Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 8841 al 8860 
AsuntoAutor
256/07 - Argentina Noticias
257/07 - EL SALVAD Noticias
258/07 - NUEVO MAP Noticias
259/07 - Colombia Noticias
260/07 - La crisis Noticias
261/07 - Brasil - Noticias
262/07 - Sudán: Ba Noticias
263/07 - Outra Amé Noticias
264/07 - Argentina Noticias
265/07 - MENEZES, Noticias
266/07 - Bagdad se Noticias
Re: NoticiasdelCeH Laura Ce
267/07 - Cinco esc Noticias
269/07 - Cuatro añ Noticias
268/07 - Con la re Noticias
270/07 - II Encuen Noticias
274/07 - Bolivia - Noticias
273/07 - El Nuevo Noticias
272/07 - Reseña de Noticias
257/07 - Guerra y Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 9073     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 257/07 - EL SALVADOR: UN PAÍS FRÁGIL FRENTE A LAS CR ISIS (Jorge Vargas Méndez)
Fecha:Viernes, 16 de Marzo, 2007  23:02:10 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticiasdelcehu @..................ar>

NCeHu 257/07
 
 

EL SALVADOR: UN PAÍS FRÁGIL FRENTE A LAS CRISIS

Jorge Vargas Méndez
jvargasmendes@yahoo.com

El Periódoco Nuevo Enfoque
No.3 Segunda Época Segunda Quincena de Marzo 2007
Centroamérica, El Salvador, San Salvador 
 

Cuando a mediados de la década del setenta comenzaron a sonar los tambores de guerra civil en el país, también surgieron la preguntas sobre el tipo de escenario que se presentaría al agudizarse la crisis y, por supuesto, a dónde al final de cuentas terminaría todo aquello.

Una de las partes involucradas en el conflicto sostenía que entre las causas estaban la falta de democracia, la explotación laboral y la extrema pobreza en que vivía la mayoría de la población salvadoreña; para la otra parte, en cambio, detrás de la efervescencia estaba la avanzada del comunismo internacional promovido desde Cuba, la entonces URSS y otros países más. En otras palabras, las causas tenían una explicación que variaba dependiendo del color del lente utilizado. Pero en suma, se trataba de un conflicto “de raíces estructurales profundas”, dicen algunas fuentes. Pero, ¿qué hay detrás de esta aseveración?

Las respuestas del futuro… suelen hallarse en el pasado

El acaparamiento de tierras por parte de pequeños grupos dominantes poscoloniales para dedicarlas al cultivo del añil, en un primer momento, y el aniquilamiento total de tierras ejidales y comunales para convertirlas en cafetales por decreto estatal de 1879, no hicieron más que preparar las condiciones sociales, económicas y políticas que exactamente un siglo después estaban detonando una guerra civil. Y los signos del agudo descontento que estaba fermentando aquella acumulación de tierras en pocas manos, se encuentran en conatos como el levantamiento indígena de 1833 y los subsiguientes en la misma zona nonualca; mucho después, en 1932, en los sucesos que culminaron con la masacre de miles de indígenas y campesinos en el occidente salvadoreño. Hoy se sabe perfectamente que cuando la población rural se quedó sin tierras para sus cultivos y comenzó el hambre a campear por esos rumbos, dio inicio el flujo migratorio hacia las ciudades del país, la región centroamericana e incluso EE. UU. Ya a finales de la década del veinte en Honduras se registraban entre 12 mil y 60 mil compatriotas. Incluso, en El Progreso, Tela y otras ciudades la población hondureña constituía la mitad del total de la comunidad salvadoreña, y había lugares que estaban poblados solo por compatriotas. ¿A cuánto ascendía el total de la emigración? Nunca se supo. Como tampoco se sabe a cuánto asciende la emigración actual. Pero eso sí, ya era alarmante.

El autor J. Alberto Herrera, en 1925, escribía: “La emigración salvadoreña es una corriente que se lleva brazos hacia otras tierras con grave peligro para la nación… Para encauzar la emigración salvadoreña es necesario e indispensable tomar todas las medidas que tienden al bienestar y mejoramiento de los salvadoreños en todos sentidos; ayudemos a aquellos que trabajan por nuestra patria; hagamos de éste una perenne felicidad y no un sufrimiento… Un gran número de emigrantes salvadoreños ayudan a los pueblos donde se radican. Emigran familias enteras que destruyen nuestra sociedad, abandonan sus trabajos en todos sentidos, restando de esta manera al país nuestras preciosas energías al desenvolvimiento patrio. Venden sus campos y hasta su amoroso y tierno hogar que por medio de sacrificios les fue legado por sus antecesores, y con el capital reunido, al partir lanzan un adiós a sus hermanos, profiriendo una maldición a nuestra patria. Tiempo es de dictar medidas enérgicas para contener esa avalancha, y toca de lleno a los dirigentes encauzar su marcha, para que de esta manera, la emigración nos resulte provechosa”.

