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Asunto:NoticiasdelCeHu 237/07 - La resolución pacífica del conflicto kurd o, tan cerca y tan lejos (Ana Villellas)
Fecha:Miercoles, 14 de Marzo, 2007  20:45:40 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticiasdelcehu @..................ar>

NCeHu 237/07
 
 

La resolución pacífica del conflicto kurdo, tan cerca y tan lejos
 
En el contexto del proceso de democratización y de reformas en que está embarcada Turquía, resulta llamativo que las élites del país no acepten el reto y la oportunidad de abordar el conflicto con las milicias del Partido de los Trabajadores del Kurdistán ahora que la situación es muy favorable, y, más ampliamente, la cuestión kurda ahora que los puentes se han visualizado.

 
Cumplidos cinco meses del anuncio de la tregua unilateral decretada por el grupo armado de oposición kurdo Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK; también llamado Congreso de la Libertad y la Democracia en Kurdistán o KADEK), el horizonte del conflicto kurdo resulta poco alentador. Pese a las oportunidades que ofrece el contexto actual de avanzar hacia una paz dialogada e inclusiva, se corre el riesgo de un rebrote de las tensiones y, sobre todo, de retrasar y complicar aún más la necesaria transformación de un conflicto que se mantiene abierto y que sigue cobrándose víctimas. Urge por tanto reflexionar sobre la etapa actual y visualizar las oportunidades y el reto de apoyar la construcción de la paz en Turquía. Paradójicamente, Turquía parece estar muy cerca y muy lejos del camino hacia la paz.

Reacciones a la tregua: esperanza y desconfianza

Tras más de dos décadas de enfrentamientos entre el gobierno turco y el PKK-KADEK y unas 37.000 víctimas mortales, no resulta extraño que el alto el fuego de octubre del 2006 generase esperanza y desconfianza. Pero mientras la esperanza -principalmente entre sectores civiles y políticos afines a la resolución de la cuestión kurda por vías pacíficas y democráticas- se ha diluido o no se ha sabido canalizar la ilusión del anuncio para aumentar su masa crítica y presionar a favor de una vía dialogada, la inicial desconfianza gubernamental y el automático rechazo del ejército –el gran poder a la sombra en el país- a la tregua han derivado en un rotundo caso omiso de la tregua y en una ofensiva activa contra el PKK en varios frentes, principalmente diplomático y militar.

En efecto, el ejército turco ha mantenido e incrementado su ofensiva militar contra el PKK en el sudeste del país, mientras el gobierno de Recep Tayyip Erdogan ha intensificado sus requerimientos a los Estados Unidos para que lo apoye en su lucha contra el PKK, con especial énfasis en la desarticulación de las bases del PKK en el norte de Irak, demanda también planteada a los líderes kurdos de Irak. Y aunque de momento sólo en el plano retórico, el ejército turco ya ha lanzado señales de que se reserva la posibilidad de atacar al PKK en el Kurdistán iraquí si sus planteamientos no son atendidos. Y pese a las hasta ahora aparentes reticencias estadounidenses sobre un compromiso práctico que dé respuesta a estas preocupaciones turcas –reticencias no ajenas a los temores de desestabilizar el norte de Irak, la zona más estable del país en el contexto del conflicto armado iraquí-, desde los Estados Unidos se incrementan las declaraciones que apuntan a la necesidad de un mayor apoyo a su aliado turco contra el PKK.

La tregua, por lo tanto, lejos de generar reacciones favorables al acercamiento y la negociación en el espectro político turco mayoritario y el poder militar, ha sido ignorada, alejando en cierta medida la ventana de oportunidad para la paz que un cese del fuego puede, si se dan determinadas condiciones, ofrecer. En ese sentido, la dinámica pasada de treguas infructuosas (1993, 1995, 1998, llamamientos al fin de la lucha armada del 2000, 2002, cese el fuego de agosto de 2005) ha empañado inevitablemente el último anuncio del PKK y sus posibilidades de éxito, con una etapa especialmente convulsa previa a la tregua de octubre. Directamente relacionado con estas experiencias fallidas, está el factor del histórico abismo entre las partes en conflicto, intensificado a su vez por la permeabilidad del discurso global de la “lucha contra el terrorismo” y su consiguiente receta de imposición frente a negociación. Pero sobre todo, el escenario actual de combinación de caso omiso a la tregua y ofensiva múltiple contra el PKK refleja la inercia enraizada de una lógica de tantos años de confrontación armada y la falta de voluntad política para renovar de contenido más inclusivo conceptos como los de seguridad e identidad.

De posturas antagónicas al acercamiento de las partes

Y sin embargo, la nueva tregua ofrecía, y ofrece aún, la posibilidad de abordar el conflicto de forma más constructiva que sus dinámicas de tradicional antagonismo. Porque las partes, aunque se perciban alejadas o ni siquiera se miren, están cerca, como también lo están, si se quiere, las vías para la paz. En ese sentido, resulta imprescindible visualizar el contexto actual en el marco de la evolución del conflicto.

