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Asunto:NoticiasdelCeHu 280/17 - Los parques industriales en la reestructuraci ón territorial de la Región Metropolitana de Buenos Aires
Fecha:Sabado, 12 de Agosto, 2017  21:38:40 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 280/17
 

 

II CONGRESO DE GEOGRAFÍA ECONÓMICA

La Nueva Geografía del Capitalismo

 

Mar del Plata – Argentina

 

28 al 30 de junio de 2017

 


 

Los parques industriales en la reestructuración TERRITORIAL DE la Región Metropolitana de Buenos Aires.

El desempeño del Parque Industrial Pilar entre 1991 y 2007

 

Luis E. Briano

 Lic. en Geografía (UBA) y Mg. en Sociología Económica (IDAES-UNSAM)

Universidad Nacional de Tres de Febrero, Caseros, Prov. de Buenos Aires, Argentina

Federico J. Fritzsche

 Prof. en Geografía (UBA)

Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Los Polvorines, Prov. de Buenos Aires

 

 

Resumen

Desde comienzos de la década de 1990, en la Argentina se produjeron dos fenómenos que alteraron el patrón de localización industrial. Por un lado, se revirtió el proceso de desconcentración que había experimentado la actividad industrial durante la década anterior, al quedar fuera de vigencia los regímenes de promoción industrial, y por el otro, a escala de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA), se advierte en su periferia –de la mano de la sociedad entre el Estado y el capital privado–, una tendencia a la proliferación de emprendimientos urbanísticos privados y la radicación de numerosas empresas industriales. Esta tendencia contribuyó a generar nuevos centros de actividad posibilitando el surgimiento un tipo de metropolización difusa o policéntrica, favorecida por el reacondicionamiento de la infraestructura de transportes y comunicaciones, la diferencia de los precios de la tierra con respecto a los de las áreas centrales y la necesidad, por parte de la industria, de superar los conflictos surgidos entre los distintos usos del suelo y de dar respuesta a las nuevas demandas organizacionales de las firmas. A su vez, este resurgimiento del protagonismo de algunas zonas de la RMBA (preferentemente las áreas de influencia del Acceso Norte: ramales Campana, Pilar y Tigre) se sustenta, fundamentalmente, en la conformación y desarrollo del MERCOSUR.

Simultáneamente y desde una perspectiva macroeconómica, la promulgación de la Ley de Convertibilidad en 1991 y la puesta en práctica de un conjunto de políticas neoliberales, que a la par de profundizar la tendencia a la desindustrialización –iniciada en 1976– implicó la aplicación de incentivos en diversas políticas sectoriales, en un contexto de creciente alineamiento con la economía internacional. Estas medidas posibilitaron la concreción de las condiciones necesarias para el arribo de un considerable volumen –en términos relativos– de inversión extranjera directa (IED). Estos capitales se dirigieron, preferentemente, hacia las empresas públicas privatizadas, el sector servicios y algunos segmentos privilegiados de la industria manufacturera (Azpiazu, Basualdo y Schorr, 2001).

La conjunción de estos procesos –la reconcentración industrial en la RMBA, a nivel nacional; la periferización industrial a escala de la RMBA, la llegada a Argentina de IED industrial y la alianza entre el Estado y el capital privado– favoreció la concreción de numerosas inversiones industriales en las áreas antes mencionadas de la periferia de la RMBA y muy especialmente en el Parque Industrial Pilar (PIP), que sufrió un crecimiento notable y repentino de su ocupación (Briano y Fritzsche, 2011).

En el actual contexto en el que se desenvuelve la economía mundial, el espacio geográfico se presenta cada vez más fraccionado por las actividades económicas, produciéndose un intenso proceso de especialización territorial, que da como resultado una disociación espacial de la producción, el consumo y la industria con respecto al uso residencial del suelo, generándose transformaciones en los esquemas tradicionales de localización de las distintas actividades, especialmente en las metrópolis (Méndez y Caravaca, 1996).