Quien siembra vientos… cosecha tempestades

¿Obedecía aquel fenómeno migratorio a otras causas que no fueran económicas? Parece que no. El censo de 1930 revela que la mayoría de la población para entonces había sido proletarizada. Por ejemplo, el departamento de La Paz registraba una población total de 85,632 habitantes y de esa cantidad solamente 8,254 tenían alguna propiedad a su nombre, mientras que el resto no tenía nada como no fuera su fuerza de trabajo. Es decir, la tenencia de la tierra se concentraba en el 9.6% de la población total en es departamento. Fue esa situación la que empujó a mucha gente de la zona rural hacia las ciudades en busca de empleo para terminar, más temprano que tarde, fundiéndose en una masa obrera cada vez más grande y tumultuosa que empezó a demandar más empleo y mejores salarios, por lo que, en consecuencia, tenía que organizarse para luchar por sus reivindicaciones.

La proletarización era tan evidente que bajo la efímera gestión presidencial de Arturo Araujo, se intentaron algunas medidas paliativas. El 17 de mayo de 1930, un diario local publicaba: “El Ministerio de Gobernación, interpretando el sentir del Presidente de la República, ha girado instrucciones a los Gobernadores políticos para que busquen la manera de proporcionar tierra a los campesinos pobres para que trabajen adecuadamente”. En qué medida esa decisión aceleró el golpe de estado es otra cuestión, pero lo cierto es que la emigración campesina hacia las ciudades no se detuvo. En la capital, el diario ya citado, pero con fecha jueves 21 de mayo de 1936, decía: “La Municipalidad de San Salvador está desarrollando un programa para que vuelvan al campo las gentes que deslumbradas por la ciudad vienen sin preparación y alucinadas por las luces de la ciudad y luego padecen y se constituyen en problema para las autoridades”. En síntesis, la propia capital se convertía en una olla de presión que, al caldearse en un lapso de cuatro décadas, finalmente estallaría.

Nigeria y El Salvador:¿un parangón absurdo? Tal vez

El Salvador y Nigeria sólo tienen una cosa en común: la distancia que los separa, decía yo hasta hace poco y lo creía a pies juntillas. Nigeria, el país más poblado del continente africano, es un estado federal con 130 millones de habitantes pertenecientes a varios grupos étnicos que se distribuyen en un vasto territorio de 923,768 kilómetros cuadrados. Desde 1956, año en que brotó el primer chorro de oro negro en el Delta del Níger, su principal riqueza de exportación es el petróleo. En la actualidad, es el primer productor de petróleo en África y el sexto productor mundial.

Tras lograr su independencia (1960) varias empresas multinacionales, incluyendo algunas cuyos logotipos vemos a diario en calles y carreteras de países como el nuestro, comenzaron a explotar el apetecido líquido por lo que se vieron en la “necesidad” de transformar o, mejor dicho, de destruir el paisaje natural del Delta del Níger, llegando incluso a reubicar uno que otro asentamiento humano. Pero el resultado de ese proceso que incluyó perforación de pozos, instalación de miles de kilómetros de oleoductos, construcción de plantas de gas licuado, etc., no resultó nada benigno. Se alteraron los ecosistemas en selvas, ríos, manglares y lecho marino, y los bancos de peces desaparecieron. La mayoría del recurso pesquero se esfumó durante dicho proceso y otro tanto fue eliminado a pausas con los derrames constantes del oro negro que hoy en día continúan. En otras palabras: millares de familias de la costa sur nigeriana se quedaron sin alimentos y sin fuente de ingresos: Viven en chozas de paja, lámina o madera, sin electricidad, sin agua potable y sin esperanzas. Porque para colmo, el empleo que generó la industria petrolera fue para personas que viven fuera de las comunidades del Delta del Níger.

Hoy, con una exportación petrolera de 2.5 millones de barriles diarios, principalmente hacia EUA y la Unión Europea, Nigeria está al borde del colapso: la mayoría de su población sobrevive con menos de un dólar al día, la juventud organizada en pandillas se ha convertido en fuente de violencia, han surgido grupos armados rebeldes que amenazan con destruir esa industria, son frecuentes los secuestros y las extorsiones, la pobreza y la inseguridad pública están a la orden del día, etc. Y si esto hace que Nigeria y El Salvador se asemejen un poco, lo siguiente no deja dudas: Han aparecido funcionarios de gobierno con millones de dólares en bancos estadounidenses, con lujosas residencias en otros países y cuyos vástagos estudian en las mejores universidades del mundo. Tom O`Neill, periodista de la prestigiosa revista National Geographic, de cuyo artículo hemos tomado algunos datos, recogió testimonios en los que se afirma: “Vivíamos mejor antes del petróleo”. Y dice el periodista: Los responsables de esta falta de desarrollo son las empresas petroleras multinacionales y el gobierno.

