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Asunto:NoticiasdelCeHu 309/08 - Colonialismo ¿un tema del pasado?
Fecha:Domingo, 31 de Agosto, 2008  16:17:53 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 309/08
 

Colonialismo ¿un tema del pasado?

(Primera parte)

                                                                  Alfredo César Dachary

 

Cuando empezó el proceso de descolonización de África y Asia, que también llegó a los países del Caribe, en América se pensaba que la colonización, el proceso iniciado en la segunda parte del siglo XIX por Europa, llegaba a su fin.

La terminación de la segunda guerra mundial fue el final de los grandes estados coloniales desde Francia a Bélgica, pasando por Portugal, Alemania e Inglaterra.

La independencia de los países africanos, asiáticos y del Caribe se dio a partir de luchas sociales y, en otros casos, armados, y la herencia colonial de estos países fue estados inviables por la forma de organización y los grandes conflictos internos.

Si a ello le sumamos el hecho que al sur del Sahara, los ingleses lograron sacar de la producción dos millones de hectáreas, a fin de poder crear los grandes parques nacionales africanos, zona de los grandes animales de caza y de los pueblos originarios, estos últimos expulsados por el neocolonialismo y los grupos conservacionistas.

Esto significa que además de haber dejado destruido el continente han sacado el 8.2% de la superficie de la circulación económica y en algunos países estos parques han significado un desmembramiento del país, como Tanzania, ex colonia Británica que tiene el 40% de sus tierras en conservación, Zambia el 30% y Rwanda el 17%.

Pero nada es casual, lo que en un tiempo tuvo un significado hoy lo tiene diferente aunque los actores estén en el mismo grupo social, ayer los señores feudales tenían grandes reservas de bosques para la caza y a comienzos del siglo XX la nobleza británica funda la Sociedad para la Preservación de la Fauna Salvaje del Imperio, que al caer el mismo se transformó en la Sociedad para la Preservación de la Flora y la Fauna, y más adelante sería la base de donde emergen la World Wildlife Foundation (WWF) y The International Union for Conservation of Nature (IUCN).

La nobleza inglesa tenía una larga tradición de los cotos de caza y de allí surgen Sir Thomas Stanford Raffles, ex virrey de la India, que funda en 1826 la Sociedad Zoológica de Londres y cuatro años después en 1830 se crea la famosa Sociedad Geográfica de Londres, patrocinadora de los famosos viajes de Levingstone y Sir Richard Francis Burton en el África, “espías científicos” para el imperio que se venía.

Pero el tema de grandes áreas de territorio controlado por estos nuevos organismos internacionales desde la WWF a The Nature Conservancy, entre los más conocidos, no se queda en África, sino que permea al Asia, donde se han movido pueblos enteros para la creación de grandes áreas protegidas en Filipinas e Indonesia, entre los significativos, y ahora desembarcan en América.

Pero esta nueva situación no ha pasado desapercibida por las sociedades y los grupos pensantes de los países principalmente del cono sur que ven cada vez con más temor el proceso de venta masiva de los territorios naturales, en zonas estratégicas y en medidas impensables a extranjeros, que deciden cambiar usos y destinos de los mismos.

Entre los críticos figura una larga lista de académicos y políticos, desde el libro clásico de Tibaldi Ettore a Ferry Luc, en medio de una extensa lista de críticos a ciertos enfoques del ecologismo fundamentalista.

En América del Sur se ha publicado un texto muy interesante, polémico y provocador que el autor Jorge Orduna ha titulado como “Ecofascismo” y el cual define al trabajo como un análisis de la cuestión ecológica en el mundo de las relaciones internacionales.

En realidad, el libro va más allá de ser un trabajo que marque un nuevo rumbo en las relaciones internacionales porque aparecen nuevos actores y nuevos temas y como ya se había dicho, a comienzos del siglo XXI las nuevas guerras son por el agua.

En la década actual, Douglas Tompkins comienza a ser conocido por sus grandes campos en América del Sur, comenzado en Chile con 276,000 hectáreas a nombre de una Fundación ecológica denominada Land Trust, la cual no le permite al gobierno chileno terminar una carretera fundamental hacia el sur por los impactos, con lo que un extranjero a nombre de la ecología dictamina el destino geopolítico de un país, algo que en Estados Unidos le costaría la cárcel como enemigo de la nación, pero en el sur, “la colonia” eso se permite.

