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Asunto:NoticiasdelCeHu 782/02 - A un año del argentinazo
Fecha:Lunes, 23 de Diciembre, 2002  16:53:53 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 782/02

A un año del argentinazo

19 y 20 de diciembre de 2001


Así fue la rebelión popular

Luis Oviedo

Noviembre terminó con el presagio de que una gran pueblada estaba en curso. El derrumbe de la Alianza en las elecciones de octubre; el agotamiento económico y los enfrentamientos en el seno de la burguesía sobre la "salida" ante el derrumbe; y el crecimiento de las movilizaciones obreras, piqueteras y populares en todo el país, ponían en evidencia que en la Argentina de fines del 2001 se planteaba abiertamente una crisis de poder.

Ante un movimiento de lucha popular en ascenso, la burguesía y el imperialismo se encontraban divididos sobre las alternativas para enfrentar la cesación de pagos y la quiebra. Tomaba cuerpo un frente devaluacionista - integrado por la burguesía "productiva", el peronismo, la burocracia sindical moyanista y hasta el propio Tesoro norteamericano - cuya amplitud contrastaba con la impotencia de los instrumentos políticos de que disponía, el Congreso y los gobernadores, incapaces de dar una salida al hundimiento del régimen aliancista. A fines de noviembre, "el gobierno aliancista es un gran cero político, que simplemente subsiste gracias a la división de los capitalistas sobre el default y la devaluación, y a la división del peronismo" (Prensa Obrera, 29/11).

Noviembre terminó con grandes movilizaciones y marchas en el interior - en Córdoba, Neuquén, Tucumán y Entre Ríos - en las que de una manera creciente se abría paso la consigna votada, a instancias del PO, por la Asamblea Nacional Piquetera: "Fuera De la Rúa, Cavallo y los gobernadores del FMI".

En las vísperas

A comienzos de diciembre el gobierno aliancista estaba terminado. Su continuidad era cuestionada por el FMI y el Tesoro norteamericano, que se rehusaron a girar fondos comprometidos; la burguesía devaluacionista conspiraba en las sombras para imponer una sucesión política en sus propios términos; el PJ anunciaba su intención de convocar una Asamblea Legislativa.

La imposición del "corralito" fue la confirmación de la completa bancarrota económica y del derrumbe de los negocios capitalistas. Al colapso económico debía seguirle, el colapso político del régimen.

Pero las conspiraciones políticas de la burguesía no salían de las sombras porque "todos los sectores capitalistas temen ahora una explosión popular. La ven venir de la mano de los 20.000 trabajadores que marcharon en Córdoba contra De la Sota y de los miles que salieron a enfrentar el gobierno represivo de Sobisch en Neuquén (...) en la ocupación de Zanón y del Edificio Costanera de Telefónica por sus trabajadores y en las movilizaciones de los compañeros de Emfer y Aceros Bragado (...) en la movilización de los trabajadores de la cultura, de los docentes universitarios y de los trabajadores del Colón (...), en la caída espectacular de Franja Morada (...) y, sobre todo, en la movilización de cinco mil piqueteros en la Capital, por iniciativa del Polo Obrero y el Mtr entre otras organizaciones" (Prensa Obrera, 6/12).

Las manifestaciones en el interior tenían un carácter de masas: un Cordobazo contra De la Sota y una sostenida huelga estatal, que terminó convirtiéndose en una virtual huelga por tiempo indeterminado en Neuquén fueron los puntos más altos de las primeras semanas de diciembre. También fue muy alta la movilización piquetera del 5 de diciembre, convocada por el Polo y el Mtr bajo la consigna "Por una Navidad sin hambre, Fuera De la Rúa-Cavallo" que tuvo un carácter nacional. Además de la importantísima movilización en Capital, hubo manifestaciones piqueteras en Córdoba, Tartagal y Tucumán.

El Comité Nacional del Partido Obrero, reunido el fin de semana del 8/9 de diciembre, fijó su posición frente a la crisis. Sus conclusiones fueron publicadas en la edición de Prensa Obrera del 12/12, en un artículo de Jorge Altamira. Caracterizaba que la crisis de poder que enfrentaba la Argentina era una expresión de la descomposición de las propias relaciones sociales capitalistas que llevaba a la quiebra de los regímenes políticos existentes y del Estado. Ponía de manifiesto la impotencia de las alternativas políticas, expresadas en un Congreso "incapaz de autoconvocarse al término de las sesiones ordinarias" y en el compromiso del PJ, el Frepaso, el Ari y el Polo Social, a instancias de la Iglesia, en la terminación del mandato presidencial.

Pero, por sobre todo, el Comité Nacional del PO resaltó el crecimiento de la movilización popular y sus perspectivas. "Una parte de las masas ya está protagonizando movilizaciones cuya envergadura remite al Cordobazo. Neuquén, por su lado, va por el camino de una huelga general que, mediante la intervención de los obreros de Zanón, ha hecho pie en la industria. Hay una tendencia a la ocupación de fábricas y el reclamo de la estatización de las que cierren o despidan se va haciendo popular. En estas condiciones, la rebelión popular y las crisis en las provincias se perfilan como los detonantes de una próxima etapa".