De esta manera, se asocia al parque industrial a un conjunto más amplio de regulaciones del suelo que tiende a diferenciar territorialmente a las funciones urbanas. Esta diferenciación se manifiesta en una gran segregación del territorio cuya principal característica es la consolidación de espacios autocontenidos (tanto en el ámbito residencial como en el industrial y el de consumo), tal como se observa en la morfología de los barrios privados o cerrados, clubes de campo, countries, parques industriales, shopping centers, hipermercados y centros de entretenimientos y espectáculos. Estas nuevas formas de organización del espacio urbano fueron introducidas en el ámbito de la RMBA, principalmente, por el accionar del capital global (Briano, Fritzsche y Vio, 2003).

En la RMBA, los parques industriales adquirieron auge en la década de 1990 a partir de dos iniciativas. Por un lado, desde el sector público, como un intento deliberado de reordenar territorialmente la actividad industrial y, en especial, de promover la atracción de actividades productivas en aquellos territorios menos industrializados, a fin de incentivar el desarrollo local. Por otra parte, desde la inversión privada, se consolidaron como un negocio inmobiliario novedoso, que prometía ganancias interesantes, basadas en el creciente cuestionamiento a la actividad industrial en zonas de predominio residencial del suelo, en un marco de acentuada polarización de los precios de la tierra. En este contexto, dicho auge fue, predominantemente, fruto del creciente valor simbólico alcanzado por el notable desarrollo del PIP (Briano, Fritzsche y Vio, 2003).

Los antecedentes de parques industriales en el ámbito metropolitano de Buenos Aires se remontan a 1969 con la inauguración del Centro Industrial Parque Oks, en la localidad de Garín, Partido de Escobar, y a 1973, con la puesta en marcha del PIP, de mucha mayor extensión que el anterior, ambos llevados a cabo por la empresa Lago Verde S.A. Mientras que el primero completó su capacidad en una década, la maduración del PIP resultó bastante lenta, hasta tomar un notable impulso durante la década de 1990, como sitio de implantación selectiva del capital global, al restablecerse las condiciones de competencia interterritorial más igualitarias a escala nacional. Sin embargo y a pesar de estas dos experiencias, el desarrollo de la oferta de parques industriales en la RMBA puede considerarse tardío en relación con el de la totalidad del territorio nacional.

Los primeros proyectos de parques en Argentina datan de las décadas de 1950 y 1960, aunque en la mayoría de los casos sufrieron atrasos de años y hasta de décadas en sus puestas en marcha. En 1980 se pusieron en funcionamiento una serie de parques industriales, se poblaron de plantas parques que durante años estuvieron inactivos como los de La Rioja y San Juan, y surgieron nuevos proyectos de parques y otras aglomeraciones industriales, estimulados por políticas de promoción industrial regional (Borello, 1998). A mediados de la década de 1990, existían alrededor de 200 aglomeraciones industriales planificadas, localizadas mayoritariamente en provincias con trayectorias industriales breves: San Luis, La Rioja, Tierra del Fuego, Chubut y Entre Ríos.

Los parques industriales surgieron en provincias promocionadas con escaso o nulo recorrido industrial, ya que el mercado de inmuebles industriales no pudo dar respuesta a proyectos de tal envergadura, generados tan velozmente; mientras que los parques en Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza eran marginales (Borello, 1998).

En este sentido, el Partido de Pilar es, desde hace varias décadas, el escenario de un conjunto de transformaciones territoriales en diversos ámbitos (urbano, periurbano y rural). Entre ellas, cabe mencionar: la proliferación de emprendimientos inmobiliarios en una magnitud inédita en la Argentina, el crecimiento de urbanizaciones populares segregadas, el surgimiento de una nueva centralidad urbana, el desarrollo de una actividad industrial de gran dinamismo, la recuperación y consolidación de la horticultura intensiva y la implantación y mejoramiento de la infraestructura de transporte y comunicaciones (Briano y Fritzsche, 2010).