El escándalo del acaparamiento de tierras “para conservar” estalló cuando pasó a controlar grandes latifundios en el sur argentino y luego a comprar en la frontera con Brasil en el denominado Estero del Iberá, el corazón de la mayor reserva de agua dulce de America, el Acuífero Guaraní, varios miles de hectáreas.

Su esposa Kristine McDivitt se asoció con Yvon Chouinard, directivo de Conservation International y otro de los grandes latifundistas en la Patagonia, nombre que se apropiaron para una marca de ropa sport y deportiva.

A través de la Fundación Patagonia compraron la Estancia El Sol de 21,800 has, El Rincón 14,170 has, Dor Aike 33,000 has y Monte León con 61,270 has. Las adquisiciones se hicieron para ser donadas a una fundación con lo cual los impuestos se reducen.

Estas son algunas de las cifras que plantea Orduna, pero en diferentes trabajos de denuncia se hablan de muchas más, la mayoría en zonas de frontera como lo son Misiones y Formosa, en el norte de Argentina, dos áreas muy apreciadas por estos nuevos actores de geopolítica mundial.

Esta situación se da en toda América, de manera más descarada en el sur, incluido Paraguay, en donde la mitad del país ya está en manos extranjeras y se calcula que 15% del territorio argentino, desde campos a zonas mineras también está acaparado por los extranjeros, los nuevos colonizadores, que esta vez vienen a poblar pero expulsando a los nacionales.

En Ecuador, la Fundación Natura una de las caras de la WWF, controla pueblos y regiones además de grupos de dirigentes indígenas con los que pretende incentivar el regionalismo mientras destruyen a través del turismo masivo al Archipiélago de las Galápagos controlado por la Fundación Charles Darwin, también un brazo operador de la WWF.

En México hay ejemplos significativos, aunque hay grandes limitaciones para las propiedades rurales en manos de extranjeros, éstas han sido claramente subvertidas y un ejemplo de ello lo es la costa de Jalisco donde cerca del 20% está en propiedad de europeos encabezados por los descendientes de Goldsmith, un gran financiador de la ecología y un empresario de una historia muy discutida.

Hoy los grandes parques y regiones en conservación están operados por una nueva clase de agentes, antes fue el Instituto Linguístico de Verano, hoy son las ONG´s verdes, que son los nuevos agentes de estas corporaciones mundiales que pretenden no sólo controlar grandes áreas de tierras en el mundo, sino reducir la población para recuperar el equilibrio.

Pero la batalla por los parques y zonas de conservación no ha terminado, hoy toma nuevos bríos con los parques de la paz, o sea, las zonas binacionales que entran a ser transformadas en áreas de conservación en lugares estratégicos como lo son las fronteras.

En África, el parque que abarca terrenos en Botswana y Sudáfrica fue el primer “parque de la paz” nombre que se les ha dado a estas nuevas zonas de conservación bajo el control de las grandes organizaciones no gubernamentales.

En América ya hay varios casos, uno es en el punto tripartido de Guatemala, Honduras y El Salvador donde también se pretende hacer un parque de la paz y en el sur en la isla de Tierra del Fuego, Adriana Hoffman con apoyo de la WWF y el propio Tompkins, adquirió una vasta propiedad de 60,000 hectáreas que abarca ambos países, Chile y Argentina.

El objetivo es la conservación, el ecoturismo, en síntesis, realizar una macrozona de integración, que una ambos países en una frontera de alto nivel de conflictividad no sólo con Chile sino con Inglaterra, que ya ha sido aliado de Chile en la guerra de las Malvinas en 1982.

Los ejemplos cunden y cada día hay más, desde corredores biológicos que atraviesan países a zonas marinas compartidas como el Arrecife Mesoamericano, todas están en zona de frontera, son áreas de alto nivel de conflictividad y ciertas organizaciones ecologistas son las que administran y llevan adelante los planes de control de las mismas.

¿Estamos frente a un nuevo tipo de actores cuyas políticas van más allá de proteger al osito panda o a las pobres focas blancas que son sacrificadas en Canadá?

¿Qué hay atrás del discurso ecológico y de sus nuevas organizaciones que como las órdenes religiosas cada día presentan un mayor nivel de fundamentalismo y falta de análisis a fin de aplicar mecánicamente un ecologismo, que va más allá de la protección de las especies?

alfredocesar7@yahoo.com.mx