La crisis de poder, que culminaba la experiencia capitalista iniciada en 1989 con el menemismo y el proceso político monopolizado por peronistas, radicales y frepasistas, confirmaba el acierto de la consigna que el PO venía sosteniendo desde hacía ya un año: la necesidad de una Asamblea Constituyente para reorganizar política y socialmente al país quebrado y reventado por la burguesía.

La tendencia a la rebelión popular se manifestaba en todos los poros de la sociedad. Pocos días antes de la pueblada, la Cta convocó una "consulta popular" que concitó la atención de dos millones de personas pero que fracasó manifiestamente en Córdoba y Neuquén, las dos provincias que se encontraban a la cabeza de la rebelión popular. Mientras la Cta planteaba que "el próximo paso es la discusión del presupuesto", los trabajadores marchaban en las calles y manifestaban frente a los supermercados y a los centros de poder político.

También se manifestó en el paro convocado por Moyano, que sólo logró tener fuerza allí donde, como Neuquén, Córdoba, Telefónica, empalmaba con la tendencia de lucha en curso. El paro de la Cgt Moyano fue políticamente impotente (por la división de la burocracia y por el carácter de conciliación con la patronal que le imprimió Moyano y por su negativa a continuarlo). La conclusión fundamental de la huelga era que "el paro general aislado, resuelto desde arriba, se ha agotado como instrumento parcial o deformado de lucha, no es capaz de dar cuenta de la situación de las masas, e incluso, está en contradicción con la tendencia a la rebelión popular que ya ha comenzado (...) Se comienzan a destacar otras formas de lucha como las ocupaciones de empresas, las movilizaciones a los supermercados, las marchas políticas y las huelgas indefinidas y parciales provinciales. Una conjunción de estos movimientos, inevitable a medida que se acentúa la descomposición económica y la política desorganizadora del gobierno, deberá llevar a la huelga política de masas y a una nueva organización de masas de los explotados (...) La tarea del momento es organizar los piquetes - de obreros, de desocupados, de pequeños comerciantes y profesionales - y las asambleas populares que los reúnan a todos ellos..." (Prensa Obrera, 20/12).

En el Pic-nic anual del PO, realizado el domingo 16, Altamira sostuvo que la rebelión popular ya había comenzado y que nuestro planteo era que "cada movimiento popular, cada cacerolazo, cada ocupación contra los despidos se convierta en una asamblea popular" (ver aparte). El PO comenzó la semana en que terminaría el gobierno de De la Rúa distribuyendo un volante que llamaba a impulsar "asambleas populares en todos lados" (ver aparte). Mientras crecían las manifestaciones, la crisis alimentaria provocada por el colapso económico hacía crecer las movilizaciones sobre los supermercados. Frente a esta catástrofe, "resalta la incapacidad del peronismo y del Congreso para ofrecer una alternativa" (Prensa Obrera, 20/12). El editorial de nuestro periódico - en la calle el 20 de diciembre pero escrita el martes 18 - anticipaba que "a esta altura del proceso político, resulta claro que el gobierno De la Rúa-Cavallo acabará sus días como consecuencia de la rebelión popular. Un recambio que produzca el parlamento será una consecuencia subordinada de los acontecimientos que han escapado a su control".

Comienza el Argentinazo

La fase final de la pueblada comenzó el miércoles 19 en el mismo momento en que De la Rúa anunció el "estado de sitio". Decenas de miles salieron a la calle y avanzaron hacia el Congreso y de allí a la Plaza de Mayo. "La prensa que calificó esta movilización como ‘pacífica’ y de ‘clase media’ pasó simplemente por alto que se trataba de la manifestación más subversiva que se pueda imaginar: primero porque convalidaba todas las manifestaciones populares de ese día y del anterior, contra los supermercados, contra la municipalidad de Córdoba, en el Banco Provincia y la casa de gobierno de La Plata; segundo porque salía a quebrar el "estado de sitio", o sea la máxima expresión de la violencia del Estado capitalista, y por lo tanto, salía a quebrar al propio gobierno" (Prensa Obrera, 28/12).

La clase media se había hecho piquetera, un giro que era el resultado de un largo proceso de experiencia política y que ya se había manifestado con anterioridad, aunque en forma parcial, en la lucha de Aerolíneas, en los cortes de calles contra las inundaciones y en la aplastante derrota sufrida por Franja Morada en las Universidades. Allí ya se escuchó la consigna que se convirtió en el programa político de la movilización y que el pueblo en la calle habría de imponer al día siguiente: "¡Que se vayan todos!".