El PIP fue inaugurado en 1973 y aunque durante los primeros años de actividad se realizaron ventas de lotes a grandes empresas, en la década de 1980 la radicación de firmas descendió significativamente. A partir de 1991 (60 plantas industriales) experimentó una notable aceleración tanto en la venta de lotes como en la radicación de fábricas (1999, 117 plantas). Posteriormente, después del período de la crisis de 2001-2002 (2002, 123 plantas), el PIP recobró su ímpetu anterior, alcanzando las 171 empresas radicadas, a fines de 2007 (Briano, 2015).

Además, el éxito del negocio inmobiliario de lotes industriales en el PIP, está propiciando la propagación de la actividad con la concreción de varios proyectos de parques tecnológicos e industriales en el Partido de Pilar, como el Parque Industrial Pilarica (especializado en PyMEs, adyacente al PIP) y el Parque Tecnológico de la Universidad Austral, ubicado en la localidad de Derqui.    

Esta conjunción ha convertido al PIP en el factor de mayor agilidad y principal referente de la actividad industrial en la región, tanto para los gobiernos locales –por la imagen de modernidad y progreso que aglomeraciones industriales semejantes brindarían a sus municipios– como para la actividad industrial, viabilizada por los distintos actores (el Estado, el capital industrial –local y extranjero– y los desarrolladores inmobiliarios industriales).

Si bien el proyecto de su construcción se remonta a 1969 y su inauguración a 1973, el PIP adquiere su carácter paradigmático –como una nueva modalidad de implantación de la industria en el territorio– recién a partir de las nuevas condiciones macroeconómicas impuestas por las políticas neoliberales y la convertibilidad, que permitieron el desarrollo de nuevos factores de localización, posibilitando a algunas empresas –mayoritariamente grandes y/o trasnacionales– instalarse en el PIP como forma de adopción de estrategias para sobrellevar el proceso desindustrializador o atraídas por las potenciales ganancias que se generararon en el mercado interno, gracias al tipo de cambio fijado por la convertibilidad (Briano y Fritzsche, 2011).

El marco teórico de este trabajo se basa en la crítica a la noción de eficiencia socioeconómica neoliberal, estructurada a partir del concepto de la mano invisible del mercado. Dicha crítica se sustenta en la plena vigencia del proceso de acumulación por desposesión, que junto a la reproducción ampliada del capital constituyen la acumulación del capital como proceso histórico. Esta dualidad radica en la necesidad de contrarrestar la tendencia a las crisis de hiperacumulación del capitalismo (Harvey, 2001).

Existe hiperacumulación cuando excedentes de capital y fuerza de trabajo permanecen ociosos sin que surjan posibilidades rentables. Lo que viabiliza la acumulación por desposesión es la liberación de un conjunto de activos devaluados por medio de una crisis, que son apoderados por el capital sobreacumulado y llevados inmediatamente a un uso rentable. Las crisis son organizadas, gestionadas y controladas para racionalizar el sistema, por medio de los programas de austeridad administrados por el Estado Neoliberal y el sistema financiero internacional (Harvey, 2003).

Creemos que esta tendencia recurrente a las crisis de hiperacumulación está en la base de la ineficiencia socioeconómica del capitalismo, que también se manifiesta en las transformaciones territoriales urbanas (Briano y Fritzsche, 2012). La tendencia a la disminución de las barreras espaciales, a escala global, posibilita al capital aprovechar las cualidades específicas de los espacios, intensificándose la competencia entre las distintas comunidades del mundo. Esto implica estrategias competitivas localizadas y una elevada conciencia de lo que otorga a un lugar un carácter especial y una ventaja competitiva, ya que el auge del neoliberalismo impulsa, especialmente en los países subdesarrollados, la realización de transformaciones para que los espacios resulten más atractivos para el capital global de gran movilidad. Así, los gobiernos locales pueden implementar políticas de control de la mano de obra, mejora de las capacitaciones, desarrollo y modernización de infraestructuras, políticas impositivas de regulación estatal, y promover el desarrollo de un espacio particular. Resulta evidente que este nuevo ciclo de compresión espacio-temporal, al mismo tiempo que genera una alta dosis de destrucción, ofrece posibilidades de supervivencia a lugares específicos o proporciona soluciones al problema de la hiperacumulación (Harvey, 1990).