Algunos elementos del escenario actual en El Salvador

La solución negociada del conflicto bélico en El Salvador supuso, al menos en la teoría de algunas dirigencias, un conjunto de acuerdos políticos que generarían condiciones para buscar la superación de las causas que originaron la guerra, pero lamentablemente después de 15 años los avances se limitan únicamente a las libertades políticas. En todo lo demás, al parecer, no hay nada. ¿En qué medida estará El Salvador entrando a una nueva crisis social, económica y política? Veamos algunos datos.

Desde la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, es decir desde hace quince años, en cifras aproximadas la violencia le ha quitado la vida a una cantidad de personas que equivale a cerca del total de muertes que dejó la guerra civil. Peor aun: hay quienes afirman que la cantidad acumulada supera a aquellas 75,000 muertes. Y eso es posible, pues sólo en los dos últimos años, 2005 y 2006, las cifras necroestadísticas se acercaron estrepitosamente a los 8,000 casos. Por otra parte, durante el mismo lapso (1992-2007) también se ha incrementado la emigración salvadoreña a tal punto que ha llegado a estimarse que unas 32,000 personas salen mensualmente del país, incluido un 30% de mujeres, con una deportación efectiva que en promedio ronda las 4,500 personas por mes.

Las causas del fenómeno migratorio y de la crisis que se respira y traspira en el ambiente, hoy como ayer, están en la falta de empleos con calidad; pero también, en la ausencia de oportunidades para emprender nuevos esfuerzos productivos que se conviertan en fuentes de empleo, en los altos niveles de desigualdad, el alto oleaje delincuencial y el rebrote de la confrontación política, entre otras. Todo ello agudizado por una desaceleración económica que principia en 1996, la pérdida de la rentabilidad agrícola y el desinterés por este rubro, la baja de los precios internacionales del café; y los estragos ocasionados por el huracán Mitch de 1998, los terremotos de 2001, la erupción del volcán de Santa Ana y la tormenta tropical Stan, ambos ocurridos a finales de 2005.

Esa crisis que se percibe y se retrata en 32 municipios con extrema pobreza severa, 68 con alta extrema pobreza, 82 con extrema pobreza moderada y 80 con baja extrema pobreza –según el Mapa de Pobreza del FISDL– por supuesto que contrasta con los lujosos centros comerciales que se han abierto en los últimos meses, con el aumento en ventas millonarias de vehículos de altísimo lujo, con la expansión de la banca salvadoreña en otros países de la región y con el crecimiento económico que supuestamente se está registrando, entre otros aspectos más. En otras palabras: parece que algo no se está haciendo bien, otra vez.

La misma fragilidad que se observa en otros países

Si en Nigeria alguien aún puede decir: “Vivíamos mejor antes del petróleo”, o sea antes de 1956, ciertamente aquí ya no sobrevive nadie de aquella inmensa mayoría afectada que pudiera decir: “Vivíamos mejor antes del café”, y mucho menos quien diga: “Vivíamos mejor cuando teníamos tierras”. Pero si las personas, instancias y grupos –a los que corresponde– actuaran con la seriedad del caso y con compromiso humano, social e histórico, antes que en función de intereses personales, de grupo o de agendas electoreras, es posible que la gente que se ubica en los enormes cinturones de pobreza a futuro llegue a decir: “Vivimos mejor después de la guerra” o “Mejoró la vida a inicios del siglo XXI”. Pero eso, hasta este momento, no se vislumbra.

Mas por el contrario, pulula la desigualdad, la exclusión social, la polarización política, el desempleo, la pobreza, que en conjunto no hacen más que atizar el fuego a problemas como delincuencia común, narcotráfico, secuestro, extorsión, accionar de las pandillas o maras, etc., fermentándose una situación que puede conducir a un conflicto bélico intergrupal de alcances nocivos inimaginables.

Ya está claro que esos síntomas alarmantes no afectan en exclusiva sólo a un grupo determinado del país, ni muchos menos discriminan el color de banderas políticas, tal como se ha puesto de manifiesto en las últimas semanas. Es una enorme nube borrascosa que, al igual que el cambio climático, pareciera que poco a poco está envolviendo al país mientras que, quienes siempre han podido hacerlo, solo toman a sus familias, trasladan sus emporios y capitales a otras naciones que les son más favorables y se marchan, mientras la clase dirigente continúa jugando a la política sin mayor seriedad, igual que ayer.

Paralelamente, una niña dice: “yo quiero ser vulcanóloga”, sueña, pero en su familia se siente el desempleo, la abstinencia; y, entre tanto, en la casa contigua una mujer llora inconsolable porque a su hijo, que aprendía carpintería, lo asesinaron unos “mareros”. Escenas como estas se registran a diario en El Salvador. Ciertamente es un país de contrastes, en todos los sentidos, y con una fragilidad frente a la crisis que lo asemeja a Nigeria y a muchos otros del planeta.