Para el PKK, lo que ha estado y está en juego es la identidad kurda y el reconocimiento a los derechos y libertades del pueblo kurdo, abordado inicialmente desde una perspectiva de independencia territorial, con vistas a dotar de Estado al Kurdistán, y posteriormente desde una perspectiva de autogobierno dentro del Estado turco. Los sucesivos gobiernos turcos han tendido a conceptualizar el conflicto con el PKK en clave de lucha contra el terrorismo y de defensa de la integridad territorial del Estado ante la percepción de una amenaza desintegradora, negando la existencia de la cuestión kurda, aunque finalmente aceptándola como una realidad. En esta postura de conceptualización en clave antiterrorista, el Ejército ha desempeñado un papel clave, descartando siempre cualquier vía no militar en el conflicto, bajo el prisma de la defensa del Estado y en línea con su histórico papel de institución interventora en la política interna del país y garante de los principios kemalistas sobre los que se fundó la república turca, entre ellos el de nacionalismo.

No obstante, la presentación antagónica de las cuestiones irrenunciables -cuestión kurda e independencia frente a la unidad estatal-, que bloqueó durante años vías de negociación y que por su virulenta expresión armada anuló planteamientos no violentos, dejó de encorsetar al conflicto ya a finales del siglo XX y principios del XXI. El PKK renunció a la independencia kurda y redujo su expresión armada, aceptando el Estado turco como marco para sus reclamaciones identitarias; y desde el gobierno turco del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) se ha reconocido en boca del primer ministro Erdogan, la existencia de la cuestión kurda, aunque con cierta ambigüedad en diversos momentos.

El reto de visualizar una coyuntura favorable a la paz

Por lo tanto, el nuevo contexto no es sólo más de lo mismo si se adopta una perspectiva histórica. Y en ese sentido, es relevante tener en cuenta que la tregua iniciada en octubre se enmarca en una hoja de ruta planteada el 20 de agosto en la “Declaración para una Resolución Democrática de la Cuestión Kurda” de la plataforma KKK, creada por el PKK-KADEK. Entre los pasos propuestos en la hoja de ruta como continuación al cese el fuego y como marco para llevar a cabo las negociaciones subsiguientes a un eventual alto el fuego, el KKK proponía: 1) el reconocimiento de la identidad kurda y la garantía constitucional de todas las identidades bajo la identidad principal y común de ciudadanía de Turquía; 2) el desarrollo de la lengua y cultura kurdas, el reconocimiento de la educación en la lengua materna y la concesión de estatus de segunda lengua oficial al kurdo en la región del Kurdistán, junto a la garantía de respeto a otras minorías culturales; 3) el reconocimiento del derecho de pensamiento, creencia y libertad de expresión, la eliminación de todas las desigualdades en la Constitución y en las leyes, empezando por las de género; 4) un proyecto de reconciliación social y sobre esa base la liberación de los presos políticos, incluyendo los dirigentes del PKK, sin obstáculos para su participación en la vida social y política; 5) la retirada de las fuerzas militares del Kurdistán, la abolición del sistema de vigilancia de las ciudades (fuerzas paramilitares que imperan en algunas localidades del sudeste) y el desarrollo de proyectos sociales y políticos para el retorno de la población desplazada; 6) y en paralelo a esos pasos, el inicio del desarme gradual y de la participación legal en la vida social democrática según un calendario que establecerían ambas partes. Asimismo, se menciona que para llegar a una solución podría ser fundamental una perspectiva de autonomía democrática dentro de las fronteras de Turquía.

Si bien se ha tendido a separar política y analíticamente la cuestión kurda, en su sentido más amplio, de su expresión armada entre el gobierno turco y PKK, difícilmente se podrá resolver la primera obviando el segundo o asumiendo que el PKK ya ha sido derrotado, mientras continúan los enfrentamientos. La negociación para desmovilización, desarme y reintegración de los miembros del PKK, por una parte, y el compromiso de abordar la cuestión kurda de forma íntegra y en todas sus dimensiones: étnica, política, económica, social e ideológica, por otra parte, son elementos ineludibles y ambos necesarios. La Declaración del KKK -con sus ambigüedades y sin considerarla aquí como documento guía incuestionable- sí recoge ambos pilares, y lo hace sin quebrar cuestiones que tradicionalmente han sido claves para el estamento político-militar turco: Turquía como marco principal territorial y de ciudadanía, lo que implica tender puentes que podrían ser cruzados.

En el contexto del proceso a largo plazo de democratización y de reformas en que está embarcada Turquía, entre otros factores por el proceso de su posible adhesión a la UE, resulta llamativo que las élites del país no acepten el reto y la oportunidad de abordar el conflicto con el PKK ahora que la situación es muy favorable, y, más ampliamente, la cuestión kurda ahora que los puentes se han visualizado. Avances en este contencioso podrían facilitar a su vez dinámicas de flexibilidad y negociación en otros focos de tensión de interés para Turquía, como el conflicto de Chipre. No obstante, aparentemente, el gobierno turco no tiene intención de asumir estos retos, menos en el presente año electoral. No obstante, se corre el riesgo de desaprovechar una coyuntura positiva y ahondar las divisiones. El PKK ha advertido que romperá la tregua si persisten las acciones ofensivas, y no puede descartarse una radicalización de sus posturas y acciones ante un escenario sin salidas. Y las percepciones e intereses de los diversos sectores del país podrían tender hacia espacios más distanciados, excluyentes. Por eso, mientras las élites gubernamentales se desentienden de la paz, se necesitan más actores, dentro y fuera de Turquía, que sí visualicen que la transformación del conflicto puede estar muy cerca, y se comprometan con ella.


 La autora es investigadora de la Escola de Cultura de Pau (Barcelona, España).


Fuente: www.elcorresponsal.com , 14 de febrero de 2007.