A escala local, el crecimiento de las ciudades y el proceso de metropolización se encuentran en estrecha relación con el desarrollo del capitalismo globalizado, de modo que la generación de brechas, desigualdades, y contradicciones socio-económicas y territoriales, surgidas en los procesos competitivos de atracción de capitales, influyen en las regiones metropolitanas.

En este sentido, las ciudades son a la reproducción de la fuerza de trabajo lo que las empresas al proceso productivo. Lo urbano se caracteriza por el consumo colectivo de bienes y servicios que son directa o indirectamente producidos o administrados por el Estado (Lencioni, 2007). Además, la urbanización produce y reproduce las condiciones generales de la producción, que están integradas por un conjunto de infraestructuras físicas necesarias a la producción y los transportes, una reserva de mano de obra donde la fuerza de trabajo se reproduce y un conjunto de empresas capitalistas privadas. Además, en la ciudad se produce la articulación espacial no planificada de todos estos elementos que constituyen cada uno un valor de uso simple, generando un valor de uso complejo. Esto último no es sólo la suma de los valores de uso simples, sino, además, una dimensión propia de la ciudad, que favorece la reproducción ampliada del capital, otorgándole una ganancia adicional que proviene de los efectos útiles de aglomeración (Topalov, 1979).

Mientras que el Estado de Bienestar se dedicó a crear las condiciones generales para la producción capitalista, lo cual incluía la producción de ciudad; el Estado Neoliberal tiene como prioridad, desde mediados de la década de 1970, garantizar las condiciones para la acumulación capitalista en la ciudad y propiciar su marco legal-normativo, cuya producción queda, fundamentalmente, en manos de los agentes privados. Este cambio de funcionamiento se inscribe en un conjunto más amplio de políticas neoliberales diseñadas por los organismos internacionales de crédito para ser aplicadas en los países subdesarrollados.

De este modo, las operaciones privadas se apropiaron de la planificación urbana, en un intento de producir condiciones territoriales para satisfacer necesidades particulares. Simultáneamente a la privatización de los bienes y servicios públicos, se asistió a la privatización de la planificación regional metropolitana que traspasó las fronteras de las urbanizaciones cerradas, maximizando los beneficios de la inversión privada sobre los bienes públicos privatizados. Es así que puede identificarse una lógica regional-privada, que comprendió los beneficios de concentrar inversiones sobre algunos ejes territoriales, para apropiarse luego de los incrementos de las rentas diferenciales de tierras que mientras fueron zonas residenciales de los sectores populares, gozaban de escaso valor (Vio, 2009).

Así, el parque industrial, también implica un cierto modo de estructuración espacial, cuyos objetivos principales apuntan a la reducción de los costos de inversión (suelo, infraestructura) y servicios comunes, el surgimiento y densificación de redes de empresas (encadenamientos productivos, subcontratación), el incremento de eficiencia de las fábricas (debido a la optimización del diseño y el acrecentamiento de la especialización) y al aumento de la eficacia de la logística y los transportes, por medio de la disminución de los conflictos ocasionados por la superposición de distintos usos del suelo (reducción de la fricción del flujo en la circulación). En definitiva, una estrategia espacial para acelerar el tiempo de rotación del capital en la producción y especialmente en la circulación. Su localización en las zonas periféricas urbanas, donde se accede a suelo más barato, es viable gracias a la reducción de las barreras espaciales, materializada por las autopistas y vías rápidas de acceso que lo comunican rápidamente con los centros urbanos.

