossetti, infatigable explorador de la selva misionera, quien arribara por primera vez a las Cataratas en el año 1883 acompañando a una expedición integrada por una Comisión Científica Alemana.

Respecto de él, el médico, naturalista y escritor argentino Eduardo Holmberg (1852-1937) decía: “Bossetti es uno de esos mártires y víctimas del chucho, del hambre, del jején, del mosquito y del mbarigüí, que con el machete en mano desfloran la guirnalda de isipós suspendida en el laberinto enmarañado de la zona yerbatera y señalan cada paso con el sudor inagotable, o con la sangre, recibiendo como única recompensa las mieles escondidas en los troncos y más tarde el monopolio extraño que los arraiga sobre las picadas que ellos mismos abrieran.”

 

Vista panorámica del salto Bossetti

 

 

Salto Bossetti visto desde arriba

 

 

Con Laurita y Melina en el salto Bossetti

 

 

Desde el salto Bossetti

 

 

Tierras exploradas por Carlos Bossetti

 

 

Pasarelas con visitantes de todo el mundo

 

 

Otro de los saltos accesibles desde el circuito superior era el Mbiguá, cuyo nombre se debía a la Phalacrocorax brasilianus, ave acuática nativa de las zonas fluviales y lacustres de América. De color negro, con un parche amarillo en la garganta, de hasta setenta y cinco centímetros de largo y pico amarillento, que se alimenta de peces, anfibios e insectos que captura zambulléndose.

 

En camino al salto Mbiguá

 

 

Salto Mbiguá

 

 

Durante todo el trayecto nos cruzamos con gran cantidad de coatíes, simpáticos, curiosos y juguetones, pero agresivos en la medida en que pretendan hacerse de la comida de los humanos que se les acercan. Llevan vidas tranquilas, y siempre dejan un vigilante como la suricata. Cuando la custodia emite un sonido como el ladrido de un perro, los coatíes huyen a los matorrales o a las copas de los árboles donde tienen sus nidos, aunque algunos se enfrentan al agresor.

 

Grupo de coatíes fotografiados por los turistas

 

 

Los coatíes acercándose a los humanos en busca de comida

 

 

Si bien estábamos en pleno invierno, la larga caminata bajo el sol por las largas pasarelas, nos generaban calor y cansancio que reparábamos con cortos descansos a la sombra de la exuberante vegetación.

 

Largas pasarelas bajo el rayo del sol

 

 

Un remanso en el río Iguazú

 

 

Salto San Martín visto desde arriba

 

 

La presencia humana en la región se remontaba a diez mil años atrás, demostrada a partir de la presencia de restos de vasijas prehistóricas de la llamada cultura Eldoradense.

 

A la vera del río Iguazú se encontraron vasijas prehistóricas

 

 

Ya en tiempos históricos, la selva fue habitada por los kaingangue, cazadores, pescadores y recolectores; pero cerca del año 1000 d.C. fueron desplazados por los mby’a guaraní, que procedían del norte.

 

Los pueblos originarios vivían de la caza, la recolección y la pesca

en un ecosistema por demás rico en especies

 

 

Bosque o selva subtropical de gran biodiversidad

 

 

Uno de los ejemplares más atractivos de la fauna de Iguazú, eran, sin dudas, los monitos; pero en los últimos años, la relación entre estos animales y los turistas se ha convertido en un problema de manejo para la Administración de Parques Nacionales.

Los monos caí, capuchinos o silbadores (Sapajus nigritus) son omnívoros, aunque su dieta predominante eran los frutos silvestres y los insectos. Pero a partir del año 2000, los científicos que estudian la zona se han preocupado debido a que se observó un incremento progresivo del ingreso de los animales a los puestos de comida y a las habitaciones del hotel Sheraton, donde además de llevarse diversos objetos, se han mostrado agresivos ante quienes quisieran ahuyentarlos. Por otra parte, los visitantes del Parque no respetan las indicaciones donde se prohíbe darle de comer a la fauna, además de descuidar cajas, latas, botellas y bolsos; y como ellos son muy curiosos, se abalanzan buscando lo que hay dentro de ellos. Recibiendo alimentos por parte de los humanos, dejan de cumplir su papel en la cadena alimentaria del área que se pretende preservar.

 

Mono caí, capuchino o silbador

 

 

Turistas incentivando a que los monos se acerquen mediante el ofrecimiento de alimentos

 

 

Los españoles habían desembarcado en Santa Catarina y se dirigían hacia la entonces villa y fuerte de Asunción del Paraguay. Iban navegando el torrentoso río Iguazú, y se toparon con las cataratas, a las que Álvar Núñez Cabeza de Vaca denominó Saltos de Santa María. Era el 1ro. de febrero de 1542.

“El río da un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más”, -describió el conquistador. Sus hombres tuvieron que cargar a pulso las canoas por más de cinco kilómetros, abriéndose paso a machetazos a través de la selva, para llegar al Paraná.