El jueves se completó la obra iniciada no ya el miércoles por la noche, sino en todos los días previos. Hubo una continuidad de objetivos políticos y de protagonistas. La "violencia" comenzó en la propia madrugada del jueves, cuando la policía gaseó a la multitud que llenaba la Plaza de Mayo, precisamente porque la multitud "pacífica" había marchado para derrocar al gobierno y no estaba dispuesta a retirarse hasta ser satisfecha. En esa madrugada se producen cientos de detenciones y el primer asesinato en el centro de la Capital. Las patotas de la Federal y de la Side ya comenzaban a poner en funcionamiento la misma modalidad cobarde que unas horas después sería su "marca registrada".

De la Rúa comenzaba a irse de la misma forma en que había asumido: asesinando a trabajadores. Debutó con los asesinatos en el puente de Corrientes, terminó con los asesinatos en Plaza de Mayo y el Congreso.

La jornada del jueves 20

Después de los gases y las detenciones, grupos de manifestantes "aguantan" en Plaza de Mayo, rodeados por la Guardia de Infantería y la montada. La renuncia de Cavallo no calma los ánimos: ahora eran los trabajadores y los explotados los que "iban por más".

En las primeras horas del jueves, Mestre y Mathov conspiran con los jefes policiales: la orden es "despejar la Plaza de Mayo". Saben que la movilización es imparable. Ya no les alcanza el "estado de sitio": los asesinatos, los heridos, las detenciones ilegales, las torturas y la reaparición de los "grupos de tareas" son entera responsabilidad política de estos "demócratas" aterrorizados.

Pero el salvajismo de la represión entonces convence al pueblo, todavía más, de que hay que echarlos y que hay que pelear hasta que se vayan. A las diez de la mañana, recomienza la represión: detenidos, apaleados, gaseados. Pero ya hay miles que marchan a la Plaza. En cada esquina, grupos de manifestantes, con pañuelos en el rostro para aminorar los efectos de los gases, tiran piedras y arman barricadas en torno al Obelisco y al Teatro Colón, por donde venían las columnas que habían partido de Congreso. La caballería carga contra las Madres de Plaza de Mayo y las golpea rebenque en mano.

La batalla se había generalizado desde antes del mediodía: se lucha en la Avenida de Mayo y en las dos diagonales. Las piedras enfrentan a los gases, a las balas de goma, a la caballería, a las motos y a los hidrantes. En un ambiente irrespirable por los gases, grupos de jóvenes y de no tan jóvenes avanzan, chocan, retroceden, se reagrupan y vuelven a avanzar. En medio de la barbarie policial, el heroísmo y la solidaridad del pueblo no tiene límites.

En las refriegas, son atacados los bancos y otras empresa; su lista es un verdadero índice de los saqueadores de la nación (Citibank, Fiat, HSBC Bank, Banco Comafi), de la corrupción de los políticos patronales (Banco Provincia) y hasta de los símbolos de la explotación capitalista, (como los McDonald’s). No hay saqueos en ninguno de estos casos; contra todo lo que dice la prensa, no se trababa de "vándalos" sino de una explosión de la furia popular contra los verdaderos saqueadores de la Argentina.

Cae la tarde, cae el gobierno

A primera hora de la tarde, la batalla alcanza su punto máximo. Los manifestantes intentan entrar en la Plaza desde Avenida de Mayo, la dos diagonales, las calles del microcentro, desde San Telmo y desde el Bajo. Rodean la Plaza; vuelan piedras y se arman barricadas; a los gases se opone el humo de las fogatas y los incendios.

El Partido Obrero, después de chocar con la policía en el Congreso, marcha hacia la Plaza por la Diagonal Norte, junto con otros partidos de izquierda y sindicatos combativos. Frente al edificio de YPF, la columna resiste a pie firme la carga de la montada y la hace huir bajo una lluvia de piedras. El PO sigue avanzando hacia Florida; con gases y balas de goma lo obligan a retroceder; se reagrupa y vuelve a la carga. Así varias veces.

Cerca de las 17 horas, una gruesa columna de motoqueros hace su entrada, una vez más, en esta oportunidad por Diagonal Norte. Son vivados por los manifestantes y van directamente hacia la Plaza de Mayo. Los motoqueros son brutalmente reprimidos: dos son asesinados; otros son heridos.

A partir de las 18, después de conocerse la renuncia de De la Rúa, la mayoría de los manifestantes refluye. Los que se retiran por Avenida de Mayo cantan "¡Qué cagazo! / ¡Qué cagazo! / Echamos a De la Rúa / los hijos del Cordobazo". Con las calles adyacentes a la Plaza dominadas por la policía, tienen lugar nuevos asesinatos a sangre fría.

Al caer la noche, había caído también el gobierno. Hay más de 3.000 detenidos, cientos de heridos y 33 muertos. Pero el pueblo ha triunfado: no sólo ha volteado a un gobierno odiado; ha abierto una nueva etapa en la historia argentina.


Fuente: Prensa Obrera 785, del 19 de diciembre de 2002.