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Asunto:NoticiasdelCeHu 8/18 - VIAJANDO: En el Parque das Aves de Foz do Iguacu
Fecha:Sabado, 10 de Febrero, 2018  19:37:58 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 8/18
 

 

En el Parque das Aves de Foz do Iguacu

 

En julio de 2017, Omar, Alan y yo debíamos concurrir a un evento académico en Foz do Iguacu, y debido a que coincidía con nuestras vacaciones de invierno, invité al viaje a mis nietas Laurita (14) y Melina (8). Así que el viernes 21 partimos en un micro de la empresa Crucero del Norte, que cruzando el Paraná por el puente de Zárate-Brazo Largo, atravesó las provincias de Entre Ríos y Corrientes durante la noche para amanecer en Posadas y disfrutar de ese hermoso camino rojo y verde que lucía majestuoso hasta Puerto Iguazú.

Al llegar a la frontera debía presentar los permisos de las menores para salir del país, y el agente que nos atendió, al controlar la documentación de Laurita, con el ceño fruncido y una voz impostada, le dijo convincentemente:

-          “Aquí me figura que hay ORDEN DE CAPTURA PARA VOS”.

Laurita, tímida y con su característica inocencia, empalideció, y preguntó:

-          “¡¿Por qué?! ¡¿Yo qué hice?!”

Y el hombre, dándose cuenta de que ella no se había percatado del chascarrillo, le respondió:

-          “¡No sé! Debe ser porque tenés alguna nota baja en el colegio.”

Lauri, entonces, suspiró y sonrió.

Ingresamos a Brasil, y el resto del día lo dedicamos a descansar en la piscina del hotel. Pero, a la mañana siguiente, junto con Alan y las chicas, salí temprano con el fin de que conocieran el Parque das Aves, algo imperdible en esa región subtropical.

Lo interesante del predio era que, además de la presencia de gran cantidad de aves, autóctonas y foráneas, y algunos reptiles, se trataba de un área donde se preservaba la Mata Atlántica, en verdadera extinción por los grandes desmontes generados por el avance del sector agropecuario, en especial, del cultivo de soja.

 

Un auténtico mariposario abierto

 

 

Aves de diferentes tamaños y colores se encontraban allí. Algunas en libertad absoluta, y otras, en enormes jaulas donde podíamos ingresar los visitantes.

Entre las más ruidosas estaban la Maitaca o Loro de Cabeza Azul (Pionus menstruus), y la Cotorra Monje o Cotorrita Verdigrís (Myiopsitta monachus), que se caracterizaban por emitir fuertes y agudos gritos. Sin embargo, podían balbucear algunas palabras cuando se las domesticaba y se las integraba a un grupo familiar. Poco mordedoras, juguetonas, fáciles de entrenar, amaban el contacto con el hombre, y gustaban de ser acariciadas.

 

Maitaca de cabeza azul

 

 

Cotorra Monje o Cotorrita Verdigrís

 

 

Por su penacho llamó la atención de las chicas la grulla coronada (Balearica regulorum), un ave de origen africano que habita en pantanos alimentándose de grandes insectos, ranas y sapos, aunque gusta, además, de cereales y otros vegetales. El vuelo es pesado con el cuello y las patas algo caídos, y, a pesar de su tamaño, se caracteriza por descansar en los árboles.

 

Grulla coronada

 

 

Pero, sin duda, las aves más elegantes eran los flamencos mayores (Phoenicopterus), que requieren de un hábitat acuático de escasa profundidad, donde puedan alimentarse de algas y crustáceos. Para eso cuentan con sus picos curvos, que mediante filtración le permiten separar el barro de la comida.

 

Los elegantes flamencos

 

 

En el estado de Paraná, que era donde nos encontrábamos, se contaba con la creación del APAs (Áreas de Preservación Ambiental), apoyadas por una legislación rígida y fiscalización intensiva con la intención de frenar la destrucción forestal. Y ese remanente de vegetación mantenía un alto nivel de biodiversidad, con presencia florística tal como las bromelias y las orquídeas.

 

Hermosas flores se destacaban en medio de infinidad de verdes

 

 

Una de las aves que constituía una gran atracción entre los turistas era el Mutum do Sudeste o pavón piquirrojo (Crax blumenbachii), una especie de ave galliforme que habita bosques o áreas cercanas a cursos de agua. Se alimenta de frutos, semillas, hojas y pequeños invertebrados. Y se encontraba en peligro de extinción debido a la destrucción de su hábitat.

 

Mutum do Sudeste, un ave en vías de extinción

 

 

Dos ejemplares de Mutum do Sudeste

 

 

Por no sentirse atacado era evidente su mansedumbre, por lo que posaba junto a los humanos quienes tomaban gran cantidad de fotografías. Por esa razón hicimos una fila para hacer lo propio; pero cuando mis nietas se acercaron, el animal giró sobre sí mismo y… ¡defecó sobre la pierna de Laurita!