En 1609 se establecieron los jesuitas que conformaron reducciones indígenas en toda la región; y tras su expulsión en 1768, las cataratas pasaron al olvido retomando su nombre guaraní Yguasú, que significa gran cantidad de agua.

En 1881 volvieron a tenerse en cuenta a partir de la federalización de Misiones y de sucesivas ventas de tierras en la zona.

El río Iguazú, un kilómetro y medio antes de las cataratas se ensancha hasta llegar a los mil quinientos metros, realiza una enorme curva en forma de U, para luego despeñarse desde ochenta metros en el profundo cañón, repartiendo el agua en doscientos setenta y cinco saltos que tienen la forma de una herradura de casi tres kilómetros lineales, a la que se dio en llamar Garganta del Diablo.

 

La Garganta del Diablo desde la pasarela

 

 

Garganta del Diablo

 

 

Por la Garganta del Diablo pasaba el límite entre Argentina y Brasil

 

 

El caudaloso río Iguazú

 

 

Herradura donde converge el mayor caudal del Iguazú

 

 

Espuma permanente en la Garganta del Diablo

 

 

En 1902, el Ministerio del Interior encargó al arquitecto paisajista Carlos Thays, un estudio detallado de las cataratas que fue tomado como base para la creación del Parque Nacional Iguazú en 1934.

El Parque cuenta con sesenta y siete mil seiscientas veinte hectáreas de selva, donde viven cuatrocientas cincuenta especies de aves y ochenta mamíferos, entre ellos el yaguareté, además de peces e infinidad de mariposas multicolores.

 

Un pequeño bagre nadando en aguas cristalinas

 

 

Una mariposa se posó en la mano de Laurita

 

 

Ya era avanzada la tarde cuando decidimos hacer una pausa para almorzar, y fue realmente tedioso cuidar permanentemente que los coatíes no usurparan nuestra comida. Pero en el momento en que estaba tomando una fotografía de los que estaban aprovechando los desperdicios que habían dejado nuestros vecinos, dos de ellos subieron sorpresivamente a nuestra mesa y lograron hacerse de algunos restos.

 

Coatíes comiendo los desperdicios dejados sobre las mesas

 

 

Retomamos la marcha pasando por el mirador al cual se subía por una angosta escalera caracol, y desde allí se tenía una amplia visión que incluía la ribera brasileña del río Iguazú; pero ahora lo encontramos cerrado.

 

Laurita y Melina junto al antiguo mirador de las cataratas

 

 

Luego nos encontramos frente al viejo Hotel Cataratas que fuera construido en el año 1922, ingresando al patrimonio de la entonces Dirección General de Parques Nacionales y Turismo en 1934. Había funcionado hasta 1976, cuando fuera reemplazado por el Hotel Internacional Iguazú, ahora Sheraton Iguazú. Posteriormente a mantenerse cerrado y ser destinado a diferentes usos, al momento de visitarlo nosotros, en julio de 2017, funcionaban en él oficinas del Centro de Investigaciones Ecológicas Subtropicales, de la Dirección de Turismo de la Provincia de Misiones, y un museo.

 

Viejo Hotel Cataratas

 

 

Viejo Hotel Cataratas, de estilo inglés

 

 

Alrededores del viejo Hotel Cataratas

 

 

Sheraton Iguazú, un verdadero elefante blanco

 

 

Continuamos nuestra caminata, ahora por el circuito inferior, mi preferido, internándonos en un bosque selvático con diferentes pisos de vegetación y lianas.

 

Internándonos en el bosque selvático

 

 

Gran diversidad florística en un clima subtropical sin estación seca

 

 

La imagen más conocida de las Cataratas

 

 

Disfrutando de la vista y del sonido del agua

 

 

Coatíes en su propio hábitat

 

 

Laurita y Melina en la pasarela junto a un coatí

 

 

Lo que siempre me había gustado del circuito inferior era la proximidad que se tenía al pie de los saltos que, la mayoría de las veces, me empapaban. Pero, en esta ocasión, si bien había comprado sendos pilotines para todos, la escasez relativa de agua no los hizo necesarios.

 

Al pie del salto Bossetti

 

 

Relativa escasez de agua en el salto Bossetti

 

 

Con Laurita y Melina en el salto Bossetti

 

 

Alan junto al salto Bossetti

 

 

Salto Dos Hermanas

 

 

Ya perdí la cuenta de las veces que he visitado las Cataratas, pero si tuviera que volver a un solo lugar más en mi vida, sin duda, regresaría a Iguazú. Nada ni nadie lo puede describir fehacientemente. No alcanzan los relatos, las fotografías o las filmaciones…

Iguazú se observa con los ojos bien abiertos o se los cierra para escuchar con mayor atención el sonido del agua, el gorjeo de los pájaros, y los chillidos de los monitos…

Iguazú se huele a través del perfume de sus flores, y se siente en la piel cuando los rayos del sol pegan con fuerza o cae una lluvia inesperada…

Iguazú es el “agua grande”, sinónimo de vida…

Iguazú se mete en el cuerpo…

Iguazú llega hasta el alma…

 

 

Ana María Liberali

 

 


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