Los parques industriales pueden aportar a la circulación de la información y los conocimientos codificados explícitos y tácitos, generando progresivamente vínculos de cooperación entre las firmas, propiciando la competitividad sistémica (Moori Koenig y Yoguel, 1995) del conjunto, que va más allá de la producción de las externalidades. En este sentido, puede contribuir a una mayor fertilidad del territorio (de Mattos, 1997), estimulando la atracción de inversiones a la región sobre la que el parque industrial tiene influencia (Fritzsche, 2007). El “parque industrial” se considera como una forma de organización espacial eficiente, en un contexto de disminución de las barreras espaciales, con el fin de acelerar el tiempo de rotación del capital.

 

Bibliografía citada

Azpiazu, Daniel, Basualdo, Eduardo y Schorr, Martín (2001) La industria argentina durante los años noventa: profundización y consolidación de los rasgos centrales de la dinámica sectorial post-sustitutiva. FLACSO, Buenos Aires.

Borello, José (1998) “El parque industrial en el mercado de propiedades industriales: Perspectivas sobre la localización de la industria argentina”. UNGS, San Miguel.

Briano, Luis Esteban (2015) La expansión y la consolidación del Parque Industrial Pilar en un contexto de reestructuración heterogénea del sector industrial argentino (1991–2007). Tesis de Maestría en Sociología Económica (IDAES-UNSAM), Buenos Aires.

Briano, Luis, E. y Fritzsche, Federico Javier (2010) “La producción del espacio urbano durante el auge del neoliberalismo. Sus manifestaciones en Pilar, en el Periurbano de Buenos Aires. En Scripta Nova, v. XIV, n. 331 (35), Barcelona.

––– (2011) “La dinámica industrial y el proceso de expansión de la ciudad. El caso de Pilar, en el periurbano de Buenos Aires”. En Portal IADE/Realidad Económica, Buenos Aires.

––– (2012) “La ineficiencia del capitalismo neoliberal y el proceso de expansión de la ciudad. Sus despliegues en Pilar, periurbano de Buenos Aires”. En 12ma Conferencia Internacional Karl Polanyi. UNGS, Los Polvorines.

Briano, Luis, Fritzsche, Federico J. y Vio, Marcela (2003) “El lugar de la industria. Los parques industriales en la reestructuración productiva y territorial de la Región Metropolitana de Buenos Aires”. En EURE, v. 29, n. 86, Santiago de Chile.

De Mattos, Carlos (1997) “Dinámica económica globalizada y transformación metropolitana: hacia un planeta de archipiélagos urbanos”. En 6º Encuentro de Geógrafos de América Latina. UBA, Buenos Aires.

Fritzsche, F. (2007) “Firmas y territorio, ¿quién organiza a quién? Una discusión sobre los conceptos de red, trama y espacio productivo metropolitano”. En Estudios Socioterritoriales. Año VI, n. 6. UNICEN, Tandil.

Harvey, David (1990) La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural. Amorrortu, Buenos Aires, 1998.

––– (2001) Espacios del capital; hacia una geografía crítica. Akal, Madrid, 2007.

––– (2003) El nuevo imperialismo, Akal, Madrid, 2004.

Lencioni, Sandra (2007) “Condições gerais de produção: um conceito a ser recuperado para la compreensão das desigualdades de desenvolvimento regional”. En Scripta Nova, v. 11, n. 245, Barcelona.

Méndez, Ricardo y Caravaca, Inmaculada (1996) Organización Industrial y Territorio. Síntesis, Madrid.

Moori Koenig, Virginia y Yoguel, Gabriel (1995) “Perfil de la inserción externa y conducta exportadora de las pequeñas y medianas empresas industriales argentinas”. Documento de Trabajo n. 65. CEPAL, Buenos Aires.

Topalov, Christian (1979) La urbanización capitalista. Algunos elementos para su análisis. Edicol, México.

Vio, Marcela (2009) “Política habitacional y producción de la Ciudad Metropolitana. Análisis de las contribuciones del Programa Federal de Construcción de Vivienda al desarrollo urbano de los partidos de la Región Metropolitana de Buenos Aires” UNGS, Los Polvorines.

 

 

 


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