 

Mutum do Sudeste posando para los visitantes

 

 

Mutum do Sudeste después de defecar sobre la pierna de Laurita

 

 

La Mata Atlántica, originalmente cubría una extensión de 1290692,46 km2, de los cuales en 2017 quedaba sólo el 7,3%. Y se caracterizaba por la diversidad de ecosistemas que le permitían contar con más de un millón y medio de especies. En el estado de Paraná el bioma predominante consistía en un bosque subtropical.

 

Árboles elevándose en busca de la luz solar

 

 

Los rayos del sol penetrando en el bosque

 

 

Los ranfástidos (Ramphastidae), conocidos vulgarmente como tucanes, albergaban seis géneros y cuarenta y dos especies diferentes, siendo el de mayor tamaño el Ramphastos toco, que era el que se presentaba ante nuestros ojos.

Su hábitat son las selvas húmedas donde puede abastecerse de fruta, que es su principal alimento, además de semillas, insectos, pequeñas lagartijas, pichones y huevos de otras aves. Se trata de un ave monógama y durante el cortejo es común que se entreguen al juego de intercambiarse palitos y comida mediante el enorme pico.

Si bien se considera que sus enemigos naturales son el jaguar, el coatí, algunas serpientes y águilas, el verdadero depredador ha sido el Hombre, a partir de la caza y la destrucción de los ecosistemas en los que habita, tanto por deforestación, contaminación ambiental, crecimiento de zonas urbanas y biopiratería. Actualmente, en algunos países constituye un delito tenerlo como mascota o comerciar con él.

 

Tucanes en las ramas de los árboles

 

 

Laurita captando imágenes de las aves

 

 

Enorme jaula donde ingresamos los visitantes

 

 

Un tucán toco posando para nosotros

 

 

Continuamos caminando por el parque hasta llegar a un sitio donde se encontraban algunos reptiles como yacarés y tortugas.

El caimán yacaré, si bien genera temor en quienes se le acercan, no es agresivo hacia el humano salvo en caso de autodefensa o hambre extrema. Y justamente, tiene ese comportamiento por lo vago que es para conseguir alimento, ya que espera con la boca abierta a sus víctimas para tragarlas sin más. Por eso prefiere caracoles y otros moluscos y crustáceos, además de peces, evitando otros reptiles y mamíferos pequeños que le signifiquen un mayor esfuerzo.

Las causas fundamentales de su intensa reducción han sido la caza para la industria del cuero, la captura para el tráfico de mascotas, el consumo de huevos por parte de los pobladores locales y la disminución de los humedales.

 

Admirando la biodiversidad del lugar

 

 

Yacarés y tortugas

 

 

Si bien el recorrido era apasionante, y a cada paso había algo para admirar, en determinado momento nos tomamos unos minutos de descanso, disfrutando mientras tanto, de la naturaleza en todo su esplendor.

 

Con Melina y Laurita durante el descanso del recorrido

 

 

Alan, Melina y Laurita a la sombra de la exuberante vegetación

 

 

Continuamos yendo y viniendo por los senderos, mientras observábamos lianas, más aves y plantas higrófilas por cuyas enormes hojas se favorecía la evapotranspiración.

 

Enormes lianas en el bosque

 

 

Cotorra cabeza abajo

 

 

Enormes hojas de plantas higrófilas

 

 

Volvimos a ingresar a una gran jaula donde se encontraban los guacamayos o araras. Los había rojos y azules y volaban de un lado al otro en forma permanente. Nos parecían hermosos, pero permanecimos poco tiempo por temor a que sus excrementos cayeran sobre nuestras cabezas.

 

Nido en la altura

 

 

Dentro de la jaula de los guacamayos

 

 

Casales de guacamayos sobre nuestras cabezas

 

 

Guacamayo o arara azul

 

 

Casal de guacamayos o araras azules

 

 

Otro animal que llamó la atención de Laurita y Melina fue el casuario común, de plumaje negro con cabeza azul y cuello rojo. Se trataba de un ave solitaria no voladora que contaba con una protuberancia ósea sobre la cabeza, llamada casco, que le daba protección al desplazarse en medio de la selva, donde se alimentaba de frutas caídas, hongos y pequeños animales. La hembra se podía aparear con varios machos, armando una nidada con cada uno de ellos. Ponía los huevos en un lecho de hojas en el suelo boscoso y el macho se encargaba de la incubación.

 

Casuario común, habitante de selvas tropicales

 

 

Laurita y Melina frente a la jaula del casuario común

 

 

Casuario común

 

 

Antes de finalizar el paseo las chicas quisieron tomarse una foto junto a un yacaré artificial que lanzaba agua por su boca, pero no se percataron de que cerca de ellas se encontraba uno verdadero.

 

Melina, Laurita y los yacarés

 

 

Toda la mañana habíamos andado deambulando entre plantas y animales. Habíamos disfrutado y aprendido mucho, pero, ya pasado el mediodía, necesitábamos algo más que el goce de la naturaleza, por lo que, dentro mismo del Parque das Aves, nos dispusimos a tener un opíparo almuerzo.

 

Con Melina y Laurita durante el almuerzo

 

 

Ana María Liberali

 




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